Más allá del aborto, pensemos en justicia reproductiva

La historia del activismo por el aborto sistemáticamente ha ignorado y discriminado a ciertos grupos de mujeres. Por eso, debemos pensar mejor en justicia reproductiva, que se centra en la total autonomía de mujeres y personas gestantes frente a la reproducción.

Foto. Ella Jardim

El pasado fin de semana me uní a una acalorada discusión en Twitter que se originó por una noticia sobre la prohibición del aborto en Honduras. “¡A parir más pobres!” dijo alguien, para reprobar la medida.

La rabia fue incontenible, escribí enfurecida: “Saquen sus pañuelos verdes de nuestros úteros, las pobres pariremos cuando queramos y como queramos”. La lluvia de comentarios empezó a caer.

Pocas veces en Twitter me tomo el tiempo de explicar mis enunciados, sin embargo, esta vez quisiera dar mi opinión.

Justicia reproductiva es más que solo aborto

Primero que todo, debo advertir que no soy provida. Estoy a favor de la despenalización del aborto y considero que ninguna persona gestante debe ir a prisión por tomar una decisión sobre su cuerpo y su maternidad.

Sin embargo, la centralidad del aborto en la agenda feminista es preocupante. Brillan por su ausencia otras problemáticas de la justicia reproductiva que atraviesan a mujeres racializadas, migrantes o trabajadoras.

Me inquieta también cómo la sociedad alienta la maternidad en ciertas corporalidades, mientras que otras deben aprender sobre anticoncepción y controlar la natalidad.

Un ejemplo de ello son las portadas de las revistas de farándula en las que mujeres famosas posan con su gran panza de embarazadas. En esos casos, el público se regocija ante la llegada de una nueva vida, una vida deseada.

Por otro lado, funcionarias públicas pueden hacer declaraciones como «Oportunidades lo que quiere es que esa familia salga adelante, y esa familia sólo saldrá adelante si es una familia pequeña», como dijo Rosario Robles en 2014.

Mientras que unas sí deciden libremente, otras que también deciden son juzgadas, criminalizadas. Además, como si fuera poco, sobre ellas recae toda la responsabilidad estructural de la reproducción de un sistema que no inventaron.

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Un poco de historia

Tenemos que tener muy claro en este punto que el aborto ha estado presente en muchas culturas a lo largo de la historia. Sin embargo, es relativamente reciente plantearlo como un derecho para las mujeres que incide directamente con su liberación.

La eugenesia y el activismo por el aborto

No se puede negar que el movimiento a favor del aborto se relaciona desde sus inicios con con la violencia reproductiva y sexual hacia mujeres de comunidades negras, indígenas, migrantes y empobrecidas.

El aborto como práctica médica ha sido legal en circunstancias eugenésicas. Es decir, cuando se tiene certeza que el feto puede tener alguna malformación o característica congénita valorada negativamente

El caso de Planned Parenthood

Un ejemplo es el de la vida de Margaret Sanger, quien fue una enfermera estadounidense feminista, fundadora de la Liga Estadounidense para el Control de la Natalidad (1921), ahora conocida como Planned Parenthood, uno de los referentes mundiales en temas de salud reproductiva.

Esta organización tenía como principio que cada niño traído al mundo debía ser concebido por amor, con el deseo consciente de la madre y en condiciones que hacen “posible la herencia de la salud”.

Además de esto, Sanger mantuvo relación con grupos nazis. También era partidaria de la eugenesia negativa, la idea de perfeccionar la «raza humana» a través de políticas como la restricción de la migración, la segregación racial y la esterilización y anticoncepción de grupos “débiles” y “degenerados”.

En julio de 2020, la clínica Planned Parenthood anunció que borraría el nombre de Sanger de la entrada de su centro de salud en Manhattan: «es un paso necesario y atrasado para enfrentarnos a nuestro legado y reconocer nuestra contribución al daño reproductivo histórico hacia comunidades de color».

Y Sanger no era la única: muchas feministas famosas de finales del siglo XIX o principios del siglo XX tuvieron visiones dañinas sobre la clase y la raza, incluyendo a las sufragistas.

Por otra parte, activistas provida como Alveda King, sobrina de Martin Luther King, y a quien le practicaron una interrupción de su embarazo sin su consentimiento, mencionan que el aborto es un plan sistematizado para acabar con las poblaciones negras de Estados Unidos.

La otra cara de la moneda

Tampoco se puede hablar de aborto sin la otra cara de la moneda: las esterilizaciones. Mientras que muchas mujeres de clase media y alta se organizaban entre sí para exigir su derecho a decidir, otras mujeres, consideradas subhumanas o no humanas, eran esterilizadas sin su consentimiento.

La misma agenda que propulsó la existencia de un aborto legal, libre y seguro, practicó esterilizaciones a mujeres negras, indígenas y migrantes, por considerar su descendencia como la degeneración de la especie humana en términos físicos y sociales. No sólo en Estados Unidos, sino también en México, Brasil y Perú, estas prácticas fueron comunes hasta entrado el siglo XX… y continúan.

Repetidas veces, activistas y organizaciones han señalado el tufo clasista y racista que hay detrás de argumentaciones como “a parir más pobres”. Estos enunciados contradicen los presupuestos de un feminismo que se supone que está a favor del derecho de todas las mujeres de decidir sobre sus propios cuerpos.

La pregunta de la abolicionista y activista por los derechos de las mujeres Sojourner Truth “¿Acaso no soy una mujer?” es tan vigente hoy como hace 170 años. Sigue siendo reivindicativa para las mujeres no blancas, pues la autonomía parece solo ser válida para mujeres blancas.

¿Acaso las demás no son mujeres, no son humanas con agencia y determinación para decidir ser madres o no?

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Por un movimiento más incluyente

En su podcast Morras vs. fundamentalismos, Dahlia y Sofía comentan que el tema del aborto debe abordarse de manera efectiva, tratándolo como una lucha que es  parte de un movimiento político.

La propuesta que hacen Dahlia y Sofía, directoras de la colectiva feminista Morras Help Morras, es acercarse al aborto desde un enfoque de justicia reproductiva. Esto implica descentrarlo de la agenda y comenzar a ver las demás violencias que se ejercen hacia mujeres y personas gestantes.

La justicia reproductiva tiene en cuenta todo lo concerniente a la autonomía de las personas gestantes frente a la reproducción. Este planteamiento garantiza los derechos de quienes decidan interrumpir el embarazo, pero también de quienes deseen parir.

El clasismo y el racismo no contribuyen a que el aborto sea desestigmatizado, al contrario. Es importantísimo replantearse algunas consignas del feminismo de pañuelo verde que revictimizan a las mujeres que no abortan y refuerzan la narrativa que el aborto es una práctica insegura y clandestina.

Por último, también quisiera recomendar el episodio de “¿Aborto?” de nuestro podcast Afrochingonas, en el que hace unos meses entrevistamos a Dahlia sobre el tema. 

Comentamos que, en efecto, el aborto es una de las muchas decisiones de la vida sexual y reproductiva en la vida de una persona gestante, pero no una solución mágica e inmediata frente a los problemas estructurales de pobreza y racismo.