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El futbol que amo: ser mujer y resistir en las gradas y en la cancha

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El fútbol que amo tiene valores que importan y problemas que no puedo ignorar.
Hay algo que nadie te dice sobre ser mujer y que te guste el futbol, que ahí también vas a tener que hacerte un lugar. Que no existe un espacio neutro y que hasta el más personal de tus hobbies va a tener tintes políticos.

Como mujer tengo que calcular las calles que voy a caminar. Las horas en las que voy a salir. Los transportes que voy a utilizar. Y cuando quiero sentarme a ver un partido de fútbol, algo que se piensa simple, noventa minutos de gozo puro (o no, depende de qué tan bien están jugando estos canijos), también tengo que hacer uno que otro cálculo. Si lo voy a ver en mi casa o… si voy a salir a verlo, si será un restaurante o un recinto. Los estadios están llenos de hombres, de alcohol, de un poco o mucho descontrol. Nunca he vivido violencia directa en un partido, pero el miedo no necesita que algo haya pasado ya. Sé que podría pasar, como ha pasado en la calle o en otros espacios.

Es cansado llevar la guardia puesta también en donde debería ser sólo diversión. Resistir cuando sólo quieres disfrutar. Así que si me toca resistir y luchar tiene que ser algo o alguien por lo que valga la pena, le echo más tiempito para elegir qué y a quién.

El Liverpool, Mohamed Salah y la cultura de un club

Elegir mi equipo para mí fue eso, decidir qué valores voy a abrazar en voz alta, a quién le voy a dar mi dinero,a quién le voy a dedicar mi tiempo libre y quiénes también lo siguen. Cuando me decidí por el Liverpool me llamó que representa a pescadores y mineros que trabajaron en el puerto más importante de Inglaterra y que decidieron, en algún momento, que nunca iban a caminar solos.

Y la cultura de un club se construye o se destruye con cada decisión pequeña, a quién fichan, qué callan, qué defienden.

Mohamed Salah llegó al Liverpool y anotó un gol en su debut. Celebró con el equipo y después se puso en posición de sujud, la cual es una posición de rezo con la cabeza en el piso para agradecer a Alá. Lo hizo en cadena nacional, en Inglaterra, en medio de debates brutales sobre el Brexit y el racismo hacia la comunidad árabe. Lo importante de todo esto es que mi faraón no sólo lo hizo en su debut, sino en cada juego, en cada gol (que fueron muchísimos por cierto, lo tqm), por 8 años.

El Laboratorio de Políticas de Migración de la Universidad de Stanford documentó lo que pasó a raíz de eso, lo llamó el «Efecto Salah». Los crímenes de odio islamofóbicos en Liverpool se redujeron un 16%, porque cuando una comunidad adopta a alguien como suyo, cambia lo que se percibe de quienes se parecen a él. De repente, el islam deja de ser ajeno y amenazante y es lo que hace tu delantero para celebrar el gol que le ganó el partido al Manchester City en el minuto 94. De repente defiendes algo que antes no conocías porque se volvió tuyo. Un jugador que simplemente fue él mismo, en público, cada semana, movió algo que ninguna campaña había podido mover.

La cancha reproduce todo lo que no hemos resuelto

Eso es el futbol cuando decide ser algo más que futbol. Y el futbol ya es político aunque nadie lo llame así. El Celtic F.C. fue sancionado por la UEFA por ondear banderas palestinas en un partido europeo y aun así volvió a hacerlo. Incluso figuras tan virales, seguidas y vistas como Lamine Yamal llevaron el tema al centro de la conversación pública cuando, durante los festejos del título de La Liga con el Barcelona, apareció celebrando en el desfile junto a una bandera palestina frente a miles de personas y cámaras de todo el mundo. Hay equipos que decidieron cómo construir hacia adentro y lo sostienen. El FC St. Pauli de Hamburgo lleva décadas siendo antifascista, antisexista y con una de las mayores asistencias de mujeres en el futbol alemán y esto va más allá de un slogan, es de verdad una práctica.

El futbol reproduce la sociedad que lo rodea. Y en México eso significa que también reproduce todo lo que no hemos resuelto, como el grito homofóbico que llevamos décadas prometiendo erradicar y que aparece en cada partido como si el tiempo no hubiera pasado, porque pagar la multa sale más barato que cambiar como sociedad. La violencia en las gradas se trata como nota roja pese a que es un patrón.

Ahora el Mundial más grande de la historia llega a un país con colonias sin agua, feminicidios sin resolver, miles de desaparecidos y presupuestos para refugios recortados, aunque la conversación oficial siga siendo «turismo y legado económico». El costo social no puede quedar en el olvido solo porque hay partido.

El espacio que siempre pudo ser nuestro

Lo que me devolvió la esperanza fue vivir el futbol femenil.

Pao López, amiga mía desde la prepa, formó parte del primer equipo de Pumas Femenil. La primera vez que fui a verla fue en la cantera de Pumas (no era el Azteca, no era C.U.) pero eran ellas jugando y nosotras ahí, apoyándolas como si fuera el Maracaná. Con ruido, con otras morras, empezando, aprendiendo, gritando, jugando, divirtiéndose, pero ey, ellas estaban trabajando. Ese día entendí que ese espacio sí podía ser nuestro. Ya era de ella, nadie se lo dio. Ella llegó y lo tomó.

Era entrar a un estadio donde la dinámica es completamente distinta, donde hay amigas, familias, niños, mujeres que llegaron sin hacer el cálculo de seguridad. Sin el grito. Sin el miedo. Pensé «así desearía que fuera siempre. Así querría ir a todos los partidos».

Las jugadoras llevan años peleando por condiciones que en el futbol masculino se dan por sentadas. Negándose a normalizar la desigualdad. Hablando en público cuando el sistema preferiría que se callaran. Eso le muestra al futbol varonil lo que podría ser si decidiera usar su poder.

La pertenencia no se pide, se ocupa

Verlas exigir desde adentro me recordó que yo también puedo hacerlo desde afuera. Que no tengo que pedir permiso para opinar, para consumir, para estar ahí.

Hay mujeres que llevan décadas organizándose para ver el futbol juntas. Grupos de Whats donde se coordinan los bloques, las barras y las porras que cantan tan fuerte como cualquier otra y han tenido que defender su lugar contra sus hinchadas hermanas. Mujeres sáficas que encontraron en el futbol femenil un estadio diferente, donde han construido otras dinámicas y donde su presencia es obvia y no excepcional. Periodistas, como Marion Reimers, que construyen espacios para que otras compartan su análisis, amor y opiniones por los deportes sin ningún tipo de interrogatorio. Incluso en redes sociales, cada vez hay más morras haciendo memes, hilos, análisis siendo cada vez más presentes y más imposibles de ignorar.

¿Es el futbol la lucha central del feminismo? No. ¿Significa por eso que no importa? Tampoco. La cultura popular es, de hecho, donde se normalizan comportamientos, donde se construyen identidades, donde millones de personas aprenden qué es aceptable y qué no. El futbol mueve más personas, más dinero y más emociones que casi cualquier otra cosa en el mundo; ignorarlo porque es «sólo un deporte de fifas» es dejarle todo ese poder a quienes ya lo tienen.

Como mujer, hasta mis hobbies son políticos. Ya que me toca vivirlo así, lo reconozco en voz alta y elijo con conciencia; no miro para otro lado cuando algo está mal. Cada mujer que ocupa una grada, que opina sin disculparse y que no pide permiso, normaliza que estamos ahí. Transformamos el espacio sólo con habitarlo, lo politizamos. No porque lo declaremos y escribamos mil artículos, sino porque nuestra presencia obliga a que el futbol se enfrente a lo que es y a lo que podría ser.

El futbol femenil ya lo probó, cambia la cultura del estadio cuando cambia quién lo llena. Las jugadoras lo hicieron desde adentro. Nosotras lo hacemos desde afuera.

La pertenencia no se pide. Se ocupa. Y ese es el cambio.

El Mundial va a pasar. Va a ser enorme. Y nosotras vamos a estar ahí, con los ojos abiertos, gritando gol y exigiendo más. Las dos cosas. Siempre las dos cosas.

Querida ansiedad: por favor déjame dormir

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Tengo un ritual que hago todas las mañanas: me levanto, voy al baño y miro mis ojeras al espejo. Lo hago para medir mi calidad de sueño. Aunque a veces creo que dormí bien, ellas dicen otra cosa. Otras ocasiones de plano no hace falta verlas porque sé perfectamente que no fui capaz de conciliar el sueño.

Vivir con ansiedad es un reto diario, y en mi caso, creo que siempre ha venido acompañado de parasomnias. Las parasomnias, de acuerdo con la Universidad Clínica de Navarra, “son un grupo de alteraciones muy variadas, en general benignas, más típicas de la infancia o adolescencia, pero que a veces pueden durar y persistir en la edad adulta. Se clasifican según la fase de sueño en la que aparecen y su significado».

Trastornos del sueño y salud mental: mi experiencia

A principio de mis veinte me despertaba en medio de la noche con miedo. Se me “subía” el muerto (eso que llaman parálisis del sueño) o sentía la presencia de algún ser. Como siempre he sido miedosa de todo lo inexplicable —razón por la que no veo películas de terror—, corría al cuarto de mamá y papá a acostarme en medio de ellos; era la única forma en que podía dormir. Me daba pena conmigo misma, aunque ella nunca me hizo sentir mal por eso. Me daba pena saber que soy una adulta y necesité a mi mamá para calmarme.

Ahora, más de una década después, mis terrores nocturnos se manifiestan aún en seres sobrenaturales: insectos gigantes, demonios y vampiros. Hay noches en que estoy muy cansada y siento que me gana el sueño, pero cuando me acuesto a dormir… simplemente no puedo.

Estoy conciliando el sueño y me da una especie de reflejo, de reacción parecida al miedo, como si fuera un susto acompañado de un suspiro. Mis piernas, brazos o alguna parte de mí se mueve involuntariamente y me saca de ese estado de relajación. Esto tiene un nombre: mioclonías hípnicas. Es mi sistema nervioso alerta, sintiéndose inseguro y preparándose para defenderme de algo que no existe.

En realidad yo lo traduzco como mi ansiedad diciéndome: “hola, aquí estoy”.

¿Por qué el estrés y la ansiedad sabotean nuestro descanso?

Y es así. Las parasomnias en las personas adultas pueden ser causadas por el estrés y la salud mental. Según el Instituto del Sueño, “las pesadillas, terrores nocturnos, parálisis del sueño o bruxismo, son comportamientos inusuales durante el sueño frecuentemente disparados por estrés crónico y trastornos de ansiedad. Se manifiestan en la transición vigilia-sueño o fase REM, afectando la calidad del descanso”.

Aprender a vivir con ansiedad implica entender que el proceso de recuperación no es lineal. Hace un par de semanas logré dejar de tomar mi pastilla para dormir. Para serles sincera, sentía que ya no me hacía efecto y mi cuerpo me pidió dejarla (recuerda nunca dejar medicamentos por tu cuenta, consulta siempre a tu especialista).

Herramientas y rutinas para vivir con ansiedad y dormir mejor

Te comparto las cosas que me han funcionado por si te sirven de inspiración. A veces las he combinado:

Antes de dormir

  • Desconexión digital: Apago el celular dos horas antes de acostarme para tener una ventana sin pantallas.
  • Lectura ligera: Leo algún libro que sea de temática tranquila, como una novela romántica o cuentos eróticos.
  • Diario de sensaciones: Si tengo algo que me está haciendo sobrepensar mucho, lo escribo de la forma más detallada posible hasta desahogarme. Esto me ayuda a dejar esa carga mental en el papel y no llevarla a la cama.
  • Entretenimiento relajado: Veo alguna serie cómica o muy ligera tipo Los Simpsons, Love is Blind o Hacks. No recomiendo para nada los documentales porque siempre me hacen pensar en cosas profundas.
  • Relajación: Si me siento muy inquieta, a veces recurro a una gomita de CBD.

Ya en la cama

  • Uso de mantras: Tengo un japa mala (una especie de rosario de cuentas) abajo de mi almohada y recito el mantra de Haré Krishna hasta que me quedo dormida.
  • Cartas mentales: Escribo cartas en mi mente a las personas; a veces a mi perra, a mi ex, a mi amix, a mis sobrinas o a mi mamá.
  • Planificación creativa: Pienso en lo que me voy a poner al siguiente día y diseño los atuendos en mi mente.
  • Música interna: Canto en silencio alguna canción hasta quedarme dormida.
  • Enfoque y respiración: Me concentro en mi respiración y, si puedo, cuento los ciclos.
  • Fantasías guiadas: Empiezo a fantasear con alguien que me guste (les recomiendo que no sea una expareja para evitar rumiar historias pasadas).

Qué hago ante una crisis de ansiedad nocturna

Si estoy dormida o por dormirme y siento que me va a dar un ataque:

  1. El abrazo de mariposa: Lo hago durante unos minutos hasta que siento que mi cuerpo se regula. Funciona tanto sentada como acostada.
  2. Regreso al mantra: Tomo mi japa mala y comienzo a recitar mi mantra, ya sea el personal o el de Haré Krishna.
  3. Conciencia corporal: Me concentro plenamente en la respiración y en mis sensaciones para mantener la calma.

El autoconocimiento como escudo

Descargar mi mente de las situaciones que me generan más ansiedad durante el día me ayuda mucho a conciliar y mantener el sueño durante la noche. Vivir con ansiedad requiere de mucho autoconocimiento y conciencia corporal para sentirse, leerse, ser honestas y experimentar con las herramientas que vayamos adquiriendo.

Este camino me ha dejado algo muy claro: mientras más me conozca y me escuche, mejor puedo lidiar con todos los retos que el trastorno de ansiedad me ponga en el camino.

Les abrazo, espero que puedan dormir mejor y ¡hasta el próximo hallazgo!


Referencias:

Esencia Mental CBD, 2023. «¿Sufres de ansiedad y no conoces el abrazo mariposa?». [en línea] Disponible en: https://www.tiktok.com/@esenciamentalcbd/video/7392019064605904134 [Accedido: 12 mayo 2026].

Del Cruz Azul a Anfield: Cómo el futbol se convirtió en mi lenguaje

Estoy cansada de pasar exámenes para demostrar que sé de futbol. Esta es la historia de cómo convertí un ritual ajeno en mi lenguaje de autocuidado.

Me enseñaron a amar el futbol y lo hice mío

No elegí el futbol, el futbol me eligió a mí. Bueno, me lo eligió mi papá, que es casi lo mismo. Me lo heredó junto al apellido y la experiencia de que el Cruz Azul siempre encontrará la manera de romperte el corazón, por lo que hay que buscar cómo repararlo. Y en eso ando, a punto de viajar 8,000 km para ver un partido de futbol.

Desde niña, mi papá encontró en los deportes un vehículo para acercarse a mí, compartir tiempo y construir una relación. No fue tanto de palabras (cosa rara porque es piscis), sino de actividades compartidas como jugar beisbol, básquetbol, futbol, recientemente pádel y carreras a las que nos inscribe de un día para otro: “Enana, en una semana corremos 10km, ¿qué dices? Nos vemos para entrenar a las 7 am”.

A través del futbol mi papá encontró comunidad y desarrollo: estuvo becado en la universidad por deporte y de sólo ser fifas se volvió un fifas de profesión. Ser criada por él significaba que los fines de semana hubiera asistencia obligada a verlo jugar, ganara o perdiera. Jugó en la segunda o tercera división y casi casi que Cuauhtémoc Blanco y él habrían sido compañeros de equipo si no se hubiera lastimado la rodilla y dejado de jugar. A partir de eso dejamos de ir los domingos a la cancha pero lo trasladamos a la sala, sólo que ahora tocaba ver al Cruz Azul. Los días de partido eran días en los que mi papá se sentaba conmigo y me compartía su pasión a veces con palabras, a veces en silencio.

El día de mi primera comunión, mi papá nos reunió a todas mis amiguitas y a mí, nos hizo tomarnos de las manos y rezar para que ganara el Cruz Azul. No me acuerdo si ese día nuestros rezos de almas puras ayudaron en algo, hay veces que ni con todo el coro celestial a mi Máquina se le arma. Pero por esto y más, yo entendí que para él era importante y aunque no siempre quería verlo, poco a poco encontramos un idioma compartido cuando los demás lenguajes nos fallaban: el futbol.

Dejé la herencia y elegí una camiseta

Yo elegí al Liverpool, un equipo minero de Inglaterra que en 2005 tuvo una remontada histórica: iban perdiendo 3-0 al medio tiempo contra el Milán. Tres goles en seis minutos. Como me enseñaron: cuando todo está perdido, vamos por más y otra vez y otra vez.
En 2015, al Liverpool llegó un nuevo entrenador: Klopp, un alemán que decía que iba a convertirnos a los fans en creyentes, veníamos de muchos años de CASI lograrlo, por lo que propuso un modo de juego muy de heavy metal: explosivo y rápido. Para lograrlo reformó al equipo, pero el fichaje de tres jugadores fue lo que me regresó las ganas de ver el futbol cada semana: Firmino (brasileño), Mané (senegalés) y mi egipcio favorito después de Cleopatra: Salah, ay Salah. *Suspira*.

Su futbol me generó ganas de levantarme a las 6am a ver los partidos y organizar uno que otro fin de semana alrededor del horario de la liga inglesa. Salah me regaló algo que me faltaba en el futbol: adrenalina pura, con toda mi luna en Aries, mi marte y todo el fuego que me corresponde. Un futbol rapidísimo de contraataque, de goles imposibles en el minuto 90, un teatro que se volvió fuente de serotonina pura, donde esperaba el fin de semana para ver qué magia podían hacer juntos. Alrededor de ellos empecé a construir un ritual en las mañanas: café rico, la playera del Liverpool a la vista, celular apagado, remover los colores del equipo contrario del área de tele.

La ley de la ventaja y el interrogatorio femenino

Pasé casi diez años construyendo eso: 90 minutos para mí y mis excentricidades, extendiendo mi jornada laboral para ser directora técnica de mi equipo. Y disfrutar. Disfrutar sola, porque muchas veces ser mujer y que te guste el futbol se entiende como una invitación a responder un examen histórico, técnico y estadístico de la opinión que sea que te hayas atrevido a decir en voz alta.

