La próxima vez que alguien te pregunte por qué la moda es política, háblale de Ponte Your Moños.
Este proyecto nació en Los Ángeles de la mano de Dulce Flores (nacida en Estados Unidos) y Angie Portillo (migrante), en un momento en el que el clima migratorio en Estados Unidos se volvió más hostil, más violento y más presente en la vida cotidiana.
“No queríamos quedarnos en silencio ni mirar desde lejos. Queríamos responder desde lo que conocemos: la historia, la calle, la cultura, nuestras raíces”, explican.
Así surgió un gesto aparentemente simple, pero cargado de memoria política: trenzarse el cabello, ponerse moños, ocupar el espacio público y sostenerse colectivamente.


Make braids, no raids
Con el lema Make braids, no raids (haz trenzas, no redadas), Ponte Your Moños toma las calles de Los Ángeles para hacer peinados cargados de cintas, listones y colores, pero también de historia. Porque las trenzas y los moños nunca han sido neutros.
En México han sido símbolos identitarios que atraviesan generaciones: desde los moños de los vestidos de quinceañera, hasta las trenzas características de distintos pueblos originarios y las Adelitas durante la Revolución. Son herencia y resistencia, pero también han sido motivo de estigmatización, racismo y criminalización.
“Muchas crecimos escuchando que no debíamos ‘vernos indígenas’, que las trenzas daban vergüenza, que había que suavizar la apariencia para encajar. Recuperarlas hoy es una forma de volver al origen y reconciliarnos con nuestra herencia”, cuentan Dulce y Angie.

“Ponerse los moños” como postura política
La frase “ponerse los moños” históricamente se usó para decirle a las mujeres que no fueran difíciles, que no pidieran de más, que no pusieran condiciones. Una expresión nacida del control y el machismo. Pero Dulce y Angie la reapropian desde la experiencia migrante.
En este contexto, “ponerse los moños” significa no esconder el cuerpo, el acento, el origen ni la historia, incluso cuando el sistema insiste en que hacerse visible es peligroso.
Ser “difícil” se transforma en una postura política cuando la dignidad, la seguridad y la justicia están en juego.


Trenzas en tiempos de redadas
El simbolismo de las trenzas se vuelve todavía más potente en un contexto donde las políticas migratorias en Estados Unidos se han endurecido. Desde enero de 2025, el ICE reanudó y amplió redadas incluso en ciudades santuario, donde históricamente se suponía que las personas migrantes estaban protegidas. Esto se ha traducido en familias separadas, personas violentadas y comunidades viviendo bajo vigilancia permanente.
De acuerdo con un reportaje de The Guardian, tan solo durante 2025 la administración de Donald Trump detuvo a cerca de 330 mil personas y deportó a 327 mil.
En este escenario, las trenzas funcionan como celebración identitaria y como táctica de supervivencia comunitaria frente a la opresión.
“La comunidad chicana históricamente ha usado el cuerpo, la estética y la presencia en el espacio público como formas de resistencia. La moda siempe ha sido política”, subrayan.

Redistribuir, no solo visibilizar
Ponte Your Moños no se queda sólo en la estética. Los recursos recaudados se entregan directamente a personas migrantes afectadas por las redadas: trabajadores de la construcción, vendedores ambulantes o personas detenidas que necesitan apoyo inmediato para no exponerse a más violencia.
“Para nosotras era fundamental que el apoyo regresara a la comunidad de forma concreta, inmediata y útil… No buscamos ayudar desde arriba, sino redistribuir recursos a quienes están siendo impactados en tiempo real”, explican las creadoras.
Dulce y Angie explican que la fuerza de su movimiento recae en mujeres latinas profundamente ligadas a la identidad chicana, que ocupan el espacio público por quienes no pueden hacerlo sin ponerse en riesgo.
«Las trenzas las usan chicas que son 100% ciudadanas estadounidenses y 100%
latinas. Ellas protestan así, junto con nosotras, por quienes no pueden hacerlo.
También nos hemos enfrentado a la criminalización simbólica: comentarios que minimizan la causa, que reducen el movimiento a ‘moda’ o ‘apropiación cultural’, o que incomodan porque no encaja en un discurso cómodo o digerible. Esta forma de protesta no estaba en el radar de nadie».

