Feminazi: su origen y por qué es una palabra que limita el debate

Feminazi
Foto. Matheus Ferrero

Cuando una es feminista, es casi casi un rito de iniciación recibir tu primera acusación de ser “feminazi”. Con suerte será algún amigo o familiar que lo dice un poco en broma y un poco en serio, pero también podemos ver la palabra en alguna amenaza en internet o incluso puede venir de una autoridad de gobierno.

A mí al principio no me molestaba. Claro que sabía que venía de la ignorancia y de la incomodidad de estar frente a una mujer que no se queda callada, pero trataba de darle la vuelta y decir cosas como “ay, ya sabes, yo no estoy de acuerdo porque feminazi jijiji”.

Pero mientras más lo pienso, más me enoja. Es una palabra que tiene un origen de odio y discriminación que es muy difícil reapropiar.

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De dónde viene “feminazi”

Obviamente, la palabra es una unión de “feminista” y “nazi”, lo que implica que un movimiento por la liberación de las mujeres puede equipararse con una ideología fascista, genocida y racista.

El término lo inventó un profesor universitario pero lo popularizó Rush Limbaugh, locutor de la radio estadounidense que es famoso por sus ideas de derecha. Por ejemplo, no cree en el consenso en las relaciones sexuales, niega la evidencia científica del cambio climático y apoya a Donald Trump.

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En un inicio, Limbaugh usaba la palabra para distinguir a las feministas “demasiado radicales”, “militantes”, “que solo quieren que haya cada vez más abortos” de aquellas que, según él, genuinamente luchan por cosas válidas. Después se lo aplicó a todas.

Y ahí está el problema. El “feminazi” es una manera de hacer una diferencia entre feministas “buenas” y “malas”. Eventualmente cualquier feminista va a decir algo que confronte o incomode a sus interlocutores, porque de eso se trata el movimiento, de cuestionar.

Así que no hay tal cosa como una feminista “buena” y una “demasiado exagerada” porque la línea siempre va a ir cambiando. Claro que hay feministas con las que estamos de acuerdo y con las que no, pero eso es diferente a deslegitimar la lucha bajo el pretexto de que van demasiado lejos. ¿Qué es demasiado y según quién?

¿Y lo nazi?

Así llegamos a otro punto importante. Por más que nos ofendan o molesten las opiniones feministas, compararlas con un régimen totalitario es no solo injusto e intelectualmente deshonesto, sino peligroso.

El feminismo comenzó en los márgenes y aunque es cada vez más aceptado, ahí sigue. Las mujeres que nos identificamos con la lucha lo hacemos muchas veces a costa de amistades, de nuestra seguridad y de nuestra comodidad.

Para nada tiene esto una relación con la limpieza racial, la homofobia y la expansión territorial que caracterizaron (y siguen caracterizando) al nazismo. Decir eso es poner en peligro a las feministas, hacerlas blanco de acoso.

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Supongo que la idea de quienes la usan es que las feministas queremos imponer nuestras ideas en el mundo, igual que los nazis (¿¿??) pero es un hilo tan lejano, con tantos matices y tan discutible, que está muy lejos de ser un argumento.

Como diría la cantautora Renee Goust, autora de la Cumbia feminazi : “Ni te agarro a cachazos diario/ Ni te huele a muerte el calendario”.

La palabra “feminazi” nunca ha sido una forma de argumentar, solo un vehículo para desestimar y de insultar. Es un término que popularizó una persona violenta, por lo que su intención siempre ha sido desdibujar la lucha. Para debatir, tenemos que usar otras palabras.