Rituales y creencias en algunos pueblos originarios: la belleza más allá de lo hegemónico

Lo bello cambia en el tiempo y según la cultura. Este texto es una exploración de algunas concepciones de belleza en pueblos originarios.

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La belleza es un concepto que cambia según la cultura y el tiempo: cada momento tiene valores y asociaciones de aquello que se considera «bello» o «estético». En relación con esto, desde distintas visiones y filosofías, existen rituales, concepciones y prácticas relacionadas con la belleza en diferentes pueblos originarios en el presente.

Es importante decir que, de acuerdo con la cosmovisión prehispánica, con sus particularidades por cultura, época y con sus permanencias en la actualidad, la salud es comprendida como el equilibrio y la integración de las personas con el Cosmos, mientras que la enfermedad es el desequilibrio y desintegración de la misma. «Lo bello» puede ser parte de este lenguaje.

La belleza en algunos pueblos originarios y la salud, un vínculo esencial

Erandi Medina, psicóloga y activista purépecha, explica que anteriormente las abuelas y los abuelos les decían a las nietas y los nietos que «se estaba bien» cuando el semblante estaba charhonharhi, que en esta lengua quiere decir «cara sonrojada o roja», o sea chapeados o chapeadas: «eso era una forma de decir que mostrábamos vitalidad y había buena salud. Era más clara esta relación entre salud y belleza».

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En la actualidad para su cultura sési p’ikuarherani significa «sentirse bien» y es una palabra común que se refiere a percibirse así no solo en aspectos físicos o mentales sino con «estar bien» en la vida comunitaria, participar en ella, ser útiles y recíprocos. Es un todo que está en conexión con lo vivo.

«Al ver a la persona exteriormente un médico tradicional se puede dar cuenta de cómo está en otros aspectos»

Lorena Villanueva, sanadora y curandera zapoteca

La historia de los pueblos del mundo se sostiene por los saberes de mujeres relacionados con las plantas y cómo estas son vehículo terrenal y mágico, como explica Brujas, parteras y enfermeras de Barbra Ehrenreich y Deidre English.

Lorena Villanueva, sanadora y curandera zapoteca, dice que la salud es lo más importante y que esta es el complemento del cuerpo mental, espiritual y físico, un balance entre los tres. Desde su perspectiva, no puede desligarse de las nociones de belleza: «al ver a la persona exteriormente un médico tradicional se puede dar cuenta de cómo está en otros aspectos».

En el libro Doña Queta y el legado de los habitantes de las nubes, Enriqueta Contreras, médica tradicional zapoteca y partera, escribe que, como curanderos, su capacidad de observación es más consciente y sensible: «a veces ni tocamos a la persona y me da la sensación de qué es lo que tiene realmente; con la mirada, con la manera en la que expresa la persona su dolor o su angustia, o como platica de su enfermedad, yo me doy cuenta de qué es lo que está pasando».

La estética y la belleza femenina también se plasman a través de las pirekuas, canciones tradicionales purépechas, explica Erandi. Las composiciones hacen asociación a las mujeres con las diferentes tsitsiki, que quiere decir «flor», con sus colores y aromas: dalia tsitsiki, orquídea tsitsiki o tsitsiki sapichu (florecita). La conjunción naturaleza- mujer y su apreciación también está en la lluvia, su olor, o lo hermoso del alba o el amanecer. Lorena expresa en este sentido que, desde la visión tradicional, la belleza es algo que se puede admirar en su forma natural.

Rituales: los temazcales, ingredientes y colores

«En términos culturales, muy marcados recientemente, hay rituales que se asocian con la estética occidental y que tienen que ver con la indumentaria y sus elementos: lo colorido, su calidad y la variedad de modelos y diseños actuales que se asemejan a modas y tendencias que conocemos. No nos desligamos de eso tampoco», dice la especialista purépecha.

Otro ejemplo es que en el Istmo de Tehuantepec, que es otro país dentro del país llamado Oaxaca, aquello que brilla es valorado: basta ver los trajes de las velas, sus festejos: de lo florido, a lo entramado. Ana Hernández, artista originaria de Santo Domingo Tehuantepec, cuenta que el oro es importante en su tierra, no solo como un tema de valor económico sino que se asocia a la pureza: «está presente y es un bien común». Los aretes largos y los ahogadores de filigrana son arte y significado.

«No hay asociación directa de las nuevas tendencias de lugares con spa que venden experiencias entre salud y belleza en nuestra cultura ya que para nosotros el cuidado y la salud es algo muy íntimo».

Erandi Medina, psicóloga y activista purépecha

Por eso, una vez más es importante hacer hincapié que hablar de pueblos originarios es hablar de interrelación. Un ejemplo más que aporta Erandi es que en las bodas hay una apreciación estética de la mujer, pero además un elemento comunitario visible: la familia del novio, la extensa y no solo la nuclear, contribuye a los atavíos de la novia. Se le regalan los que sean de alta calidad, muy vistosos, para que ella destaque y la comunidad le coloca listones de colores en el cabello, que «debe ser tan largo, hasta el suelo, para que las trenzas sean también largas».

