¿A qué suenan mis ligues? Hice una playlist por cada chico con el que salí

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Foto. Rawpixel

Texto. Irene Vázquez Gudiño

¿A qué suenan mis dates? Me pregunté luego de leer una novela en la que la protagonista componía acordes que sonaban como los hombres de sus citas.

Así se me ocurrió, hace un año, la idea de crear playlists que correspondieran a cada persona con la que saliera.

Mi propósito se dio de una manera muy natural, pues yo estaba enamorada y “Thursday I don’t care about you, it’s Friday I’m in love” sonaba todo el tiempo en mi cabeza.

Luego se fueron añadiendo las canciones que el chico me enviaba, las que escuchaba estando con él y las que eran similares y por lo tanto me hacían recordarlo.

En menos de un mes mi primera date’s playlist quedó en 28 canciones, un número que además coincidía con los años que yo estaba por cumplir.

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Playlists secretas

Nunca le conté a nadie sobre esto, aunque estuve muy tentada a compartir las listas, y es que debo confesar que casi siempre evito hablar de música, porque me sucede lo mismo que cuando hablo francés, empiezo muy bien pero termino haciéndolo muy mal.

Olvido cuáles son mis canciones favoritas, jamás me preocupo por saber los nombres de los álbumes y en algunas ocasiones ni siquiera sé quién canta.

La aventura de mis citas y sus canciones se convirtió en un secreto muy mío, uno que incluía jazz, trova, pop, rock, folk y mucha ondita indie.

A cada uno su playlist

No todos mis ligues tuvieron su playlist, con unos pocos no compartí los mismos gustos musicales y eso bloqueó mi sensibilidad para vincularlos con canciones, tanto de su repertorio de favoritas como del mío; también sucedió que no llegué a sentir una conexión muy fuerte con la otra persona y por lo tanto su sonido no me hizo mucho eco.

En otro caso, mi date me compartió música que me hacía sentir de muy buen humor, igual que los memes que me mandaba, me sonaba como a Tintarella di luna, Mina (1960)

La más corta de mis listas tuvo dos canciones y, curiosamente, le corresponde a un DJ. La comencé con la canción que él me envió cuando dejamos de salir. Ahora su recuerdo siempre suena a despedida y a “Tiene sabor, tiene sazón” de Ondatrópica (2012), ritmo con el que bailaba sola cuando cocinaba, porque él no sabía bailar.

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Una de las playlist tiene canciones que la persona con la que salía no soportaba escuchar, porque le sonaban a música de elevador o a película soft porn, pero a final de cuentas a mí me hacían pensar en él y no era necesario que se enterara que lo que estaba escuchando correspondía a una lista que llevaba su nombre.

Con alguien más sucedió que su colección musical se compuso principalmente de los soundtracks de las películas y series que me recomendó durante el periodo que salimos, que afortunadamente fue un poco más extenso que Walking all day, Graham Coxon (2018).

Música ligada a recuerdos

Un año después de comenzar mi experimento había generado un total de seis listas y me sentía sumamente abrumada, las había escuchado demasiado y necesitaba alejarme de esos sonidos que, si bien habían sido elegidos por mí, no sonaban a mí.

Así que un domingo, al terminar de ver una película, comencé a llorar con los créditos y una canción que decía: “caminar a oscuras por la sala y encontrar notas olvidadas y sentir que sos fatal”, porque ¡yo la conocía! Era una de mis favoritas y tenía mucho tiempo sin escucharla.

Ese día al llegar a casa creé una playlist que titulé “Con Irelandia” y le fui agregando mis canciones favoritas que sentía que sonaban como yo. Esto se convirtió en un proyecto generosamente egoísta y satisfactorio. Mi cuenta de Spotify se tornó en un asunto tan íntimo que la volví privada.

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Reconectando con mi sonido

Si bien, cada uno de mis ligues tenía un sonido, yo también tenía uno. Mi playlist “Con Irelandia” se fue haciendo grande y decidí diversificarla. Comencé a crear como otras diez listas que nombré con estados de ánimo, comida y palabras clave como: Before, Suave pa que se dé, Apapachosas, Basalto, Cántame la comida, entre otras.

De vez en cuando todavía escucho las playlists de mis ligues y me doy cuenta que sus caras se han difuminado entre las canciones, quizá porque poco a poco las he vuelto mías, quizá también porque ellos nunca supieron que estaban ahí.