¿Alguna vez te has detenido a pensar cuántas veces usas tu ropa antes de que pase a mejor vida?
Yo no lo había hecho y acabo de tener un mini ataque de ansiedad después de googlear: en países de alto consumo se como Estados Unidos, se estima que una prenda se lleva apenas unas siete a diez veces antes de ser desechada, según estudios de la consultora Julius Baer citados por El Universal. Trazzz. En otras palabras, lo que antes aguantaba decenas de puestas hoy se convierte en desecho de volada. Las microtendencias no dan tregua y las compras por impulso, tampoco.
No soy indiferente a las consecuencias de la compra rápida: me bajonea la falta de calidad, el impacto ambiental. Lo mecánico que se me ha hecho comprar por impulso. Y bueno, pese a ello me gusta crear con la ropa, así que me estoy dando una oportunidad de conectar con el thrifting.
Chica, no soy una experta. Sé que no es la panacea. Tampoco llegué aquí como una convencida o practicante de la compra de segunda mano como religión. Así que he ido haciendo preguntas, conociendo sitios. Conectando con la curaduría. Sintiendo los espacios.
Un paréntesis antes de contarte mi experiencia más reciente: para las que todavía se confunden con los términos, “thriftear” es un derivado del inglés thrift (ahorro) y básicamente significa usar inteligentemente el dinero en indumentaria chida, cuidada, de segunda mano. Es una postura que me parece que conecta muy bien la creatividad en la indumentaria y el compromiso con evitar desperdicios y reducir el impacto de la fast fashion. Pero para mí, también se está haciendo algo más sensorial: es habitar el “tiempo caracol”. Es bajarle dos rayas a la ansiedad de los tres clics y reconectar con la textura, la historia y el placer de buscar y encontrar.
Sentir: la clave de comprar segunda mano está en sentir
Para entender de qué va ese «tiempo caracol», me senté a platicar con Lucía, de Armario Comunal. Su espacio es de esos lugares donde la curaduría se siente como un apapacho; no hay montañas de ropa sin sentido, sino piezas elegidas con una intención clara. Te cuento con honestidad: es fácil que se te vayan las horas allí.

Le pregunté sí le pasa y cómo le hace para ignorar el reloj y entrar en ese trance donde lo único que importa es descubrir tesoros entre lo que otros ya descartaron. Su respuesta me hizo todo el sentido: “no lo aprendí, me pasa. Cuando encuentro algo que vale la pena, entro en eso y se me olvida el tiempo. Es más intuición que esfuerzo”.
Esa intuición es justo lo que perdí cuando empecé a comprar por internet. El thrifting te obliga a estar presente, a usar los ojos pero sobre todo las manos. Lucía me dio el tip ganador para reconocer esa calidad que no se ve comprando en apps: “La calidad se reconoce en la textura, el peso y cómo responde la tela, eso no falla”.
¿Suerte o paciencia? Cómo encontrar tesoros de segunda mano sin morir en el intento
No te voy a mentir, mis primeras experiencias fueron frustrantes. Y es que no había buscado hacer preguntas. Estuve pensando que para encontrar algo increíble en una tienda de segunda mano había que tener una suerte de otro mundo. Estuve mirando con envidia, ja. Dejé ir prendas que no entendí: se me fueron de las manos para sacarle sonrisas a otras clientas. Lucía fue honesta con sus observaciones: es que thriftear es más bien un ejercicio de soltar las expectativas. Si vas buscando algo idéntico a lo que viste en una campaña de fast fashion, chava, probablemente te frustres. En cambio, si vas abierta a lo que la prenda tiene que decirte, la magia sucede.
Lucía lo explica así: “No voy con prisa ni con algo fijo en mente. Reviso mucho y acepto cuando la mayoría no me sirve. La paciencia sale de ahí: de saber que si sigues, eventualmente aparece algo que vale la pena”.
Esa paciencia es la que permite distinguir una verdadera joya de una simple oferta. Porque seamos honestas: a veces compramos algo solo porque está barato, no porque nos encante o porque esté bien hecho. Para Lucía, el filtro es muy claro: “No tiene que ser mi estilo, pero sí tener carácter. Se reconoce en el material, el corte, el diseño o la combinación de colores”.
Ooook. Está cobrando sentido.
Ojo de experta: lo que hay que revisar en el thrifting antes de pagar
Ya que estamos ahí, entre ganchos con prendas super lindas, me surge la duda real: ¿Cómo sé si esto va a sobrevivir a la primera lavada o si se va a deshacer en dos semanas? Porque una cosa es que la prenda se vea bien en el gancho y otra muy distinta es que esté bien fabricada. Lucía me pasó unos puntos clave para hacer compras chulas que no se vuelvan una montaña de acumulación porque, amiga, no te sirvieron.


Mirar los detalles te avisa si la prenda tiene todavía mucha vida por delante: “Yo me fijo en la construcción: costuras limpias, buen acabado por dentro y cómo cae la tela. Si mantiene forma y se siente sólida, es buena señal… la victoria no es el precio, es el hallazgo. Es elegir algo que va contigo, no lo que te quieren vender”.
Educó.
El placer de no seguir la corriente
Lo que más me resonó de platicar con Lucía es cómo thriftear te obliga, casi sin querer, a conocerte más. Cuando dejas de perseguir lo que las tiendas te ponen enfrente en cada microtendencia, no te queda de otra más que preguntarte qué te gusta de verdad a ti. Le pregunté cómo el consumo lento nos ayuda a armar colecciones con más sentido, y su respuesta fue el mejor recordatorio de que el tiempo del thrifting es un muy buen filtro:
“Te obliga a elegir mejor. Cuando no compras por impulso, empiezas a notar qué sí usas y qué no. Con el tiempo, eso va armando un estilo propio, no uno dictado por tendencias”.
Para ella, el truco no es llegar y agarrar lo primero que brilla, sino disfrutar la curaduría personal: “Para mí, el valor está en el proceso: buscar, filtrar, elegir. Ahí es donde la prenda realmente se vuelve especial”.

Un mantra para tu próxima excursión de thrifting
Si después de leer esto te quedaste con ganas de asomarte a un bazar, sí o sí te recomiendo darte una vuelta por Armario Comunal. También, que te lleves tatuado en el cora el mantra que Lucía aplica y que yo ya adopté para no terminar comprando cosas que luego se quedan ahí con la etiqueta puesta: “Elige calidad, no cantidad”.
Te seguiré contando cómo se revela el mundo de la segunda mano para una newbbie, como yo. Hasta pronto.
Agradecemos a Lucía Armario Comunal por la cortesía en la entrevista y por permitirnos conocer la hermosísima propuesta de su bazar. Visítalo en Av Michoacán 75, Hipódromo Condesa, Cuauhtémoc, 06100 Ciudad de México, CDMX.