El interrogatorio siempre es el mismo: “¿Desde cuándo te gusta el futbol?”, “¿quién hizo qué cosa?”. O una muy buena que me pasó en una final del Cruz Azul con el novio de una amiga: “A ver, explícame qué es la ley de la ventaja”, después de que me enojé de que no marcaran una falta. En las citas hay dos reacciones posibles: o no te creen y empieza el interrogatorio, o sí te creen y ya no eres tan femenina porque empezaste a hablar de algo que sólo es de ellos y de sus compas.

A los hombres no les hacen examen. NUNCA. De nada. Menos de cosas que no son “propias de hombres” al contrario, cada que hablan, opinan o se involucran viene una ovación por “intentarlo”. Por esto y más nunca he sido tan vocal. Estoy cansada de esa reacción. Por eso existe este blog y mis videos y mensajes. No importa si el futbol no estuvo hecho para mí, si me gusta y lo disfruto, es suficiente para que sea mío. 

*RESPIRA*

Despedir a Salah

Mi ritual está por transformarse: será sin Salah, un hombre que como adivinarán nunca se rinde y ante toda adversidad, sigue y sigue. Del fracaso siempre se encuentra algún lado bueno y al igual que en toda la historia que me cruza con el futbol, se cae, aprende, se levanta, gana. Y ahora se va, a seguir aprendiendo en otros lados, después de ganar con nosotros.

Así que voy a Anfield (el estadio del Liverpool) a despedirlo en persona. No sé si me va a tocar verlo, probablemente no porque está lesionado y el universo da lecciones de formas que no me imaginaba. Pero aunque no lo vea, me toca algo que no había sentido antes. Porque este viaje no es sólo sobre Salah. Es sobre una parte de mi identidad, de mis hobbies, de mi autocuidado, de la forma en la que el lenguaje del deporte me comunica y relaciona con mi familia, mis amigos, mis amigas y conmigo misma.

No es la primera vez que algo así me duele: recuerdo la final del Cruz Azul en 2013 y la del Liverpool en 2018. Después de esos partidos, mi papá me marcó para ver cómo estaba, no para hablar del partido sino para ver cómo estaba yo. Le dije que triste.

Me dijo algo sobre el fUtbol y el fracaso, sobre cómo perder te libera porque te obliga a aprender lo que ganar nunca te enseña. Aprendes a perder con dignidad porque no queda de otra, que la lealtad no es ciega sino una decisión que se renueva, que el fracaso no es el final del argumento sino parte de él y que los equipos que elegimos no son los que siempre ganan, pero sí los que saben levantarse y estar más fuertes.

Los equipos pierden y sentimos esa derrota como propia, pero levantarse y seguir jugando, también en la vida real, es el verdadero triunfo de este juego.

Seguiré contándote cómo va esta aventura.

¿Suerte o paciencia? Guía práctica para comprar segunda mano como una pro

¿Alguna vez te has detenido a pensar cuántas veces usas tu ropa antes de que pase a mejor vida?

Yo no lo había hecho y acabo de tener un mini ataque de ansiedad después de googlear: en países de alto consumo se como Estados Unidos, se estima que una prenda se lleva apenas unas siete a diez veces antes de ser desechada, según estudios de la consultora Julius Baer citados por El Universal.  Trazzz. En otras palabras, lo que antes aguantaba decenas de puestas hoy se convierte en desecho de volada. Las microtendencias no dan tregua y las compras por impulso, tampoco.

No soy indiferente a las consecuencias de la compra rápida: me bajonea la falta de calidad, el impacto ambiental. Lo mecánico que se me ha hecho comprar por impulso. Y bueno, pese a ello me gusta crear con la ropa, así que me estoy dando una oportunidad de conectar con el thrifting.

Chica, no soy una experta. Sé que no es la panacea. Tampoco llegué aquí como una convencida o practicante de la compra de segunda mano como religión. Así que he ido haciendo preguntas, conociendo sitios. Conectando con la curaduría. Sintiendo los espacios. 

Un paréntesis antes de contarte mi experiencia más reciente: para las que todavía se confunden con los términos, “thriftear” es un derivado del inglés thrift (ahorro) y básicamente significa usar inteligentemente el dinero en indumentaria chida, cuidada, de segunda mano. Es una postura que me parece que conecta muy bien la creatividad en la indumentaria y el compromiso con evitar desperdicios y reducir el impacto de la fast fashion. Pero para mí, también se está haciendo algo más sensorial: es habitar el “tiempo caracol”. Es bajarle dos rayas a la ansiedad de los tres clics y reconectar con la textura, la historia y el placer de buscar y encontrar.

Sentir: la clave de comprar segunda mano está en sentir

Para entender de qué va ese «tiempo caracol», me senté a platicar con Lucía, de Armario Comunal. Su espacio es de esos lugares donde la curaduría se siente como un apapacho; no hay montañas de ropa sin sentido, sino piezas elegidas con una intención clara. Te cuento con honestidad: es fácil que se te vayan las horas allí.



Le pregunté sí le pasa y cómo le hace para ignorar el reloj y entrar en ese trance donde lo único que importa es descubrir tesoros entre lo que otros ya descartaron. Su respuesta me hizo todo el sentido: “no lo aprendí, me pasa. Cuando encuentro algo que vale la pena, entro en eso y se me olvida el tiempo. Es más intuición que esfuerzo”.

Esa intuición es justo lo que perdí cuando empecé a comprar por internet. El thrifting te obliga a estar presente, a usar los ojos pero sobre todo las manos. Lucía me dio el tip ganador para reconocer esa calidad que no se ve comprando en apps: “La calidad se reconoce en la textura, el peso y cómo responde la tela, eso no falla”.

¿Suerte o paciencia? Cómo encontrar tesoros de segunda mano sin morir en el intento

No te voy a mentir, mis primeras experiencias fueron frustrantes. Y es que no había buscado hacer preguntas. Estuve pensando que para encontrar algo increíble en una tienda de segunda mano había que tener una suerte de otro mundo. Estuve mirando con envidia, ja. Dejé ir prendas que no entendí: se me fueron de las manos para sacarle sonrisas a otras clientas. Lucía fue honesta con sus observaciones: es que thriftear es más bien un ejercicio de soltar las expectativas. Si vas buscando algo idéntico a lo que viste en una campaña de fast fashion, chava, probablemente te frustres. En cambio, si vas abierta a lo que la prenda tiene que decirte, la magia sucede.

Lucía lo explica así: “No voy con prisa ni con algo fijo en mente. Reviso mucho y acepto cuando la mayoría no me sirve. La paciencia sale de ahí: de saber que si sigues, eventualmente aparece algo que vale la pena”.

Esa paciencia es la que permite distinguir una verdadera joya de una simple oferta. Porque seamos honestas: a veces compramos algo solo porque está barato, no porque nos encante o porque esté bien hecho. Para Lucía, el filtro es muy claro: “No tiene que ser mi estilo, pero sí tener carácter. Se reconoce en el material, el corte, el diseño o la combinación de colores”.

Ooook. Está cobrando sentido.

Ojo de experta: lo que hay que revisar en el thrifting antes de pagar

Ya que estamos ahí, entre ganchos con prendas super lindas, me surge la duda real: ¿Cómo sé si esto va a sobrevivir a la primera lavada o si se va a deshacer en dos semanas? Porque una cosa es que la prenda se vea bien en el gancho y otra muy distinta es que esté bien fabricada. Lucía me pasó unos puntos clave para hacer compras chulas que no se vuelvan una montaña de acumulación porque, amiga, no te sirvieron.

Mirar los detalles te avisa si la prenda tiene todavía mucha vida por delante: “Yo me fijo en la construcción: costuras limpias, buen acabado por dentro y cómo cae la tela. Si mantiene forma y se siente sólida, es buena señal… la victoria no es el precio, es el hallazgo. Es elegir algo que va contigo, no lo que te quieren vender”.

Educó.

El placer de no seguir la corriente

Lo que más me resonó de platicar con Lucía es cómo thriftear te obliga, casi sin querer, a conocerte más. Cuando dejas de perseguir lo que las tiendas te ponen enfrente en cada microtendencia, no te queda de otra más que preguntarte qué te gusta de verdad a ti. Le pregunté cómo el consumo lento nos ayuda a armar colecciones con más sentido, y su respuesta fue el mejor recordatorio de que el tiempo del thrifting es un muy buen filtro:

“Te obliga a elegir mejor. Cuando no compras por impulso, empiezas a notar qué sí usas y qué no. Con el tiempo, eso va armando un estilo propio, no uno dictado por tendencias”.

Para ella, el truco no es llegar y agarrar lo primero que brilla, sino disfrutar la curaduría personal: “Para mí, el valor está en el proceso: buscar, filtrar, elegir. Ahí es donde la prenda realmente se vuelve especial”.

Diana Caballero para Malvestida

Un mantra para tu próxima excursión de thrifting

Si después de leer esto te quedaste con ganas de asomarte a un bazar, sí o sí te recomiendo darte una vuelta por Armario Comunal. También, que te lleves tatuado en el cora  el mantra que Lucía aplica y que yo ya adopté para no terminar comprando cosas que luego se quedan ahí con la etiqueta puesta: “Elige calidad, no cantidad”.

Te seguiré contando cómo se revela el mundo de la segunda mano para una newbbie, como yo. Hasta pronto.


Agradecemos a Lucía Armario Comunal por la cortesía en la entrevista y por permitirnos conocer la hermosísima propuesta de su bazar. Visítalo en Av Michoacán 75, Hipódromo Condesa, Cuauhtémoc, 06100 Ciudad de México, CDMX.

Salud trans en México: De la resistencia al acceso a terapias hormonales

Iniciar una Terapia Hormonal de Afirmación de Género (THAG) en México suele ser una carrera de obstáculos. Para muchas personas, la salud trans en México no se limita a una consulta médica; es enfrentarse al desabasto sistemático en farmacias, al aumento injustificado de precios y a la discriminación de un sistema que ignora sus identidades. En un contexto donde el acceso a medicamentos básicos es un privilegio, la comunidad ha pasado de la resistencia individual a la creación de redes de acompañamiento para sobrevivir a la violencia farmacéutica.

El desabasto de hormonas: La experiencia del cuerpo en pausa

La terapia hormonal de afirmación de género consiste en la toma de hormonas para alinear las características físicas con las deseadas por una persona. Se trata de una herramienta de salud integral fundamental para reducir la disforia y garantizar que el cuerpo sea un espacio habitable, digno y más amable para quien lo habita. Varios estudios muestran que esta terapia mejora la calidad de vida y disminuye la depresión y la ansiedad en personas trans, siempre que se haga con seguimiento médico especializado. No es una solución mágica ni está exenta de riesgos, pero para muchas personas es un pilar clave dentro del cuidado integral de la salud.

La narrativa de la salud trans en México ha estado históricamente marcada por el absurdo. Son incontables los testimonios de personas que recorren cinco o seis farmacias en una misma tarde, que hacen llamadas telefónicas interminables a distribuidores que no dan respuestas y que tienen la sensación constante de que su bienestar depende de un hilo logístico que no les toma en cuenta. Este hartazgo no es solo mental; se manifiesta en el cuerpo.

“Hubo un tiempo que no encontré testosterona. Eso me generó mucha ansiedad porque dije, ‘puedo lidiar con esto una vez, pero si esto me está pasando varias veces en el año, no sé si va a afectar también mi cuerpo’… Empezaba a sentir temblor, me dolía la panza, el pecho y empezaba a sentir que no tenía la certeza de que algo iba a suceder. Mucho descontrol”, explica P, miembrx de la comunidad no binarie.

Para M, usuaria de THAG, “saber que de no haber abasto o que por temas económicos no vas a poder subsidiar tu terapia es preocupante, porque no quieres retroceder en el proceso de desarrollo personal”.

Es una realidad que cuando una persona trans se ve obligada a pausar su terapia por falta de insumos, la incertidumbre se vuelve sensorial. Aparece el miedo y la fatiga de tener que explicar, una y otra vez, por qué ese medicamento es vital para su proceso de afirmación. 
También pueden reaparecer síntomas menopáusicos, menstruales o vivirse retrocesos en el proceso.

Violencia farmacéutica: El sistema de salud trans en cifras

Para entender la magnitud del problema hay que mirar las cifras, porque la violencia farmacéutica tiene datos y son altísimos. Una encuesta reciente, realizada a más de 500 personas trans que viven en México, revela que el sistema de salud está prácticamente diseñado para el bache. Los números son contundentes:

  • 4 de cada 10 personas han vivido el desabasto de hormonas en el último año
  • Más de la mitad se ha visto obligada a pausar su proceso por razones económicas, falta de especialistas y desabasto de medicamentos.

Este panorama evidencia que el sistema de salud trans en México no es neutral. Está diseñado para quienes pueden costear precios exorbitantes o no enfrentan prejuicios bancarios. Para el resto de la comunidad, el acceso a la salud se convierte en un rompecabezas al que siempre le faltan piezas esenciales. Sin embargo, el laberinto no termina con el dinero; además de las trabas financieras existe una grave discriminación médica y violencia clínica. P explica:

“Cuando compré mis dosis de testosterona, el trato que recibía dependía mucho de la persona que estuviera ahí. De las 20 veces que fui, en 15 me malgenerizaban, me preguntaban por qué me quería inyectar, me decían que eso no era para mí. Recibía mucha discriminación y mucho cuestionamiento sobre mi terapia”.

Es aquí donde la «sensación» de exclusión se convierte en una realidad estadística: el sistema farmacéutico tradicional trata la salud de las personas trans como un glitch, ignorando que detrás de cada proceso hay un proyecto de vida que no puede esperar. Sobre la falta de servicios en el resto del país, A, usuaria de Terapia Hormonal de Afirmación de Género (THAG), explica: “no existían estos servicios o estos espacios para  en los otros estados. Y si existen, son muy caros, muy difíciles o muy violentos. Acá somos más las que nos autohormonamos, acá somos más las que compartimos entre nosotras qué ponerse, qué no ponerse, qué tomarse, cuándo tomárselo, etcétera”.

Pero esta historia tiene un vuelco esperanzador y la existencia de Magistrans lo prueba: cuando hay voluntad para crear alianzas éticas entre laboratorios y otros aliados estratégicos, las piezas encajan para sostener la vida y garantizar el acceso a hormonas de forma colectiva y digna.

¿Qué es Magistrans? Hackear el acceso a la salud desde la comunidad

Cuando las cifras de desabasto y la frialdad clínica se vuelven una violencia cotidiana, la única opción es empezar a construir lo propio. De esa urgencia nació Magistrans, un proyecto que emerge desde la experiencia viva de sus fundadorxs. Nerea Aragonés, fundadora y CEO del proyecto, recuerda con claridad lo que significó empezar su propia THAG en medio de este caos:

“Viví un proceso agotador: cambios constantes de medicamento, dificultad para conseguirlo y muchas veces consecuencias físicas y emocionales por esa inestabilidad”, relata. Para Nerea, el clic fue inmediato: el problema no era solo que “no hay hormonas”, sino la forma en que estas están pensadas, distribuidas y hechas accesibles.

La apuesta de Magistrans fue, desde el día uno, hackear ese acceso a través de la colaboración. Entender la logística como una forma de activismo permitió encontrar aliados clave en la industria que sí estuvieron dispuestos a abrir la puerta. En este camino, el apoyo de aliados como Farmacias Magistrales y de diversos laboratorios fue fundamental para demostrar que es posible construir una cadena de suministro ética y transparente. Lejos de la indiferencia de las grandes cadenas, estos aliados permitieron que la distribución de hormonas se hiciera desde otro lugar: al ser un proyecto hecho por y para la comunidad trans, busca construir un acceso a terapias hormonales desde un lugar empático, combatiendo la violencia estructural ejercida por el sector de salud y visibilizando una brecha enorme.

Autogestión y derechos: El futuro de la salud trans en México

Sin embargo, construir una alternativa en un sistema diseñado para excluir implica enfrentarse a muros invisibles (y muy caros). La autogestión es una batalla burocrática constante que no solo ocurre en el consultorio o la farmacia, sino también en las pantallas.

La encargada de operaciones de Magistrans, explica que levantar este proyecto ha significado navegar un mar de exigencias financieras que a otros sectores no se les imponen con tanta saña. El bloqueo no vino solo de la regulación médica, sino de los procesadores y agregadores de pago, quienes pusieron trabas excesivas para que el proyecto pudiera cobrar digitalmente por sus servicios.

“Nos pidieron muchísima documentación: certificaciones internas, de proveedores, procesos extra… requisitos que no eran equivalentes a los que se le solicitan a otras empresas del mismo sector”, explica. Aunque la regulación es esperable al tratarse de medicamentos, estas exigencias desproporcionadas revelan un sistema financiero que aún mira con sospecha y estigma los proyectos de salud trans.

Es en estas trabas donde se revela la verdadera cara del sistema: las grandes estructuras no suelen ver a la comunidad trans como una prioridad. Muchas veces, el único acercamiento que tienen es a través de la lógica del mercado o del pinkwashing, pero cuando se trata de garantizar el abasto y facilitar la operación, el compromiso desaparece.

Sostener la vida: una red que transforma el miedo

Pese a los obstáculos, la red se concretó. Y cuando la salud se gestiona desde la propia comunidad, el alivio deja de ser un hallazgo individual para volverse una certeza colectiva. 

Irene Valdivia lo vivió de cerca al ver cómo esta estructura impactaba en su círculo más íntimo. “Yo acerqué a dos amigos al proyecto y fue muy fuerte verlo, porque les tres llevábamos años autohormonándonos por falta de servicios adecuados en nuestro estado”, relata. El momento de decirles “ya no tienen que seguir resolviendo esto solxs y con miedo” fue, en sus palabras, profundamente emocionante. Cuando dejas de preocuparte por el suministro, empiezas a preocuparte por vivir.

