Desde que la jefa de gobierno Clara Brugada anunció públicamente que la Ciudad de México sería una de las sedes del próximo Mundial de fútbol, comenzó todo un andamiaje en política pública e inversión para este evento deportivo.
Se implementarán operativos especiales de seguridad, programas de repavimentación y reconstrucción de calles que abarcarán más de 250 kilómetros. “Se invertirán más de 2 mil 250 millones de pesos en rehabilitación urbana de la capital” dijo la jefa de gobierno durante una conferencia de prensa.
Por supuesto el 11 de junio de 2026, fecha en que se llevará a cabo la inauguración del Mundial, ya ha sido declarado como día feriado para quienes trabajan en la ciudad.
Pero no todas las personas tenemos la oportunidad de celebrar y descansar. Para las trabajadoras sexuales que laboramos en Calzada de Tlalpan la llegada del Mundial de futbol ha traído una serie de problemas que afectan nuestra chamba y alimentan el estigma hacia nosotras. Y aunque el trabajo sexual no está penalizado tampoco es reconocido íntegramente en nuestros derechos laborales.
Hace unas semanas la construcción de la ciclovía inició sus trabajos en la Calzada de Tlalpan desde San Antonio Abad hasta el Estadio Azteca, recinto donde se realizarán los partidos de futbol. Con ello el trabajo disminuyó significativamente para las compañeras que laboran en la zona pues los automóviles y potenciales clientes no pueden acercarse a negociar con las colegas.
Las trabajadoras sexuales hemos manifestado nuestro descontento ante un proyecto que si bien ayudará a tener nuevas formas de transporte, nunca contempló el impacto que tendría en nuestro trabajo cotidiano. Trabajo con el que sostenemos a nuestras familias y con el que también contribuimos a la vida económica de esta ciudad.

En días pasados, el secretario de gobierno de la capital César Cravioto señaló en entrevista para el diario 24horas que están trabajando en una propuesta: “tanto para generar derechos para las personas que se dedican al trabajo sexual, como para asegurar que no haya afectaciones; establecer códigos de conducta, de vestimenta, horarios, para que no afecten a vecinos de la zona..”
Por otro lado el jefe de la policía de la CDMX Pablo Vázquez afirmó que se buscará prevenir el “turismo sexual” y generar campañas de concientización para evitar una “ola de contagios de infecciones de transmisión sexual” durante su conferencia de prensa el 9 de septiembre.
Estas declaraciones son el reflejo de los pánicos morales y prejuicios hacia las trabajadoras sexuales en calle. Vistas siempre desde la explotación sexual y como potenciales focos rojos en la salud sexual.
Le preguntaríamos a Cravioto y al gobierno de la CDMX ¿y cómo luce una puta? ¿cómo debe vestirse o actuar una mujer en los espacios públicos? Estos imaginarios patriarcales están muy alejados de la realidad diaria de las trabajadoras sexuales, nuestro derecho al espacio de trabajo y la idea de la buena ciudadanía.
Fiscalizar cómo debemos vestirnos o actuar las colegas en las zonas de trabajo sexual no solo es discriminatorio afecta a todas las mujeres incluso a las que no ejercen este oficio. También va en contra del libre desarrollo de la personalidad y de nuestro derecho al trabajo como lo establece el artículo 123 de la Constitución Política de México.
Las putas no somos un foco de infecciones de transmisión sexual. Tampoco podemos ser confundidas como víctimas o sobrevivientes de explotación sexual. Si la estrategia del gobierno en materia de seguridad es prevenir el turismo sexual, deberán hacerlo con un enfoque preventivo y no punitivo donde no se criminalice a las trabajadoras sexuales en calle quienes terminamos pagando los platos rotos.
Cuando una puta se moviliza no solo lo hace para sí misma, sino para todas las personas que tenemos derecho a habitar la ciudad: comerciantes informales, personas en situación de calle y los mismos vecinos que se quejan de nuestra chamba y hacen lo imposible por expulsarnos de sus colonias.
