¿Por qué creemos que la cárcel es justicia? Hablemos de antipunitivismo

En esta reflexión, Valeria Angola se pregunta «¿qué es la justicia?» y «¿cuál es la relación entre justicia y cárcel?». Amix, nos urge hablar de qué es el antipunitivismo.

Fotografía. Suad Kamardeen

Esta nota contiene más preguntas que respuestas. El tema que abordo a continuación hace parte de una reflexión viva, preguntas que nacen todos los días a raíz de cuestionarme sobre lo que considero justo e injusto.

Hablar sobre justicia remueve nuestras fibras más sensibles, porque muchas personas hemos sido víctimas de alguna agresión por lo menos una vez en la vida y, además, hemos vivido en carne propia lo imposible que es acceder a la justicia.

¿Por qué decidí dejar de asumirme feminista?

Deseamos, incluso con sadismo, que las personas que nos agreden de múltiples formas reciban un castigo, sin embargo, nos hallamos contradictories (y hasta culpables) cuando descubrimos que el sistema carcelario en México está podrido desde la raíz.

¿Por qué creemos que cárcel es igual a justicia? ¿Qué es la justicia y qué, la cárcel? ¿Es la relación entre ambas directa y proporcional?

¿Qué es el antipunitivismo?

Quienes nos asumimos como antipunitivistas constantemente nos hacemos estas preguntas, tratando de construir estrategias que verdaderamente respondan a las víctimas y que haya consecuencias para quienes han lastimado.

Adoptar una postura antipunitivista no solo se trata de estar en contra de las cárceles, sino también de todo aquello que las sostiene. El antipunitivismo evalúa cómo los medios de comunicación, las leyes y los legisladores, las corporaciones y la fuerza pública colaboran entre sí para justificar la idea de que existen criminales que están fuera de control y que es necesario capturarlos.

¿Qué tipo de feminista soy? Mi experiencia en la periferia

Aunque parezca raro, el feminismo no ha sido la excepción. El feminismo ha participado en el juego punitivista de ensanchar las penas carcelarias en nombre de la justicia para las mujeres. La grave situación de derechos humanos de las mujeres en México es el escenario perfecto para fortalecer el sistema carcelario a través de medidas más punitivas que solo alimentan el gran monstruo de la cárcel.

Aquí me pregunto, ¿cuáles mujeres se benefician con este tipo de medidas? ¿Quiénes son las mujeres que son escuchadas por el sistema de justicia mexicano? ¿Cuáles mujeres son re victimizadas y culpadas una y otra vez de haber sido agredidas? ¿A quiénes sí sirven estas leyes sobre violencia de género y a quiénes estas leyes condenan a vivir en la pobreza?

El problema es muy complejo. Ni siquiera podría responder de forma absoluta. La única información con la que cuento es que mientras las feministas liberales, aquellas que trabajan para el estado, elaboran leyes para encerrar a los culpables de la violencia de género, las madres, hijas, parejas y hermanas de hombres en prisión también viven las desmedidas afectaciones del encarcelamiento. Así lo explica Catalina Pérez Correa en Mujeres invisibles: los verdaderos costos de la prisión.

¿Por qué el Registro Nacional de Agresores Sexuales es problemático

El Registro Nacional de Agresores aprobado por el Congreso en marzo del año pasado es otra de las medidas punitivas que cierto sector del feminismo mexicano celebró como un gran logro.

A través de este registro se difunden los nombres, fotografías, edad y nacionalidad de quienes hayan sido acusados por violación, feminicidio, trata de personas, abuso infantil y turismo sexual.

Es una medida que desborda la cárcel de sus límites físicos. El registro discrimina y estigmatiza a las personas que ya cumplieron una pena y que se reintegran socialmente. Tampoco garantiza su privacidad personal y familiar.

Ley Olimpia. En qué consiste y por qué genera debate entre feministas

¿Cuál es la pertinencia de utilizar el aparato represivo del estado para combatir la violencia sexual hacia niñas y mujeres? Las autoras Judith Levine y Erica R. Meiners evalúan los efectos del registro de agresores en Estados Unidos.

De acuerdo con ellas, las leyes sobre delitos sexuales se justifican con la afirmación de que las personas que cometen este tipo de delitos probablemente reinciden. Sin embargo, las investigaciones demuestran lo contrario. Según la Oficina de Estadística de EU, las tasas de arresto por reincidir en delitos sexuales es del cuatro por ciento.

Las autoras además comentan que en este tipo de registros no se distingue el nivel de «peligrosidad» de los agresores. Para el registro, todos los agresores son iguales: una persona que solicita servicios sexuales es equiparada con una persona que ha violado.

El registro nacional de agresores pareciera que tiene como objetivo avergonzar y desterrar a los imputados más que buscar una reparación para las personas que son víctimas. De hecho, el mismo gobierno estadounidense ha mencionado que es inconstitucional ya que podría considerarse como un castigo inusual y cruel.

No podemos hablar de antipunitivismo sin mencionar el perfilamiento racial

Asimismo, sería necesario abordar el tema del perfilamiento racial en la construcción de lo que es un criminal o un violador, y el papel que juegan los medios masivos de comunicación en este proceso.

No se puede evadir que la imagen de los agresores sexuales está racializada. Meiners y Levine mencionan las diferencias que existen en el sistema de justicia a la hora de juzgar a un hombre según su racialidad.

Los hombres negros son juzgados de manera más desproporcionada que los hombres blancos, reciben penas más largas y es mucho más probable que se les acuse de violación falsamente.

Angela Davis y por qué “el feminismo será antirracista o no será”

¿Cuáles son los efectos del registro de agresores en México? ¿Qué garantías existen de que si una persona aparece en esta lista no volverá a cometer una agresión? ¿Qué prácticas sexuales son criminalizadas según este registro? ¿Acaso son quienes no caben en el imaginario del sexo blanco y heterosexual? ¿Cuáles son los límites de lo normal en el sexo?

Tendríamos que preguntarnos si tener una lista pública de agresores realmente brinda seguridad y en qué medida un registro de agresores satisface nuestra inminente necesidad de justicia ante un país como México en el que la impunidad es más del noventa por ciento.

Más allá de estas listas, ¿qué acciones se proponen para prevenir que existan agresiones sexuales? ¿Cómo educamos sexualmente a les niñes? ¿Desde el placer o el miedo? ¿Estamos dispuestos a tener conversaciones incómodas sobre sexo con adoslescentes y niñes? ¿Y si en lugar de vigilar y castigar, acompañamos e informamos sin tabúes sobre el cuerpo, el sexo, sus consecuencias y ventajas?