Maternidad: malas madres, madres disidentes y crianza en tribu

Cerca del Día de la Madre, quisimos saber de mujeres que quieren resignificar la maternidad y encontrarse y compartir lo bueno, lo feo y lo doloroso.

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La maternidad es una de las experiencias más comunes para los seres humanos, pero también una que está rodeada de culpa, de deber ser y de soledad.

En la realidad, no hay una sola manera válida de maternar y vamos a entenderlo mejor cuando dejemos de romantizarla y aceptemos nuevas maneras de criar.

Ya que se acerca el Día de la Madre, platicamos con mujeres que se han unido para resignificar su maternidad.

Madres disidentes

La Colectiva Tonantzin está conformada por mujeres-madres que luchan por encontrarse y acompañarse para tejer sororidad y vivir desde la dignidad.

Ellas se describen como tres mujeres con historias distintas que se sumaron por el amor y la intención de cambiar mundos para sus crías. También qieren crear diálogo para cuestionarse por qué como mujeres y mujeres madres terminan siendo ignoradas por un sistema que las violenta.

“Una de nosotras se encontraba en una situación de violencia física, psicológica, sexual y económica de años y otra compañera bien hermosa la escuchó con mucho amor y le contó que ‘el acuerdo era vivir'”, así cuentan que empezó todo.

¿Hay una maternidad feminista?

Todas coinciden en la necesidad de vivir maternidades libres, sin estereotipos o estigmas. Sin violencias y con un acompañamiento sostenido en el amor.

Ellas piensan que el amor maternal es una categoría que debe desmitificarse y que el rol de ser madres se les sigue imponiendo a las mujeres por el sistema capitalista heteropatriarcal que “nos quiere pariéndole consumidores y asalariados y encerradas en distintas prisiones porque sabe que si nos reunimos a hablar, a escuchar, a sanar y a luchar lo vamos a tumbar”.

Cuando se les pregunta en cómo sería una maternidad feminista, ellas concuerdan en que no hay tal cosa, porque el feminismo es libertad y no imposiciones.

Para ellas ser madres feministas es criar hijxs libres, fomentarles una postura crítica y reflexiva, el amor, la empatía, la solidaridad, el autocuidado y el cuidado colectivo.

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Construir con otras madres

Colectiva Tonantzin se dio cuenta que juntas pueden formar maternidades disidentes, que son aquellas que vayan encontrar del sistema patriarcal, capitalista y colonial.

Juntas organizan encuentros mensuales para construir con otras madres. Además, crearon un banco de alimentos para para que cualquier mujer madre y sus crías puedan disponer de ellos de forma gratuita.

También generan Acciones Sororas ante los contextos desiguales y de violencia, con acciones de gestión, vínculo u económico para las compañeras que lo requieran y necesiten.

Ellas llaman a la solidaridad desde la digna rabia para resistir plenamente desde el cuidado colectivo.

Madres que crían en tribu

Desde 2015, Julia Huitrón mantiene Criandanzas en Tribu, un podcast sobre temas de crianza y maternaje.

Julia parte de su experiencia con el maternaje, que para ella fue un trancanzo que le movió todo. Convertirse en madre de una niña la hizo preguntarse sobre su feminidad, sus relaciones y cuestionarse sobre su propia tribu.

“El criar una niña y ser yo su primer referente como mujer, me dio bastante miedo. Hizo surgir los peores temores emocionales y hasta sociales”, nos cuenta.

“Tuve que empezar después con un trabajo terapéutico para poder sanar a mi niña interior y lo sigo haciendo, para reencontrarme con mi cuerpo y mi sexualidad. Para intentar ser esa mujer que acompañe a esta niña de manera libre, pero también cariñosa y respetuosamente”.

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¿Qué es lo más difícil de la maternidad?

“Los primeros días sola con mi bebé, con una herida vertical de once centímetros y que me dijeran que debía hacerme cargo de alguien más fue algo muy impactante para mí”, nos cuenta Julia.

