Bye, fitness tóxico: ¡hola, vida activa con compasión y amabilidad!

En esta reflexión, Noris -entrenadora de profesión- habla sobre lo que es el fitness tóxico y cuáles son las alternativas para relacionarnos con el ejercicio de una forma más amable, amorosa y respetuosa de nosotres mismes.

fitness tóxico
Fotografía. Julia Larson

Por: Noris La Nalga Nori Garciaguirre

Ser entrenadora en enero es igual a despertar cada día con un montón de mensajes de personas que urgentemente quieren iniciar el año haciendo ejercicio.

Esta urgencia con la que escriben a gimnasios, entrenadoras y entrenadores en esta época es comprensible, pues la convención social y la tradición nos dice que el inicio de año es una oportunidad de «reinventarnos» o «ser mejores».

El mundo fitness se ha valido de esto para mantenerse por años haciéndole creer a la gente que la «mejor versión» de una persona es ser delgada, y que el objetivo principal de hacer ejercicio es alcanzar un cierto tipo de aspecto físico.

Entrenadoras que prueban que la condición física está en todas las tallas

Antes de ser entrenadora también me acerqué al gimnasio en muchos eneros para «arreglar» mi cuerpo (por supuesto que no había nada malo conmigo). Esperaba que ese fuera el inicio de muchas «mejoras» más en mi vida. Me agarraba con las uñas a la posibilidad de habitar un «cuerpo fitness».

Sin embargo, después me di cuenta que lo que supuestamente era un acto de amor propio en realidad era una manera más de declararle la guerra a mi cuerpo, a mi realidad y a mí misma.

El «cuerpo fitness»

El «cuerpo fitness», tan lejano y cercano a la vez, se nos aparece diariamente en los medios, en las redes sociales e incluso en las conversaciones casuales.

Es mucho más que un ideal físico, sino que tiene una serie de valores asociados que van desde la belleza y la salud, hasta la disciplina y la autoestima e incluso, a veces, lo podemos ver asociado a cosas que nada tienen que ver con entrenar, como la estabilidad económica y laboral.

Para mí, este concepto es producto del capitalismo porque la sola posibilidad de alcanzar el ideal del «cuerpo fitness» incita a la gente a desembolsar grandes cantidades de dinero. No por nada la industria fitness en México es una con un valor de 35, 000 millones de pesos.

El producto que es el «cuerpo fitness» no es más que una combinación de muchos castillos en el aire, donde la cereza del pastel es el «echaleganismo», la idea de que si no lo consigues es porque no te esforzaste lo suficiente.

Y todo envuelto en la posibilidad (que no es igual para todes) de verse con una apariencia física que responde a la idea nada heterogénea de belleza hegemónica, tal como la describe Vanessa Ortíz Piedrahita: ya saben, de apariencia joven, delgada, alargada, de piel blanca y lisa, cisgénero, sin discapacidades ni neurodivergencias, etcétera.

El fitness tóxico

Como muchas personas, entrené incansablemente con el único objetivo de alterar mi apariencia, me lamenté y me culpabilicé por no perder más kilos mes con mes, abandoné el ejercicio con enojo y frustración una y otra vez, solo para retomarlo con nuevos bríos diciendo «¡Ahora sí, esta es la buena!» y se repetía el ciclo.

Con cada intento terminaba más avergonzada de mí misma, pensando que había algo mal conmigo y que mi mala actitud y disposición se hacían evidentes en la apariencia de mi pobrecita cuerpa que tanto me permití hostilizar. ¿Dónde estaba mi supuesta «mejor versión» que cada nuevo reto fitness me prometía?

¡Lengua de señas mexicana para todas, todos y todes!

La reducción del ejercicio, del movimiento, del entrenamiento y de la vida activa a únicamente el objetivo de conseguir un «cuerpo fitness» a toda costa, mientras que sutil o no tan sutilmente se invalida y/o se descalifica toda corporalidad que no encaje en este molde, es la Cultura del Fitness Tóxico.

La Cultura del Fitness Tóxico (Mainstream Fitness Culture, en inglés) fue definido por primera vez por Ilya Parker, terapeuta físico y dueño de Decolonizing Fitness, quien lo define así:

«Un conjunto de características sociales, de lenguaje y hábitos que promueven el capacitismo, clasismo, racismo, elitismo, body shaming, body policing, discursos de odio a la comunidad LGBTQIA+ y todo bajo el pretexto del fitness, salud y bienestar».

Cómo resistir ante el fitness tóxico

Lo cierto es que el fitness tóxico no es la única manera de entrenar. Sé que este es un paradigma a veces difícil de abandonar. Cuando platico de esto con mis clientas y clientes les invito a pensar en la Cultura del Fitness Tóxico como una pareja violenta, controladora y abusiva: te va a decir que todo lo haces mal y que te mereces consecuencias malas y castigos con la justificación de hacerlo por tu bien.

El ejercicio es mucho más que un medio para alcanzar un tipo de cuerpo. Permitirnos vivir nuestros cuerpos en actividad, sin castigos, sin culpas, solo con atención a nuestro movimiento, sintiendo tus músculos opuestos a resistencias (y resistiendo en sí mismos), nos aprendemos y sentimos de otra manera, reconocemos en nuestros cuerpos las proporciones, velocidades y fuerzas; sentimos una respiración diferente a ninguna otra, aprendemos que alcance tiene nuestra flexibilidad y ultimadamente descubres que puedes dialogar contigo mediante el movimiento.

Llevar una vida de fitness compasivo requiere reconocer que no hay nada de tu yo actual que sea una «mala versión” de ti, que la persona que eres merece un trato amable, compasivo y amoroso, que el amor y el bienestar no viene envuelto en culpa y castigo.