El derecho a la salud no es un favor

Ejercer el derecho a la salud no es recibir un servicio a medias que además, debamos agradecer. Para proyectos como este, la urgencia es pasar de un modelo que solo atiende emergencias o «apaga fuegos» cuando el desabasto ya ocurrió, a uno que sea capaz de acompañar la cotidianidad de forma integral y humana, apapachadora:

La salud trans no puede seguir siendo tratada como una serie de consultas aisladas; debe ser entendida como un proceso continuo que atraviesa cómo habitas tu cuerpo, cómo trabajas, cómo te relacionas y, fundamentalmente, cómo imaginas tu futuro.

Merecemos salud con suavidad y ligereza

Las personas trans merecen transiciones que no se sientan como una guerra contra la burocracia. El modelo que hoy vemos nacer nos muestra que el acceso a las terapias hormonales puede venir desde un lugar ético y solidario, que podemos acompañar procesos donde habitar el cuerpo sea seguro, donde haya salud con suavidad y ligereza. Y donde nos entreguen, junto con las recetas, un poco de ese apapacho que tanta falta nos ha hecho en el camino.


Nota de edición: Esta pieza fue construida a partir de los testimonios de lxs fundador@s y team de Magistrans y de las experiencias de usuaries que han decidido dejar de esperar a que el sistema cambie para empezar a cambiarlo ellxs mismxs.

¿Un feminismo verde olivo? Más mujeres en el Ejército no significan igualdad

Roberto Zedillo Ortega y Estefanía Vela Barba / Intersecta

El pasado 8 de marzo, mientras las calles de México se pintaban de violeta y miles de mujeres exigían sus derechos (tan solo en CDMX, Monterrey y Guadalajara fueron más de 150 mil), la imagen en Campo Marte era otra: uniformes verde olivo y una ceremonia oficial del Ejército. Ahí, la presidenta Claudia Sheinbaum conmemoraba el día con las fuerzas armadas.

Ver a la primera mujer presidenta encabezar un acto militar para el 8M nos sacó a muchas personas de onda. Las críticas no tardaron en aparecer en redes, organizaciones y colectivas (incluyéndonos en Intersecta). La respuesta oficial fue envolver el acto en una narrativa de ‘justicia’. Según Sheinbaum, la idea era reconocer a las mujeres que “nos cuidan a todos” y “al haber [así] justicia, hay disminución de desigualdades. Y al haber disminución de desigualdades, se erradica la discriminación. Y el objetivo: erradicar la violencia contra las mujeres”. Arturo Zaldívar, Coordinador General de Política y Gobierno en la Presidencia, incluso dijo que las críticas eran una forma de “borrar” a las soldadas. Su postura dejaba ver que, para el gobierno federal, la presencia de mujeres en instituciones históricamente masculinas es por sí misma una victoria feminista. Pero, ¿realmente basta con que las mujeres estén ahí para cambiar el sistema?

En este texto queremos reflexionar juntes sobre la postura de la presidenta. Lo de Campo Marte, más que una sorpresa, nos parece un resultado lógico del papel que tanto ella como el presidente que la antecedió le han dado a las fuerzas armadas. Pero hay algo más: la relación entre feminismo y militarismo es compleja y no siempre tan opuesta como podríamos creer.

Históricamente, existe una tradición feminista que ha buscado la inclusión de las mujeres en las instituciones, asumiendo que con eso se garantiza la igualdad. Y entender esto es importante no para dejar de cuestionar, sino hacerlo con más puntería. Revisemos entonces cómo el gobierno federal mexicano —hoy encabezado por una mujer que se nombra feminista— ha empoderado a las fuerzas armadas, y el choque de realidades que esto significa para los feminismos.

El empoderamiento de las fuerzas armadas

Hay que empezar por decir que el ver a los militares en espacios fuera de sus cuarteles no empezó con Claudia Sheinbaum, con AMLO ni con Calderón. En México, las fuerzas armadas nunca se han dedicado sólo a lo estrictamente militar. Seguro las ubicas en tareas de rescate tras un sismo o una inundación, o en operativos contra las drogas. Por décadas han estado ahí, en tareas que, por definición, no son militares. Pero lo que ha pasado en años recientes es otra cosa: su presencia se ha vuelto mucho más central en el discurso oficial y en las tareas del Estado. Este empoderamiento, que tomó gran fuerza con AMLO, hoy sigue su curso bajo el mando de la presidenta Sheinbaum.

AMLO logró una asociación que, honestamente, muy poca gente veía venir: la de la izquierda con las fuerzas armadas. Desde que tomó el mando, el expresidente impulsó la idea del Ejército como “pueblo uniformado”, una institución “revolucionaria” con “pocos quiebres” en su historia. Incluso cuando la evidencia de violaciones a derechos humanos era innegable, su respuesta fue blindar a las fuerzas armadas, diciendo que las faltas de “uno, dos, tres, 10, 20” soldados no tenían “por qué manchar a toda una institución”. Para él, los más altos mandos de Marina y Defensa eran simplemente “incorruptibles” y leales a la patria. Este giro en la narrativa fue fundamental: bajo esa lógica, los militares no son un brazo opresor del Estado, sino la encarnación misma del pueblo y de un proyecto autodenominado de izquierda.

Claudia Sheinbaum terminó de amarrar esta visión con el componente feminista. Para ella, las fuerzas armadas no sólo son “pueblo uniformado”, sino la “garantía de que México decidirá su destino con independencia”. En muy poco tiempo, la presidenta ha llenado de flores a estas instituciones: desde llamar a la Fuerza Aérea “protagonista silenciosa de innumerables acciones en favor del país” hasta decir que el Ejército “es único en el mundo” porque “no viene de las élites”.

Pero el giro más fuerte es que usa el género para validar esta estructura: dice que las mujeres militares “representan [la] valentía en una de sus expresiones más nobles” y que “el amor por la patria no tiene género”. Ella misma ha tomado “a mucha honra” el título de Comandanta Suprema, enfatizando esa “a” como símbolo máximo de transformación: una institución históricamente masculina, hoy “sometida” al mando de una mujer.

Este empoderamiento de las fuerzas armadas no se ha quedado en palabras: vino con una estrategia real para darles cada vez más recursos y control. Más allá de la seguridad pública, desde 2018 las secretarías de Marina y Defensa le han entrado a todo: hoy gestionan al menos 19 aeropuertos, construyen trenes, vigilan aduanas y fronteras, contienen la migración, y hasta hacen tareas de protección ambiental. También se volvieron empresarias y administran al menos 15 empresas de participación mayoritaria del Estado. Y hablando de dinero, las cifras son impresionantes: nada más entre 2018 y 2024, el presupuesto que gastó la secretaría de Defensa se duplicó y el de la Marina casi se triplicó (creció en 174%). Ambas gastaron más con AMLO que en los cuatro sexenios anteriores. Incluso, en 2024 se reformó la Constitución para permitirles algo que todavía estaba prohibido: quedarse de forma permanente en tareas de seguridad pública.

Por eso, ver un 8M lleno de uniformes verde olivo no tendría que sorprendernos: las fuerzas armadas son centrales en el gobierno de la presidenta Sheinbaum. Sin embargo, aquí hay un punto que nos urge analizar: este impulso por mantener al Ejército —pero ahora con paridad de género— no es algo ajeno a los feminismos; al contrario, ha sido parte de ellos por mucho tiempo.

¿Por qué nos mueve ver a una mujer como comandanta suprema?

Hay que reconocer algo: desde su elección, ver a Claudia Sheinbaum como la primera Comandanta Suprema generó una chispa de emoción en muchísimas mujeres. Lo mismo pasa cuando se escucha que hay más paridad de género en las fuerzas armadas. Pero, ¿por qué existe ese efecto? Importa mucho entenderlo.

Un buen punto de partida es reconocer cómo, en México, históricamente nos han inculcado estereotipos sexistas para definir qué es ser “hombre” y ser “mujer”. Ahí está la famosa Epístola de Melchor Ocampo, que hasta fue parte de nuestras leyes: decía que los hombres eran “valientes” y “fuertes”, mientras que las mujeres eran “débiles”, “abnegadas” y “bellas”. Bajo esa lógica, tenía sentido que “la protección” y el mando de las armas correspondiera a ellos, mientras que a ellas sólo les quedara “la obediencia”. Romper con esa lógica, incluso dentro de lo militar, se siente como una grieta en el guión que dicta aquello que debemos ser.

Las ideas sexistas no se han ido del todo. Por ejemplo, el servicio militar sigue siendo obligatorio para los hombres y voluntario para las mujeres.1 Además, las fuerzas armadas siguen siendo de los espacios con menos paridad: aunque las mujeres son 52% del sector público federal, en la Armada representaban sólo el 24% en 2025. En la Guardia Nacional hoy son apenas el 20.8%, en el Ejército el 9.6% y en la Fuerza Aérea tan solo el 6.7%. Con estos números tiene sentido que ver a una mujer al mando, invitando a más morras a unirse a las filas, se sienta como una reivindicación. Es como decir, “¿ven que las mujeres sí pueden pelear, mandar y defender?”

Hay dos cosas más que pueden explicar este entusiasmo. Primero, las fuerzas militares son muy populares: a finales de 2023, la gente confiaba más en el Ejército y la Marina que en las iglesias o en sus propias vecinas y vecinos. Entrar ahí significa ser parte de instituciones que la sociedad respeta. Segundo, la milicia ofrece algo que falta en muchos otros lados: ingresos y prestaciones reales. No solamente dan educación gratuita: también acceso a una casa, comida, ropa y un sueldo digno. Para muchas mujeres y sus familias, el uniforme puede ser uno de los pocos caminos para la movilidad social.

Visto así, criticar que las mujeres se unan al Ejército puede parecer casi una forma de negarles oportunidades básicas. Al cuestionar a Sheinbaum por reivindicar al Ejército, ¿no estaremos —como dice Zaldívar— minimizando lo que esta institución significa histórica, simbólica y económicamente para miles de mujeres?

El gran reto para los feminismos

Nuestra crítica a la apuesta de Sheinbaum no es gratuita: responde a algo que muchas voces han señalado antes. La realidad es que la actuación de las fuerzas armadas vulnera sistemáticamente los derechos de las mujeres y de muchas otras poblaciones. Puertas adentro, las reclutas enfrentan discriminación y violencias sistémicas, desde agresiones sexuales hasta posibles feminicidios que siguen sin resolverse. A eso hay que sumar la exclusión que castiga a quienes viven con VIH, a las personas con discapacidad o a quienes deciden ser madres. Todo esto en instituciones diseñadas para la guerra, y que por eso tienen mandos armados, un sistema de justicia propio —del que casi no se sabe nada— y el permiso legal de ocultar información que otras autoridades deben hacer pública.

Pero el daño también se siente afuera. Por su propia lógica de guerra, la acción militar suele ser muy violenta: al detener personas, las fuerzas armadas son más propensas que las policías a agredirlas física, psicológica o sexualmente. Cuando se trata de mujeres detenidas, el acoso, el exhibicionismo y el intento de violación tienen frecuencias alarmantes. Incluso en obras de infraestructura dirigidas por el Ejército, trabajadoras y trabajadores han reportado acoso, hostigamiento y abuso laboral, muchas veces bajo la amenaza directa de las armas.

A eso se suma la violencia de la Guardia Nacional contra migrantes, las condenas internacionales a México por agresiones sexuales y tortura del Ejército contra mujeres civiles (muchas de ellas indígenas) y un dato que no podemos ignorar: tan solo entre 2020 y 2023, la Secretaría de la Defensa acumuló 1,664 quejas ante la CNDH. 

Hay una última situación que es necesario tener en cuenta: cada peso que el gobierno de la presidenta Sheinbaum le entrega a los militares es un peso que se le quita a otras causas urgentes. Mientras el presupuesto de Defensa y Marina crece sin parar, lo que se asigna para frenar la violencia de género, prevenir la discriminación o buscar a personas desaparecidas se queda en lo mínimo. Cuando en Intersecta revisamos el gasto público de 2021, los datos fueron muy claros: el gobierno gastó más dinero tan solo en los viajes de los militares al extranjero que en los refugios para mujeres víctimas de violencia a lo largo del país. Además, todo el presupuesto de la Comisión Nacional de Búsqueda equivalía apenas a lo que la Secretaría de la Defensa gastó en cosas como hule, cuero, piel y plástico.

Por todo lo anterior, creemos que las prioridades políticas de los feminismos están ante un dilema urgente. ¿Realmente toca celebrar la llegada de una Comandanta Suprema, cuando las fuerzas que ella encabeza reprimen, discriminan y violentan incluso a sus propias reclutas? ¿Los esfuerzos feministas deberían enfocarse en que haya más mujeres en una institución que hace la guerra, y en que estas ocupen mejores cargos ahí? ¿Es posible imaginar caminos que no sean verde olivo para que las mujeres tengan sueldos dignos, prestaciones deseables y un empleo socialmente reconocido? ¿No sería mejor empujar a que los recursos del gobierno se inviertan en otro tipo de instituciones?

Porque si el paradigma es militarista, ¿a quiénes sirven realmente los feminismos? ¿Qué valor aporta la inclusión de las mujeres, cuando ésta sólo funciona para agredir migrantes, violentar derechos, encubrir injusticias o torturar civiles, ahora bajo el mando de una Comandanta Suprema?

  1. Valga decir que, desde Intersecta, hemos defendido que el servicio militar en todo caso también debería ser voluntario para los hombres, más que ser obligatorio para las mujeres. ↩︎

No soy mi ansiedad: mi camino tras el diagnóstico de Trastorno de Ansiedad Generalizada

Vivo con ansiedad, pero no soy mi ansiedad. Si tú la padeces quizás te puedas identificar conmigo cuando a veces pienso que mi ansiedad existe muy aparte de mí; otras veces siento que me devora desde adentro y se apropia de todo mi ser. Sin embargo, realmente creo que no es ninguna de las dos. Que yo soy y ella es, que coexistimos en el mismo ecosistema, en este caso mi cuerpa, pero que definitivamente no somos la misma.

He padecido de ansiedad la mayor parte de mi vida, pero no fue sino hasta recientemente que la nombré, que la confronté, que me desafió y me la diagnosticaron: “Trastorno de ansiedad generalizada”, me dijo la psiquiatra. 

¿Qué es el Trastorno de Ansiedad Generalizada según la OMS?

La Organización Mundial de la Salud, define el trastorno de ansiedad como una “sensación constante de miedo y preocupación de manera intensa y excesiva. Estos sentimientos suelen ir acompañados de tensión física y otros síntomas conductuales y cognitivos. Son difíciles de controlar, causan una angustia importante y pueden durar mucho tiempo si no se tratan”.  

Estos trastornos pueden ser un obstáculo en el desarrollo de las actividades de la vida cotidiana y deteriorar los lazos familiares, sociales, escolares o laborales. Aquí me gustaría comentar que el trastorno de ansiedad es un espectro y no todas las personas padecemos ni tenemos exactamente los mismos síntomas, pero sí se pueden experimentar varios a la vez.

El estigma de la salud mental y el ejemplo de Carla Morrison

Hace poco vi una entrevista que Cultura Inquieta hizo a Carla Morrison, donde la cantante habló de su experiencia con este trastorno. Comentó abiertamente sobre los prejuicios de padecerla y de querer hablar “con una persona extraña”, refiriéndose a un terapeuta, para ayudarse a gestionarla. Narró también cómo el miedo a veces la paraliza en el escenario y que la empatía que recibe de su público le ayuda a sentirse cobijada y aterrizada.

Ciertamente el miedo es una de las emociones más recurrentes para quienes vivimos con ansiedad y puede presentarse, como le sucede a Carla, como una preocupación excesiva frente a situaciones específicas o cotidianas o, como en mi caso, temor a elevadores o multitudes. Según mi terapeuta, mientras estos terrores no te inmovilicen, todo es manejable.

Los síntomas de la ansiedad: Del insomnio al sobrepensar

Algunos otros síntomas de este trastorno pueden ser:

  • Dificultad para concentrarse o tomar decisiones
  • Trastornos del sueño  (esto me pasa desde hace meses)*
  • Irritabilidad, tensión, inquietud
  • Sudoración, temblores (estos me pasan)* 
  • Sensación de peligro, de pánico o de fatalidad (Yo sobrepienso muchas cosas que tienen finales negativos)*

Mi psiquiatra me comentó que cuando se tienen tres o más síntomas ya se considera que hay un trastorno. A esos que ya me pasaban les sumé la crisis de ansiedad que experimenté hace unas semanas, lo cual fue lo que realmente me llevó a consultarla.

Hasta antes de mi diagnóstico, todos esos años sobrevivía con la ansiedad como si no existiera, la navegué como pude, desarrollé herramientas que me ayudaron a surfearla, hice toda clase de actividades y cosas para gestionarla, así, sola, sin más ayuda ni más brújula que yo misma, sin saber realmente lo que hacía, sin pedir o siquiera pensar en pedir ayuda. 

Por qué buscar ayuda profesional y dejar de «sobrevivir» a la ansiedad

En lo personal, y siendo más consciente del tema, navegarlo sin ayuda es algo que no recomiendo. Sé que soy una persona privilegiada por poder costear una terapia recurrente y consultas con la psiquiatra, y entiendo que sigue habiendo tabúes en torno a la salud mental y a consultar especialistas. Sin embargo, si estás en la posibilidad de acudir con personas calificadas, tituladas y con cédula profesional, hazlo y atiende tus síntomas. 

¿Y entonces por qué estoy aquí? No solo para mandarte a consulta, sino porque precisamente en ese periodo en el que era yo contra la ansiedad y ella contra mí, me hice de algunas técnicas y tuve vivencias útiles que me fueron eficientes en su momento y estas quizás te puedan servir o encontrar en dónde estás en relación con tu ansiedad, para que convivan y tengan una mejor relación; porque si algo sé es que, en mi caso, no somos la una contra la otra; que si bien no somos la misma, tampoco soy su enemiga, ni ella la mía –de hecho a veces me ha cuidado– y en el andar de esta columna te iré contando cómo y por qué llegué a esta conclusión. 

¡Hasta la próxima entrega!


