¿De verdad lo único que necesita el país es «más educación»?

La educación va mucho más allá de las escuelas y los profesores. La pedagogía social nos enseña que es un proceso complejo que, sí, puede cambiar al mundo, pero no como muchas veces nos imaginamos.

pedagogía social

Por: Kupijy Vargas

He notado que, cuando se hace visible un problema social, en redes sociales y en los medios tradicionales se repite la frase “lo que falta en este país en la educación”. Y cuando lo leo me pregunto ¿qué tipo de educación necesitamos?

A los 18 años tuve que elegir una carrera. Para mí fue fácil hacerlo, porque a esa edad tenía una idea muy clara de querer cambiar al mundo y creía que solo había dos opciones para hacerlo: la educación y la salud. 

Muy convencida de esto, intenté encontrar pasión en las batas blancas, el olor a hospital y la anatomía. Sí la tengo por esta última, pero por las otras dos, no. Además, me di cuenta de que necesitaba sentirme parte de la disciplina a la que iba a dedicar toda mi vida.

Fue así que entré a estudiar pedagogía, encontrando en el filósofo brasileño Paulo Freire una voz de esperanza. En los primeros días en la Facultad de Estudios Superiores Acatlán (UNAM), todas las personas del grupo nos presentábamos en cada materia y explicábamos por qué habíamos decidido estudiar esa carrera.

Al pasar los días me di cuenta de que mi respuesta era la misma que la de mis compañeras: pensábamos que la educación era la solución a todo, que era la más noble de las luchas.

Se rompe la ilusión

A pesar de mis convicciones, la carrera me frustró por muchos semestres. Me sentía inconforme con el discurso universitario y enojada porque, cuando regresaba a Oaxaca, veía un contraste enorme, una lista interminable de desigualdades educativas.

Todo lo que yo había aprendido sobre política educativa se manifestaba aquí, con los paros, los plantones y las marchas. Era una ruptura pedagógica y epistémica.

Por ejemplo, en una materia leí un informe sobre reforma educativa, pero en Oaxaca leía consignas de inconformidad con la misma reforma. En la universidad analizamos la forma más pertinente de evaluar y cuáles eran los objetivos de la educación, pero en Oaxaca la evaluación se convertía en algo violento. 

Además, claro, la educación era solo uno de los problemas del estado. El aprendizaje en mi carrera y lo que pasaba en mi lugar de origen tenían una frontera cada vez menos porosa, y la teoría no alcanzaba para explicar lo que sucedía aquí. 

¿La educación soluciona todos nuestros problemas?

En quinto semestre empecé a cursar la preespecialidad en Pedagogía Social. Pensando que tal vez iba a resolver todos mis conflictos. Y resultó que sí.

Fue año de discusiones con mis compañeros, con la guía de la Maestra María de los Ángeles de la Rosa, que voy a recuperar aquí.

Empezamos definiendo la educación desde la pedagogía social: es un proceso de socialización (De la Rosa, 2020). Y como somos seres sociales, todos nos hemos educado. La diferencia es que el proceso se determina por cuestiones culturales, geográficas y lingüísticas que forman parte del contexto en el que crecimos.  Además, es un andar continuo, sin un resultado final palpable. 

Así como la educación es la vía por la que se transmiten valores, costumbres y tradiciones, también a través de ella se articulan sistemas de opresión como el patriarcado, el racismo, el colonialismo y la homofobia. 

Entonces, de regreso a la frase “lo que necesitamos es educación”, según la Maestra de la Rosa, esta es una postura que ignora problemas económicos, políticos o ambientales que no se solucionan con educación. 

También hay que recordar que no solo en los colegios se educa. Aunque las escuelas son el mayor agente socializador del Estado, también educan la familia, los medios, las redes sociales… 

Entonces, claro que la educación es una alternativa de solución para muchos problemas sociales, pero no para todos. Y siempre en conjunto con otras disciplinas. Incluso, si estos problemas no son analizados y cuestionados, se pueden generar aún más problemas. 

Por eso sí, lo que necesitamos es educación, pero una consciente y pertinente para el contexto, que se articule siempre en contra de los sistemas de opresión y no con ellos.