Confesión: usar la copa menstrual no es para mí

Usar la copa menstrual le ha cambiado la vida a muchas mujeres. Para otras, no es una opción… y también se vale hablar de eso.

usar la copa menstrual
Imagen. Unsplash

Texto: Anónima

Por mucho tiempo fue un secreto. Cuando mis amigas hablaban de la copa menstrual, yo sonreía y asentía, como si fuera parte de su club. Cuando veía el tema en redes sociales, simplemente seguía scrolleando. Y cuando me agregaron un grupo de Facebook, solo me salí en silencio.

Es normal que pensar que alguien como yo, que escribe sobre consumo responsable, que es una mujer de menos de 40 años, que usa muchísimo el internet y que es feminista, usa la amada copita.

No culpo a quienes simplemente asumieron que yo había revolucionado el manejo de mi menstruación como ellas.

Pero no, no uso la copa y dudo hacerlo en el futuro cercano.

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Usar la copa menstrual SÍ es increíble

Antes que nada, quiero aclarar que estoy muy bien informada sobre las bondades de esta alternativa a las toallas y tampones: es segura, reduce muchísimo la cantidad de basura que generamos, se puede usar por varias horas seguidas e incluso es más económica que otras opciones.

No estoy aquí para decir nada malo de quienes están felices con su copita por la vida, porque claramente es una opción que tiene muchísimas ventajas y trae felicidad en quienes la usan.

Lo que ya no quiero es vivir mi vida-sin-copa con temor a que me descubran y me quiten el mítico (e inexistente) carnet feminista. Quiero poder decir en voz alta que no es para mí.

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Pero la copa NO es para todas

El otro día, por fin, una amiga puso en Twitter que está un poco cansada de que le vendan la copa como remedio a todos sus problemas. Ella ya lo ha intentado con varios modelos y simplemente no le funcionan.

Amigues, lo vi como una oportunidad de oro y lo dije: yo tampoco uso la copa. Y resulta que había decenas de mujeres cis que tampoco son fans o sí quisieran usarla pero no pueden.

Estas fueron algunas de sus razones:

* Todos los modelos que han usado les producen cólicos.

* Incomodidad de muchos otros tipos: manchados, sensación extraña, etc.

* La manera en la que se vacía y limpia no es compatible con sus lugares de trabajo o estilo de vida en general.

* Les provoca cistitis u otras molestias al orinar.

* Recomendación médica (podía exacerbar problemas de salud ya existentes).

* El costo prohibitivo.

* Y el último, del que quizá es más difícil hablar: miedo, incomodidad con el propio cuerpo.

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Para todos estos obstáculos hay soluciones. Podrías intentarlo otro mes, probar copas de diferentes marcas y modelos, tener una botella de agua a la mano al entrar al baño, informar más a profesionales médicos, quererte más, superar tus traumas. Créanme, quienes no usamos la copa ya las escuchamos todas.

Es increíble el apoyo que se da en redes sociales y en persona entre mujeres que no se conocen. Para muchas, seguro exponer sus dudas ha resultado en respuestas que no encontraban en páginas de internet o con su ginecóloga.

Sin embargo, sí creo que hay que tener en cuenta que ni la solución más increíble es para todas. Nuestras razones son nuestras y no tenemos que justificarlas constantemente y el proceso de cada una con nuestros cuerpos es válido.

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Otras opciones

Como decía, el apoyo entre morras es una cosa hermosa, sobre todo cuando viene desde un lugar de genuino interés por entender qué necesita la otra.

En Twitter, también me recomendaron otras opciones: la ropa interior que absorbe la sangre menstrual (de la marca Thinxs y otras), las toallas de tela, los tampones orgánicos que no incluyen aplicador de plástico, el free bleeding.

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Y también la opción de aceptar que todas estamos haciendo lo mejor que podemos y que, aunque sabemos que las toallas pueden ser contaminantes, estamos generando cambios en otras áreas de nuestra vida para reducir nuestra generación de residuos.

La relación con nuestro cuerpo es lo más íntimo que hay. Nos toca evolucionarla desde el amor y la paciencia, no desde la culpa.