El discurso de Fabiana Zepeda o por qué tenemos que hablar de cuidados

La enfermera Fabiana Zepeda dio un discurso sobre los cuidados que debería abrir un nuevo debate en el discurso sobre la pandemia por Covid-19.

Foto. Rawpixel

“Para poder cuidar es necesario que te cuiden”. Eso dijo Fabiana Zepeda Arias, jefa de la división de Programas de Enfermería del IMSS, en la conferencia vespertina en Palacio Nacional.

Los encabezados de los medios de comunicación adjetivaron su discurso con frases como: “emotivo discurso”, “conmovedor mensaje” o “entre lágrimas hizo un llamado…”

¿Fue eso lo que nos dijo Fabiana?, ¿o más bien hizo un discurso que también era político?

La pandemia nos ha hecho ver problemas estructurales que ya estaban ahí, pero que la crisis ha subrayado. Por ejemplo, cómo se ha invisibilizado y violentado a diversos sectores.

Hay algo importante que el Estado no ha visto durante décadas y que la jefa Fabiana recordó el 20 de abril: ¿quién cuida a quién nos cuida?

Trabajo de cuidados y cuidadoras

Como dijo la escritora Brenda Navarro en una entrevista para Pie de Página, debemos redefinir al Estado para que existan políticas públicas que cuiden la vida y en especial a las mujeres que hacen este trabajo de cuidados.

Ella señala que las cuidadoras son mujeres pobres, sin atención médica y sin seguridad social que sacrifican sus vidas. Mujeres descuidadas por el Estado.

Todas conocemos a estas mujeres: mi madre, que tras largas jornadas de trabajo, tiene que cuidar a mis hermanas. Mi prima, que tiene dividirse entre obtener recursos para sobrevivir y comer y maternar bajo un sistema que excluye a las madres solteras.

Mi tía, que es trabajadora del hogar pero que no tiene seguridad social que la cuide. Mis amigas, que tienen que cuidar a sus amigas y reforzar sus protocolos de seguridad ante la incapacidad de un sistema de justicia por protegernos de la violencia machista.  

La feminización de los cuidados existe y es importante visibilizarla, porque al hacerlo queda claro cómo hemos dejado solas a quienes están en la primera línea de cuidados, no solo en esta pandemia, sino siempre.

Según la OMS, siete de cada 10 profesionales del sector social y de salud son mujeres y en promedio perciben 28% menos de ingresos que sus pares hombres.  

Asa Regner, subsecretaria de la ONU, nos dice que, además, estas trabajadoras sanitarias, cuidadoras y líderes comunitarias están “operando en condiciones precarias y, en muchos casos, sin los insumos básicos para garantizar la mínima protección contra el virus”.

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Sobre cuidados invisibles

El estudio “Cuidados invisibles: ¿Son suficientemente reconocidos?” habla del proceso de profesionalización de la enfermería en los pasados 150 años y cómo, a pesar de eso, el trabajo de las y los profesionales es poco reconocido.

Los cuidados invisibles se entienden como “acciones intencionadas de los profesionales que en un principio no serían ‘registrables’ (dar una tila, acomodar una almohada, cuidar la intimidad y el confort, tacto, proximidad, etc.) como las acciones que serían susceptibles de registrar”.

Estas acciones “registrables” son consideradas más importantes que las no registrables, ya que sí se pueden medir.

Para las personas autoras del estudio, los cuidados invisibles constituyen una extensión del rol asignado a las mujeres sobre el cuidado del hogar y también de ahí viene su escaso reconocimiento social y económico.

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Cuidar es un trabajo

La jefa Fabiana Zepeda Arias tiene a cargo a 131 mil enfermeras y enfermeros. Lleva 27 años siendo cuidadora del sistema de salud y ahora no solo enfrenta una pandemia, sino la discriminación y las agresiones que ha sufrido personal de salud.

Que se rompa frente a una conferencia de prensa no solo desarma el formalismo estático que los servidores públicos nos demuestran en sus discursos (un formalismo que habla sobre las masculinidades tóxicas y las jerarquías entre el poder y los ciudadanxs), sino también nos lleva a pensar sobre las resistencias.

Ya autoras como Cristina Morini y Alejandra Eme Vázquez han hablado de cómo los cuidados no son sinónimo de amor, y no deberían serlo necesariamente.

Es decir, “los cuidados son procedimientos que se activan para poder solventar una necesidad. Ya sea específica o más general. El cuidado puede tener o no afecto.” explica Alejandra en Pie de Página.

Por eso, es importante poner en la mesa el trabajo de cuidados como una base indispensable en el engranaje social, no sólo desde ese romanticismo que se da por hecho en las cuidadoras, sino como un trabajo que se sostiene bajo la precarización.