Fuentes: 

Glimmers: entrenar al cerebro para sentir lo bello

A veces siento que mi cerebro es como la compu cuando se queda trabada: mucho ruido, mil notificaciones y la sensación constante de que algo se está ‘ejecutando’, o me falta, o que voy tarde a ningún lado. Y aclaro, no es que me esté pasando nada «malo» en el sentido más usado de la palabra; es que a veces siento que la vida adulta está sobradísima de triggers que me dejan con el sistema de alerta siempre encendido.

Seguro te pasa: te vuelves experta en detectar red flags, en identificar qué te pone de malas, qué te bajonea y en enlistar todo lo que te genera ansiedad. No es sostenible. Hace poco descubrí que el truco para no vivir al borde del colapso no es ignorar el caos, sino aprender a mirar hacia el otro lado. Ahí es donde entraron los glimmers a mi vida.

Una herramienta que no sabía que necesitaba

Si los triggers son las señales que nos activan y nos ponen en modo supervivencia (ya sabes, luchar o huir) los glimmers –literalmente, ‘destellos’– son su contraparte exacta: son micromomentos que mandan una señal al sistema nervioso: “en este momento, mientras miramos, escuchamos, olemos, sentimos, saboreamos esto, estamos a salvo”. 

Empecé a mapear esta conversación conmigo gracias a este artículo que explica cómo podemos hacer pequeños giros en el día para reorientar el sistema nervioso hacia la calma y la seguridad. El término lo acuñó Deb Dana, una terapeuta que explica que estos destellos de calma, belleza y presencia nos devuelven la sensación de conexión. No me refiero a la felicidad eufórica de las películas, sino a esas experiencias sutiles y, para mí, poderosas. Hablo del segundo en el que un color, una canción, una textura, un sabor –como la sopita de Ratatouille– logra que tu respiración por fin le gane la carrera a tus pensamientos.

El arte de dejarse hechizar

Estoy practicando el hábito de mirar y sentir lo bello. Hace poco estuve en el mar: me invitaron a conocer el hotel Moxy Tulum y la verdad que fue una experiencia suuuuper chida. Hice un viaje relámpago, pero muy reparador porque así lo decidí. Antes comprobé que puedes estar frente a la playa más espectacular del mundo y seguir con el sistema nervioso en modo «alerta». Pero esta vez fue distinto: llevé mi laboratorio personal muy a la vista y permití que el entorno me hechizara a través de los detalles. Me di cuenta de que mi cerebro no necesitaba relax en abstracto; buscaba glimmers específicos.

Imágenes: Moxy Tulum / Denise Márquez para Malvestida

Sucedió mientras me quedé mirando unas cenefas de arcilla roja con diseños geométricos. Algo en esa repetición, en la calidez del material y en el diseño, hizo que mi mirada finalmente se detuviera. Fue el primer «estás aquí» que mi cuerpo registró. A partir de ahí, los glimmers empezaron a aparecer en cascada: la humedad cálida y el olor a copal al entrar a un temazcal, el esfuerzo rítmico de mis piernas al pedalear en bici para alcanzar a ver el amanecer frente al mar, o esa pausa mental absoluta durante una clase de yoga.

Imágenes: Moxy Tulum / Denise Márquez para Malvestida

El privilegio de la pausa y la intimidad del hogar

Imágenes: Tulum / Tia Vidal vía Unsplash, Denise Márquez para Malvestida

Sé que tengo el privilegio enorme de poder hacer estos viajes y desconectarme en un entorno diseñado para el goce. No todas las personas tenemos la posibilidad de escapar al Caribe cada vez que el ruido mental se vuelve insoportable. Sin embargo, este viaje me dejó algo más valioso que broncearme y hacer selfies en el mar: me dejó la convicción de que la mirada se entrena. Hoy estoy convencida de que esa capacidad de embelesarse depende de nuestra disposición para encontrar lo sorprendente en lo cotidiano. La encuentro cuando me detengo a escuchar el sonido de la aguja tocando un vinilo justo antes de que empiece la música. Está en mirar el vapor que sale de mi taza de café, en las formas de un parqueadero de bicicletas; en la luz de la tarde que rebota en las plantas.

Re-cableando el sistema
sin manual de instrucciones

No es sólo un pienso idealista y hippie: percibir lo bello y beneficiarse de esto tiene ciencia detrás. Resulta que nuestro cerebro es súper maleable (neuroplasticidad, le dicen las personas que saben). Por evolución, estamos programadxs para enfocarnos en lo negativo porque eso nos mantenía con vida cuando había peligros afuera. Cuando nos permitimos esos momentos de pausa —frente al mar o frente a las plantitas de la repisa en casa—, estamos creando nuevas rutas neuronales. Literal, es enseñarle a nuestras neuronas que también se vale descansar y que el bienestar es un estado que se puede cultivar.

Imágenes: Moxy Tulum / Denise Márquez para Malvestida

Hacer de la mirada una resistencia

Entrenar la mirada para buscar glimmers es, en el fondo, un acto de resistencia. En un mundo que se beneficia de nuestro agotamiento y nuestra distracción, pausar para admirar la geometría, un amanecer o hacer un ritual es reclamar nuestra soberanía sobre el cuerpo y la atención.

No necesitamos que todo sea perfecto para estar bien. Solo necesitamos aprender a recolectar esos pequeños brillos que nos recuerdan que, a pesar de todo, aquí y ahora, podemos sentir bienestar, tomar aire y seguir frente al mundo.

*Gracias a Moxy Tulum por las atenciones recibidas durante mi estancia y por crear un entorno donde estos glimmers fueron aún más fáciles de encontrar.

Ser Chacal en México: Testimonios sobre identidad y flow

Estoy scrolleando interminablemente, como siempre. Aparece un video del ‘Remolino’, un juego con esferas que giran contigo adentro mientras van hechas madre en un circuito metálico. Es una feria callejera. Hay una rola del Bogueto de fondo. Cuando el juego empieza a tomar velocidad, un moreno mamadísimo salta a la reja de “protección” de la taza (quienes hayan ido a ferias sabrán que las comillas son un reflejo fiel de lo poco que esas rejas te protegen).

La usuaria que subió el video a redes grita emocionada, le toca el torso al vato y pone monedas en el bolsillo de su pantalón. A ese video le siguen varios más. En uno hay un texto que aconseja: “¿Terapia? Nah, sólo necesitas ir a la feria a que te bailen unos chacales”.

El algoritmo me pone del lado del internet donde “el chacal” está al centro. Y tengo muchas dudas. Primero que nada, ¿qué es un chacal? La respuesta depende de a quién le preguntes. Para Olmo, que posa encapuchado y luciendo sus tatuajes para la cámara de la fotógrafa Montserrat Reyes, una de las primeras distinciones tiene que ver con la palabra ‘chaca’, de donde deriva «chacal»:

“ser un chaca es ser un güey que no respeta la autoridad y que vive su propia ley”, pero también es ser “alguien que todos los días sale adelante por su propia cuenta y que le vale verga lo que digan o piensen de él”.

Imagen: Olmo, fotografiado por Montserrat Reyes para Malvestida

Estas contradicciones no son casualidad. El universo del chacal nace de una realidad convulsa. Si vas a los diccionarios, la definición se refiere a una «persona peligrosa, agresiva». En su peor acepción, se asocia con el abuso sexual; en la más cotidiana, se usa para describir algo «feo, de mal gusto o de baja calidad». Sin embargo, en el México de hoy el término es indisociable de la racialización. Ser «chaca» implica ser un cuerpo prieto habitando una estética que históricamente ha sido criminalizada, una identidad que se mueve entre lo aspiracional y el fetiche colonial.

Cuando ser chacal no estaba “de moda”

Para Carlos, que creció en Iztapalapa y conoce a fondo la estética chacalona, tener una identidad asociada a lo barrial ha sido motivo de discriminación. «Hace muchos años había mucha discriminación por cómo te vestías. Te veían muy chacalón, muy ñero o muy tumbado y como que se espantaban… Incluso lo relacionaban con tu IQ, con tu inteligencia. Te veían vestido así y decían ‘ese güey ha de ser como tonto, ¿no?’. Me subía a las micros y yo veía como en corto la banda se guardaba el teléfono», explica Carlos.

Imagen: Carlos Zaragoza ‘Charly’, fotografiado por Montserrat Reyes para Malvestida

Esta percepción tiene un respaldo estadístico: según la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS 2022) del INEGI, el 23.7% de la población en México ha manifestado ser discriminada por su tono de piel, manera de hablar o su forma de vestir y arreglo personal (tatuajes, ropa o accesorios). Pero Carlos admite que la percepción de la gente ha ido cambiando a medida que ciertos cantantes o tendencias de moda popularizan la estética chacalona.

“A través de los años, lo que he observado es que, mediante la música y la banda, han ido cambiando los estigmas. La moda fomenta una mayor apertura, independientemente de cómo te vistas. Está súper chingón eso. Ahorita hay más espacios en donde tú llegas así vestido y no hay ningún problema. Ya no hay ese pedo; al contrario, como que te ves exótico y dicen ‘a ver ese güey qué tiene que decir’”.

Imagen: Carlos Zaragoza ‘Charly’, fotografiado por Montserrat Reyes para Malvestida

Olmo está de acuerdo en que el chaca ha traspasado el prejuicio que lo acompañó durante años: “El estilo chacalón es la pinta, el flow, lo tumbado; ahora sí que el estilo de la calle, mamá. Como todo, también se ha popularizado. En cierto punto fue mal visto, pero hoy en día llega a ser una imagen explotada por el capitalismo. Algunas cosas nacen por su cuenta y alguien encuentra la forma de capturarlo en un concepto. No está mal, es el curso de la vida”.

Cuando el chacal se despoja de significado

Los códigos visuales de la estética chacalona tienen una razón de ser; están ligados a marcas, siluetas y accesorios que han estado presentes en el estilo de ciertas comunidades barriales desde hace décadas.

Desde Tepito, Bryan Arias Morales (Afroñery), nos cuenta: “Yo cuando me arreglo uso tenis de los 90 o 2000. La cadena es raperona. La gorra es más bellaca. Me visto con esa fusión… Mi estilo es una forma de decir: mira, yo soy este. Nací en el barrio e incluso las marcas que uso, como Ed Hardy o los Jordan, mi papá se arreglaba con esa ropa. Habla de mis vivencias y de cómo crecí”.

Imagen: Ángel Spíndola ‘Capu’, fotografiado por Montserrat Reyes para Malvestida
Imagen: Bryan Morales ‘Afroñery’, fotografiado por Montserrat Reyes para Malvestida

Para Nayma Flores, fundadora de Melodrama —plataforma que analiza la moda desde una perspectiva crítica—, lo que suele pasar con la apropiación de la estética del chacal es que se borran esas vivencias y se centra en la utilidad que le brinda al sistema como objeto de consumo.

“Los chacales han existido siempre y su estética es un reflejo de sus contextos. El estilo viene de una raíz de practicidad por sus trabajos —en los juegos, en los tianguis, en la central—, pero eligen lo que les gusta porque tienen autonomía. No se visten así porque quieren ‘subvertir el sistema’ de forma académica; lo hacen porque es su realidad inmediata”, explica.

Por eso la apropiación de la estética chacalona desde la moda suele estar acompañada de una exotización que busca ‘consumir’ al otro sin habitar su realidad. La identidad de barrio se vuelve un producto con fecha de caducidad, algo que Nayma identifica como el ciclo de consumo de la hegemonía:

“El ecosistema digital siempre está buscando ‘lo nuevo’ para apropiárselo y el chaca es el sabor del mes. Lo usan mientras les sirve para verse cool, pero en cuanto la tendencia pasa, los sueltan. Se reduce a la gente a un objeto: mientras entretengan a la hegemonía todo está bien, pero nunca hay un compromiso real con sus contextos. El morbo se convierte en likes y la exotización en TikToks, pero se les sigue negando la agencia”.

Al final, este «fetiche civilizador» es una trampa. El sistema celebra al chacal en la pantalla de TikTok o en la cama, pero le sigue cerrando la puerta en la entrevista de trabajo o lo detiene en la esquina por «sospechoso».

Imagen: Carlos Zaragoza ‘Charly’, fotografiado por Montserrat Reyes para Malvestida

En un video que acumula miles de reproducciones , el personaje de internet Nay Salvatori afirma que un chacal es “alguien que sirve para la suciedad, pero no para la sociedad… y jamás le presentarías a tu mamá”.

Para Raziel Sosa, fundador de la Nacademia, un espacio de pensamiento crítico y contrapedagogías barriales del sur global, esta dinámica es una actualización del racismo de siempre:

“Las clases dominantes consumen esas experiencias que no habitan como un safari erótico o sexual. Consumen al ‘chacal’ como si se tratara de un corte de carne que se sirve en un restaurante fino, pero no es la persona con la cual buscan crear vínculos o formar vida”.

Esto se vuelve evidente al asomarse a los videos de “humor” que abundan en redes para enumerar las ventajas de salir con un chacal: “Si les toca estar en una balacera, él se va a aventar por ti porque ha estado ahí mil veces” o “Quizá solo te va a llevar por un esquite, pero siempre va a pagar la cuenta”. Raziel lo identifica como parte de las “gramáticas del bestiario”: una herencia colonial donde la blanquitud necesita taxonomizar a los cuerpos prietos para deshumanizarlos. “Hay una parte del racismo que no busca la exclusión total, sino la inclusión por medio del consumo del otro. Se construye a estos hombres como una ‘bestia sexual’ o una ‘máquina de servicio’… Es una mirada que los despoja de su humanidad para convertirlos en un fetiche que refuerza la jerarquía de quien los consume”.

Imagen: Abraham Regules ‘YoungGang’, fotografiado por Montserrat Reyes para Malvestida

A pesar de esta carga colonial, el término está viviendo una resignificación desde adentro. Para Raziel, esta tensión es propia de un momento de transformación: “Estamos en un periodo bisagra en donde muchos de los términos asociados a las marginalidades urbanas están siendo reivindicados por las personas que habían sido discriminadas con ellos. El término ‘chacal’ pasa de ser sólo exotizante y cosificante a nombrar un capital erótico propio… y disputa el lenguaje de la animalidad”.

Paul, otro de los fotografiados por Montserrat, explica que “ahorita lo chacalón está en un momento muy explosivo. Ya está tan normalizado que eso nos ha permitido a las personas chacalonas reales expresarnos mejor, tanto en nuestra forma de hablar como en nuestra vestimenta”.

Imagen: Fernando Paul Diaz Ramirez ‘Ezy azzdii’, fotografiado por Montserrat Reyes para Malvestida

Así que no hay una sola dirección para el concepto “chacal”: es un término con origen discriminatorio, es el fetiche de algunas personas privilegiadas y, al mismo tiempo, es el motivo de orgullo de la banda que creció viendo estos referentes en las calles de su barrio. “No existen ni víctimas ni victimarios porque al final es gente que tiene agencia. No es que no sepan qué se está consumiendo de ellos, sino que lo usan a su favor”, concluye Raziel.

Reconocer la agencia y la dignidad de los otros también implica aceptar que el deseo no sucede en un vacío de poder ni sobre “cuerpos” pasivos. Lejos de las teorías académicas, la vivencia del barrio tiene su propia contundencia.

Oski, fotografiado en Iztapalapa, lo resume mejor que nadie: “El estilo tumbado chacalón siempre es el que va a bufar: bufa, rebufa y bufa aquí en la zona. Nunca he visto que se haya perdido porque siempre se va a traer desde la sangre. Claro que hay gente que se tuvo que ocultar porque sentía que ser chaca era algo malo, pero a la verga: aquí uno siempre ha sido real”.

Imagen: Óscar León ‘Oski’, fotografiado por Montserrat Reyes para Malvestida

*La edición y cuidado editorial de este texto es de Ale Higareda; el bellísimo trabajo fotográfico y en campo lo realizó Montserrat Reyes. El cuidado gráfico es de Celina Huus.

Merry: la fotógrafa que transforma el retrato conceptual en un universo onírico

Conocer el trabajo de Merry es como entrar, sin filtros, a un universo onírico donde la fantasía y la naturalidad se dan la mano. Fotógrafa, directora y acuariana profesional, Merry ha pasado de hacer películas caseras en su secundaria en Mexicali a convertirse en una creadora que utiliza el lente para ir más allá de la realidad y, al mismo tiempo, honrar la esencia de quienes posan para ella.

Le tiramos unas preguntas para conocer mejor su proceso creativo y nos dio cátedra de cómo la fotografía es, ante todo, un acto de conexión humana.

¿Cuál es el recuerdo más antiguo que tienes de una imagen (propia o ajena) que te hizo sentir que la fotografía era tu lenguaje?

Desde muy pequeña me daban cámaras de las desechables y siempre tuve fijación por retratar a personas más que cualquier otra cosa. Nunca fui muy consciente de ello, solo lo hacía porque me gustaba.

También hacía muchas “películas” con mis amigas de secundaria con una cámara muy pequeña de video. Yo sola hacía el guión, la grabación y edición. Era muy divertido que siempre tuviera gente alrededor dispuesta a hacer mis ideas locas.

¿En qué momento decidiste empezar a transitar tu camino por la foto?
¿Hubo algo que te inspiró a tomar la decisión?

Al entrar a la universidad a estudiar la carrera de Artes Cinematográficas en la UABC, inicialmente mi sueño era ser directora de videos musicales (curiosamente hoy en día también me dedico a eso), pero una de las muchas materias eran las clases de fotografía y ahí re-descubrí mi pasión.

De forma autodidacta me especialicé en retrato conceptual; tomé muchos talleres principalmente con artistas femeninas como Alexia Mercado, Andrea Figueroa y Martina Matencio.

merry retrato conceptual

Martina es mi inspiración de toda la vida y ver de cerca su proceso fue muy inspirador. También Erick Pérez, artista queer colombiano, ha sido un gran mentor para mí.

¿Qué es la foto para ti?

Es la materialización de mis fantasías, mis sueños, mi mundo interno. Lo interesante es que es un proceso muy colaborativo: necesito unx modelx para ello y es hermoso el proceso de canalización de energías.

