No estoy sola, estoy conmigo: pasar la cuarentena soltera

Estos días nos han hecho reflexionar: la cuarentena soltera puede ser una oportunidad de resignificar lo que es “estar sola”.

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Por: Natalia Pérez Bobadilla

Tengo que admitir que al inicio de la cuarentena provocada por una pandemia mundial ver a tantas parejas felices cocinar unas galletas y hacer pizza en instagram implantó un miedo irracional en mí.

¿Por qué no tengo con quién pasar el confinamiento? Estoy segura que no soy la única que se sintió así. 

Como muchas personas, durante estas ya muchas semanas en cuarentena he experimentado muchas emociones, crisis de ansiedad, ataques de pánico, momentos de empoderamiento y reflexiones existenciales.

De entre estas, cuando más logré sentir que progresaba fue después de una noche en la que me sumí en el terror de pensar que inevitablemente “voy a morir sola”. Mi caso no es único pero sí es particular, vivo sola y en otro país, lejos de mi familia y amigos. 

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Enfrentarte a los miedos

Uno de esos días en la mancha borrosa que hoy es mi calendario, mi cerebro se dio a la tarea de analizar cada uno de mis recuerdos, desde la infancia hasta la adultez.

Ese día identifiqué que una de las inseguridades constantes en mi mente es la de pensar que nadie que será capaz de amarme en todas mis facetas y construir una relación conmigo a largo plazo. 

No voy a mentir, aún en la ahora inexistente cotidianidad ya me atormentaba la idea de nunca encontrar una pareja estable con quien pudiera compartir amor recíproco a mis 28 años. 

La diferencia es que, antes de la pandemia, cuando este miedo me atormentaba, lo podía acallar divirtiéndome con mis amigos, encontrando compañía en otras personas, haciendo las cosas que me gustan, ejercitando mis pasatiempos. 

Pero en la soledad de mi casa, los pensamientos me atormentaron de una forma atropelladora, porque, es verdad tengo muchos amigos, pero no hay alguien en mi vida que decida encerrarse en un estudio de 30 metros cuadrados conmigo durante 2 meses. 

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El ejemplo de Emma Watson

En esos mismos días en aislamiento me encontré con un artículo en The Guardian que describe como Emma Watson se auto denominó “Self-Partnered”, dejando atrás la presión impuesta por la sociedad sobre las mujeres al acercarse a los 30 años y sin una pareja romántica.

El artículo explica que aceptación de la soltería ya se toca en canciones de Selena Gómez, Lizzo o Ariana Grande porque sus letras ponen el sing en single y empoderan la soltería femenina. 

Mi primer instinto después de leer y compartir el artículo fue pensar “claro, pero yo no soy Emma Watson, mi futuro económico es incierto y mi carrera profesional de ninguna manera ha alcanzado su apogeo”. Pero luego, me di cuenta que en realidad yo sí comparto algo con estas mujeres. 

No importa qué tan exitosa logre ser, qué tanta independencia financiera pueda lograr, no importa qué tan propio sea mi cuarto, la sociedad me va a seguir juzgando por mi incapacidad de encontrar a alguien que me valide a partir de sus emociones. 

“No quería que me estuvieran gritando”

Me parece aterrador que aún en el siglo XXI las mujeres seguimos sometidas a esta validación interna y externa basada en la presencia de una pareja romántica en nuestra vida. 

No digo que el encontrar una pareja te convierta en una mujer alienada, pero sí creo que a pesar de que este tema parece sobreanalizado, seguimos reproduciendo la idea de pensarse “afortunada” por haber “encontrado” a alguien.

Lo cual significa que, en contraste, una mujer que decide pasar su vida sin una pareja a su lado probablemente es “desafortunada”. 

En una de mis verborreas mentales me vino el recuerdo de mi tía abuela Carmelita, que recién falleció. Carmen nunca se casó.

En cambio, construyó una carrera exitosa, viajó por el mundo en 1950 y conoció Asia, Sudamérica, Norteamérica y Europa, todo con sus propios medios.

Entre la familia se rumoraba que siempre tuvo muchos pretendientes pero nunca se decidió por ninguno y se “quedó”.

Ya en sus años más seniles cuando le preguntamos por qué decidió no casarse respondía “es que no quería que me estuvieran gritando” y toda esa noche de insomnio la frase dio vueltas en mi cabeza. 

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Beneficios de ser soltera

Existen estudios científicos que demuestran que los adultos que viven en matrimonio o con una familia no tienen índices de felicidad más altos que quienes permanecen solteros en la adultez.

Inclusive se ha demostrado que las mujeres que deciden no emparejarse o tener hijos son más longevas. 

Aún así, no podemos negar la presión mediática que reproduce la narrativa de que eventualmente encontraremos a “alguien especial”.

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¿Necesitamos “un árbol de sostén”?

Y mientras eso no suceda compadecemos a esas mujeres que deciden vivir en soltería, que solo son una mitad, esperando a su otra mitad.

En el libro Nadie me verá llorar de Cristina Garza encontré esta frase:

“La vainilla, aunque se alimenta de su raíz, necesita, como las mujeres, de un árbol sostén para enredarse en él y no morir.” (pag.75)

No tengo una frase motivacional y empoderadora que simplifique las emociones complejas que me trajo esta cuarentena.

Pero al menos me gusta cuestionar mi rol como vainilla en un mundo que cree que necesito un tronco para crecer.

Identificar lo irracional de mis miedos de vivir soltera me ayudan a conocerme más y a silenciar idealizaciones románticas que las redes y los medios me han vendido. 

Lo que Emma Watson describió como “self-partnered” no me trajo paz, pero sí me enseñó que yo puedo ser mi pareja, estar feliz y pasarla bien.

Y sé que aún si me cruzo con alguien o si decido hacer familia será una adición, porque yo ya estoy completa, me tengo a mí como esposa, amante y tronco para crecer vainillas.