Ella no entendía los cambios que estaba teniendo su cuerpo y sus emociones estaban totalmente desbordadas. La soledad y la incertidumbre que vivió en su posparto han sido los días más difíciles hasta ahora en su maternidad y es por eso piensa que ninguna mujer debería pasar por ello sola.

“No sabía cómo amantar correctamente a mi hija, cómo cuidarla; sentía miedo de estar haciendo las cosas mal y no sentirme con la capacidad de poder cuidar de ella. De no saber cómo ser madre, de llorar junto con ella día y noche, y sentirme completamente sola, creyendo que había dejado de ser yo, de ser Julia”.

Para criar hace falta una tribu entera

Criar en tribu, como ella lo llama, es avanzar juntos y juntas en el camino de la crianza. Es tener una familia escogida, tejer una red de apoyo y un espacio de contención, en donde crecen juntos hijos e hijas, mujeres y madres.

“Por ahí dice un proverbio africano que para criar a un niño, hace falta una tribu entera. Y así es, de pronto en una tribu el hijo o hija de alguien más es tratado con el mismo cariño y respeto que le damos a nuestras propias crías”, explica Julia.

Para ella, la maternidad debe repensar desde una misma. Desde la sanación y de reconocerse como humanas. Y por supuesto, desde el crear comunidad para el cuidado y apoyo en los momentos de frustración, pero también en los momentos de felicidad, de sorpresa, del llanto. Durante el cansancio y dentro del amor.

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Malas madres

Malas madres es el término que utiliza Gabriela Guerrera para referirse a aquellas mujeres que rompen los estereotipos de la maternidad. La maternidad sufrida, la maternidad romantizada.

Gabriela es mamá autómona, feministas y sexodisidente. Tiene dos hijos varones de 16 y 9 años y ya lleva tiempo deconstruyendo la maternidad heteronormada.

Quienes se autonombran malas madres lo hacen para apropiarse de una etiqueta que señala a las mujeres que rompen los esquemas del patriarcado sobre lo que es una madre.

“Soy mamá autómona, mal llamada madre soltera porque es una etiqueta para señalar a las mamás que maternamos sin el padre y sin una figura paterna. Nos quitamos esa etiqueta porque en realidad somos madres libres”, dice Gabriela.

En la maternidad, uno de los procesos más dolorosos para ella ha sido la crianza.

“La crianza es difícil, es dolorosa, pesada y muy diferente a lo que se piensa. Te sientes sola. Y por eso compartir esos sentires con otras madres que también lo han vivido es una forma de soporte en comunidad”.

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Enseñar que hay otras formas de amar

Gabriela es lesbiana y la forma en que ha criado a sus dos varones es mediante convivencias sanas, relaciones libres de violencias y la libertad de pensamiento. Les ha enseñado que existen otras maneras de amar y de relacionarse.

“Mis hijos han crecido más libres de saber, en la empatía y que una familia no siempre es la que nos pintan de mamá y papá, sino que puede extenderse. Existen otras maneas de ser familia, incluso más sanas que las heteronormadas y que existen otros modelos de familias”.

También ha tratado de que sus hijos crezcan sin roles de género y criados en comunidad:

“La responsabilidad afectiva es algo que también he incluido en la crianza. El que tú sientas algo no te da le derecho de herir al otro o de no importarte el sentimiento de los demás”.

“La maternidad será deseada o no será”

Gabriela asegura que la maternidad será deseada o no será. Recalca que las mujeres debemos tener la oportunidad de elegir y de tener información sobre la maternidad.

“Saber que no por haber nacido con un órgano reproductor tienes que reproducir, no es eres solo eso, eres mucho más. Y hay muchas maneras de gestar, podemos gestar un chingo de cosas, desde proyectos hasta revoluciones. Deberíamos ser madres por deseo y no por obligación.”