Nuevo bebé y ¿nuevo trabajo? Cuando estar embarazada te hace sentir inadecuada

La autora de este texto ha pedido mantener su identidad anónima

Hace unos meses fui a una entrevista de trabajo; de esas que no te esperas, pero que te llegan. Mientras me contaban en qué consistía la chamba, me imaginaba perfectamente capaz de hacerlo y además, me emocionaba. Salí de la entrevista con esa sensación de que hiciste click y te van a llamar.

Semanas antes estaba intentando quedar embarazada. Pero esta opción laboral era muy prometedora, así que decidí dejar de buscar al bebé y esperar pacientemente a que me llamaran.

Entre el trabajo y el embarazo

Pasó una semana, dos semanas, un mes, y no me llamaron. Luego pasó mes y medio y pensé que no soy de las que se sientan a esperar que las cosas pasen en su vida así que retomé el proyecto bebé… sólo para arrepentirme al día siguiente. “Les daré un mes más” me dije.

Pasaron dos semanas y ¡me llamaron! Estaba contratada. Ufff, un reconocimiento laboral grande después de años de trabajo. Perfecto. Así, renuncié a mi trabajo actual, le conté a mis amigos, recibí muchas felicitaciones, y me sentía pavorreal. Uy, pero…¿no me tenía que bajar hace unos días? Ay, no. Se me debe haber retrasado por los nervios. Sí, debe ser eso.

Nop. No era eso. Estaba embarazada. Este es mi segundo embarazo, y en el primero todo era miel sobre hojuelas. Ahora todo me agarraba de bajada. Puros pensamientos que me llevaba a lugares comunes. Esta es una cruel broma del destino. Planea y Dios se reirá de tus planes.

“¿Por qué ahora?”

Mi sensación más recurrente fue cómo iba a decepcionar a la gente que me había contratado. Van a pensar que me aproveché de ellos, de la situación. Justo ahora. No puede ser. Es la peor de las suertes.

Pasé días de perro angustiadísima por lo qué iba a hacer, sintiéndome miserable por sentirme miserable. Finalmente es un bebé que sí quiero. Pero ¿ahora?

Ya pasaron semanas de esto. Esto lo escribo un poco a modo de terapia y otro poco a modo de reflexión, por si sirve a quien esté leyéndolo. Es increíble cómo nos han vendido la historia de la incompatibilidad de la vida laboral y la personal, y cómo nos la hemos creído.

Es increíble cómo nos importa menos lo que piensa nuestra gente más cercana, la que nos conoce de siempre y sabe (hasta mejor que nosotros) qué es lo verdaderamente importante en nuestro propio corazón; y en lugar de eso nos puede más la “opinión de desconocidos”. Y pongo opinión entre comillas, porque en este caso, esos desconocidos se portaron de lo más comprensivos.

Pensando en el qué dirán

Es sorprendente lo mucho que nos afecta el famoso “qué dirán” (pobre pavorreal). Aunque no seamos adolescentes; aunque tengamos 35 años y nuestras prioridades “claras”.

Supongo que momentos como estos llegan en la vida a manera de verdaderos tests: ¿qué es lo que en realidad te hace quien eres? Tomar una decisión u otra sólo te ayuda a reafirmar esa eterna búsqueda de quién eres y cómo eres. Así que el resultado siempre debería ser positivo.

En mi caso, decirlo de frente y pronto fue la mejor decisión. No sólo me dio tranquilidad sino que me reconcilié con la imagen que siempre he tenido de mi misma y además, pude conocer un preview de con qué clase de personas iba a trabajar.

Discriminar por embarazo es ilegal

A partir de eso he leído y oído todo tipo de historias. Mujeres que buscan trabajo ya con un embarazo adelantado; jefes que sí hacen jetas; jefes que se desviven en felicitaciones; mujeres que han corrido de sus empleos; mujeres discriminadas “sutilmente”; mujeres promovidas a medio embarazo; mujeres que optaron por renunciar; conflictos existenciales, legales, morales. Todos coinciden en que discriminar a una mujer embarazada es ilegal, pero todos aceptan que es algo que se piensa y que se padece.

Sabemos que una de las consecuencias más graves de la discriminación es cómo afecta la autoimagen. Lo que los demás te orillan a pensar de ti misma. Eso es lo que más duele. Creerte inadecuada, sentirte incapaz por razones que nada tienen que ver con serlo o no. Por ser mujer, por ser quien se embaraza. Por pensar que harías lo que fuera por que este embarazo le toque a tu pareja, y no a ti.

La palabra inadecuada es muy fuerte. Es no ser apropiado para alguien, es no cumplir con la norma, con lo que se espera de ti… con lo que tú misma esperas de ti. Sacudirte esa sensación requiere de mucha fuerza interior, de llorar un poco, secarte las lágrimas, diferenciar las tonterías de las que no lo son, entender qué es apropiado para ti misma y seguir.

Ya sea con un embarazo, o con la simple y muy compleja sensación de fallarle a los demás, abrazarte a ti misma y escucharte sigue siendo la más básica de las respuestas.