Tengo una idea, alguien me ayuda a “actuarla” y el resultado va más allá de la foto: es el día, la plática que tuvimos, la conexión, ver el resultado de una forma tangible y compartirlo con el mundo… simplemente me vuela la cabeza.

La foto es un momento de la vida, la mía y la del modelx, materializada para siempre. Aún con su toque de fantasía, siempre se filtra un poco de la realidad a través de mi trabajo.

merry retrato conceptual

¿Cuál es ese prejuicio o «regla» de la fotografía tradicional que más te gusta romper cuando trabajas?

No suelo ser muy técnica. Sé de ello, lo estudié… pero en ocasiones me dejo llevar más por la intuición: muevo el ISO y todos los demás settings como me da la gana. Suelo recibir mucho el comentario de que mis settings están re mal, pero es parte de mi naturaleza acuariana, ir contracorriente.

Cuando es necesaria la técnica la uso, pero me dejo llevar más por lo que me pide la foto que por cualquier otra cosa “correcta”. Yo siempre recomiendo aprender las reglas para luego hacer con ellas lo que se te dé la gana.

¿Cómo es ese momento justo antes de levantar la cámara? ¿Qué tipo de conversación o intercambio buscas tener con la persona para que el lente no se sienta como una barrera entre ambos?

Primero que nada los hago sentir en confianza y un poco en control de la situación. Fuerte comentario, la vida muchas veces se trata de soltar el control pero es difícil ¡eh! jajaja, y con eso me refiero a que siempre hay espacio para que en tiempo real puedan estar revisando las fotos y así darse cuenta de que todo va bien y les doy la libertad de elegir las fotos a editar para que sean de su total gusto, eso les ayuda a relajarse bastante.

Por mi lado, siempre intento ir con la mejor actitud aunque soy un ser sensible y he tenido que trabajar en momentos críticos, pero acepto mi vulnerabilidad y la muestro, gracias a eso algunos de los mejores consejos de vida me los han dado mis clientxs/modelxs.

Me gusta llevar la conversación desde un lado más humano, me intereso por ellos y se los hago saber, como ya mencione un poco antes, la foto, para mi, es toda la experiencia.

merry retrato conceptual

Si tuvieras que regalarle una sola frase o un consejo «no solicitado» a alguien que siente que su cuerpo o su historia no tienen lugar en la fotografía editorial, ¿qué le dirías?

Creo que todo se resume en “No tengas miedo de mostrarte y ser tu mismx”. Antes de ser fotógrafa, también soy modelo y la mayoría de las veces el no gustarnos depende de muchos factores y uno de ellos es la relación con el fotógrafo.

Una mala dirección, una mala luz, etc… son cosas que afectan el resultado y una persona que no se dedica a ello fácilmente se puede ir con el discurso de “el problema soy yo”.

No, nadie es el problema, solamente necesitas un espacio donde de verdad se preocupen por ti y por el resultado.

También hay que reconocer que todo es un proceso y que si realmente te interesa dedicarte a la industria, hay que estudiar y esforzarse, pero eso lo podemos hacer todxs, el límite está en nosotros mismxs.

¿Qué te gustaría que pase en el cuerpo o en la mente de alguien que se detiene a mirar tus retratos por primera vez en una exposición o en redes sociales?

Uy, me encantaría que se pudiera sentir en un universo onírico sensual, que están en otro planeta o esa sensación de “realidad aumentada”. Que puedan sentir, al menos por un momento, que la magia existe y que es para todxs.

¿Qué consejo le darías a alguien que está pensando en dedicarse a hacer foto?

Que jueguen mucho, que rompan reglas, ahora más que nunca, en estos tiempos donde quieren volvernos moldes homogéneos, es cuando más hay que gritar desde nuestra autenticidad.

Haz las ideas locas de tu cabeza, alguien más va conectar y poco a poco crearás tu comunidad.

Somos millones de personas en el mundo y creo que una de las pocas cosas buenas que podemos agradecer del internet y su inevitable globalización es que todos estamos a un mensaje de distancia. ¡Aprovéchalo! ¡Consume mucho arte, busca tus referentes principales y práctica! La práctica hace al maestro, yo antes odiaba ese consejo y hoy en día puedo confirmar que es 100% real, sin práctica no evolucionas.

Ponte Your Moños: trenzarse el cabello es un acto de resistencia

La próxima vez que alguien te pregunte por qué la moda es política, háblale de Ponte Your Moños.

Este proyecto nació en Los Ángeles de la mano de Dulce Flores (nacida en Estados Unidos) y Angie Portillo (migrante), en un momento en el que el clima migratorio en Estados Unidos se volvió más hostil, más violento y más presente en la vida cotidiana.

“No queríamos quedarnos en silencio ni mirar desde lejos. Queríamos responder desde lo que conocemos: la historia, la calle, la cultura, nuestras raíces”, explican.

Así surgió un gesto aparentemente simple, pero cargado de memoria política: trenzarse el cabello, ponerse moños, ocupar el espacio público y sostenerse colectivamente.

Make braids, no raids

Con el lema Make braids, no raids (haz trenzas, no redadas), Ponte Your Moños toma las calles de Los Ángeles para hacer peinados cargados de cintas, listones y colores, pero también de historia. Porque las trenzas y los moños nunca han sido neutros.

En México han sido símbolos identitarios que atraviesan generaciones: desde los moños de los vestidos de quinceañera, hasta las trenzas características de distintos pueblos originarios y las Adelitas durante la Revolución. Son herencia y resistencia, pero también han sido motivo de estigmatización, racismo y criminalización.

“Muchas crecimos escuchando que no debíamos ‘vernos indígenas’, que las trenzas daban vergüenza, que había que suavizar la apariencia para encajar. Recuperarlas hoy es una forma de volver al origen y reconciliarnos con nuestra herencia”, cuentan Dulce y Angie.

Foto. Ponte Your Moños

“Ponerse los moños” como postura política

La frase “ponerse los moños” históricamente se usó para decirle a las mujeres que no fueran difíciles, que no pidieran de más, que no pusieran condiciones. Una expresión nacida del control y el machismo. Pero Dulce y Angie la reapropian desde la experiencia migrante.

En este contexto, “ponerse los moños” significa no esconder el cuerpo, el acento, el origen ni la historia, incluso cuando el sistema insiste en que hacerse visible es peligroso.

Ser “difícil” se transforma en una postura política cuando la dignidad, la seguridad y la justicia están en juego.

Trenzas en tiempos de redadas

El simbolismo de las trenzas se vuelve todavía más potente en un contexto donde las políticas migratorias en Estados Unidos se han endurecido. Desde enero de 2025, el ICE reanudó y amplió redadas incluso en ciudades santuario, donde históricamente se suponía que las personas migrantes estaban protegidas. Esto se ha traducido en familias separadas, personas violentadas y comunidades viviendo bajo vigilancia permanente.

De acuerdo con un reportaje de The Guardian, tan solo durante 2025 la administración de Donald Trump detuvo a cerca de 330 mil personas y deportó a 327 mil.

En este escenario, las trenzas funcionan como celebración identitaria y como táctica de supervivencia comunitaria frente a la opresión.

“La comunidad chicana históricamente ha usado el cuerpo, la estética y la presencia en el espacio público como formas de resistencia. La moda siempe ha sido política”, subrayan.

Foto. Ponte Your Moños

Redistribuir, no solo visibilizar

Ponte Your Moños no se queda sólo en la estética. Los recursos recaudados se entregan directamente a personas migrantes afectadas por las redadas: trabajadores de la construcción, vendedores ambulantes o personas detenidas que necesitan apoyo inmediato para no exponerse a más violencia.

“Para nosotras era fundamental que el apoyo regresara a la comunidad de forma concreta, inmediata y útil… No buscamos ayudar desde arriba, sino redistribuir recursos a quienes están siendo impactados en tiempo real”, explican las creadoras.

Dulce y Angie explican que la fuerza de su movimiento recae en mujeres latinas profundamente ligadas a la identidad chicana, que ocupan el espacio público por quienes no pueden hacerlo sin ponerse en riesgo.

«Las trenzas las usan chicas que son 100% ciudadanas estadounidenses y 100%
latinas. Ellas protestan así, junto con nosotras, por quienes no pueden hacerlo.
También nos hemos enfrentado a la criminalización simbólica: comentarios que minimizan la causa, que reducen el movimiento a ‘moda’ o ‘apropiación cultural’, o que incomodan porque no encaja en un discurso cómodo o digerible. Esta forma de protesta no estaba en el radar de nadie».

Estos son los libros que tus escritoras favoritas van a regalar esta Navidad

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Cuando toca comprar regalos para los intercambios navideños empieza el tortuoso ritual de pensar qué elegir. ¿Una vela? Difícil, porque no todo mundo quiere que su casa huela a pino con vainilla acaramelada edición nostalgia de invierno. ¿Calcetines? Mira que hay regalos tibios y luego están los calcetines. ¿Accesorios para el hogar? Solo si conoces a la persona lo suficiente como para saber que amará ese mantel surrealista de fresas en patines.

Sin embargo, entre tanto caos hay un salvavidas confiable: regalar un buen libro. Porque, honestamente, todxs andamos buscando desconectarnos de las redes sociales (ya sea de forma real o meramente performativa). Además, si a alguien no le gusta leer, siempre puede pasarlo a otra persona. Los libros son los campeones indiscutibles del roperazo navideño, se sabe.

Por eso decidimos crear una guía de libros para regalar. Las recomendaciones vienen caladas y garantizadas por morras que no solo leen con devoción, sino que también escriben. Con el poder que las diosas literarias les otorgan, confiamos ciegamente en el criterio de estas escritoras.

Sin más preámbulo, estos son los libros que tus escritoras favoritas van a regalar esta Navidad.

Aura García-Junco

La autora de Dios fulmine a la que escriba sobre mí tiene varias recomendaciones, dependiendo de a quién sea la persona a la que le vas a regalar.

Hembras de Lucy Cooke

“El libro que le recomendaría a alguien que ame leer ensayos. Para gente interesada en el feminismo, el género o la biología.

Es un ensayo muy informado desde la biología que habla acerca de las hembras en el mundo natural y cuán negligidas habían sido en el estudio biológico. Muy chistoso y sorprendente. Muy necesario”.

Una soledad demasiado ruidosa de Bohumil Hrabal

“El libro que le regalaría a alguien que lee sólo novedades similares entre sí, y que quiere salir de su zona de confort.

Es un libro que va como un tren que no para, poético y bellísimo. A principios del siglo XX, un personaje que conmueve profundamente, alguien que debe triturar libros todos los días, y entra en un delirio sobre el papel de los libros en su vida, los cambios tecnológicos del siglo XX y lo que eso implicaba. Es un clásico sobre libros y obsesiones».

El ángel de Nicolás de Verónica Murguía

“Un libro que le regalaría quien quiera leer algo diferente y con un lenguaje meticuloso y bello. Cuentos que parten de personajes bíblicos, mitológicos, históricos para crear ambientes y tramas geniales”.

Mónica Ojeda

La escritora ecuatoriana, autora de libros como Chamanes eléctricos en la fiesta del sol y Mandíbula, recomienda:

Las aventuras de la China Iron de Gabriela Cabezón Cámara

“Porque reescribe la literatura gauchesca en clave femenina y queer y porque su prosa es poética”.

La máquina de hacer pájaros de Natalia García Freire

“Construye cuentos en donde lo fantástico acontece en lo minúsculo y en el tacto de los personajes con el mundo”.

Iveth Luna

Para la banda que siente mucho, la poeta regiomontana y autora del librazo Mis amigas están cansadas, nos recomienda dos joyitas:

El buen mal, de Samanta Schweblin

“En este libro de cuentos se consolida la búsqueda de la escritora: ¿qué es lo que tensa los vínculos humanos? Es un libro profundo, aterrador y extraño”.

Eso, de Inger Christensen

“Un libro de poesía que abre tantas preguntas sobre la existencia, el sistema, las relaciones y el hogar”.

Brenda Navarro

Para gustos exigentes, Brenda Navarro, autora de Ceniza en la boca y Casas vacías, propone​ dos libros editados por Anagrama:

Manía de Lionel Shriver traducido por Daniel Najmías

“Todos los libros de esta escritora son incómodos, incisivos, contradictorios, pero sigue siendo una de las mejores críticas del sistema capitalista y las aspiraciones de la clase media norteamericana, pero también un reflejo de todas las demás. Me encanta”.

El emperador de alegría de Ocean Vuong, traducido por Daniel Saldaña París


“Vuong es uno de mis poetas favoritos, es muy consciente del uso del lenguaje, de su relación con el mundo político y usa la belleza para comunicarse con el mundo y eso lo hace único”.

Este bazar feminista en Neza propone estrategias para salir de la violencia

Acabamos de vivir el 25N, Día Internacional de la Eliminación de las Violencias Machistas.
Y ojito, el activismo y el apoyo no tienen por qué terminar allí. Te compartimos este bazar feminista en Neza para fortalecer la sororidad y las redes de apoyo.

Una persona mira una colección de pines de arcoiris en un bazar
Imagen cortesía Balance

El próximo sábado 29 de noviembre se llevará a cabo el bazar ‘Ni sencillas, ni inseguras’, un espacio gratuito de venta y convivencia para que mujeres y disidencias conozcan y apoyen proyectos de emprendedoras que formaron parte de la primera generación de una formación gratuita de la organización feminista Balance AC.

Este plan formativo, que también se llama ‘Ni sencillas, ni inseguras’, brinda información y estrategias para que mujeres emprendedoras acompañen a sus clientas a atravesar situaciones de violencia, con herramientas que permitan a las mujeres y disidencias poner fin a relaciones o espacios violentos que habiten, reconstruir sus proyectos de vida y generar redes de cuidado que las acuerpen y les permitan reparar lo que ha sido dañado por la violencia.

El bazar se llevará a cabo en la Casa de las Sábilas (ubicada en José Bernardo Couto 49, Ciudad Nezahualcóyotl) desde las 11 AM y hasta las 4 PM. Los proyectos que podremos encontrar en esta edición son Beboop Accesorios
, Botiquín Verde, 
Calli, alimentos envasados
, Clóset Curvy
, Creaciones Amarantha, 
Darkmoon
, dibujo.issues
, Ecológica Girl, 
Espacio P’ichpiri, Fritzy Art
, KEN-TIKA
, Ketzal, esculturas de papel
, Sal y Algo Más
 y Yollotzin Pan.

Las participantes son mujeres que trabajan en el sector de la belleza, ventas por internet u otros, en el nororiente y suroriente de la CDMX y área metropolitana, y que han sido capacitadas por Balance AC en acompañamiento de violencia. Sus propuestas son diversas: productos naturales, insumos de gestión menstrual, gráfica e ilustración, velas, papelería, ropa, comida, joyería y mucho más.

Imagen cortesía Balance

A lo largo de la jornada habrá rifas, sorteos y una mesa de materiales con información sobre derechos sexuales y reproductivos, ya que una forma de hacer frente a las violencias machistas es brindar información, herramientas y recursos sobre la importancia de la autonomía corporal, el derecho a decidir y alternativas para atravesar situaciones de violencia.

También se llevará a cabo ‘Hagamos tierra’, un taller de cooperación voluntaria donde lxs participantes construirán su propio mini compostero con SamSaRo de Espacio P’ichpiri, de 1 a 2 PM. El cupo es de 12 personas y se solicita que cada asistente lleve un poco de sus residuos orgánicos. El registro se realiza llenando un formulario, dando clic aquí.

En el marco del 25N, desde Balance AC y su programa Libertad y Ambiente Seguro, se busca visibilizar que las redes de apoyo y la colectividad se pueden construir alternativas para atravesar situaciones de violencia. También desde su trabajo apuestan por modelos de acompañamiento que pongan en el centro la autonomía y las decisiones de las mujeres y disidencias.

Lo que el equipo Malvestida va a regalar(se) esta Navidad

Bb llegó esa época del año en la que pasamos la tarjeta sin mirar y repetimos como mantra “para esto trabajo, para esto trabajo”. Y como sabemos que ya andas buscando recomendaciones chulas de qué regalar, en Malvestida nos dimos a la tarea de recopilar algunas cositas que, honestamente, ya están en nuestro carrito virtual esperando a que caiga el aguinaldo.

Toma nota porque acá hay de todo: regalos para tu suegra, para tu amix, para tu hermana o tu mamá… pero, sobre todo –a quién engañamos– regalos para ti misma.

Mocasines de Timberland

Desde hace rato les tenemos puesto el ojo a estos mocasines con plataforma chunky de Timberland, y llegó el momento de estrenarlos, porque –a estas alturas– una quiere llegar a las posadas bien elegante, pero sin sacrificar la comodidad. 

Un dato ñoñísimo pero crucial: traen plantillas Ortholite, lo que básicamente garantiza que tus piecitos aguanten el perreo hasta que amanezca. Además, ¿podemos hablar del detalle en animal print? Ese estampado que otra vez está en todos lados.

Otra opción que también tenemos en la mira son estos zapatitos color vino todoquever. ¿Los imaginas en contraste con unas medias azul pastel o unos calcetines crema? El sueño.

Tarot de Leonora Carrington

Siempre mágicas, nunca inmágicas. Se sabe que en Malve amamos el tarot, así que obvio no podía faltar uno en nuestra guía de regalos. Esta vez queremos recomendarte el Tarot de Leonora Carrington, un mazo que recupera los 22 arcanos mayores creados por la pintora.

Es un objeto de colección precioso, perfecto para quienes aman el tarot, el arte surrealista o ambas cosas. Ahora, que si apenas vas empezando y todavía no quieres invertir tanto, en esta nota te recomendamos mazos de tarot de distintos estilos y precios para que encuentres el que más te llame.

regalos de navidad tarot leonora carrington

Revista Mildew

Esta recomendación de regalo es para las girls más artsy, las fashionistas, las amantes de la paca.

Mildew Magazine es una revista enfocada en moda de segunda mano y sus páginas son un verdadero agasajo visual: editoriales hermosas, texturas que parecen salirse del papel y un acercamiento bien pensado a la moda circular.

Es el regalo perfecto para sorprender a tu amiga que siempre encuentra tesoros en el tianguis.

