Lo que aprendí sobre la vida viendo concursos de cocina

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Foto. Netflix

Tengo poco tiempo para ver televisión (o sea: ver programas en streaming) y justo ahora estoy en un punto donde no quiero estrés. La hora de Netflix se la solía dedicar a series tipo Breaking Bad, que me aceleraban el pulso y en muchas ocasiones me daban pesadillas. Por eso, hace unos meses decidí descansar de las historias con tramas complejas y comencé a ver concursos de cocina.

Tiene sus ventajas y desventajas, sobre todo si ceno algo ligero, porque claro que ver tanta comida me provoca abrir el refri y morder lo que sea que tenga a la mano. Lo bueno es que, además de generarme todos los antojos posibles, estos programas me han dejado un par de lecciones importantes que me gustaría compartir con ustedes. 

No dudes de ti

En concursos de cocina tipo The Chef ‘s Line o Todo el mundo a la mesa, los jueces no se limitan a evaluar, sino que les encanta pasar a las mesas y desconcertar a los participantes con preguntas como: ¿seguro que lo vas a hacer así?, ¿te va alcanzar el tiempo?, ¿no crees que este ingrediente no tiene nada que ver con el platillo?

Los concursantes que empiezan a dudar y confían más en la opinión del juez que en su propio instinto y habilidades son lo que casi siempre pierden. Aquellos que se mantienen fieles a sus recetas terminan sorprendiendo y convenciendo al jurado.

Lección uno: si estás emocionada con una idea y te convence, pruébala primero, no dejes que alguien que no conoce tu objetivo final te infunda miedo e inseguridades. Confía, y si no funciona, toma otro camino.

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Humildad ante todo

En Chef’s Line compiten restaurantes súper consolidados con gente aficionada a la cocina. Contra todos los pronósticos, a veces los segundos le ganan a los primeros.

Cuando eso pasa, algunos chefs (casi siempre son hombres) sueltan comentarios negativos hacia su equipo de trabajo y son incapaces de aceptar la derrota, mientras que otros incluso aconsejan a la competencia, son abiertos a la crítica y le extienden su admiración al equipo ganador.

Lección 2: no importa qué cargo tengas, siempre será mucho más valioso compartir el conocimiento y tener la humildad de reconocer el talento de los demás.

Los equipos más felices son los que tienen estructuras más horizontales y donde valoran el crecimiento colectivo sobre el ego. Conservar la calidad humana siempre será un triunfo. 

El que se enoja pierde

En programas como Sugar Rush concursan en parejas para crear postres espectaculares. Casi siempre, los que llegan a la final son los que nunca pierden el control de sus emociones.

Los que le recriminan los errores de sus compañeros de equipo o se desesperan porque las cosas no van como planean rara vez pueden recuperar el ánimo y salir de la nube negra. Lo mismo pasa en Family Cooking: los participantes que mantienen el humor y no se toman los malos momentos tan a pecho son los que fluyen mejor en la cocina.

Lección 3: sentir enojo es súper natural y hasta necesario, pero si de todas formas tienes que hacer las cosas, es mucho más fácil trabajarlas con una actitud relajada que estando a la defensiva o echando culpas sin proponer soluciones.

Disfruta el proceso 

Algo que amo de Nailed it! es que obligan a los concursantes a salir de su zona de confort y a enfrentarse incluso con artículos de cocina que no habían usado nunca.

En la mayoría de los casos los postres que preparan son un desastre, pero los participantes siempre terminan felices y sumamente orgullosos, pues dan el 200% para que la receta funcione. No importa si el resultado no es digno de Pinterest, disfrutan el proceso y lo más importante: concluyen el proyecto.

Lección 4: En este caso son pasteles de tres pisos con figuras ridículamente complejas, pero una nunca sabe de lo que es capaz hasta que se atreve a romper miedos y a enfrentar retos que una misma etiqueta como imposibles.

Si algo realmente te apasiona, nunca te quedes con las ganas de intentar, no importa cuál sea el resultado. Como dicen por ahí: lo bailado quién te lo quita. 

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Says everyone before they actually start baking.

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Quizá estas lecciones de los concursos de cocina no se pueden aplicar a todo en la vida (¿o sí?) pero es muy revelador ver cómo en estas competencias gastronómicas se reflejan tantas problemáticas humanas y surgen todo tipo de sentimientos.

Indirectamente estoy aprendiendo algunos trucos de cocina, mientras aprendo algunas reglas básicas para ser una “buena” competidora.