Las Panas, el pan como pretexto para el acompañamiento y la sanación

Esta iniciativa es un espacio seguro para acompañar a mujeres de escasos recursos que sufren de diferentes violencias. Se tejen redes, se busca autonomía económica y se aprende sobre autocuidado y panadería.

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Rosalía Trujano Ortega recuerda vívidamente la vez que la llevaron a ella y a las otras infancias de su kínder a una panadería que estaba cerca de la tienda de su familia nuclear, que en ese entonces eran comerciantes. El aroma de las galletas quedó presente en su memoria y el tema de aprender a hacer pan estaba ahí en sus deseos. Nunca se imaginó que esta labor se convertiría en un pretexto para tejer redes de apoyo a mujeres en Las Panas.

En 2016 fundó Las Panas como un espacio seguro para acompañar a mujeres de escasos recursos que sufren de diferentes violencias y con el cual, a la fecha, han apoyado a más de 500.

A través de estos años han trabajado en diferentes espacios físicos, de La Merced a la Santa María la Ribera y ahora en Iztapalapa, algunos han sido tiempos más complicados que otros. En su devenir han estado diversas personas y organizaciones que las han apoyado. Han tenido cambios, errores, aprendizajes y descubrimientos, pero su misión sigue intacta.

«Además de proporcionar acompañamiento psicológico y emocional, Las Panas buscan fortalecer la autonomía económica de las mujeres a través de su capacitación en el oficio de panadería»

Recursos de ayuda para mujeres. De asesoría legal a datos sobre sexualidad

Además de proporcionar acompañamiento psicológico y emocional, Las Panas buscan fortalecer la autonomía económica de las mujeres a través de su capacitación en el oficio de panadería, que les permita emplearse o autoemplearse como una estrategia para salir de entornos de riesgo. El pan es una herramienta tangible para salir de situaciones de violencia y dependencia económica.

El 82% de las que han participado en algún momento en sus talleres gratuitos ahora tienen alternativas para salir de situaciones de violencia, además de que para el 74% de ellas el pan es una manera para generar ingresos propios. El proyecto está enfocado por ahora, en las que provienen, sobre todo, de zonas socialmente vulnerables de la Ciudad de México y el Estado de México, en los que se registran altos índices de feminicidios y desapariciones. En su fase actual, ya comienzan a trabajar con migrantes y con mujeres con discapacidad visual o que acaban de salir de la privación de su libertad.

Previo a comenzar este proyecto, en 2015, Rosalía y dos amigas jaraneras comenzaron a entrarle al mundo del pan como pasatiempo lo que luego se fue convirtiendo en una manera de conocerse entre amasada, leudada y horneada. Ella iba saliendo de una mala relación de pareja y todavía no tenía acuerpado e interiorizado el feminismo en su vida. Pero este pasatiempo se volvió algo que le gusto más y más por lo que provocaba.

Ella estudió psicología y una maestría en trabajo social, trabajó con violencias y juventudes. Las Panas es consecuencia de que, en su búsqueda por hacer lazos vecinales convocó a las mujeres del edificio en el que vivía a que, con su hornito, lograrán algunos panes sencillos. Si bien su primera intención era hacer un mapa de riesgos de la zona, no era eso lo que ellas necesitaban sino que estos encuentros se volvieron un momento para conversar de problemáticas y desigualdades como acoso callejero y violencia intrafamiliar.

Rosalía decidió entonces desarrollar una metodología: proponía los temas, se aceptaban comunitariamente, se organizaban, se escuchaban. Ella establece sus principios de forma clara: pertenece a la escuela de las intervenciones sociales comunitarias en las que vas al barrio e invitas cara a cara, esto permite que haya cohesión, que la gente se reconozca, se ayude, que no sea ajena y que si en algún punto corren peligro, haya cobijo. Algo vital es que en sus talleres no se busca aleccionar con teoría sino que se dan herramientas y las mujeres son las expertas en sus vidas:

«Cada quien tiene una historia y no les podemos decir ve y deja a tu marido. Justo hay que ir cachando eso y no juzgar»

Rosalía Trujano

«Cada quien tiene una historia y no les podemos decir ve y deja a tu marido. Justo hay que ir cachando eso y no juzgar. Ya tenía experiencia porque trabajaba en espacios comunitarios y fue más claro con eso detrás, pero se nos da fácil querer irnos por otro lado, así que hicimos reglas básicas como hablar desde el yo, evitar juicios y todas las que las mujeres quieran ir agregando para crear espacios de convivencia respetuosos».

Cómo funcionan Las Panas

Los talleres de Las Panas constan de siete sesiones y se realizan cada 15 días, a fin de que las mujeres tengan oportunidad de organizarse con sus actividades cotidianas. Estos duran seis horas y se enseña una técnica diferente de pan, así como temas que van desde el auto cuidado hasta tipos de violencias. Además, hay dos sesiones más de acompañamiento con otras mujeres que tienen negocios y que les comparten conocimientos que puedan ayudarlas.

También hay compañeras que reciben terapias individuales con perspectiva feminista: «se abren cosas y aunque ya hay cierto nivel de sensibilización, otras nunca se han acercado a procesos psicológicos y tienen la creencia de que solo se va a terapia cuando se está muy mal, de que estoy loca, entonces voy a terapia. Se sigue teniendo ese estigma». Hay casos que a veces se llegan a canalizar por otras vías (cuando necesitan ir a refugios, buscar asesoría legal, entre otros).

