«El Covid es una enfermedad muy solitaria»: así ha vivido la pandemia una enfermera

A un año de la crisis por Covid ¿sabes cómo vive la pandemia una enfermera? Platicamos con Brenda para saber su día a día con sus pacientes y también cómo esta situación afecta su salud física y mental.

pandemia enfermera méxico
Fotografía. SJ Objio

Por: Karen Villalobos

Brenda tiene 25 años y es una enfermera que, desde que inició la pandemia por Covid-19,  ha formado parte de la primera línea en distintos hospitales del estado de Querétaro. 

Un día normal para ella es dormir aproximadamente de 4 a 5 horas, preparar su comida y alistarse para ir a atender a sus pacientes. Cubre guardias nocturnas, por lo que sale 6:45 p.m. a esperar el transporte que el gobierno del estado destinó al personal de salud para sus traslados. 

El hospital donde trabaja queda a hora y media de distancia desde su casa, por lo que sus tiempos tienen que ser estrictos: si no, el costo de un transporte privado supera los $250 pesos por viaje.  

La pandemia ha subrayado las dificultades de transformar el contexto de inseguridad que viven las mujeres y niñas en este país. Brenda ha aprendido a generar estrategias de autocuidado, ya que sus horarios de trabajo la exponen a trasladarse en momentos del día donde hay poca concurrencia de gente, transporte o luz. 

El riesgo del personal de enfermería

Más allá de estas dificultades, Brenda nos cuenta las situaciones que le ha tocado afrontar junto con sus compañeras y compañeros de trabajo. Situaciones que, ante la mirada puesta en las cifras de contagios, hemos olvidado narrar. 

«Siempre he pensado que enfermería se lleva la peor y la mejor parte, y en este caso también nos estamos llevando el riesgo más alto. Tal vez mis compañeros médicos te pueden decir que no es cierto. Yo te hablo desde lo que yo vivo y desde lo que yo hago. Creo que no es lo mismo estar con un acompañamiento al paciente tus 12 horas de turno, a un médico que entra y ve al paciente, ¿qué te gusta?, ¿unas dos horas?

 Nosotras somos las que nos encargamos de aplicar el tratamiento, de ver cómo está el paciente, de estar revisando su respiración, sus signos vitales, que todo esté bien; realmente quienes estamos ahí siempre somos nosotras».

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) existen acciones que producen más riesgo de transmisión de la Covid-19, entre ellas está la intubación; reanimación cardiopulmonar; toma de muestra y aspiración de secreciones. Todas estas actividades están en manos del personal de enfermería en cada uno de sus turnos.  

«Un paciente intubado, pues está sedado, no puede manejar sus secreciones y nosotras lo que tenemos que hacer es meter una sonda para sacarle todo lo que traiga en tráquea y en boca. Esto es algo que, dependiendo del paciente, lo podemos hacer hasta cada dos horas por paciente intubado. Tenemos hasta 4 pacientes intubados en un solo turno, imagínate cuánta carga viral nos estamos llevando».

Así es trabajar por 12 horas con equipo de protección

Las jornadas laborales requieren hasta 12 horas de uso estricto del Equipo de Protección Personal (EPP): mascarilla, lentes, bata, guantes y gorro. 

El equipo se usa bajo protocolos importantes para reducir el riesgo de transmisión, lo que ha derivado en otras consecuencias, como la generación de cicatrices y úlceras en nariz y pómulos, esto por la presión que ejercen los lentes, careta y mascarilla en sus rostros. 

«Algo que también nos dio a muchas al principio fueron las infecciones de vías urinarias, y aprendimos que si nos tocaba área Covid, no tomábamos agua porque no íbamos a aguantar el turno. Como mujer, entrar al área Covid mientras estás menstruando, aparte de incómodo, no te permite trabajar de la misma manera.

En un día normal que tú estás en casa no te sientes bien, no estás cómoda. Ahora imagínate estar en un área donde ni siquiera puedes ir al baño. Al principio se respetaba, pero ahorita es: ‘Ni modo, te preparas, te pones doble toalla y lo que sea que tengas que hacer, porque tú sales dentro de 8 o 12 horas’. 

El uso del equipo realmente te deshidrata; estás sudando dentro de él y no puedes secarte. Me ha tocado bañar pacientes con mi equipo de protección y 4 horas después de que salgo, mi uniforme sigue mojado del sudor que yo tuve mientras estaba ahí.  

También hay compañeras que acaban de ser mamás y, al no estar con sus bebés, tienen que estarse sacando leche, pero hay veces en que no tienen tiempo de ir al Lactario. Eso trae consecuencias fisiológicas fuertes: dolor, inflamación, se puede generar mastitis».

Y también están las emociones

A pesar de todos estos síntomas físicos, manejar las emociones es de lo más complicado. El personal médico y de enfermería lleva casi un año luchando por la vida de todas y todos sus pacientes. Iniciaron viviendo agresiones por parte de la ciudadanía, han permanecido lejos de sus seres queridos por miedo a contagiarles, han vivido la muerte de sus colegas y es claro que eso les genera un impacto importante en su situación psicoemocional.

«Para mí es indescriptible, no tengo una manera en la que la gente que no está ahí pueda saber realmente lo que estamos viviendo. 

Es algo que yo le he dicho a mi familia y a mis amigas cuando trato de explicarles: ‘Cada que un paciente se me va, tal vez no está bien profesionalmente, pero se está llevando algo de mí; no sé si sea una carga energética, vibras, no sé si realmente sea un pedacito de mí, pero algo se lleva’. Es algo a lo que nunca te vas a acostumbrar. 

