Lecciones de autocuidado para resistir y seguir luchando

«Salvar al mundo y no morir en el intento», así dice una guía de Amnistía Internacional sobre autocuidado para activistas. En este texto, hablamos de esas lecciones de autocuidado de activistas, defensoras de derechos humanos y activistas que nos pueden funcionar a todes.

Fotografía. Obi Onyeador

En un sistema en donde el mandato patriarcal exige a las mujeres cuidar de otras personas antes que a sí mismas y las condiciones laborales suelen ser precarias, el autocuidado resulta una práctica transgresora. 

Las activistas, periodistas y defensoras de derechos humanos se enfrentan cotidianamente a la criminalización de su labor y al desgaste emocional por estar siempre en contacto con la injusticia y acompañando a víctimas agredidas por el sistema. Por ello, también han comenzado a cuestionar el impacto que tiene desatender sus necesidades básicas, y las consecuencias tanto en el ámbito individual como en el colectivo. 

Las organizaciones Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de Derechos Humanos (IM Defensoras),  Asociadas por lo Justo (JASS)  y el Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad Oaxaca A.C. publicaron en 2013 el informe ¿Qué significa el autocuidado para las defensoras de derechos humanos?, en el cual recopilan las voces y experiencias de varias mujeres frente al cansancio, estrés, hambre y sueño de su labor cotidiana.

«Tenemos tan interiorizado este mandato (de cuidar a otres) que incluso las feministas más radicales admiramos a las defensoras que dan su vida por ‘la causa’ y criticamos a aquellas que ponen límites», escriben.

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No existen recetas, pero sí algunas recomendaciones que han detectado para que el autocuidado sea una práctica cotidiana y reivindicar la alegría y el placer para una lucha más justa, hasta para nosotras mismas. Te las compartimos: 

1. El cuerpo es el primer territorio que hay que cuidar

Caminar, regar las plantas, cocinar y comer saludable, son cosas simples que a veces se suprimen en el día a día por no ser «trascendentales» como el trabajo. Sin embargo, pueden hacer la diferencia entre un día completo sentado en el escritorio y un día con pausas y respiros. 

Gloria Flores, codirectora ejecutiva de la Red de Defensoras México, comentó en entrevista para Malvestida que el autocuidado contempla cinco dimensiones: física, mental, espiritual, energética y emocional, ámbitos que también se relacionan entre sí.

¿Qué cosas nos causan felicidad? ¿Qué cosas nos dan placer? ¿Cuánto le dedicamos a las cosas que nos dan alegría en comparación con el tiempo y energía que le dedicamos al trabajo? 

Es muy peligroso pensar que nuestro bienestar es menos importante que el contexto por el que luchamos, sobre todo si éste es de por sí violento. 

Bianca Pérez, fundadora de Sorece. Asociación de Psicólogas Feministas, explica que en las consultas utilizan metáforas para explicar la necesidad de atenderse a una misma tanto como al proyecto. 

«Por ejemplo, si es una defensora del territorio, comprender el cuerpo como el primer territorio, eso que no estás nutriendo y sin lo cual no podrías continuar tu labor de defensa».

2. La vida es más que trabajar

El escenario es conocido: Llevas más de seis horas sentada en la misma posición, a pesar del estrés y el agotamiento, no te vas a ir hasta terminar lo que estás haciendo. Tienes todo el tiempo del mundo para la actividad, para las otras personas, pero no tienes ni cinco minutos para estirarte, salir a tomar aire. Es que si un día de trabajo no lo das todo, te sientes culpable. 

Paula Saucedo de Artículo 19, una organización en México y Centroamérica que promueve el derecho de libertad de expresión, cuenta que durante los talleres que imparten motivan a los y las periodistas a desconectarse de su trabajo en el tiempo libre. Pero si un corresponsal de nota roja tiene como hobby ver series de narcos, entonces realmente no está saliendo completamente de la dimensión de su trabajo. 

«Tienen que ser momentos de verdadera desconexión, con la familia o en solitario, cosas que no tengan nada que ver con tu trabajo», explica. 

Las activistas también recomiendan una rutina laboral de máximo ocho horas, tomar conciencia de cuántas horas dedicas a ti y cuántas a la labor de defensa, tener un ambiente de trabajo agradable: con ventanas y espacios de descanso, dedicar (la palabra clave es dedicar) un tiempo a no hacer nada. 

3. Comer no es opcional

Aunque el alimento sea probablemente lo más básico para la supervivencia, es uno de los temas más mencionados por las entrevistadas. Algo tan simple como comer puede ser pospuesto para hacer otras miles de cosas. 