Sombra Moondust de Urban Decay

Cada vez que usamos esta sombra con brillos de Urban Decay alguien pregunta: “¿qué es esa preciosidad que traes en los ojos?” Y no, no estamos exagerando. El shimmer hipnótico de esta línea se nota a kilómetros (ok, ahí sí exageramos tantito), pero entiendes la idea.

Tienen varios tonos hermosos, pero nuestro FAV absoluto es Solstice, una mezcla de rojo y verde que termina dando un violeta precioso que combina con todo.

Tip expertísimo: aplícala con el dedo en vez de una brocha para que quede más concentrada, más brillante y más wowkhépreciosostusojitos.

Falda maxi adidas Originals

¿Es deportiva? ¿Es casual? Es todo miciela. 

Andamos muy obsessed con esta falda adidas. Como que nos da vibras de Björk en los noventas… y una siempre quiere verse como Björk en los noventas. O en cualquier década, la verdad.

La banda Gen Z seguramente la usaría a la cadera; la banda millennial, a la cintura. Se valen ambas opciones. Nosotras la combinaríamos con esta blusa verde de manga larga o una sudadera tipo motocross. Ufffffff. Ya nos vimos.

Lentes Glorp Antimateria de Ben & Frank

La vida es demasiado corta como para usar lentes de sol aburridos y nuestra sed de atención demasiado extra como para pasar desapercibida. Por eso ya nos fuimos a probar los lentes Glorp de Ben & Frank. El único dilema es en qué color comprarlos: ¿verde o morado? ¿Qué dice la audiencia?

Un dato interesante es que este modelo fue diseñado en colaboración con la banda Little Jesus. Sí, la misma de la rola “Cabras” en donde la DIOSOTA poeta Jimena Gónzalez dice “Amar nunca será malo. Todas las cosas tienen su ritmo y nosotras ESTÁBAMOS ACELERADAS”. 

No, tú estás llorando.

Pijama de Aerie

Que no se pierda la bonita tradición de regalar una pijama. Puede sonar a lo más cliché del mundo, pero pocas cosas se sienten tan deliciosas como meterte a la cama con una tela suavecita.

Este año traemos antojo de esta pijama roja con lacitos de Aerie. Tiene todo el combo: calzones, top, pantalón y blusa. ¿Lo más épico de todo? Puedes combinarla con la de tu lomito.

¡Tomen todo nuestro dinero!

Crema hidratante de It Cosmetics

Ponerte crema en la cara es como darle agüita a tu piel, pero ponerte ESTA crema de It Cosmetics es como darle un combo hidratante turbopotente. 

Trae niacinamida (para unificar el tono y suavizar la apariencia de líneas finas), escualano (para hidratar y reforzar la barrera de humedad) y un complejo de péptidos-lípido que ayuda a mejorar la elasticidad, la firmeza y la hidratación.

Dicho en un lenguaje menos skin-careiano: es hidratarte la cara en niveles pro.

Un regalo infalible para tu suegra, tu cuñada, tu mamá, tus tías… o para ti misma, obvio.

Bolsa de Vans

La temporada de fiestas amerita una bolsa en la que puedas llevar todos tus tiliches (wow, llevábamos como 150 años sin usar esa palabra, ¡qué retro!).

Los regalos, el vino, la cámara análoga –porque claro que somos ese tipo de persona–, las llaves, el Labubu… todo cabe en esta bolsa azul de Vans. Además, la textura de pana se ve súper suavecita. Muy de invierno, di.

Tinta para labios y mejillas de e.l.f

Salir de casa por la mañana para ir a la oficina, irte a un after office para celebrar y volver quién sabe a qué hora… así es un día cualquiera en temporada de fiestas. Para no perder el color entre tanto movimiento, siempre llevamos en la bolsa esta tinta para labios y mejillas de e.l.f.

¿Necesitas retocar las mejillas? Usas la tinta.
¿Se te fue el color de los labios entre tantos brindis? Usas la tinta.

Qué te podemos decir… somos personas prácticas.

La comida como acto de resistencia: el poder de la cocina palestina

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*Esta entrevista a Samar Awaad, investigadora culinaria palestina, se realizó durante el cese al fuego de enero de 2025 y fue originalmente publicada en Ceiba, periodismo con Memoria.

Puede parecer absurdo preguntarle a una persona palestina hoy «¿Cuál es tu comida favorita? después de ver las imágenes de cientos de miles de personas en Gaza haciendo fila desesperadas por comida y siendo asesinadas por ello. El hambre es una de las armas más letales en este genocidio por parte del estado ilegítimo y terrorista de Israel. Por eso hablar de la memoria culinaria de un país donde las niñeces mueren de hambre es urgente para recordar que la comida palestina siempre fue un blanco para la colonización israelí. Cuando impidieron a los agricultores sembrar, cuando destruyeron los árboles de olivo y cerraron las fuentes de agua, cuando mataron a un agricultor que repartía semillas durante los ataques de 2024. Todo eso es un camino hasta el hoy. 

Samar Awaad, cocinera e investigadora culinaria palestina, ha documentado la memoria alimentaria de su país desde antes del 7 de octubre de 2023. Durante la pandemia del Covid sintió la necesidad de entrevistar a personas que resguardaban recetas y conocimientos culinarios porque estaban muriendo muchas de ellas. “Es ahora o nunca”, se dijo. Y recorrió varias regiones de Palestina documentando. Se unió a la iniciativa Memorias Palestinas en Peligro y al Grupo de Investigación en Ecología Política. 

Esta es su historia sobre cómo llegó a ser quién es y cómo la colonización se entrelaza con su vida.

Imagen cortesía Samar Awaad

¿Cómo comenzaste a pensar en la comida como algo político?

A través de personas cercanas. Descubrí que mi vecindario colinda con un campo de refugiados, literalmente al otro lado de la calle. Todos los amigos de mi familia son de ahí, y vivimos juntos porque somos refugiados de la zona costera de Palestina, la Palestina histórica. 

Tengo el hobby de cocinar, me encanta cocinar. Así que a partir de la comida empecé a documentar cómo dejaron sus aldeas en 1948. Nuestra vida en Palestina está muy entrelazada con la Nakba. Y, por ejemplo, incluso si les preguntas a las mujeres mayores su edad, te dirán: «Tenía 3 años durante la Nakba de 1948» o «Tenía 12 años durante la Nakba de 1948». Es un punto de referencia para nuestra vida en Palestina.

No puedes evitar ser político, ¿sabes? No puedes vivir en Palestina y ser… bueno, serías un idiota, para ser honesta. Serías muy ingenuo si no quisieras ser político. La política está en nuestra sangre, creo que está grabada en mis genes. El trauma de 1948 que heredé de mis abuelos y mis padres, como primera generación de refugiados en Ramala, creo que eso nos hace seres muy especiales, muy políticos, y no puedes escapar de ello. No puedes. Quiero decir, tienes que ver todo en perspectiva con la Nakba. Así que cuando empecé, era algo muy natural.

Imagen cortesía Samar Awaad

¿A qué personas entrevistaste?

Primero a 30 mujeres, amigas de mi mamá. Ahí me di cuenta que estaba enfocándome en la Palestina costera, documenté toda la comida de la Palestina costera. Luego estuve en la zona rural al oeste de Jerusalén porque la parte occidental de Jerusalén rural fue limpiada étnicamente: 38 aldeas desaparecieron. Así que fui y comparé a las personas que aún residen en sus aldeas con aquellas que se fueron, y cómo sus tradiciones culinarias habían cambiado.

¿Encontraste algún patrón durante esas entrevistas?

Creo que todas las colonizaciones tienen un protocolo sistemático común: Primero toman la tierra, luego el suministro de agua, después intentan apropiarse de la agricultura y por supuesto, luego del suministro de alimentos. La agricultura, creo, fue un blanco desde el primer día, incluso antes de 1948, cuando el Mandato Británico comenzó a implantar la colonización de Palestina trayendo inmigrantes de Europa.

Quisieron arrebatarnos nuestro idioma, nuestra vestimenta, incluso nuestro hatta (pañuelo tradicional), hasta el café. Lo presentan como si fuera israelí. La apropiación de la comida palestina está por todas partes en Nueva York: puedes ir a un restaurante israelí y comer nuestros platos —falafel, hummus, msabbaha, knafeh—, todo tipo de cosas. Querían borrarnos por completo. No querían vernos.

Y esto va más allá de lo ocurrido en Nueva Zelanda, Australia o Estados Unidos. Allí es diferente: toman el control de la tierra, el agua, todo, pero al menos dejan a las comunidades indígenas en ciertas áreas. A nosotros no nos dejaron en paz. Es algo más profundo. Y así fue como pensé: «¡Esto es enorme! Tengo que documentarlo».

En México, las mujeres tienen un rol muy importante en la cocina, ¿cómo es en Palestina? ¿Cuál es su papel en la preservación de la memoria culinaria?

Tienen un papel fundamental, históricamente. Realmente, antes de 1948, las mujeres ya estaban en la cocina criando a sus hijos y también en el campo. Estaban cultivando, sembrando, ayudando a los hombres con el trigo, siendo asistentes en la arena agrícola. Cocinaban, conservaban, fermentaban, secaban, hacían todo tipo de cosas en la cocina.

Toda la memoria que tengo sobre la cocina es una memoria maternal, así que fue algo que se transmitió del lado de mi mamá. Mi abuela es una cocinera increíble. Copié su manera de hacer un plato muy famoso que se llama maftoul, que es como cuscús, si estás familiarizado con la comida marroquí o del norte de África. Son bolitas de trigo enrollado, pequeñas, y luego las cocinamos con caldo de pollo, tomates, calabaza y garbanzos. Es una receta muy palestina, muy antigua. En casa, mi abuela fue la principal cocinera, luego mi madre y luego yo. No sé si esto pasará a mis hijos. Ahora mi hija hace galletas y cosas dulces, pero ya veremos. 

Imagen cortesía Samar Awaad

Sí, las mujeres juegan un papel muy fuerte en Palestina en la comida y en la agricultura también. Especialmente después, en los años 60, 70 y 80, cuando los hombres dejaron el trabajo agrícola y se convirtieron en trabajadores en los asentamientos israelíes.

Las mujeres tomaron el control de la tierra. Eso fue una transformación. Se convirtieron en agricultoras, el papel de las mujeres se volvió dominante en la producción de alimentos. 

¿Cómo es la comida en Palestina?

Hay muchas ciudades que se identifican con recetas específicas, relacionadas con lo que cultivan y los árboles que crecen en esa zona geográfica. Y es fascinante cómo algunas recetas viajan: En el norte se cocinan de cierta manera, con ingredientes específicos, pero cuando llegan a la costa, cambian. 

Te doy un ejemplo: tenemos un platillo llamado Rummaniyeh. Esta receta fue afectada por la colonización. Es interesantísimo cómo se transformó. Originalmente era de la costa palestina: Lydda y Ramla eran ciudades cerca de lo que ahora es Tel Aviv. La receta lleva granada, berenjena y lentejas. Se cocina todo junto y es delicioso. Lo sirven en platos hondos. Cuando Lydda y Ramla fueron étnicamente limpiadas en 1948, algunos refugiados llegaron a Gaza. Allí empezaron a cocinarlo añadiendo ingredientes locales: le agregaron salsa de ajonjolí y eneldo (una hierba que usan fresca o seca). Lo fríen con ajo y lo ponen encima. La cocina gazatí es famosa por el ajo, el eneldo y el chile picante. Así que el Rummaniyeh se convirtió en un platillo gazatí, pero su origen es Lydda y Ramla. ¡Migró a Gaza! Cuando las recetas se mueven, es como: «¡Wow, ¿qué pasó aquí?!». Vi muchos ejemplos así. Es increíble.

¿Cómo ha cambiado esto en el último año?

Durante los primeros meses del genocidio, Gaza descolonizó su comida. Fue asombroso. La gente recurrió a los conocimientos de sus ancestros, literalmente. Todo lo que había investigado, lo estaban reviviendo. En el norte de Gaza, por ejemplo, sobrevivieron gracias a una comida hecha con malva (khubeize). Esta planta crece silvestre y al parecer abunda mucho en el norte, justo donde la hambruna ha sido más cruel. La malva salvó vidas. Incluso había una ortiga en Palestina, una planta que si la tocas te da comezón, con la que hicieron pasteles, pasteles de ortiga en lugar de pasteles de espinaca. Volvieron a sus antiguos métodos, porque recuerdo que mi abuela nos contó que, durante la hambruna que ocurrió en Palestina al tiempo del Imperio Otomano, solían recoger las semillas de las heces de los caballos, las sacaban, las limpiaban y las molían para hacer harina.

En Gaza, encontraron semillas de pájaro, las muelen y hacen pan con ellas. Hubo un movimiento entero, Thmara, en el que distribuían semillas a las tiendas, para que pudieran cultivar su comida cerca de ellas. El fundador de esta iniciativa fue asesinado. Su nombre era Yousef Abu Rabee, era un ingeniero agrícola de 24 años. Lo asesinaron en 2024.

¿Y en la costa?

Por ejemplo, el pescado, porque Gaza está en el mar, en el mar Mediterráneo, el pescado es muy importante para los habitantes de Gaza. En la cocina, el pescado es el ingrediente principal para obtener proteína. ¿Te imaginas a los gazatíes sin poder pescar? Es algo inaudito. Y todo lo que tenían era sardinas enlatadas. Entonces, hay una receta famosa que hacían con las sardinas enlatadas. Las molían y las convertían en bolitas de sardina, las llamaban «sardina kufta», las hacían en salsa de tomate o de tahini y las ponían sobre arroz.

Lo que me contó un amigo es que tomaban las sardinas enlatadas, las molían y las mezclaban con chile y tomates para hacerlas.

¿De qué manera crees que la recuperación de las recetas se vincula con la descolonización?

(Antes del primer alto al fuego) estaba siguiendo a algunas personas de Gaza en las redes sociales, que se estaban casando. Incluso cocinaban su plato ceremonial que se llama sumac con arroz y carne, y lo mostraban en las redes sociales, mostrando cómo se come y cómo se distribuye entre la gente. Pero todo eso lo hacían en las tiendas, daban esos platos a las personas en las tiendas. Así que sus vidas seguían, eso es descolonización.

Estaban haciendo falafel. Normalmente, el falafel se hace con habas, pero ellos lo hacían con cualquier tipo de frijoles que encontraran. Decían: “Hacemos falafel con cualquier cosa”. También volvieron a hacer trastes de cerámica de arcilla. En la historia de Palestina, Gaza tiene mucha arcilla subterránea y son famosos por hacer ollas, sartenes y hornos de barro, como en México. 

Imagen cortesía Samar Awaad

Usaron arcilla para filtrar el agua, la usaban para hacer hornos, para poder hacer su té, su café, su comida. También hicieron ollas con ella. Volvieron a sus conocimientos ancestrales para sobrevivir, para vivir. No encontraban zaatar, ¿conoces el zaatar? Es una mezcla de tomillo que solemos comer en el desayuno aquí, con aceite de oliva y pan, lo mojamos en el aceite y luego lo sumergimos en el zaatar. Es algo que se recolecta.

Pues no tenían zaatar, pero recibieron orégano en los paquetes, entonces lo mezclaron con sumac y mucho chile. Así que ahora tienen dagga, que es lo que llaman el zaatar en Gaza porque es picante. Hicieron muchas cosas increíbles. Incluso crearon un movimiento de comedores comunitarios o populares. Para mí, fue un cambio fundamental para la supervivencia, porque la comida colectiva, reunir a la gente en un solo lugar para apoyarse mutuamente, fue lo que realmente les ayudó.

Y la comunidad trabajaba junta para servir comida a los que tenían hambre, con niños y todo. Así que sí, creo que eso representó un cambio total contra el genocidio y la hambruna. Tuvieron ideas innovadoras que les permitieron sobrevivir.

¿Cómo crees que la comida está conectada con la memoria afectiva? Como cuando pruebas una receta y te recuerda a un lugar o a tu familia. 

Sí, creo que nuestros cerebros tienen una forma especial de vincular el gusto con la memoria. El gusto, el olfato y la memoria están conectados. Cuando comemos algo, los sabores y aromas viajan hacia los centros de memoria en nuestro cerebro. Por eso, un cierto alimento puede recordarnos instantáneamente un momento o un lugar específico. O como el perfume de alguien, especialmente cuando sabes que es el perfume de alguien.

Creo que para mí es el olor de maftoul. Hay una forma específica de cocinarlo: se pone en un plato grande encima de agua al vapor y se le agregan especias y cebollas. Cuando ese olor está en la casa me recuerda a mi abuela.

¿Y tienes algún platillo favorito?

Me encanta todo, pero ahora quizás khubeizeh, porque ahora es temporada de khubeizeh. Estamos recolectando khubeizeh. Es una planta increíble, muy rica en hierro, y el hecho de que haya salvado a la gente de Gaza del hambre, me parece significativo. El año pasado, como un reflejo de lo que sucedió en Gaza, tenía semillas de khubeizeh que había secado el año anterior. Y antes de que viniera la lluvia, fui a mi jardín y esparcí las semillas de khubeizeh. Así que este año tengo mucha, la estoy cosechando y regalando.

Mi receta favorita es la que se hace con trigo partido en los pueblos rurales de Hebrón.

Tengo una última pregunta. ¿Cuál crees que es el papel que la gastronomía jugará en la resistencia de los pueblos indígenas, no solo en Palestina, sino en todo el mundo?

La gastronomía debería elevar la conciencia de cómo la comida está relacionada con la identidad. Es algo fundamental, como la vestimenta. Como la vestimenta de los mayas en México, por ejemplo, cambia según la región. Lo mismo pasa con la gastronomía, que es parte de nuestro patrimonio material y debería ser transmitido.

La gastronomía, como patrimonio material, nos conecta con la tierra, porque lo que comemos proviene de ella. Los ancestros cultivaban sus propios alimentos de una manera muy saludable, no tóxica. Si podemos revertir el consumismo y el imperialismo, que hacen que la gente sea consumidora en lugar de productora, especialmente en la agricultura, será un gran paso hacia la soberanía alimentaria y la soberanía territorial. Si podemos revertir esto, sería un paraíso para los pueblos indígenas.