Tú nos puedes ver muy normal, dándole sus cuidados pos mortem al paciente, y puedes pensar que lo toleramos muy bien, pero realmente en nuestras cabezas pasan mil cosas. No vemos un cuerpo, vemos a un papá, una mamá, un hijo, un hermano».

El autocuidado

Al terminar sus guardias, Brenda procura acercarse con sus demás compañeras y hablar sobre cómo les fue durante el día y hablar sobre sus pacientes.

De este modo buscan apoyarse las unas a las otras, darse palabras de aliento y hacerse reconocer que están haciendo todo lo que está en sus manos. Sin embargo, no siempre logran dejar atrás lo que les tocó vivir durante las horas dentro del hospital. 

«El Covid es una enfermedad muy triste porque es una enfermedad muy sola. Un paciente positivo tiene que estar aislado y no se puede despedir, en caso de que lo necesite hacer.

No puede contarle a su familia cómo se siente, lo último que ve es gente desconocida con caretas, lentes; y creo que eso nos quita un poco el sentido humano que como enfermeras teníamos al mínimo darles la mano al final. Lo que ha funcionado y se me hace una muy buena idea es que la familia les manda cartas, nosotras se las leemos y es una manera de mantenerlos conectados, pero después de eso, cuando el paciente se intuba, aunque les leamos las cartas ya no es lo mismo».

Decisiones que nadie debería tomar

Según un estudio de la publicación científica The British Medical Journal donde se analizó la ocurrencia, prevención y manejo de las consecuencias que trae la Covid-19 en la psiquis del personal sanitario, los factores que aumentan el riesgo de problemas psicológicos en el personal de la salud son: el mayor contacto clínico con los pacientes afectados; las medidas de precaución que crean un impedimento percibido para hacer el trabajo; la reubicación forzada para cuidar a pacientes afectados; el mayor riesgo entre las enfermeras; el entrenamiento inadecuado; la falta de insumos de trabajo; el aumento del tiempo de trabajo y; el personal que tiene niñas y niños o personas adultas mayores en el hogar.

«Es bien difícil, me ha tocado ver a pacientes pendientes por intubar y se les tratan de conseguir los ventiladores; se le avisa a la jefa de que se necesitaban tres ventiladores y lo que escuchas es: ‘No se puede, hay una lista de espera en dirección y dirección toma la decisión de a quién se le van a dar’. 

Tenemos listas de espera, se tienen que ver las condiciones del paciente, las enfermedades que ya trae y ver quién tiene más posibilidades de salir y es el paciente al que se le va a dar el ventilador. Tú nunca vas a estar preparada para que le nieguen un ventilador a tu paciente. Ya es fuerte que le nieguen un medicamento, es realmente duro que le nieguen un ventilador. Estamos en ese punto en que una junta de médicos especialistas va a decidir quién vive…»

La crisis no se acaba

El 10 de enero de 2021, el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) informó sobre la Estrategia de Reconversión Hospitalaria que se daría en ocho entidades ante el aumento de contagios por la Covid-19.

Con esta medida, se intentó crear 6, 116 camas adicionales para pacientes en Querétaro, Hidalgo, Puebla, Morelos, Guanajuato, Nuevo León, Jalisco y Michoacán.

«Nosotros aquí ya estábamos casi al 100%, quiere decir que las camas censables del hospital ya están ocupadas, pero para la afluencia de pacientes que se estaba teniendo no era suficiente. Lo que se decidió fue que cualquier espacio donde quepa un paciente y donde quepa un tanque o una toma de oxígeno, se va a usar».

Estas acciones implican mayor responsabilidad laboral para el personal de enfermería, ya que al tener más ocupación hospitalaria, el número de pacientes a atender por enfermera se incrementa a casi el doble. Sucede lo mismo con su jornada laboral. 

«Aunque tú vayas terminando tu turno de 12 horas, si para el turno siguiente no hay suficiente personal, te quedas. Yo no tengo otra responsabilidad en casa, pero hay muchas compañeras que tienen hijos, y ¿cómo le haces? Ahí hay afectaciones que no estamos viendo. Hay muchas compañeras y compañeros que se salieron de su casa, era un: ‘sí hijo, te amo, pero me tengo que ir porque soy un riesgo y no quiero contagiar a nadie».

La esperanza de mejorar

El personal de salud ha tenido que abandonar hasta sus hogares para mantenerse en la lucha constante por las vidas de todas y todos. Han tomado la decisión de rentar casas que comparten con sus colegas como una manera de proteger a sus seres queridos, con quienes no han podido convivir durante casi un año. 

Ante esto, la vacuna se volvió una esperanza, ya que la inmunidad que implica les posibilitaría volver a estar cerca de su familia y seguir cuidando las vidas que están en sus manos. 

«Desde el momento en que supe de la vacuna, yo me emocioné. El primer día que llegó la vacuna a México, yo le estaba contando a todo mundo, yo estaba que no me la creía, estaba muy feliz. La verdad me siento muy dichosa de tener ya la primera dosis. Creo que está perfecto que nos estén vacunando a nosotros primero porque si no, ¿cómo le vamos a hacer si nos seguimos contagiando entre nosotros?. Sé que esta es mi labor, yo estudié para servir a la gente, lo hago con todo el amor del mundo y lo hago, no sé si gustosa, porque servir en estas condiciones no puede decirse un gusto, pero lo hago con amor y preparación».