Mi pelo, mi revolución: 3 mujeres que aman su vello corporal

Parece absurdo pero es verdad, el vello corporal de las mujeres todavía genera asombro o hasta repulsión en algunas personas. Sin embargo, para algunas chicas dejarlo crecer es una manera de romper estereotipos y amar el cuerpo con todo lo que implica.

Como parte de nuestra alianza con Dove y Refinery29, platicamos con tres jóvenes mexicanas que se han enfrentado a sus propios prejuicios y a los de la sociedad para encontrar una definición personal de belleza e incrementar su autoestima.

vello corporal
Fotografías por Sofía LB
Collage por Giselle Dessavre

¿Recuerdas la primera vez que pasaste un rastrillo por tus piernas? ¿O el momento en el que alguien dijo que tenías que decirle adiós a los pelos en tus axilas… o tu bigote… o tus cejas… o tus patillas… porque no era considerado algo femenino?

Muchas mujeres empezamos a depilarnos o rasurarnos en la pubertad, en parte porque es lo que nuestras amigas y nuestras mamás hacen, pero también porque pareciera ser requisito indispensable en una sociedad que constantemente se esmera por decirnos qué es aceptable en una mujer.

Sin embargo, una de las mejores partes de crecer e ir descubriéndonos a nosotras mismas es cuestionarnos las reglas de lo que “debe hacer” una mujer, para encontrar lo que nos hace sentir cómodas y seguras.

Como parte de nuestra alianza con Dove y Refinery29 hablamos con Paola, Cecilia y Sofia, tres jóvenes mexicanas que, como muchas otras alrededor del mundo, han decidido dejar crecer su vello corporal en búsqueda de una representación más honesta de ellas mismas y sus procesos.

Cecilia: Repensando la belleza 

vello corporal

La historia de Cecilia es interesante porque muestra lo rápido que pueden cambiar los estándares de belleza. Ella se dejó crecer el vello de las axilas cuando se cansó de que su piel estuviera siempre irritada y lastimada, sin importar el método que usara para eliminarlos. 

Su mamá al principio reaccionó negativamente, pero al platicar se dieron cuenta de que, aunque ellas crecieron pensando que era indispensable remover el vello corporal, no ha sido así en todos los lugares ni en todas las generaciones: 

“Para mi mamá fue difícil, pero ahora ella misma se lo cuestiona. Su mamá, mi abuela, nunca se rasuró, ¡tiene un bigote larguísimo! Y hasta dice ‘una mujer con bozo tiene buen gozo’. En Tierra Caliente, de donde es ella, una mujer con mucho vello es considerada saludable, es hermosa”. 

Cecilia trabaja en galerías y otros proyectos artísticos. Sin embargo, hace poco estuvo en un ambiente más formal, en el que sintió nervios de que se “descubrieran” sus vellos, pero se dio cuenta de que si ella se mostraba segura y con autoestima, nadie la cuestionaba:

“La mayoría de la gente no se da cuenta. Y también creo que si tú estás orgullosa y te aceptas, la gente no tiene valor para decirte algo, eso me ha sorprendido mucho”.

Para Cecilia dejar crecer sus vellos también la ha hecho repensar en las ideas que tenemos sobre la belleza y en cómo las mujeres podemos sentirnos hermosas en nuestros propios términos.

“Yo empecé a depilarme porque me quería ver bonita y lo dejé de hacer porque no me sentía cómoda, pero pasé por todo un proceso de pensar si ya no sería guapa, si estaba perdiendo mi feminidad… me preguntaba si seguía siendo atractiva. Ahora me siento muy contenta y orgullosa”.

Paola: “Esto es lo que soy”

Paola acaba de terminar la carrera de Comunicación. Hace unas semanas, se animó a subir un collage a Instagram en el que habló de su relación con su cuerpo y mostró sus axilas sin depilar. 

Aunque lleva ya varios años dejando que los vellitos de sus piernas sientan el sol y la brisa y unos dos probando lo mismo en sus axilas, esta decisión se sintió importante:

“No sabía si subirla, ¿qué tal si me decían algo o me bloqueaban? Subir esa foto fue un paso más allá, decir ‘esto es lo que soy’”. 

Esto es parte de la evolución en su autoestima: “creo que ha sido un conjunto de muchas cosas. Aceptar a tu cuerpo como es se da paso a paso. Verme como soy y dejarme los vellos ha sido gratificante y básico para tener una mejor relación con mi cuerpo. Aunque claro que hay días en los que todo eso que creo que ya superé, regresa”. 

Junto con sanar la relación sus sus vellos, ha cambiado también su relación ambivalente con el tamaño de sus senos o con su cabello rizado. Ahora intenta abrazar todo eso que ella es con rituales de autocuidado y escuchando lo que necesita: “hay que derribar esas reglas que nos dicen que siempre tenemos que estar activas, que todo el tiempo nos tenemos que ver bellas”. 

Sofía: “lo importante es tener opciones”

“Me parece muy extraño pensar en una niña de 11 o 12 años pensando ‘ya estoy lista para hacer el compromiso de que me depilen con cera”’, me cuenta Sofía, quien está trabajando en su propia línea de lencería.

Y así, desde esa edad, ella siguió eliminando su vello corporal todos los días. En la universidad, una amiga suya dejó de depilarse y después tanto su primer novio como su pareja actual le dijeron que se veía bien cuando su vello estaba creciendo.  

Otra gran influencia fue el cine. Recuerda ver una película en la que la actriz Katherine Keener: “el personaje está tirado en su cama, como que se acaba de levantar y tiene el brazo un poco levantado, así que vi sus vellitos. Pensé que se veía súper hermosa y que yo quisiera ser así, súper natural, etérea”.

También el trabajo de la cineasta feminista Agnes Varda: “a veces se le veía un poquito el bigote, se me hace bellísima y me parece que está súper cool estar tan a gusto con una misma”. 

Sofía cuenta que la mayoría de las personas tienen una reacción positiva o neutra a su cambio, aunque no siempre es el caso. En el trabajo sí se ha encontrado con algo de resistencia y también recuerda cuando su perfil de una app de citas, donde describía que le gustaba ser velluda, acabó en una página de memes:

“Había mujeres en los comentarios diciendo que ‘qué asco’ y no entiendo: probablemente su novio no se rasura, ¿cuál es la diferencia?”. 

Para Sofía, construir su autoestima va de la mano del autocuidado, lo cual vive en pequeños rituales como la exfoliación, oler rico y encontrar otras maneras de estar en contacto con su piel que no sean la depilación: “aún a veces me rasuro, pero me gusta sentir que es porque yo lo decido, porque yo quiero. No me gusta sentir que es una obligación, sino tener una variedad de opciones”.