“Los psicodélicos están cambiando cómo entendemos la salud mental”: entrevista con la Dra. Carmen Amezcua

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Durante décadas, las palabras psilocibina o ayahuasca despertaban más miedo que esperanza en algunos sectores de la medicina. Pero en 2025, la conversación sobre los psicodélicos está cambiando. Cada vez más estudios apuntan a que estas sustancias podrían ofrecer respuestas a patologías donde la psiquiatría tradicional no ha logrado avances significativos.

“La mayoría de estas medicinas, cuando son usadas en un entorno clínico correcto y con una integración psicodélica adecuada, pueden ser profundamente sanadoras”, explica la Dra. Carmen Amezcua, psiquiatra mexicana y autora del libro Tu viaje de sanación psicodélica.

“Estamos frente a una nueva revolución psicodélica, donde resurgen los estudios de investigación y se trata de cambiar la historia de estigmatización de décadas y décadas”.

De los sesenta al siglo XXI: del tabú a la neuroplasticidad

Las investigaciones actuales sobre psicodélicos no son nuevas: en los años sesenta, sustancias como el LSD o la psilocibina formaban parte de los consultorios clínicos y de los laboratorios de investigación psiquiátrica. Sin embargo, el uso recreativo y la contracultura llevaron a su prohibición y a una narrativa de miedo que persiste hasta hoy.

“Llevamos decenas de años estigmatizando, criminalizando y usando un lenguaje peyorativo al hablar de casi todas estas sustancias”, explica la Dra. Amezcua. “En aquel entonces, la farmacéutica Sandoz puso el LSD a disposición de los psiquiatras para observar a conciencia. Pero por el mal uso y la desinformación, el gobierno generó una publicidad muy negativa en torno a ellas. Se sacaron de los consultorios y se prohibieron por completo”.

psicdélicos libro carmen amezcua

Hoy esa historia está dando un giro. Desde centros de investigación como Johns Hopkins, Imperial College London y la UNAM, la ciencia está documentando cómo los psicodélicos pueden estimular la neuroplasticidad: la capacidad del cerebro para generar nuevas conexiones neuronales y modificar su estructura tras ciertas experiencias o aprendizajes.

“Estamos descubriendo que hay nuevas sinapsis, nuevas conexiones, nacimiento de nuevas neuronas; caminos cognitivos que no habíamos visto con ningún tipo de tratamiento farmacológico”, explica Amezcua. “Eso está haciendo que la psiquiatría convencional esté volteando a ver a las sustancias psicodélicas.”

Sanar como un proceso integral

Para la doctora Amezcua, uno de los grandes aportes de esta nueva etapa es reconocer que la salud mental no puede separarse del cuerpo ni del entorno.

“Tristemente la psiquiatría, por este estigma, ha separado mente y cuerpo como si fueran dos entidades distintas. Pero cuando tienes un cerebro dañado, también puedes tener una piel dañada, un corazón dañado, una microbiota dañada…”, explica.

psicodélicos
Imagen. Cortesía Dra. Carmen Amezcua

Esa visión integrativa, que se alinea con los saberes ancestrales, busca reconciliar el cuidado científico con la dimensión emocional y espiritual del bienestar. “Los psicodélicos tienen una capacidad de actuar en múltiples objetivos terapéuticos”, añade Amezcua, “porque hoy sabemos que la enfermedad es multifactorial”.

En ese sentido, la doctora subraya que no se trata de sustituir un tratamiento por otro, sino de ampliar las herramientas. Las terapias psicodélicas, dice, podrían ser una opción para casos de depresión resistente, estrés postraumático o ansiedad severa, siempre y cuando se realicen bajo acompañamiento clínico y con procesos de integración posteriores.

No todo es para todxs

El entusiasmo, sin embargo, no debe eclipsar la cautela. Amezcua insiste en que el uso de estas sustancias no es universal. “No todo está hecho para todos. Estas no son moléculas panacea que van a aliviar cualquier tipo de sintomatología o de incomodidad”, advierte.

“El mejor momento para consumir psicodélicos es cuando estamos más en nuestro centro, más tranquilos, más calmados y cuando no hay tanta crisis, tanta angustia o desesperanza. Tomarlas en un mal momento puede generar más trauma que bienestar”.

También recuerda que existen criterios médicos que excluyen su uso, como antecedentes familiares de psicosis, trastornos límite de la personalidad, embarazo o problemas cardiovasculares. Además, la falta de regulación en México ha abierto la puerta a un mercado informal y riesgoso: “Estamos teniendo una dificultad para saber que lo que consumimos es lo que nos están diciendo que consumimos. Hoy la adulteración de sustancias se está yendo hacia arriba.”

La revolución psicodélica ya comenzó

Aunque la discusión sobre los psicodélicos suele centrarse en el uso recreativo o espiritual, cada vez más psiquiatras jóvenes están explorando sus aplicaciones clínicas con responsabilidad. “Tengo mucha esperanza en mis psiquiatras jóvenes”, dice Amezcua. “Ellos ya sienten que el modelo tradicional resulta obsoleto. Están abiertos a entender la complejidad y a combinar la ciencia con la parte espiritual, con la conexión con la tierra y la comunidad”.

Este movimiento no busca desplazar la psiquiatría tradicional, sino actualizarla. “Estamos navegando entre dos mundos”, resume la doctora.

“Por un lado, la ciencia que demuestra su eficacia; por el otro, el temor y la desinformación. Pero lo que estamos viendo es un cambio de paradigma en la salud mental”.

Los estudios sobre psicodélicos buscan entender su potencial terapéutico con base en evidencia científica. En palabras de la Dra. Amezcua, “estas medicinas no son para escapar, son para regresar al centro”.

Y quizás esa sea la clave de esta nueva revolución: transformar las estructuras que históricamente han separado la salud mental del cuerpo, de la comunidad y del territorio.

«Las putas tenemos derecho a la ciudad»: la protesta de las trabajadoras sexuales

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Desde que la jefa de gobierno Clara Brugada anunció públicamente que la Ciudad de México sería una de las sedes del próximo Mundial de fútbol, comenzó todo un andamiaje en política pública e inversión para este evento deportivo.

Se implementarán operativos especiales de seguridad, programas de repavimentación y reconstrucción de calles que abarcarán más de 250 kilómetros. “Se invertirán más de 2 mil 250 millones de pesos en rehabilitación urbana de la capital” dijo la jefa de gobierno durante una conferencia de prensa.

Por supuesto el 11 de junio de 2026, fecha en que se llevará a cabo la inauguración del Mundial, ya ha sido declarado como día feriado para quienes trabajan en la ciudad. 

Pero no todas las personas tenemos la oportunidad de celebrar y descansar. Para las trabajadoras sexuales que laboramos en Calzada de Tlalpan la llegada del Mundial de futbol ha traído una serie de problemas que afectan nuestra chamba y alimentan el estigma hacia nosotras. Y aunque el trabajo sexual no está penalizado tampoco es reconocido íntegramente en nuestros derechos laborales.

Hace unas semanas la construcción de la ciclovía inició sus trabajos en la Calzada de Tlalpan desde San Antonio Abad hasta el Estadio Azteca, recinto donde se realizarán los partidos de futbol. Con ello el trabajo disminuyó significativamente para las compañeras que laboran en la zona pues los automóviles y potenciales clientes no pueden acercarse a negociar con las colegas.

Las trabajadoras sexuales hemos manifestado nuestro descontento ante un proyecto que si bien ayudará a tener nuevas formas de transporte, nunca contempló el impacto que tendría en nuestro trabajo cotidiano. Trabajo con el que sostenemos a nuestras familias y con el que también contribuimos a la vida económica de esta ciudad. 

protesta trabajadoras sexuales
Foto. Haarón Álvarez | cortesía Natalia Lane

En días pasados, el secretario de gobierno de la capital César Cravioto señaló en entrevista para el diario 24horas que están trabajando en una propuesta: “tanto para generar derechos para las personas que se dedican al trabajo sexual, como para asegurar que no haya afectaciones; establecer códigos de conducta, de vestimenta, horarios, para que no afecten a vecinos de la zona..”

Por otro lado el jefe de la policía de la CDMX Pablo Vázquez afirmó que se buscará prevenir el “turismo sexual” y generar campañas de concientización para evitar una “ola de contagios de infecciones de transmisión sexual” durante su conferencia de prensa el 9 de septiembre. 

Estas declaraciones son el reflejo de los pánicos morales y prejuicios hacia las trabajadoras sexuales en calle. Vistas siempre desde la explotación sexual y como potenciales focos rojos en la salud sexual.

Le preguntaríamos a Cravioto y al gobierno de la CDMX ¿y cómo luce una puta? ¿cómo debe vestirse o actuar una mujer en los espacios públicos? Estos imaginarios patriarcales están muy alejados de la realidad diaria de las trabajadoras sexuales, nuestro derecho al espacio de trabajo y la idea de la buena ciudadanía.

Fiscalizar cómo debemos vestirnos o actuar las colegas en las zonas de trabajo sexual no solo es discriminatorio afecta a todas las mujeres incluso a las que no ejercen este oficio. También  va en contra del libre desarrollo de la personalidad y de nuestro derecho al trabajo como lo establece el artículo 123 de la Constitución Política de México.  

Las putas no somos un foco de infecciones de transmisión sexual. Tampoco podemos ser confundidas como víctimas o sobrevivientes de explotación sexual. Si la estrategia del gobierno en materia de seguridad es prevenir el turismo sexual, deberán hacerlo con un enfoque preventivo y no punitivo donde no se criminalice a las trabajadoras sexuales en calle quienes terminamos pagando los platos rotos.

Cuando una puta se moviliza no solo lo hace para sí misma, sino para todas las personas que tenemos derecho a habitar la ciudad: comerciantes informales, personas en situación de calle y los mismos vecinos que se quejan de nuestra chamba y hacen lo imposible por expulsarnos de sus colonias. 

Las trabajadoras sexuales independientes de la zona de chabacano han cerrado la Calzada de Tlalpan al menos cinco veces en los dos últimos meses. Y en un intento de conciliación con la subsecretaría de gobierno y su titular, Fadlala Akabani, se realizaron mesas de trabajo para llegar a acuerdos que por un lado ayuden a aminorar las afectaciones a nuestra chamba en la vía pública y por el otro, garanticen nuestra seguridad frente a esta nueva dinámica vial. 

Sin embargo estos acuerdos no se han cumplido y no por falta de voluntad de las compañeras que laboramos en calle. Sino por la incapacidad del gobierno en hacer una estrategia interinstitucional que combata los problemas que implica un proyecto vial que jamás nos contempló como parte de la vida urbana. 

protesta trabajadoras sexuales en tlalpan
Foto. Haarón Álvarez | cortesía Natalia Lane

¿Y después de la Ciclovía, qué?

Se necesita una estrategia que involucre a Secretaría de Bienestar, Derechos Humanos, Policía de Tránsito, Seguridad Ciudadana y la red de hoteles y establecimientos mercantiles. Lo que podría significar un problema de tránsito en vía pública es mucho más complejo de lo que parece.

¿Qué sucederá cuando la ciclovía sea terminada y se construyan los 58 -puntos de inclusión- a los que se comprometieron desde la Secretaría de Obras y Servicios? Estos puntos de inclusión servirán como paradas de autobús y además como zonas donde las trabajadoras sexuales nos podamos acercar a los autos a negociar nuestros servicios. 

El problema está en que cada punto de trabajo sexual de Tlalpan tiene una cantidad distinta de colegas. No es lo mismo talonear cerca del Hotel Aranjuez en Viaducto, que en Villa de Cortés o afuera del metro San Antonio Abad. No es lo mismo talonear de día que en la noche. Las trabajadoras sexuales de Calzada de Tlalpan laboramos a cualquier hora. ¿Cómo lograr que haya el espacio suficiente entre compañeras para negociar y trabajar con los clientes?

Esto sin contar que con esta nueva dinámica se vuelve más peligrosa la incorporación de ciclistas, usuarios del transporte público, trabajadoras sexuales y automóviles ¿Estos puntos de inclusión garantizarán que no haya accidentes viales entre todas las personas que ocupemos el espacio público?

La subsecretaría de gobierno de la CDMX se comprometió a involucrar a estos organismos de gobierno. Sin embargo en reuniones previas las trabajadoras sexuales independientes intuimos solo simulación y acciones paliativas que no garantizan nuestra seguridad en Calzada de Tlalpan. ¿Cómo saber si regresaremos con bien a casa cuando ni siquiera podremos laborar en vía pública sin ser expuestas a accidentes vehiculares o con ciclistas?

Foto. Haarón Álvarez | cortesía Natalia Lane

El cobro de piso y las madrotas

Para ninguna de las colegas es un secreto que Calzada de Tlalpan es una zona donde se cobra piso. En los distintos puntos de trabajo sexual hay padrotes y madrotas que se benefician de nuestro trabajo a cambio de lo que ellos llaman seguridad y “protección”. 

Cuando una puta se politiza ya no hay marcha atrás. Las protestas de las trabajadoras sexuales independientes de Chabacano y San Antonio Abad han puesto el dedo en la herida: dejan expuesto un sistema de explotación que ha funcionado durante décadas en Calzada de Tlalpan. 

Cansadas de la violencia institucional y el oportunismo de madrotas, las colegas exigimos formar parte de un proyecto urbano que deja al último la vida de las mujeres de la clase trabajadora en la que el estigma pesa. Porque no es lo mismo ser una obrera de la maquila y exigir con orgullo derechos laborales, que hacerlo cuando se es puta y la vergüenza recae en nuestra vida y familias.

Lo peligroso de criminalizar a las trabajadoras sexuales independientes en Chabacano y San Antonio Abad es que también es una forma de criminalizar la protesta y el derecho legítimo que tenemos todas las mujeres que habitamos esta ciudad en manifestarnos ante la violencia y omisiones del Estado. Seas o no puta, No existe una forma correcta de exigir derechos y ciudadanía cuando el hambre entra por la ventana, no hay empleo y nuestros refrigeradores están vacíos.

Un proyecto de limpieza social de las putas

De acuerdo con el sistema de consulta del INEGI y la Dirección General de Planeación y Desarrollo Turístico en la Ciudad de México hay más 50 mil hoteles registrados a diciembre de 2021. Calzada de Tlalpan es una de las zonas que alberga una gran cantidad de hoteles de paso destinados al descanso pero también al trabajo sexual. 

Con el inicio del mundial de fútbol en junio del siguiente año, la secretaria de Turismo Josefina Rodríguez Zamora estima que llegarán alrededor de 5.5 millones de turistas a la capital durante conferencia de prensa el 12 de junio en SECTUR. Estos visitantes se hospedarán en diferentes hoteles, particularmente los de Calzada de Tlalpan debido a la cercanía con el Estadio Azteca.

Esto por un lado representa un aumento de chamba para quienes ejercemos el trabajo sexual en sus distintas modalidades, pero también incrementará la ocupación hotelera en la zona, lo cual puede generar situaciones de discriminación al negar el acceso a  las trabajadoras sexuales a los hoteles porque bajo la mirada empresarial puede -afectar la imagen- de sus establecimientos. 

En agosto de 2021, un grupo de compañeras trabajadoras sexuales de la zona de Nativitas interpusimos una queja en el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación COPRED ante la negación de los trabajadores del Hotel Econo Express en darnos habitaciones para atender a los clientes.

En julio del año pasado cerca de cincuenta trabajadoras sexuales se manifestaron afuera del Hotel Encanto también ubicado en Tlalpan por negarle el acceso a la habitación a una colega y su cliente. Esta discriminación de los hoteles es una práctica recurrente en la zona. 

Nuestra queja terminó en una reunión con los abogados de la Red de hoteleros en México, quienes argumentaron que no existía como tal discriminación, pese a admitir que el hotel se reservaba el -derecho de admisión- y contar con una placa certificada por el mismo COPRED en su entrada. ¿Cómo asegurarse que esto no vuelva a ocurrir con el arribo del turismo internacional?

Foto. Haarón Álvarez | cortesía Natalia Lane

La llegada del Mundial representa entonces un flujo económico importante en el sector turístico pero también propicia que la discriminación, la limpieza social y la violencia institucional hacia quienes ejercemos el trabajo sexual se haga presente dentro y fuera de los hoteles de la CDMX. 

Pablo Vázquez, dijo también en la conferencia de prensa del 9 de septiembre desde la Secretaría de Gobierno que habrá un comité de seguridad para el Mundial  y un grupo especializado en temas de género y derechos humanos, coordinado con la Secretaría de Mujeres y organismos internacionales para prevenir cualquier tipo de violencia de género y explotación. 

Frente a estos megaproyectos urbanos ¿dónde quedamos las putas? ¿Las travestis podremos seguir ocupando los espacios que nos han ayudado a sobrevivir históricamente en la Ciudad de México? ¿Dónde quedarán las trabajadoras sexuales con hijxs y familias que dependen económicamente de nuestra chamba?

Más allá de los códigos de conducta, la construcción de la nueva ciclovía, el caos vial, el oportunismo de madrotas y los puntos de inclusión,el trabajo sexual no volverá a ser el mismo con la llegada del Mundial de futbol. Porque, aunque las políticas públicas, pese a pretenden ser construidas con y para las mujeres en la realidad ahí no estamos las mujeres más empobrecidas, las más expuestas a la violencia policiaca y las que somos más fáciles de exterminar en la limpieza social.

“Queremos un Mundial con juego limpio y sociedad justa. Un mundial en una ciudad de libertades, que respete los derechos humanos, sin homofobia, sin racismo, ni clasismo, sin xenofobia..” dijo la jefa de gobierno Clara Brugada durante la presentación del proyecto “Ciudad Mundialista” el pasado 7 de mayo en la Secretaría de Gobierno local.

Lo que queremos las putas es un Mundial sin putafobia, sin limpieza social ni violencia institucional. Si la narrativa oficial de este gobierno es poner al centro la vida de las mujeres, niñas y adolescentes, habría que preguntarse la vida de qué mujeres les importa.

