¿Qué es la demisexualidad? Cuando coger necesita mucho más que atracción

Sigamos cuestionándolo todo y repensando nuestras relaciones erótico-afectivas. Qué gozada es la diversidad. Exploremos juntes qué es la demisexualidad, ¿te sientes identificade?

Foto. Marie S

Texto: Katia Rejón

«Tienes que salir a navegar», me dijo una amiga durante un viaje que hicimos juntas. Hablábamos de relaciones y ella tenía reseñas positivas de su vida poliamorosa, pero para mí sus palabras fueron como una maldición que me acompañó varios años junto a la pregunta de «¿por qué el placer tiene que sentirse como penitencia?»

Estoy segura de que su consejo era bienintencionado, pero la sola idea de tener parejas ocasionales me causaba incomodidad.

Así que por mucho tiempo pensé que era porque no estaba suficientemente deconstruida o porque vivía con una represión sexual.

Tengo 27 años y solo he sentido atracción sexual por dos personas en toda la vida. Disfruto del sexo y tengo deseo sexuales frecuentemente.

Sin embargo, muchas veces ese deseo no tiene destinatario, ni es una de mis preocupaciones principales en la vida y si veo un hombre atractivo en poca ropa (y sí que los he visto) es muy probable que no sienta absolutamente nada. 

Para ilustrarlo mejor: Si alguien me preguntara si prefiero una buena hora de sexo con un adonis o unos chilaquiles, respondería que verdes, por favor. 

Qué es la demisexualidad. ¿Sexo por convivir? Nop

Conocí el término demisexual hace como cuatro años y aunque me sentí identificada, el hecho de que fuera parte del espectro de la asexualidad no terminaba de encajar conmigo. 

En ese entonces no sabía que no existe una checklist de qué es la demisexualidad y que las experiencias sexoafectivas son mucho más diversas de lo que pensamos.  

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Por un lado está la alosexualidad en la que entran todas las personas que sienten atracción sexual por las demás, independientemente de cómo se identifiquen o cuál sea su orientación.

En el otro extremo, está la asexualidad que significa sentir nada o casi nada de atracción sexual; y en medio hay un área de varios tonos de gris. 

5 consejos para entender y deconstruir los celos

La sexóloga Gabriela Merlos (Krystal de Sade) explica que las personas demisexuales no experimentan atracción sexual hasta que forman una conexión emocional profunda con alguien, y ésta puede ser romántica o incluso platónica.

La primera relación amorosa que tuve fue con mi mejor amigo de la escuela por quien no sentí atracción hasta que nuestra amistad se hizo profunda.

La segunda fue distinta, habíamos intercambiado mensajes pero no nos habíamos visto en persona. Cuando nos conocimos, sentí una atracción física muy fuerte. 

Demisexualidad: atracción sexual primaria y secundaria

Existen dos tipos de atracción sexual: la primaria y la secundaria.

La primaria es la posible excitación por otra persona solo con la información disponible a primera vista; la secundaria se da tiempo después cuando otras variables entran en juego. 

En la demisexualidad, la primaria no ocurre nunca o casi nunca; pero sí la secundaria. Podemos sentir atracción estética o física pero eso no siempre tiene que venir acompañada de la sexual. 

Si bien, la primera vez que lo vi sentí algo que no había sentido jamás y la atracción sexual fue mucho más rápida que en la anterior experiencia, mi primera reacción no fue: «quiero quitarle la ropa» sino «quiero saber todo de esta persona».

Quienes nos identificamos dentro del área gris de la sexualidad tendemos a pensar que hay algo que corregir y el entorno hipersexualizado se encarga de reafirmarlo.

Solemos patologizar lo que no está normalizado y creemos (adivino que erróneamente) que el resto del mundo tiene sexo desenfrenado diariamente. 

He perdido la cuenta de las cosas que me han dicho cuando sugiero que no me dan ganas de propiciar un encuentro sexual: es que no has probado tal cosa, es que no has superado a tu ex pareja, es que estás muy estresada, etcétera. 

Nuevas relaciones sexoafectivas sin culpa

Y todavía así, intenté salir a navegar.

Cuando vivía mi soltería sin preocupaciones ni necesidades, descargué Tinder y hasta me emocioné con hacer match.

Conocí a un ruso que vivía en un estado cercano al mío y justo estaba de visita en mi ciudad. Hablamos de vez en cuando y después se volvió obvio que el siguiente paso era vernos. Todo terminó en el segundo en el que empezó a coquetear abiertamente conmigo y a mí me invadió una especie de pesadez, como si lo que me esperara no fuera una cita con el placer sino con la obligación. 

Gabriela Merlos dice que la presión social de salir a experimentar e intentar relaciones sexoafectivas, a pesar de no tener el más remoto interés, es algo frecuente. 

Esto inicia en la adolescencia pero también es común en la edad adulta e incluso parejas pueden sentir que tienen un problema más profundo por no tener sexo constantemente ya sea porque eso es lo que se espera o porque es una necesidad real para ellas. 

«Las etiquetas son necesarias porque lo que no se nombra no existe»

Para escribir este artículo, hablé con varias personas que se identifican como demisexuales y me sorprendió que muchas de ellas no están seguras o prefieren no etiquetarse.

Navegando por las aguas grises de la sexualidad encontré que hay muchísimas categorías del espectro asexual, incluso hay una etiqueta para los que no tienen etiqueta.

Mi conclusión es que tantas categorías para nombrar las relaciones sexoafectivas nos demuestran que no hay reglas ni definiciones cuando hablamos de individualidades.

Es totalmente comprensible que alguien no quiera encasillarse en un término, sin embargo, encontrar que existe algo llamado demisexualidad para muchas ha sido un gran alivio.

«Las etiquetas son necesarias porque lo que no se nombra no existe. Puedes poner un nombre a la forma en la que vives tus relaciones o no. La cuestión es si te sientes cómoda», opina Gabriela Merlos.

La decisión es personal, pero en lo social es importante comprender que si una persona no tiene atracción sexual estándar no está mal, ni está reprimiendo nada: no hay nada que reprimir.

Obligarnos a sentir algo que no sentimos ni tenemos interés en sentir sí reprime otro tipo de emociones y necesidades.

«¿Por qué podemos aceptar el hecho de que las personas se relacionen sexualmente sin afecto, pero es impensable relacionarse afectivamente sin sexo?»

Cindy Santos, una mujer que se identifica como lesbiana y demisexual, hace una pregunta fundamental:

«¿Por qué podemos aceptar el hecho de que las personas se relacionen sexualmente sin afecto, pero es impensable relacionarse afectivamente sin sexo? No es un combo, son relaciones humanas y podemos vivirlas de formas diferentes».

Aunque parece una queja, nunca habría llegado a este tipo de conclusiones si no fuera por mi amiga.

Gracias a que las mujeres compartimos de forma más abierta nuestras experiencias sexoafectivas es que podemos voltearnos a ver y decir: ¿Por qué yo no? ¿Y a mí qué me gusta? 

Participar de estas conversaciones sin miedo y con la certeza de que la atracción sexual es una pequeñísima parte de toda nuestra sexualidad, que no tiene por qué ser plural. 

Últimamente me he interesado muchísimo en el erotismo y en la búsqueda de placer en lugares que no están necesariamente en otro cuerpo.

Recuerdo las palabras de mi amiga «hay todo un mar ahí afuera» y me gustaría haberle dicho en ese entonces que sí, pero también hay todo un mar aquí adentro.