Una vella cuarentena: cuando nuestro cuerpo nos confronta

Una vella cuarentena es un proyecto de Instagram que celebra nuestro vello corporal y nos invita a reflexionar sobre estos tiempos.

vella cuarentena
Ilustración. Katerina Osa

No sé bien en qué momento empecé a pensar en depilarme, rasurarme y demás acciones para eliminar vello de mi cuerpo como algo opcional y no obligatorio.

Había visto a amigas pasar por ese proceso y me parecía perfecto… para ellas. Pero yo me sentía observada, incómoda. Me sabía de memoria los argumentos a favor de dejarme ser como soy, vella, pero no los había interiorizado.

Creo que fue simplemente la flojera. Al llegar a vivir a CDMX, había meses enteros en los que no usaba faldas o shorts ni blusas sin mangas, así que empecé a rasurarme solo cuando lo “necesitaba”. Y ahora resulta que cada vez lo necesito menos.

Si voy a una boda o a un evento familiar, evito conversaciones incómodas y elimino los vellos, pero fuera de eso, mi vida ya es velluda y fabulosa.

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La vella cuarentena

Con estos tiempos de encierro, muchas otras mujeres se han unido al team pelitos, como reporta la cuenta de Instagram Una vella cuarentena

Decenas de morras ya mandaron sus fotos y reflexiones respecto a cómo, entre todo lo malo, la sana distancia les ha traído un mejor acercamiento a su cuerpo en un estado natural. 

Patty Mora, administradora de la cuenta, cuenta que su relación con sus vellitos era muy estricta, hasta que con la pandemia se dio cuenta de que no conocía su propio cuerpo: “Me sentí muy feliz de conocerme y reconocerme de una manera distinta”.

Al tomarse fotos y platicar con amigas le surgió la idea de crear una cuenta, a la que han escrito mujeres de diferentes partes del mundo, con algunos vellos en común: “La cuarentena nos había regalado a todas un espacio seguro de autoconocimiento”, dice Paty.

“Desde hace unos meses, aprecio y valoro mi cuerpo más que nunca. No depilarme es una forma de amarlo como es, de apreciarme al natural y disfrutarme”, reflexiona una de las colaboradoras en su foto.

Ella, como otras, hablan de que tal vez regresen a los rastrillos y la cera, pero por el momento se sienten cómodas así, porque en sus cuatro paredes pueden experimentar.

Y coincide con lo que me dice mi amiga Nic, para quien antes los vellos de la axila eran un graaan tabú: “El aislamiento me dio la oportunidad de hacerlo sin preocuparme por el ‘qué dirán’. Hoy sé que los pelos nomás son pelos y que ni son sucios ni hablan sobre mi capacidad de ser profesional. No sé si vuelva a rasurármelos frecuentemente”.

Un momento para reflexionar

Lo más hermoso de esto es que, una vez que nos quitamos la idea de que siempre debemos estar lisas y sin vello, más como un delfín que como las mamíferas que somos, es que de ahí pueden nacer nuevas reflexiones.

¿Qué consideramos estar “arregladas”?, ¿qué cosas hacemos porque nos gustan y cuáles porque sentimos los ojos de la sociedad encima de nosotras, juzgantes?

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Como dice Paty: “la autoimagen y el amor propio van más allá de lo físico, aunque reconocernos, nombrarnos y aceptarnos es un bonito inicio”.

No quiere decir que tengamos que cambiar TODO o que somos malas feministas si disfrutamos de ciertos rituales de la feminidad tradicional.

Solo significa que tenemos permiso de cuestionar y de platicar entre nosotras. Y quizá con eso venga una exhalación de alivio: no tengo que hacerlo todo, no tengo que serlo todo.