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Otras prácticas que tienen que ver con la salud son los temazcales, recintos de origen prehispánico con un simbolismo profundo que se relaciona con el acto de nacer. Para la investigadora Doris Heyden, este imita al vientre materno y es una cueva artificial con piedras calientes, vapor y herbolaria. Aunque también han sido integrados a la modernidad desde diferentes lógicas y formas, en su sentido comunitario son más que actividades comerciales que lucran con el misticismo.

«No hay asociación directa de las nuevas tendencias de lugares con spa que venden experiencias entre salud y belleza en nuestra cultura ya que para nosotros el cuidado y la salud es algo muy íntimo. Es una relación de la mujer con la partera, con los temazcales y las sobadas. Se dan entre mamá e hija, entre la partera y la mujer que será madre. La belleza está implícita en la procuración de la salud y no lo pensamos en términos estéticos sino en el cuidado que debe tener cada mujer en las diferentes etapas de la vida», dice Erandi.

«(El temazcal) es una parte muy importante ya que es un baño para la depuración de toxinas en el que las plantas medicinales hervidas, como ruda, poleo, romero, pericón y más, sirven tanto para el bienestar físico y del espíritu como para vernos bien».

Lorena Villanueva, sanadora y curandera zapoteca

Que hoy en día se usen mascarillas de barro no está tan alejado de lo que se hacía en el México antiguo, dice Lorena, ya que también solían untarse arcilla en el cuerpo con diferentes fines. Hoy en día esto sirve para suavizar la piel y la cara. Ella añade que las abuelas sugerían manzanilla o sábila para el acné o las quemaduras de sol, pero que el temazcal es de los aspectos más esenciales para el cuidado: «es una parte muy importante ya que es un baño para la depuración de toxinas en el que las plantas medicinales hervidas, como ruda, poleo, romero, pericón y más, sirven tanto para el bienestar físico y del espíritu como para vernos bien».

Para seguir en la herbolaria, otro tema extenso y profundo, el nurhiteni, nuriten, nurite o té de monte (Satureja macrostema), es una planta emblemática para la cultura purépecha ya que tiene un alto nivel de ritualidad para la purificación: se bebe, se pone en altares, se arregla la casa de la novia en las bodas con ella, ya que así se ve «más bonita y aromática», platica Erandi.

Finalmente, recuerdo con cariño que Sofía Ortíz, mejor conocida como Doña Chofi, mostraba su vientre orgullosa en una banqueta en la que platicamos en Ixtaltepec, también en la zona istmeña. Ella me contaba que para las zapotecas de su generación era bello y apreciado portar un huipil y que la carne se viera, estuviera ahí presente, exhibida. La redondez del cuerpo no es un estigma. La delgadez o lo tonificado de la apariencia femenina no es un deseo que se persiga a morir, al menos no para ciertas mujeres.

Ahí, en ese mismo poblado, Juana Cruz, la que parió a uno de sus cuatro hijos sola y la que hace panes como el bolita, el de manteca, el blanco y la torta de queso, compartió anécdotas sobre la receta del jabón negro hecho con ajonjolí, receta tradicional con la que se solía cuidar desde el brillo de la cabellera hasta la limpieza de la piel. Fue hasta que llegaron los productos comerciales que dejaron de usarlo y hacerlo.

Al escucharla aquella vez recordé que alguna vez leí sobre el amole o amol, del náhuatl amolli que quiere decir «jabón» y literalmente significa «guisado de agua», atl, «agua» y molli, «guisado»). Este producto vegetal de plantas de los géneros Agave, Prochnyanthes y Manfreda se empleaba para lavar ropa y su raíz aplastada produce espuma al humedecerla.

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Ambas anécdotas son muestra de que la belleza es polisémica y que la relación de la naturaleza con la vida rural y comunitaria sigue enraizada. Ana Corvera escribe en La belleza del cuerpo en Mesoamérica y la Nueva España que «ser bello era ser saludable» y cita Elogio del cuerpo en Elogio del cuerpo mesoamericano de Sergio Arroyo:

«(…) además de la belleza particular de cada ser humano que cumplía con estas características, existía una beldad mucho más amplia, puesto que cada hombre y mujer eran parte del universo, de manera que su funcionamiento orgánico era comparable al de cualquier otro ser vivo. Así, la energía vital vibraba en armonía con las flores, los animales, el agua, la tierra, el fuego, el viento y la propia existencia divina».

La tierra tiene todo lo necesario para curarnos, para sanarnos, para hacernos bellas. Erandi, Lorena, Enriqueta y tantísimas mujeres que han estudiado y estudian la relación de la humanidad con el contexto desde sus culturas nos guían a entender que «lo bello» es más hondo de lo que a veces podemos observar a simple vista. ¿Qué es belleza en tu propio lenguaje y desde dónde quieres aprehender este concepto?

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