Las trabajadoras sexuales independientes de la zona de chabacano han cerrado la Calzada de Tlalpan al menos cinco veces en los dos últimos meses. Y en un intento de conciliación con la subsecretaría de gobierno y su titular, Fadlala Akabani, se realizaron mesas de trabajo para llegar a acuerdos que por un lado ayuden a aminorar las afectaciones a nuestra chamba en la vía pública y por el otro, garanticen nuestra seguridad frente a esta nueva dinámica vial.
Sin embargo estos acuerdos no se han cumplido y no por falta de voluntad de las compañeras que laboramos en calle. Sino por la incapacidad del gobierno en hacer una estrategia interinstitucional que combata los problemas que implica un proyecto vial que jamás nos contempló como parte de la vida urbana.

¿Y después de la Ciclovía, qué?
Se necesita una estrategia que involucre a Secretaría de Bienestar, Derechos Humanos, Policía de Tránsito, Seguridad Ciudadana y la red de hoteles y establecimientos mercantiles. Lo que podría significar un problema de tránsito en vía pública es mucho más complejo de lo que parece.
¿Qué sucederá cuando la ciclovía sea terminada y se construyan los 58 -puntos de inclusión- a los que se comprometieron desde la Secretaría de Obras y Servicios? Estos puntos de inclusión servirán como paradas de autobús y además como zonas donde las trabajadoras sexuales nos podamos acercar a los autos a negociar nuestros servicios.
El problema está en que cada punto de trabajo sexual de Tlalpan tiene una cantidad distinta de colegas. No es lo mismo talonear cerca del Hotel Aranjuez en Viaducto, que en Villa de Cortés o afuera del metro San Antonio Abad. No es lo mismo talonear de día que en la noche. Las trabajadoras sexuales de Calzada de Tlalpan laboramos a cualquier hora. ¿Cómo lograr que haya el espacio suficiente entre compañeras para negociar y trabajar con los clientes?
Esto sin contar que con esta nueva dinámica se vuelve más peligrosa la incorporación de ciclistas, usuarios del transporte público, trabajadoras sexuales y automóviles ¿Estos puntos de inclusión garantizarán que no haya accidentes viales entre todas las personas que ocupemos el espacio público?
La subsecretaría de gobierno de la CDMX se comprometió a involucrar a estos organismos de gobierno. Sin embargo en reuniones previas las trabajadoras sexuales independientes intuimos solo simulación y acciones paliativas que no garantizan nuestra seguridad en Calzada de Tlalpan. ¿Cómo saber si regresaremos con bien a casa cuando ni siquiera podremos laborar en vía pública sin ser expuestas a accidentes vehiculares o con ciclistas?

El cobro de piso y las madrotas
Para ninguna de las colegas es un secreto que Calzada de Tlalpan es una zona donde se cobra piso. En los distintos puntos de trabajo sexual hay padrotes y madrotas que se benefician de nuestro trabajo a cambio de lo que ellos llaman seguridad y “protección”.
Cuando una puta se politiza ya no hay marcha atrás. Las protestas de las trabajadoras sexuales independientes de Chabacano y San Antonio Abad han puesto el dedo en la herida: dejan expuesto un sistema de explotación que ha funcionado durante décadas en Calzada de Tlalpan.
Cansadas de la violencia institucional y el oportunismo de madrotas, las colegas exigimos formar parte de un proyecto urbano que deja al último la vida de las mujeres de la clase trabajadora en la que el estigma pesa. Porque no es lo mismo ser una obrera de la maquila y exigir con orgullo derechos laborales, que hacerlo cuando se es puta y la vergüenza recae en nuestra vida y familias.
Lo peligroso de criminalizar a las trabajadoras sexuales independientes en Chabacano y San Antonio Abad es que también es una forma de criminalizar la protesta y el derecho legítimo que tenemos todas las mujeres que habitamos esta ciudad en manifestarnos ante la violencia y omisiones del Estado. Seas o no puta, No existe una forma correcta de exigir derechos y ciudadanía cuando el hambre entra por la ventana, no hay empleo y nuestros refrigeradores están vacíos.
Un proyecto de limpieza social de las putas
De acuerdo con el sistema de consulta del INEGI y la Dirección General de Planeación y Desarrollo Turístico en la Ciudad de México hay más 50 mil hoteles registrados a diciembre de 2021. Calzada de Tlalpan es una de las zonas que alberga una gran cantidad de hoteles de paso destinados al descanso pero también al trabajo sexual.