Reconozco que algunas de estas afirmaciones pueden ser más fáciles de adoptar para algunas personas y más difíciles para otras. Por ello, te dejo aquí 6 ejemplos de cómo se ve el fitness tóxico y algunas sugerencias para sacarlo de nuestras vidas y entrenamientos.

1. Creer que existe UN «cuerpo fitness»

No existe tal cosa como solo un tipo de cuerpo que la gente tiene al ejercitarse. Las personas que entrenamos nos vemos de todos los tamaños, colores, tenemos diferentes números de extremidades, alturas. Nuestra apariencia no es reflejo de la dedicación a nuestro entrenamiento; podríamos todos entrenar lo mismo, comer lo mismo y dormir lo mismo y nuestros cuerpos aún así serían diferentes.

2. Entrenar solo para adelgazar o creer que estás entrenando mal si no adelgazas rápido

La actividad física y la delgadez no son sinónimos, pueden existir una sin la otra. La gordofobia nos ha vendido que cualquier cuerpo no delgado no es válido y la Cultura de la Dieta y la del Fitness Tóxico nos han hecho creer que son el único camino para llegar sin falla a ese único objetivo válido.

Entrenar pensando solo en adelgazar con frecuencia nos puede llevar a establecer una mala relación con el ejercicio. Intenta concentrarte en la práctica más que en resultados esperados. Si bien tener metas y objetivos es genial y es necesario en muchos casos para que nuestros entrenamientos sean saludables y seguros, al momento de estar entrenando presta atención a tu respiración, cuenta el tiempo de tus repeticiones, siente tus músculos al contraerse y al extenderse.

Sea cual sea tu objetivo, no olvides que estar ahí entrenando ya cuenta por sí mismo, la actividad física no adquiere su validez solo por «resultados visibles».

3. Entrenar como castigo por haber comido

Comer es algo que necesitamos para vivir. Alimentarse no es una falla, sino una necesidad que también puedes disfrutar. No tiene nada de malo disfrutar de tu comida sin contar las calorías.

También es importante que cuestionemos amablemente la razón de nuestros entrenamientos para evitar antagonizarnos con el movimiento, para hacer las paces con nuestros ritmos, velocidades y niveles de energía, para escucharnos y empezar a reconocernos en el ejercicio.

4. Considerar solo como «buenos» entrenamientos esos en los que terminas con el cuerpo super adolorido y como «malos» aquellos de intensidad baja o moderada

No me gusta hablar en términos de «buenos y malos» entrenamientos, aunque te confieso que es algo que como persona que ha entrenado muchos años y como entrenadora tengo muy interiorizado y todavía a veces me escucho diciéndome que entrené mal.

Esto de que el entrenamiento «bueno» es el que te tira es parte importante de la Cultura del Fitness Tóxico, pues es el pilar de la idea del ejercicio como castigo para cuerpos que no entran en ciertos moldes de apariencia y talla.

El ejercicio, así como la comida, ya es en sí y además el ejercicio vive a través de ti, no existe en un mundo imaginario aparte, el ejercicio es cuando ejercitas y como tal necesita adaptarse a ti, a lo que sientes, a lo que haces, a tu vida y a tus horarios.

No necesitas calificar, juzgar o adjetivar tu entrenamiento, entrena escuchando a tu cuerpo y siente tus niveles de fuerza y energía (porque estos varían día con día), a veces entrenarás con mucha intensidad y otras veces entrenarás suavecito y las dos formas (y cualquiera en medio) están bien.

5. Obligarte a entrenar algo que no te gusta o duela; no ajustar los entrenamientos a ti ni parar aunque lo necesites

Como te platicaba antes, el ejercicio existe a través de tu cuerpo, esto es así siempre, el ejercicio no es un molde al que tú te tienes que adaptar a la fuerza, no es ajeno a ti, existe y vive a través de tu propio movimiento, aliento y esfuerzo.
Responde a cada rasgo personal e individual de tu cuerpo y de tu vida; entonces se tiene que ajustar a ti. Y no ajustarse solo en tiempos o solo en espacios, también en el tipo de ejercicio en sí.

Busca actividades que disfrutes y que te llamen la atención, si quieres probar algo nuevo y diferente, adelante, si deseas seguir haciendo la rutina de toda la vida, excelente entonces.

En la práctica escucha a tu cuerpo con toda honestidad, reconoce los límites del cansancio y del dolor, aprenderás a notar que hay diferentes niveles de uno y de otro, que sea tu decisión qué tanto te acercas o pasas de esos límites y cómo los navegas en general.

Si necesitas una versión más sencilla de algún movimiento, solicítala, no hay nada vergonzoso en necesitar versiones fáciles (vamos, hasta parece que «fácil» es una mala palabra), es absolutamente normal si estás aprendiendo e incluso si no estás aprendiendo.

6. Entrenar aunque no quieras

El fitness ha normalizado que en su nombre se inflija vergüenza, castigo y culpa. Nos topamos en redes, con frecuencia, alguna frase «motivacional» que en realidad solo señala de manera negativa a la persona que no entrena.

NO TIENES QUE ENTRENAR. Sn duda te recomiendo una vida activa y en movimiento, pero eres tú quien puede determinar qué es lo que una vida activa significa para ti y para tu cuerpo. Tu vida activa no va a ser como mi vida activa porque somos personas diferentes habitando cuerpos distintos y con estilos de vida diferentes.

Y si definitivamente hacer ejercicio no es para ti eso también está bien 😊.

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