El racismo de género o por qué tenemos que repensar la definición de feminicidio

La violencia racista también se manifiesta en la forma de feminicidios. Te contamos qué es el racismo de género y cómo el feminismo predominente lo ignora.

racismo de género
Foto. Jessica Felicio

Digna Ochoa, Bertha Cáceres, Marielle Franco, Lucrecia Pérez, Bety Cariño, Breonna Taylor.

¿Qué tienen en común estos nombres? Todas ellas fueron asesinadas y eran mujeres racializadas.

Marielle Franco recibió cuatro tiros en la cabeza el 14 de marzo de 2018 en Río de Janeiro. Era activista, concejala, feminista negra, hija de favela, radicalmente antirracista.

Digna Ochoa también recibió un tiro en la cabeza, el 19 de octubre de 2001. Originaria de Veracruz, fue abogada y trabajó en la defensa de activistas ecologistas, campesinos y estudiantes

Bertha Cáceres era hondureña, líder lenca, activista ambiental, defensora de la tierra, el agua y el maíz. Ferviente opositora del saqueo sistemático de las hidroeléctricas en su territorio. El 3 de marzo de 2016, sicarios irrumpieron su vivienda para asesinarla.

Lucrecia Pérez era originaria de República Dominicana y vivía en España. La asesinó un grupo de supremacistas blancos de extrema derecha el 13 de noviembre de 1992.

Bety Cariño era oaxaqueña y se oponía a los megaproyectos mineros, a la construcción de presas. La asesinó un grupo de paramilitares el 27 de abril de 2010.

Breonna Taylor tenía 26 años cuando unos policías entraron a su casa el 13 de marzo de 2020 y dispararon en su contra. Breonna estaba en su cama, dormida.

Las mujeres prietas importan, aunque se hable muy poco de ellas. Hoy quiero decir sus nombres, porque su legado es imprescindible para nuestra lucha antirracista. Digna Ochoa, presente. Bertha Cáceres, presente. Marielle Franco, presente. Lucrecia Pérez, presente. Bety Cariño, presente. Breona Taylor, presente.

Las mujeres no blancas no tienen justicia

Cuando las mujeres no blancas mueren, los medios de comunicación se interesan muy poco. También predomina el silencio y la omisión de las autoridades.

De la misma forma, dentro del feminismo no se debate lo suficiente sobre los diversos contextos en los que las mujeres pierden sus vidas, los cuales cambian mucho si hablamos de mujeres migrantes, racializadas o pobres.

Bajo la premisa universal de que todas las mujeres somos iguales, de que todas somos vulnerables de vivir violencia de género sin importar nuestra condición de clase o raza, ya que compartimos ciertos rasgos biológicos, anatómicos, sexuales, se olvida la complejidad de nuestros contextos y realidades.

No es cierto que la vida de todas las mujeres importa. En el feminismo, pareciera que unas son más importantes que otras. ¿Acaso no todas somos mujeres? ¿Por qué Marielle, Breonna o Lucrecia no son referentes para el feminismo? ¿Por qué sus muertes no son consideradas feminicidios? ¿Cómo es que unas mujeres sí se convierten en símbolos de lucha feminista y otras no?

Si los medios y el activismo blanco las olvidan pronto, en sus comunidades no. Las comunidades migrantes en España recuerdan a Lucrecia cada 13 de noviembre, así como también el movimiento Black Lives Matter ha convocado a manifestaciones y a decir sus nombres #SayHerName cada vez que, lamentablemente, hay un caso de brutalidad policial como el de Breonna Taylor. 

La memoria de cada una de ellas vive en el compromiso que asumimos las personas racializadas cuando decidimos continuar con su legado de lucha.

¿Qué es feminicidio?

Diana Rusell acuñó el término feminicide en la década de los setenta. En México, se incluyó en la normativa jurídica en 2014.

El feminicidio se define como el asesinato hacia las mujeres en razón de su género. Un homicidio contra una mujer debe investigarse como feminicidio si existen antecedentes de acoso y hostigamiento, si el cuerpo de la víctima fue expuesto, si la víctima y el agresor mantenían algún vínculo, si hubo violencia sexual previa al asesinato, entre otras.

