«No tener pareja no es estar sola» y otros antídotos para el amor Disney

De lo más bonito que nos ha dejado cuestionar el amor Disney es reconocer que no necesitamos tener una pareja para sentirnos acompañadas y queridas. Y tampoco es indispensable que nuestro novio, esposo, crush sea el vínculo más importante de nuestras vidas.

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Estoy soltera, pero no siento que esté sola ni me considero una persona solitaria. Tengo 39 años y, si junto todas las relaciones de noviazgo que he tenido, apenas llego a cinco años con pareja; es decir, he pasado la mayor parte de mi vida soltera. Y no voy a mentir, me he sentido “sola”, pero jamás he transitado mi soltería en soledad.

En los últimos años que no he tenido pareja estable y he acompañado distintas separaciones y divorcios de mujeres cercanas a mí, me he percatado de algunas expresiones que me duele escuchar: dicen “estoy sola” porque están solteras, divorciadas, viudas o porque a su lado “solo” tienen hijes o amistades, pero no pareja.

No tener esposo, novio o vínculo sexoafectivo no es estar sola, “sola” en ese sentido de lástima desgarradora hacia una misma, pero el patriarcado —mediante uno de sus brazos más poderosos, el amor romántico o “amor Disney”, en palabras de Brigitte Vasallo— se ha encargado de sembrar en nosotras esa incomodidad con la soltería.

Las redes sociales han potencializado este fenómeno de “sentirnos solas” porque no tenemos el Instagram plagado de fotos compartiendo el amor en pareja, porque no hay a quién dejarle mensajes cursis a la vista de todo mundo, porque nos invitaron a una boda donde solo nos dieron un boleto y ¿con quién me voy a tomar fotos?, mientras vemos que todas esas parejas pasan frente a nuestros ojos solteros y solitarios. “¿Es entonces la vida en pareja la que nos libra de la soledad?”, me descubro dándole vueltas a esto en mi cabeza.

¿Por qué la soltería no es igual a soledad?

Los estereotipos que insisten en que soltería significa soledad pasan por alto la diversidad de experiencias entre los 40 millones de personas mayores de 15 años en México (el 43% contando solterxs, divorciadxs, viudxs y separadxs) que no están en matrimonio o viven en unión libre. Los datos de noviazgo no aparecen en el INEGI, pero los divorcios sí, y mientras en el año 2000 había siete disoluciones por cada 100 matrimonios, al año 2021 fueron 33.

¡El amor es ilimitado! Cómo repensar el amor de pareja y reforzar todos nuestros vínculos

Viéndolo así, ¿a poco no es raro decir que estamos solas cuando hay 40 millones de personas solteras en un país donde hay casi 127 millones de habitantes, o en un mundo donde coexistimos 8 billones de seres humanos?

Hay personas solteras y otras casadas que están crónicamente solas. La soledad no depende de un estado civil, sino de cómo nos sentimos en el mundo, y es una sensación de dolor tan válida como verdadera, pero que poco o nada debería tener que ver con tener o no una pareja a nuestro lado.

Hasta nunca, amor Disney

El mito de la media naranja es uno de los más cruelmente insertados en nuestra cultura del amor. Fey no nos ayudó mucho con esa canción tan pegajosa. Tampoco aprendernos de memoria los diálogos de La Sirenita. Mucho menos ver a las brujas de los cuentos de hadas como las mayores perdedoras —que por cierto, jamás tenían pareja— y regodearnos cuando su castigo era quedarse desterradas, solas o sin el amor que las afortunadas saben llegará a complementarlas en forma de un príncipe azul.

En una sociedad patriarcal donde no hay lugar para calificar de “bueno” cualquier otro tipo de amor que no sea el romántico, el monógamo heterosexual, el Disney,, el que se admira como triunfo en la vida, es difícil construir nuevas opciones que desmantelen este ideal. En parte porque hemos crecido con esas ideas, en parte también porque no conocemos cómo construir felicidad en otras posibilidades de amor; no es algo que nos enseñen en la escuela, ni sobre lo que se hable en casa. No obstante, sí existen formas de desmantelar esa estructura llamada “amor romántico”.

“Superar el paradigma del amor romántico es urgente, pero tampoco resulta sencillo borrar décadas de adoctrinamiento en el método Disney. Debemos cuestionar el deseo, pero el propio, no el ajeno. El goce es un derecho que hemos conquistado, pero cuando se vuelve una obligación deviene agotador”, escribe Alaíde Ventura en un ensayo sobre El fin del amor, libro de Tamara Tenenbaum. Así como lo explican las autoras, si bien el amor romántico no es algo que pueda borrarse como huellas en la arena junto a las olas del mar, tampoco es imposible.

Tu crush, novia, novie, vínculo no tiene que ser tu relación más importante

El llamado AMOR es un constructo social que así como se fue creando e incrustando en nuestras culturas, también se puede transformar al llevar a cabo acciones que comiencen a construir ideas menos dañinas sobre él.

Una de las claves radica en dejar de ver las relaciones como una jerarquía, donde esa pareja con la que tenemos intimidad sexual es la persona más importante. La verdadera revolución entonces radicaría en que nos importe toda la gente que amamos y forma parte de nuestra vida.

“Tenemos que desmontar la jerarquía (del amor único) y hacer que el entorno, que las relaciones con nuestras amigas, con nuestra red afectiva tomen un peso ahí”, dijo Brigitte Vasallo en una entrevista a PlayGround. Es importante cambiar el pensamiento de frases como “es que SOLO somos amigos”, “vine a una fiesta y estoy sola”, cuando estamos rodeadas de amigas que conocemos desde que éramos adolescentes. La amistad es súper importante, decir que alguien es tu amiga o tu amigo es una definición que debe tener peso, no dejar a la amistad como algo de segunda clase. “Si generásemos auténticas redes afectivas estaríamos mucho más protegidas contra el capitalismo destructor. Si pudiésemos crear redes sociales y formas de relacionarnos más allá del vínculo familia —que es a lo que vamos finalmente con el amor de pareja—, más allá de la sangre, estaríamos mucho más acompañadas”, añade la autora.

Hay amistades longevas donde los lazos a menudo unen mucho más fuerte que el romance. Preceden y suceden. Cuando asisto a la boda de una amistad cercana, he pensado en cómo he conocido a dicha persona por más tiempo que su futuro cónyuge. No puedo reclamar la intimidad sexual, pero hay una intimidad de tiempo que es en cierto modo más profunda que la conexión que disfrutan los recién casados.

Vivir el confinamiento en pandemia únicamente con el gato sí me hizo sentirme sola, pero a la par me hizo darme cuenta de que el contacto físico que más extrañaba no era el de alguna pareja sino el de mis amigas, mis amigos y el de mi familia, ese que he tenido durante mis 39 años de vida y que ha sido la razón más poderosa para no saberme sola.

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