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Cómo poner límites por autocuidado y relaciones más sanas

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Aprender a poner límites puede ser doloroso y difícil, pero también indispensable para autocuidarnos. En esta reflexión, Katia Rejón explora el cómo poner límites y para qué.

Mi psicóloga dice que tengo los focos de alarma desconfigurados. Esto significa que cuando debo tener cuidado en una relación no lo tengo y, a veces, en las relaciones sanas me pongo a la defensiva. Pero es difícil poner límites cuando no sabes ni dónde están tus fronteras.

Los límites son las necesidades individuales de cada persona en esferas distintas: trabajo, familia, amistades, relaciones sexoafectivas, hábitos, etcétera. Reconocerlos, comunicarlos y respetarlos es una forma de evitar el camino imposible de la aprobación de las demás personas, porque ésta nunca será total ni suficiente.

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En un episodio del podcast de Se regalan dudas, la psicóloga Stephanie Essenfeld explicó que los límites no son para los demás sino para una misma. Cuando se vive en un estado de ansiedad permanente con el miedo de incomodar a otras, solemos usar máscaras distintas para conectar y recibir aprobación de todo el mundo. Y los límites nos permiten tener relaciones más auténticas.

Cómo poner límites: la clave está en las emociones

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Algo que me ha servido mucho en terapia es reconocer los patrones de las cosas que me hacen sentir feliz, incómoda, triste, confundida o molesta. Muchas veces somos conscientes de esos límites sólo porque han sido traspasados, y no está mal si prestamos atención a lo que sentimos en ese momento e intentamos comprender por qué.

cómo poner límites saludables

«¿Para qué sirve esa emoción?» es una de las preguntas que más me hago desde que voy a terapia. Y creo que la ira, el resentimiento, la tristeza y la incomodidad son semáforos que ayudan a la mente a establecer esos márgenes invisibles.

Los límites no son muros, son puentes

Por eso creo que más que poner una barrera lo que hay que tener es formas de comunicar cómo nos sentimos. Me gusta pensar en los límites como puentes que para algunas personas o en algunos momentos están cerrados, porque también es cierto que dependiendo del tipo de relación los términos cambian.

No es lo mismo establecer límites en el trabajo que con las amigas. Si una de mis amigas me escribe a la medianoche por algo urgente para ella, definitivamente no reaccionaré de la misma forma que si lo hace un compañero de trabajo. O quizá sí, si ese compañero de trabajo es un amigo y está en problemas. Eso depende de cada quien.

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Aunque los límites nos sirvan a nosotras, la conversación es fundamental para que las demás personas tengan claro por dónde no pueden pasar. Cuando no lo hacemos y esperamos al último momento, podemos explotar o terminar comunicándolo de la peor manera.

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Quizá pensemos que es algo que lleva mucho tiempo sucediendo, pero para la persona en cuestión será la primera vez que lo escucha. Entonces es justo ser claras desde el principio y comunicar de manera asertiva, empática y respetuosa.

El territorio de las otras personas se respeta

Antes de iniciar este proceso, me aterraba la idea de que alguien pudiera molestarse conmigo y era complaciente. No solo no establecía mis límites sino que tampoco respetaba los de las demás personas. Si alguien me cancelaba una cita o no respondía un mensaje a tiempo, inmediatamente pensaba que eso tenía que ver conmigo o que algo había hecho mal.

cómo poner límites

No todas las personas tenemos los mismos puntos infranqueables. Así que quizá haya situaciones que a nosotres puedan no molestarnos pero a otres sí y viceversa.

A mí no me gustan las sorpresas, prefiero los spoilers, los avisos con anticipación y estar preparada. Esto es algo que constantemente tengo que comunicar porque las sorpresas tienen una connotación positiva y amorosa para la mayoría de las personas.

Asumo que, de la misma manera, hay muchas otras cosas que para mí podrían no ser gran cosa pero para otras personas es cero negociable.

Las expectativas son de los demás, los límites son míos

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La psicóloga Stephanie Essenfeld opina que a nadie le gusta que le pongan límites, sobre todo aquellas personas que suelen beneficiarse de la inseguridad de las demás y pasearse por el territorio emocional de quienes no les ponen peros ni les dicen no.

Te hacen sentir culpable o insegura, hasta que llega un punto en el que piensas que si todes lo permiten entonces estás obligada hacerlo.

Pero su poder es, en realidad, bastante frágil una vez que soltamos la necesidad de su aprobación.

«Cuando empiezas a establecer límites y a tener relaciones más auténticas, haces una limpieza social», dice Essenfeld.

Quien vive dentro eres tú

La relación más importante es la que tenemos con nosotres mismes. Reconocer los hábitos o situaciones en las que no actuamos con responsabilidad sobre nuestro ser es igual de importante.

Recuerdo que antes siempre posponía mi salud mental y física sobre las necesidades de otras personas, o incluso gastaba más dinero en cosas innecesarias antes de acudir a una consulta.

Establecí límites conmigo cuando ese descuido me pasó la factura durante un año entero. Ahora, parar cuando me siento enferma o cansada es innegociable. Y cuando mis posibilidades lo permiten, acudo a citas preventivas. Ya no lo veo como un gasto, sino como lo mínimo que merece mi cuerpo.

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Pienso en mí como en una amiga, y lo que deseo para la gente que amo me lo procuro también a mí. No justifico mis necesidades ni doy explicaciones de más porque eso sería continuar buscando la aprobación de otres.

Cuando no estoy segura de dónde poner mis límites, me ayuda escribir mis responsabilidades en los distintos roles de mi vida, diferenciarlo de lo que no es mi deber sino una expectativa; postergo lo que tengo que pensar, y exploro el territorio en relaciones cuyos límites todavía no están establecidos.

Es un camino que sigue y sigue. Lo importante es comenzar a andarlo.

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