Incluso en los momentos en que no se aplazan las comidas, valdría la pena pensar en qué condiciones estamos alimentándonos, si procuramos comida que nos haga bien o si lo hacemos solo para no tener hambre.

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El alimento consciente determina cuánta energía podemos dedicarle a nuestras pasiones, previene enfermedades a largo plazo, puede ser incluso un momento de convivencia con familia o colegas o un regalo para con nosotras mismas. ¿Una hora completa para comer algo delicioso y que me haga bien? Todas lo merecemos.

«Escuchar nuestro cuerpo» es uno de los consejos que más se repiten, ser conscientes de sus necesidades, límites y fortalezas. 

4. Atender la salud es primordial

Lo anterior se relaciona íntimamente con la salud. Bianca Pérez añade que los malestares suelen estar relacionados con amenazas o daños directos, el burnout o exceso de trabajo, generan síntomas físicos como problemas estomacales o respiratorios, problemas graves de sueño, afectaciones conductuales intensas como aislamiento o, en casos más graves, hasta intentos de suicidio.

Las señales de agotamiento emocional son muy importantes para poner límites Si las activistas experimentan el Síndrome de Desgaste por empatía, los periodistas están muy cercanos a la Traumatización Vicaria: ambos generados por el impacto de ser testigos o acompañantes de otras personas con experiencias traumáticas.

Tanto el trabajo de defensa como el periodismo suele hacerse sin un salario fijo o contrato, sin seguro social u horarios inamovibles, y eso también las pone en una posición de vulnerabilidad. 

«En estos años, todos los recursos se centraron en la atención al Covid pero ¿qué pasa con las defensoras que tenían enfermedades crónicas y se quedaron sin atención?», pregunta Gloria Flores. 

Existen organizaciones que dan apoyo a periodistas y activistas para la atención de su salud mental, pues la precarización del trabajo puede ser una limitante para recibir atención psicológica. Sin embargo, si no eres activista o periodista pero también necesitas psicoterapia, hay opciones de atención gratuita o de bajo costo. 

5. No son casos aislados, por eso hay que hacer red 

Aunque estemos en espacios de lucha y trabajo, hablar de nuestros sentimientos y rutinas también es una alianza de solidaridad. Es impresionante cómo podemos pasar tantas horas junto a una persona y, al mismo tiempo, saber tan poco de su vida.

Otro consejo del informe, dirigido a organizaciones, es tener tiempo libre en la oficina o actividades para compartir con colegas otros aspectos de nuestras vidas que no se relacionen directamente con nuestra labor. 

Así como delegar y confiar en las otras, quitarnos la idea de «si no lo hago yo, no lo hace nadie», promover la cooperación y pedir ayuda cuando sea necesario pues no somos seres omnipresentes ni tenemos la responsabilidad de resolver los problemas del mundo. 

«El primer reto para mí y lo que he visto, es que una defensora asuma la responsabilidad de su cuidado, porque estamos en una sociedad en la que nos dejamos en segundo lugar. Cambiar eso no solo lo cambia para ti, se convierte en una influencia y ejemplo con las otras», explica Gloria.

6. Urge renunciar al sacrificio como práctica política

Bianca Pérez cuenta que en Sorece han recibido casos de defensoras que asocian su actividad con ideas vinculadas a lo religioso, es decir, que tienen que ir hasta el martirio para que esa práctica sea valiosa. 

Pero el estrés y el agotamiento hace que periodistas y defensores estén menos alerta o cuenten con menos herramientas para enfrentar los riesgos del trabajo. La seguridad en estos ámbitos es un tema serio, resulta importante para la misma organización fortalecernos a nosotras mismas, para estar presentes en lo colectivo.

«México es uno de los países más violentos para el ejercicio periodístico. Muchos han sufrido agresiones de todo tipo, otros han perdido colegas asesinados, en algún punto lo ven reflejado», dice Paula de Artículo 19.

Bianca añade que es muy complicado asumir el autocuidado porque se tiene un gran compromiso con el proyecto político. «Nos ubicamos en un contexto de tantas cosas graves y urgentes que las personas piensan: ¿Cómo no lo voy a hacer si está en juego la vida de una persona?».

La autoexigencia suele ser mucho más grande que el autocuidado. 

Tanto para las activistas, periodistas, como todas las personas que vivimos en un país de violencia, es necesario pensar en nosotras mismas con la importancia en la que pensamos en los demás y en nuestro trabajo. Reconocer los límites y construir alianzas para caminar de una forma más alegre, sana y fluida. Ser activistas de nuestra vida.