«Queremos en un futuro dar espacios de sensibilización con perspectiva de género a las panaderías más grandes»

Rosalía Trujano

Una característica importante es que tienen muy claro que se trabaja desde entornos vulnerables en varios niveles. Es por eso que las técnicas de pan que se enseñan cada año van cambiando. Deben ser panes sencillos y vendibles. Han adaptado recetas para que sean más prácticas y que no solo requieran de hornos sino que se hagan en la estufa, en planchas u ollas a fin de comprender y ser empáticas a las que menos recursos tienen.

Asimismo, promueven voluntariados con otras panaderías militantes y después, algunas mujeres hasta se quedan a trabajar ahí. Lugares como Vendaval cooperativa panera en la San Rafael o Rojo y negro en Pedregal de Santo Domingo son algunas con las que puede haber entendimiento social ya que hay mayor claridad de lo que representa el trabajo digno: «queremos en un futuro dar espacios de sensibilización con perspectiva de género a las panaderías más grandes», añade Rosalía.

Además, hay una opción para que las mujeres que quieran aportar a la causa de Las Panas, y a la vez aprender, entren a la dinámica de Un taller pagado, un taller donado. Con un costo entre 800 y 900 pesos, en ellos se enseñan panes temporada como rosca de reyes, panettone o los que se decidan cada año. Otra acción es que hacen horneadas quincenales en las que se vende pan, y aunque ahora todo lo comunican en redes sociales, suelen pegar carteles en donde estén, pues como ya se mencionó, lo que les importa es que se generen acciones barriales.

Un paso importante para Las Panas en este 2022 es el lanzamiento de su campaña Amasando autonomía con el objetivo recaudar fondos para inaugurar la primera panadería social feminista en México, que es la materialización del espacio que siempre han soñado. Rosalía es enfática: «no podemos seguir dependiendo de instancias gubernamentales que dan apoyos nulos o muy bajos». 2020 acabó con sus ahorros y aunque salieron adelante, necesitan más planes estratégicos.

Quieren un local físico donde las mujeres sean las protagonistas y puedan vender sus alimentos: «lo que este proyecto nos ha dejado claro es la resignificación de la cocina. Tenemos una frase que es Horneamos insurrección y no la creamos nosotras, la vi en un sticker en un bazar y se me grabó pues eso es lo que hacemos. En las cocinas podemos compartir sexualidades, saberes, se da una complicidad muy cabrona. Recuperamos los hornos, los espacios donde las mujeres son libres y pueden practicar, conocerse (…) Las panaderías son de hombres que sí porque hay que cargar los costales, que si la amasada. Hay compañeras que han buscado empleo fuera de esta red y el pero es ‘Ay, no vas a poder’ y hay compas que dicen ‘claro que sí puedo’».

«Somos más que pan: detrás hay un montón de mujeres, ese siempre ha sido el pretexto»

Rosalía Trujano

El tema es que sea 100% de mujeres sin afanes separatistas, pero sí enfáticos. Tener un espacio abierto al público les va a permitir no ser nómadas de horno en horno, les permitirá emplear a más, profesionalizarse, tener más equipo, capacitar más compañeras, tener ingresos justos, ser independientes en colectividad. «Somos más que pan: detrás hay un montón de mujeres, ese siempre ha sido el pretexto», dice Rosalía.

Su meta económica es de dos millones 200 mil pesos a obtener de marzo a junio de 2022 y hay varias maneras de apoyarlas:

  • Desde la plataforma Hipgive en marzo.
  • Donando en efectivo a BBVA México, cuenta: 0105858879, CLABE: 012180001058588795, a nombre de Las Panas Cohesión Cocción.
  • Donando en especie (los donativos son deducibles de impuestos).

Entre sus principales alianzas están Kering Foundation, Fondo Semillas e Indesol, así como voceras entre las cuales están la comunicadora Tamara de Anda y la rapera Audry Funk quienes están cercanas al activismo de género. Con Rosalía hay más equipo como Dhira Villanueva Hernández, Karina de la Torre y otres más. Ellas continúan creciendo juntas, están las que fueron y las que van llegando han dado su esfuerzo y trabajo.

Las redes sanan: «a mí me cambió la vida totalmente. Desde la convivencia con mujeres, pude tener sanación con mi propia madre, con mis hermanas, vislumbrar la relación con ellas, con mis tías y con mi padre, con mis parejas sexo afectivas, con mi apertura sexual. En realidad, me espejeo un montón. Cada taller que damos es un espejo, aprendemos, nos reflejamos todas. Cuando estamos frente a grupo es enriquecedor. Nunca hemos pensado que vamos a enseñarles nada. Aprendemos juntas».

Ella está convencida de que las mujeres somos capaces de crear espacios muy sanadores: «si hay que trabajar con masculinos lo hago, pero prefiero estar con mujeres ya que las dinámicas cambian, sin generalizar, se anula la competencia. Conforme me reconocí en las demás compañeras, me sentí apapachada, fortalecida, en un espacio seguro. Nos volvemos compas, hermanas, redes de apoyo. No somos perfectas porque también es cierto que cuando trabajamos violencias y las reconocemos, también somos reproductoras y hay que estar platicando sobre eso».

Rosalía finaliza con algo sumamente político y poderoso: la sanación puede ser vista como un acto de justicia social. Las mujeres tenemos derechos y entre ellos está el vivir mejor —y qué mejor si hay pan en ese camino—.

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