Qué es la brecha del orgasmo… y cómo puedes cerrarla

La brecha del orgasmo es muy real: las mujeres cis heterosexuales tienen menos orgasmos. Acá te contamos por qué pasa esto y cómo puedes contribuir a cerrarla. La buena noticia: será muy placentero intentar.

brecha del orgasmo
Fotografía. Dainis Graveris

Por: Sara Elisa Galván Brull

Desde hace algunos años me empecé a involucrar más en el movimiento feminista. 

Leyendo, viendo documentales y videos de las diferentes luchas e inequidades que hemos enfrentado históricamente las mujeres. Entre ellas la sexualidad. La represión de nuestro cuerpo y mente para vivir y expresar libremente nuestros deseos. 

En esta búsqueda me topé con 2 datos que me volaron la cabeza :

  1. Hasta 2009 se descubrió la anatomía completa del clítoris, nuestro principal órgano sexual
  2. En la Biblioteca Nacional de Medicina de los EUA existen 2,120 estudios de disfunción eréctil…  de vaginismo, 11.

Estos datos me hicieron entender que el miedo y la represión de nuestra sexualidad tiene un impacto no sólo en nuestra expresión, sino también en nuestra salud sexual.

Conforme aprendía y platicaba cada vez más con mis amigas, me di cuenta de que muchas teníamos frustraciones y vivencias similares cuando se trataba de nuestro bienestar sexual, pero pocas estaban hablando de eso. Esto me ha llevado a vivir mi activismo a través del conocimiento y la difusión de información que nos permita entender, gozar y tomar control de nuestro cuerpo como acto de rebelión.

Empezando con el tema de “la brecha del orgasmo”. Si nunca habías escuchado hablar de esto, se refiere a la inequidad de orgasmos que tiene los hombres cis en comparación con las mujeres hetero cisgénero 

De acuerdo con un estudio reciente hecho en Estados Unidos, solo el 65% de las mujeres hetero llegan al orgasmo cuando tienen relaciones sexuales , frente al 95% de los hombres heterosexuales. 

No es fácil saber por qué está pasando esto y cómo lo solucionamos. Es un tema cultural en el que intervienen varios factores. Aquí te platico algunos.

Educación y tabúes

Hay quienes desde la infancia crecemos con personas adultas a quienes les causa tanto conflicto nombrar los genitales que prefieren usar términos como “tus partes privadas”, “tu asunto”, “tu pilín”, “tu cosita” o “tu cola”. O, en mejores casos, diciendo vagina cuando se refieren a la vulva. Esto contribuye a que hablar de nuestro cuerpo sea un tabú. 

Otro factor importante es nuestra educación formal, que es en su mayoría educación reproductiva, no sexual.  El discurso gira alrededor de menstruación, enfermedades de transmisión sexual y embarazos, pero rara vez de consentimiento o placer. Ni por equivocación se habla del orgasmo femenino, porque, a diferencia del masculino, el nuestro gira alrededor del placer, no de la reproducción.

La falta de educación integral, sumada a los tabúes de nuestra infancia y adolescencia, tiene un impacto en nuestra expresión sexual a lo largo de nuestra vida.

Masturbación y porno

La masturbación es sana: está comprobado que tiene beneficios fisiológicos e impactos psicológicos en nuestra autoestima, identidad sexual y en nuestra manera de intimar con otras personas.

Lamentablemente, es uno de esos temas plagados de doble moral. Cuando se trata del hombres cis, no solo se conoce sino que se acepta y hasta se promueve la masturbación (¡como debería ser!). Ahh, pero en personas con vulva, la masturbación es tan inaceptable que resulta casi invisible. Está rodeada de estigma y es asociada comúnmente con un sentimiento de culpabilidad y/o vergüenza. 

Vivimos en una cultura que castiga nuestra autoexploración y que tiene como resultado desconocimiento sobre nuestra propia respuesta sexual y el sentido de autonomía sobre nuestro cuerpo y placer. 

Esto da pie a una industria donde por años se consideró únicamente al hombre hetero cis como consumidor: la pornografía.  A falta de otras herramientas,  la pornografía tradicional ha generado una educación llena de desinformación, donde por décadas vimos mujeres “teniendo” orgasmos explosivos después de 10 minutos de mera penetración.

El concepto hetenormado del sexo 

Vivimos en una cultura patriarcal, donde predomina un guion: el sexo inicia con la erección del pene y termina con su eyaculación. En pocas palabras, se resume a coito (penetración pene/vagina). 

Esta visión limitada es en gran parte la razón por la que estamos teniendo menos orgasmos:

La base para disminuir esta brecha de modo personal es la comunicación con tu pareja. 

Si ya te diste la oportunidad de descubrir por ti misma lo que te causa placer, o si al menos tienes claro qué no, el siguiente paso es comunicarlo. Es importante que empecemos a priorizar nuestro placer. 

Tener estas conversaciones con nuestra pareja puede resultar muy incómodo y difícil, son temas que incluso siguen siendo un gran tabú aún con personas de nuestra total confianza. Pero tener la vida sexual a la que aspiramos debemos comenzar con pedir lo que queremos. 

No limites tu placer: cómo disminuir la brecha del orgasmo

Para mí, la brecha se irá disminuyendo conforme exploremos nuestro cuerpo y aprendamos a expresar lo que queremos y lo que no. Para hacerlo podemos empezar por esto:

  1. Mastúrbate. Si no has logrado tener un orgasmo sola, practica.
  2. Una vez que experimentes, trata de identificar cómo llegaste ahí físicamente (frotando tu clitorís, estimulando el punto G, con tu mano, con un juguete, etc) y mentalmente (qué fue lo que te prendió, si tienes alguna fantasía o fetiche o cuál era la narrativa).
  3. Si puedes, date la oportunidad de explorar también con juguetes. Son una gran herramienta que puedes usar para complementar cuando tienes sexo sola o en pareja.
  4. Abre el diálogo con tu pareja. Recuerda que no es una crítica, sino la construcción de un espacio seguro para expresar nuestro deseo.
  5. ¡Habla acerca de la brecha! Una manera de reducir el estigma es teniendo estas conversaciones, no solo con nuestra pareja, sino también con amistades y en otros espacios apropiados.

La satisfacción es diferente para todxs y, aunque el orgasmo es importante, no debería ser la única métrica en la que basemos nuestro bienestar sexual. Tenemos que disfrutar el proceso y el resultado se dará solo.