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Así es como la transfobia afecta a algunas atletas racializadas

Valu Angola reflexiona en este texto sobre las implicaciones del auge de los discursos transfóbicos y cómo afecta a mujeres cis, especialmente negras.

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El deporte es un lugar en el que los discursos de transfobia también participan y en el que las violencias hacia corporalidades no hegemónicas se perpetúan, como contra atletas racializadas.

Ante auge de los discursos transexcluyente en los últimos tiempos en México y en la región, los cuales afirman que el sexo, supuestamente natural, es lo que define el género, hoy me propuse escribir sobre la violencia que viven algunas mujeres negras que, a pesar de que cuentan con las «caracterísiticas biológicas» de una mujer, no son consideradas como tales.

Mujeres negras que son vistas con violento sospechosismo porque según la limitada mirada eurocéntrica y occidental no parecen serlo. Es el caso de la sudafricana Caster Semenya, de las namibias Christine Mboma y Beatrice Masilingi, la burundesa Francine Niyonsaba y la nigeriana Margaret Wambui. Mujeres negras, atletas, africanas.

Hace tres años se publicó la noticia de que la atleta y corredora sudafricana Caster Semenya sería descalificada de una importante competencia por sus niveles elevados de testosterona, la mal llamada «hormona sexual masculina». El Tribunal de Arbitraje Deportivo dijo que la medida, aunque discriminatoria, era necesaria para proteger «la integridad del deporte femenino».

Por años, Semenya ha sido víctima de un acoso brutal no solo por parte de las autoridades deportivas que la han sometido a violentos exámenes médicos y a medicación para disminuir sus niveles naturales de testosterona, sino también de la prensa y los medios masivos de comunicación.

La testosterona, ¿la hormona sexual masculina?

Vale la pena mencionar que Christine Mboma, Beatrice Masilingi, Francine Niyonsaba y Margaret Wambui también fueron descalificadas de competencias deportivas porque sus niveles de testosterona tampoco se consideraron normales.

Pero, ¿quiénes establecen cuál es el nivel normal de testosterona para un cuerpo? ¿Acaso la normalidad tiene sesgo de raza?

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La testosterona, mal llamada la hormona sexual masculina, está presente en todos los cuerpos sin excepción y sin importar el género, la necesitamos y producimos. Relacionar la testosterona con lo masculino impide que podamos ver que las mujeres y otras identidades sexogenéricas también necesitamos de dicha hormona para el funcionamiento de nuestro metabolismo.

Según Katrina Karkazis y Rebecca M. Jordan-Young en El mito de la testosterona y la discriminación contra Caster Semenya, un texto de opinión publicado en The New York Times, la testosterona sirve para la piel, los huesos, el desarrollo muscular, el cerebro, entre otros, no únicamente para las funciones sexuales. Karkazis y Jordan-Young son autoras del libro Testosterone: An Unauthorized Biography.

La equivocada idea sobre la relación de la testosterona con un mejor desempeño físico persiste en las instituciones deportivas. Y este argumento falso también ha sido clave de los discursos transfóbicos.

Además, las autoras comentan que existen diversos estudios que demuestran que no existe una causalidad entre el rendimiento deportivo y la producción de la testosterona. Un estudio, publicado en Journal of Sports Sciences en 2004, no encontró relación alguna entre los niveles de testosterona y la fuerza explosiva de los atletas que participaron en el mismo.

Pese a esto, la equivocada idea sobre la relación de la testosterona con un mejor desempeño físico persiste en las instituciones deportivas. Y este argumento falso también ha sido clave de los discursos transfóbicos.

Transfobia y racismo contra atletas racializadas

Las autoridades del atletismo determinaron que deportistas como Caster Semenya con niveles elevados de testosterona deberán medicarse para competir en las pruebas deportivas. Esta medida es discriminatoria y según Katrina Karkazis y Rebecca M. Jordan-Young este tipo de medicamentos pueden tener efectos secundarios importantes sobre la salud física y mental de las atletas, como fatiga, depresión, hasta pérdida de masa muscular y otros.

Es absurdo creer que el éxito de una persona que se dedica al atletismo depende únicamente de una hormona. La dedicación, el tiempo, el esfuerzo, la práctica constante que estas mujeres negras africanas colocan todos los días en su entrenamiento queda de lado cuando se explica su desempeño como deportistas a través de la testosterona.

Hay otras cualidades no biológicas, como la fortaleza mental y emocional, que también construyen cuerpos virtuosos. Sí, somos un cuerpo, pero no estamos hechos solo de huesos, carne y órganos, también somos emocionalidad, sensibilidad y pensamiento.

¿Qué es lo «normal» y de dónde surgen esos parámetros?

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El caso de Caster Semenya abre una álgida reflexión sobre cómo la ciencia construye parámetros de normalidad corporal y define los criterios de diferenciación entre los sexos. La ciencia ha determinado a través de mediciones racistas, capacitistas y eurocéntricas de los cuerpos quiénes sí son aceptables, deseables, vivibles; cuerpos aptos para las competencias deportivas.

Los parámetros de normalidad que la ciencia ha construido (también a través de prácticas muy violentas de exploración y medición que han implicado el racismo) imponen con violencia el binarismo del sexo-género y pasan por alto el reconocimiento de la existencia de zonas grises, zonas de indefinición y fluidez en el que habitan muchas personas.

Tampoco es casualidad que en su gran mayoría las mujeres que han sido afectadas por las decisiones de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF) sean mujeres negras africanas. Es evidente que la persecución hacia las atletas no está fundamentada en un asunto médico o científico, sino en una cuestión de apariencia, de racismo.

Es momento de que las personas que se dedican a la investigación científica puedan notar sus sesgos racistas y de género. Los criterios de la normalidad de la testosterona son los criterios de la blanquitud. Mientras Caster Semenya ha sido criticada, deportistas como Michael Phelps han sido celebrados por su «extraordinaria genética» y cualidades físicas que salen de la «normalidad».

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