Los feminicidios casi siempre se caracterizan por la impunidad y por una gran invisibilización de la violencia estructural que padecen mujeres y niñas. Además, es la expresión más extrema de una cadena cotidiana de hechos violentos.

¿Por qué estos asesinatos no son feminicidios?

Los asesinatos hacia mujeres como Marielle, Bety o Lucrecia no son considerados feminicidios porque no cumplen de forma exacta con las tipificaciones anteriormente citadas:

Los agresores por lo general no tienen vínculos con las víctimas, los cuerpos no fueron expuestos y no siempre existe violencia sexual previa al asesinato.

Sin embargo, cabe mencionar que Digna Ochoa sí denunció que había sido víctima de violación cuando fue secuestrada. Además, en casi todas las ocasiones, las víctimas fueron previamente hostigadas, acosadas y amenazadas.

La invisibilización de este tipo de crímenes, no solo por parte del sistema penal y jurídico, sino también por las organizaciones que trabajan por la eliminación de la violencia hacia las mujeres, es otra característica compartida de los casos que menciono.

Se dice que los asesinatos de Bety, Lucrecia y Breona tienen que ver mucho más con su condición de raza que con su condición de género. ¿Es que acaso ellas no son mujeres, pese a que sufren racismo?

El racismo de género

Si bien no todos los crímenes perpetrados hacia las mujeres son feminicidios, no puede negarse que la construcción de la tipificación jurídica del feminicidio es limitada y sesgada. Esto porque la categoría de mujer se entiende como universal y se hacen homogéneas nuestras experiencias. 

Kimberly Crenshaw habló sobre el vacío existente en los marcos jurídicos para denunciar las multiplicidad de violencias que enfrentan las mujeres negras y de color en Estados Unidos. Las mujeres racializadas viven sexismo, pero también racismo. Crenshaw utilizó el término de interseccionalidad para visibilizar que los sistemas de opresión pueden operar simultáneamente. 

El racismo tiene formas muy puntuales de actuar frente a las mujeres prietas, formas que no experimentan las mujeres no racializadas. A esto le llamamos racismo de género, para hacer referencia a las violencias específicas estructurales que experimenta una mujer al pertenecer a un grupo dominado y explotado históricamente.

La oportunidad que tiene una mujer afromexicana, por ejemplo, de acceder a una vivienda digna, a una educación pública, gratuita y de calidad, a la justicia, la reparación, a una vida libre de violencia está condicionada por su condición de raza. La raza y la clase determinan las experiencias violentas que una mujer afro enfrentará a lo largo de su vida.

Las esterilizaciones forzadas y las quitas de custodia a las madres migrantes son otros ejemplos de la violencia racista de género que, en particular, no experimentan las mujeres que no son de color.

Los asesinatos perpetrados en contra de las mujeres que luchan políticamente contra la colonización, el racismo y el capitalismo también son formas en las que el racismo de género se expresa.

Las luchas de las mujeres racializadas

Para explicar las muertes de Breonna, Lucrecia, Marielle, Bertha, Digna y Bety habría que entender sus vidas. ¿Cómo fueron y por qué lucharon?

Las mujeres racializadas que se involucran en las luchas comunales por la defensa de los territorios, por el agua, por la soberanía alimentaria, por el medio ambiente, por la lengua, por la abolición de los cuerpos policiales y las cárceles, por la impunidad del sistema judicial, por los derechos humanos son severamente castigadas para ser calladas.

El racismo tiene género. El asesinato sistemático de mujeres prietas a manos de la policía, paramilitares, grupos armados, entre otros, lo demuestra. El racismo es violencia feminicida porque cobra la vida de miles de mujeres que, como Anacaona hace 500 años, Bety, Bertha y Marielle, resistieron con dignidad a un sistema de muerte que explota y extermina la naturaleza y la vida.

La definición de feminicidio debe responder a la contemporaneidad de los feminismos antirracistas, considerar en su tipificación penal las determinaciones de género de las mujeres racializadas y reconocer los amplios contextos en los que la violencia es ejercida hacia corporalidades feminizadas no hegemónicas.