¿Es la de las que se visten -adecuadamente-, las que no putean, las que se quedan en casa o tienen un trabajo “decente”? Las travestis, las habitantes de calle, las empobrecidas y trabajadoras sexuales tenemos derecho a trabajar libremente. Las putas también tenemos derecho a habitar esta ciudad.



*Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a la autora.

Meximalismo, aztetic, neo–buchón: los términos que celebran la identidad mexicana en la moda

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La moda mexicana nunca ha sido tímida. Entre bordados tradicionales, trajes de charro cargados de ornamentos y la costumbre de “colgarnos hasta el molcajete”, lo nuestro, lo nuestro, es exagerar. Por algo México siempre ha sido sinónimo de surrealismo.

Piñatas, altares, máscaras de luchadores, tianguis, licuachelas, un tamal dentro de un bolillo… Para una nueva generación de creadores, todos esos elementos de la identidad mexicana se resignifican desde el estilo personal no como mera estética, sino como marcadores culturales que nos han acompañado a lo largo de la vida y que son tan cool y visualmente poderosos como cualquier tendencia extranjera que busque imponerse.

Del clean girl al meximalismo

Mientras que en TikTok e Instagram se popularizan estéticas minimalistas como el old money o el clean girl look, en paralelo surge un contrapeso orgullosamente local: el meximalismo.

Este término, impulsado principalmente por creadorxs de moda, reivindica la exageración como un gesto identitario. No se trata de disfrazarse de “México”, sino de vestir con referencias de lo que ya nos habita.

La creadora de contenido Diana Young describe su estilo, en uno de sus videoensayos en Instagram, de la siguiente manera:

«Me gusta pensar en mi vestimenta como una calle de cualquier barrio en México: Llena de color, de nostalgia y de memoria; con raíces que rompen el concreto, tierna y frágil como la casa de la abuela. de color verde menta y rosa pastel…»

meximalismo
Look meximalista por Diana Young (@morena_magic). Maquillaje y peinado por @la_hyna_patch

Esta fascinación por usar la moda como biografía personal la comparte también Dixy Rodríguez, fashion stylist viviendo en Canadá.

Para ella estar en una ciudad multicultural como Toronto le dio el espacio que necesitaba para experimentar con su estilo sin temor a ser juzgada, pero también para vestir con prendas que la hacen sentir cerca de casa.

«Ser mexicana me moldea diario. Vivir fuera me hizo valorar hasta lo más simple como el olor de las tortillas recién hechas, el tianguis, el barrio, el caos chilango y mi gente. Cosas que antes tenía de cajón y ahora extraño con el corazón», nos cuenta en entrevista.

En 2023, Dixy empezó a hacer producciones editoriales independientes jugando con lo kitsch y lo ecléctico, pero con esencia mexa. «Ahí entendí que eso era meximalismo. Hoy lo nombro y lo comparto como un manifiesto, porque no es solo mío, es de todxs lxs que vemos lo mexicano como identidad”.

Dixy ha convertido su Instagram en una pasarela donde conviven prints de la Virgen de Guadalupe y lentes futuristas, todo en una amalgama perfecta de estilo, pero también busca celebrar el estilo de otras personas que se asumen como meximalistas.

“Aquí nada es disfraz, todo tiene memoria y todo se vuelve quién eres. El rebozo, las flores, Juanga, María Félix, cada elemento cuenta una historia. Y sí, incomoda al clasista, porque no cabe en la cajita del buen gusto, pero de eso se trata: de gritar que lo demasiado mexicano también es arte, cultura y orgullo”.

meximalismo dixy rodriguez
Dixy Rodríguez, fashion stylist y promotora del meximalismo

Aztetic: el arte de ocupar los espacios que nos fueron negados

Junto al meximalismo, ha aparecido con fuerza el término ‘aztetic’ (una fusión de las palabras aesthetic y azteca), que propone adoptar la moda y las tendencias sin renunciar a tu identidad cultural, resignificando elementos que ya existen dentro de lo mexicano. Es algo así como ver “aesthetic” todo aquello que nos dijeron que no lo era.

wess montoya
Ilustración de Wess Montoya

Su creadorx es el ilustrador Wess Montoya, que acuñó el término tras ver que algunas personas usaban la palabra “azteca” como un insulto clasista y racista en redes sociales, sobre todo cuando personas de tez morena intentaban hacer trends de moda y belleza.

“Aztetic viene de una reflexión dolorosa para mí, que fue entender que ni siquiera podemos ser libres o formar parte de cosas que están en el mundo… Por eso la idea es cuestionar modas y posturas donde te dicen que abandones quién eres, porque no perteneces”, explica Wess.

En sus ilustraciones, lo aztetic se representa en algo tan clásico como tomar un refresco en bolsita de plástico o el personaje My Melody de Sanrio fusionado con la muñeca Lele del pueblo otomí.

Wess también destaca a creadorxs de contenido como @murorum, @salmajillian o @irisgutie, que exploran su estilo personal mezclando fantasía y tradición.

Ilustración Wess Montoya

“Sé que la palabra ‘azteca’ no abarca todas las identidades que existen. Pero también pensé: ¿cómo puedo reapropiarme de esta palabra que siempre se usa para insultarnos y convertirla en un nombre para aquello que no quieren que seamos, justo para incomodarles más?”, nos cuenta Wess.

La palabra aztetic ha tomado vuelo por sí misma y es un término sobre el cual Wess quiere seguir construyendo y dialogando, como forma de revalorizar lo prieto y lo mexicano.

“Cuando decides sumarte a un trend, ¿por qué tendrías que abandonar tu identidad? Más bien se trata de incorporarla y eso es lo que lo vuelve único. Para mí, de ahí surge la idea de lo aztetic”, explica Wess.

Tumbette y neo–buchonx: del mero noroeste para el mundo

Jerseys de motocross, botas vaqueras, un cinto con una hebilla llamativa y unos jeans Y2K con una minifalda encima: todos esos elementos, al mezclarse, dan forma a la estética neo-buchona, un concepto creado por Suzette, DJ y stylist originarix de Sonora.

Suzette define el neo-buchonismo como un estilo inspirado en elementos característicos de la cultura del noroeste de México, como los deportes extremos, lo norteño y la cultura hypebeast y del streetwear estadounidense.

tumbette
Suzette, dj y fashion stylist, creadorx del término neo-buchón

“México es enorme y cada región tiene rasgos únicos. Pero cuando lo cierras al noroeste, la diferencia se acentúa incluso respecto al resto del norte. Por eso siento que las morras que mejor entendieron el término neo-buchón son las de Sonora, Sinaloa y Baja California, porque ellas andan en moto; son bélicas, por así decirlo. Crecieron consumiendo más béisbol que fútbol, viven cerca de la frontera, etc.”

Tumbette: una mezcla de lo femenino y masculino del regional mexicano

Como parte del neo-buchonismo nace también el tumbette, que tomó fuerza cuando lo coquette (una estética híper femenina y coqueta) se posicionó a nivel global.

“Mi influencia para el tumbette fueron los corridos tumbados, un producto totalmente fronterizo que combina el trap gringo con los corridos… Es juntar la parte femenina con la masculina a través del regional mexicano”.

Si en el estilo coquette y el buchón se acentúan marcadores hiperfemeninos como vestidos entallados, tacones o maquillaje, en las propuestas de Suzette la línea entre lo femenino y masculino se fusiona:

“Como persona no binaria, desde la infancia entendí que ser hombre o ser mujer son solo conceptos, entonces yo podía vivir entre los dos. De ahí surgen muchos de los términos que inventé: del hecho de que yo juego con mi identidad de género a través de la ropa, pero nunca abandono mi cultura”, nos cuenta.

El término neo-buchonismo se expande cada vez más y ya se usa para nombrar un estilo de vestimenta, música e incluso proyectos culturales. Y aunque Suzette reconoce que es parte de la evolución natural de un concepto con el que la gente está resonando, también le parece clave no olvidar su origen: “Mi propósito con el neo-buchonismo es que las morras y la comunidad LGBT de esta región de México puedan reapropiarse de su cultura; por eso es importante recordar de dónde viene”.

Suzette

En un mundo donde las tendencias globales suelen dictar cómo debemos vernos, estos conceptos emergentes recuerdan que la moda también puede ser un espacio de resistencia y reapropiación cultural.

El meximalismo, lo aztetic y el neo-buchonismo no buscan encajar en la narrativa del “buen gusto” ni aspirar a cánones ajenos: sino ser una forma de habitar lo propio.

Así, estos términos funcionan como espejos que reflejan la diversidad y complejidad de lo que significa ser mexicanx en este momento; y funcionan como manifiestos que plantean una postura política y cultural que resiste ante la homogeneización.

Nota editorial: Algunas frases de esta entrevista han sido editadas mínimamente para mayor claridad, sin alterar el sentido original de las declaraciones.

“Perreo” para las feministas del goce

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Por Nicole Martin

Soy feminista y me encanta el reggeatón. Más de una vez me dijeron, incluso alguna compañera, que eso es una contradicción. Que no se puede luchar por nuestros derechos y escuchar canciones donde somos sexualizadas.

En mi feministómetro pesan otras cosas: la sororidad, la justicia social, la empatía y, sobre todo, el deseo de emancipación. La palabra es deseo, la acción es deseo y la lucha es por desear en nuestros propios términos. Si deseo escuchar, bailar y gozarme un reggaetón sucio, ¿soy una mala feminista?

A Julieta Cazzucheli le pesa esa pregunta desde los 20 años. Estudiaba cine y vivía con su hermana, quien estaba muy involucrada en el movimiento feminista. Discutían acaloradamente sobre si su música favorita era o no machista. Por entonces, Juli encontró una grieta entre feminismo versus reggaetón. Diez años después, le dedicó un libro: “Perreo, una revolución” (Penguin Random House, 2025).

Imagen vía IG @cazzu

Cazzu nació en las yungas selváticas de Jujuy, al norte de Argentina. Comenzó en bandas de cumbia, lanzó su primer disco solista “Maldade$” en 2017 y, poco después, se coronó como la “Jefa” del trap. En discotecas, antros y también en importantes estudios y productoras, le tocó defender lo suyo. En su historia hay muchas mujeres. El libro las nombra y reivindica.

Cuenta varias anécdotas en la que un hombre poderoso intentó dominar su arte. Sin siquiera mirarla a los ojos, intentaron imponer canciones con un molde genérico, que categorizaban como “música femenina” y ella siempre odió. Mansplaining, comparaciones y menosprecio.

«Gatitas convertidas en lobas» (Hello Bitche$, 2017)

Una declaración de Vico C, el de “La vecinita tiene antojo”, le sirvió como ejemplo perfecto. Él criticó a las mujeres del género urbano, porque no es lo mismo que los hombres sexualicen a las mujeres que ellas se sexualicen a sí mismas. Ella revierte la idea: una mujer no se devalúa al sexualizarse, se revaloriza cuando se apropia de su deseo en un mundo hecho para el placer masculino. Y, de hecho, la mujer que se narra en el reggaetón sabe lo que quiere y cómo lo quiere. Incluso a veces lo pide directamente (“Dame más gasolina”).

Imagen vía IG @cazzu

Aquí alguien se enojará y recordará alguna frase machista del reggaetón. Aunque cualquiera pueda reconocer la letra de una canción explícitamente violenta -y, de hecho, mi primera nota periodística fue sobre esto, con entrevistas a otros varones iluminados que señalaban la ignorancia de las mujeres que escuchan reggaetón-, ningún género se salva del patriarcado. En el consagrado rock hay más de una violación, y la salsa o el flamenco también se inscriben en el mismo sistema.

“Las que cuentan money son las que no lloran” (Chapiadora, 2018)

Cazzu resalta que, muchas veces, la fama de las mujeres llega con una aventura o desventura vinculada a un hombre. Cuando su nombre salió en los medios junto al de Bad Bunny en 2018 y, más tarde, con Christian Nodal, ella tenía algo más que mostrar: su arte. “Cuando una mujer capitaliza sus desgracias, compone un acto de justicia”, dispara.

En “Perreo” habla del dinero con mirada de género y clase. Reconoce que en la música urbana hay muchas personas que vienen de contextos precarios y, por eso, las letras sueñan con dinero o presumen lujos -lo que en este universo se llama “fronteo”-. También recuerda la violencia económica que vivió su mamá, que un día sentó a sus hijas y les dijo que nunca, nunca, dependieran de ningún hombre. Para ellos, el dinero es poder; para ellas, libertad. Quizá, mientras Cazzu escribía esto, ya luchaba por la cuota alimentaria y los permisos de viaje de su hija Inti.

“No hay supremacía que me pueda poner un bozal” (Jefa, 2022)

Elige un cuento de 1892 para representar el silenciamiento. En “El empapelado amarillo”, de Charlotte Perkins, un hombre encierra e intenta manipular a una mujer que acaba de parir, hasta el punto de enloquecerla y convertirla en un monstruo. Han pasado 133 años de esa historia, pero todavía hay hombres que intentan callar a las mujeres cuando dicen lo que piensan, hacen música explícita o salen del molde de lo “femenino”.

Imagen vía IG @cazzu

Pero Cazzu no se queda callada. Ni cuando un reggaetonero la caga, ni cuando otros hablan por ella, ni mucho menos cuando un hombre intenta controlarla con dinero o poder. En su libro deja claro que su arma son las palabras y que inspirar es su mayor éxito. Aún con miedo a equivocarse, ya sea por crudeza o dulzura, elige hacer música. En su primer libro tatúa un deseo: dejar de ser impulsada por el dolor, y aunque quizás no sea para ella, sí para las que vienen.

¿Un fest de derechos sexuales y reproductivos para adolescentes? Existe.

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Xóchitl Rodríguez Quintero / Balance

¿Talleres y actividades gratuitas y divertidas para adolescentes y juventudes en CDMX?

Sí, leíste bien. El Vive Tu Cuerpo, festival enfocado en derechos sexuales y reproductivos, vuelve con todo para su cuarta edición. Desde tennis de mesa, pasando por proyecciones de cortometrajes con Resistimos Fest, pruebas de VIH y cortes de cabello, está listo para recibirte en el FARO del Saber en el Parque Salesiano. Te contamos a continuación todo al respecto.

En Balance AC sabemos que es fundamental contar con espacios libres para aprender juntes sobre nuestros derechos sexuales y reproductivos. Por ello, llevaremos a cabo la cuarta edición de El Vive Tu Cuerpo, un festival gratuito para generar comunidad, aprender y disfrutar mientras ejercemos nuestra autonomía.

El Vive Tu Cuerpo se llevará a cabo el próximo sábado 6 de septiembre en el FARO del Saber del Parque Salesiano, en la alcaldía Miguel Hidalgo de la CDMX, a partir de las 12:00 PM hasta las 6:00 PM.En esta edición nos fortalecemos con la participación y apoyo de la alianza Juntes Narramos, conformada, en orden alfabético, por Agencia Presentes, Balance AC, Girl Up México, Malvestida y Revista Volcánicas. Nuestro objetivo es fortalecer y amplificar las voces de las juventudes desde narrativas de diversidad y pluralidad.

Este año, contaremos con 3 escenarios donde se realizarán diversas actividades:

En el escenario Vive en creatividad tendremos un taller de upcycling con DENNJS para darle nueva vida a prendas de ropa a través de intervenciones creativas; Mi cuerpo, mi refugio disidente, un taller de bordado con Hilos de Vida para pensar cómo nos vivimos desde la diversidad sexual; y conoceremos la técnica de Stencil para intervenir tote bags con mensajes de resistencia y autonomía sexual con Paste Up Morras.

En el espacio Vive en libertad tendremos El fanzine: herramienta de protesta, un taller con Menta Triste para armar nuestro zine, pensándolos como herramienta de rebeldía y resistencia artística y política; hablaremos de Autonomía sexual para adolescencias con Girl Up México para explorar conceptos sobre sexualidad; y exploraremos la fuerza de la palabra en voz alta en A libre voz: de la escritura al cuerpo, del susurro al grito con Muchaxas Slamrap.

En el salón Vive en movimiento abordaremos el Autocuidado, autoconocimiento y autodefensa para el empoderamiento con un taller de defensa personal con participación del Dojo Wadokan; y viviremos Cuerpos libres, un taller de danzas urbanas con Fer Salgado enfocado en explorar el cuerpo como territorio de goce y expresión.

Nuestra host Juliane Mix nos acompañará a lo largo del festival, dinamizando el evento con información de los talleres y dos-tres trucos para fortalecer nuestros derechos y nuestras risas.Para acompañar estos talleres, tendremos una serie de actividades simultáneas: un Bazar Cuir con pequeños emprendimientos y negocios LGBTIQ+; organizaremos retas de tenis de mesa con Cuir Pong MX; brindaremos cortes rápidos de cabello con Diablites Klub; instalaremos un “Muro de los Cuidados” facilitado por el medio feminista Malvestida; crearemos banderas de la diversidad sexual con papel reciclado con ayuda del Museo Universum de la UNAM; contaremos con la presencia de la Unidad de Salud Integral para Personas Trans de la CDMX, que nos contará más sobre su trabajo diario para fortalecer a las comunidades trans y no binaries de la capital y distribuirá insumos de salud sexual; tendremos una proyección de cortos por parte de Resisitmos, Festival documentales en resistencia y tendremos pruebas rápidas de detección de VIH de manera gratuita gracias a Medical Impact.

Balance AC, como organización feminista con perspectiva de juventudes y de diversidad, busca visibilizar y fortalecer el abanico de herramientas para las adolescencias y juventudes, con el objetivo de que se acerquen, conozcan y ejerzan sus derechos sexuales  y reproductivos. Con esta jornada de actividades subrayamos la importancia de que la información, la comunidad y la diversión pueden ir de la mano y ejercemos nuestro derecho a ocupar los espacios públicos con nuestra presencia y desde nuestro placer.

Para quienes quieran recibir más información, pueden realizar su preregistro en bit.ly/3JUmSAv o enterarse de la oferta de talleres y actividades que tendremos en nuestra plataforma de @sentirbonitomx en Instagram.