Con el inicio del mundial de fútbol en junio del siguiente año, la secretaria de Turismo Josefina Rodríguez Zamora estima que llegarán alrededor de 5.5 millones de turistas a la capital durante conferencia de prensa el 12 de junio en SECTUR. Estos visitantes se hospedarán en diferentes hoteles, particularmente los de Calzada de Tlalpan debido a la cercanía con el Estadio Azteca.
Esto por un lado representa un aumento de chamba para quienes ejercemos el trabajo sexual en sus distintas modalidades, pero también incrementará la ocupación hotelera en la zona, lo cual puede generar situaciones de discriminación al negar el acceso a las trabajadoras sexuales a los hoteles porque bajo la mirada empresarial puede -afectar la imagen- de sus establecimientos.
En agosto de 2021, un grupo de compañeras trabajadoras sexuales de la zona de Nativitas interpusimos una queja en el Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación COPRED ante la negación de los trabajadores del Hotel Econo Express en darnos habitaciones para atender a los clientes.
En julio del año pasado cerca de cincuenta trabajadoras sexuales se manifestaron afuera del Hotel Encanto también ubicado en Tlalpan por negarle el acceso a la habitación a una colega y su cliente. Esta discriminación de los hoteles es una práctica recurrente en la zona.
Nuestra queja terminó en una reunión con los abogados de la Red de hoteleros en México, quienes argumentaron que no existía como tal discriminación, pese a admitir que el hotel se reservaba el -derecho de admisión- y contar con una placa certificada por el mismo COPRED en su entrada. ¿Cómo asegurarse que esto no vuelva a ocurrir con el arribo del turismo internacional?

La llegada del Mundial representa entonces un flujo económico importante en el sector turístico pero también propicia que la discriminación, la limpieza social y la violencia institucional hacia quienes ejercemos el trabajo sexual se haga presente dentro y fuera de los hoteles de la CDMX.
Pablo Vázquez, dijo también en la conferencia de prensa del 9 de septiembre desde la Secretaría de Gobierno que habrá un comité de seguridad para el Mundial y un grupo especializado en temas de género y derechos humanos, coordinado con la Secretaría de Mujeres y organismos internacionales para prevenir cualquier tipo de violencia de género y explotación.
Frente a estos megaproyectos urbanos ¿dónde quedamos las putas? ¿Las travestis podremos seguir ocupando los espacios que nos han ayudado a sobrevivir históricamente en la Ciudad de México? ¿Dónde quedarán las trabajadoras sexuales con hijxs y familias que dependen económicamente de nuestra chamba?
Más allá de los códigos de conducta, la construcción de la nueva ciclovía, el caos vial, el oportunismo de madrotas y los puntos de inclusión,el trabajo sexual no volverá a ser el mismo con la llegada del Mundial de futbol. Porque, aunque las políticas públicas, pese a pretenden ser construidas con y para las mujeres en la realidad ahí no estamos las mujeres más empobrecidas, las más expuestas a la violencia policiaca y las que somos más fáciles de exterminar en la limpieza social.
“Queremos un Mundial con juego limpio y sociedad justa. Un mundial en una ciudad de libertades, que respete los derechos humanos, sin homofobia, sin racismo, ni clasismo, sin xenofobia..” dijo la jefa de gobierno Clara Brugada durante la presentación del proyecto “Ciudad Mundialista” el pasado 7 de mayo en la Secretaría de Gobierno local.
Lo que queremos las putas es un Mundial sin putafobia, sin limpieza social ni violencia institucional. Si la narrativa oficial de este gobierno es poner al centro la vida de las mujeres, niñas y adolescentes, habría que preguntarse la vida de qué mujeres les importa.
¿Es la de las que se visten -adecuadamente-, las que no putean, las que se quedan en casa o tienen un trabajo “decente”? Las travestis, las habitantes de calle, las empobrecidas y trabajadoras sexuales tenemos derecho a trabajar libremente. Las putas también tenemos derecho a habitar esta ciudad.
*Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a la autora.
