Cuando los gustos rompen géneros… en nuestro guardarropas

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¿A quién no le gusta ir de compras y sentirse rodeado de ese olor tan particular de la ropa nueva? ¿A quién no le encanta ir a probarse mil y un prendas aunque no compre nada (o compre todo si es quincena), dar un tour por todas las tiendas y dedicarle una tarde entera de su vida a la tan aclamada tarea del shopping?

¡A mí! Sí, existimos algunas pocas almas en pena que sufrimos cada vez que vamos a comprar ropa. Me choca recorrer mil tiendas hasta encontrar una que podría tener algo que me guste, probarme un montón de cosas y terminar sólo con una blusa blanca básica porque nada me convence *demasiado picky picky picky*.

Hasta hace algún tiempo me era particularmente desagradable curiosear en la sección de hombres, porque también suelo comprar ropa por esos rumbos, y sentir las miradas de juicio venir de todas direcciones: gente analizando si tengo boobies, buscando si por algún lado se esconde “el paquete”, intentando descifrar si soy hombre, mujer o una mezcla de las dos, preguntándome si estoy perdida o si busco algo para mi novio… como si estuviera prohibido que una mujer compre algo para sí misma en esos anaqueles, como si estuviera prohibido salirse de lo socialmente aceptado.

Sea como sea, esto ha ido cambiando: la moda se va volviendo cada vez más neutral en términos de identidad y género. Es marcado el contraste entre lo novedoso y polémico que era ver a un hombre con una camisa rosa hasta hace algunos años y cómo ahora es de lo más común verlos con el cabello largo amarrado en un man bun y con las uñas pintadas, mujeres en esmoquin o con un look fuera de lo tradicionalmente femenino sin que esto esté peleado con su heterosexualidad.

El mundo de la moda está reconociendo que la vestimenta, al igual que la sexualidad, no es binaria y va rompiendo también con los estereotipos. Recientemente, Willow y Jaden Smith presumieron su estilo gender neutral utilizando prendas prácticamente idénticas en las fotografías que acompañaron la entrevista realizada por Pharrell Williams para la revista Interview. Marcas como Diesel, Zara, Bershka y muchas otras se han sumado ya a la oferta unisex que va despuntando fuertemente desde hace un año.

Definitivamente no es algo nuevo. Recordemos que antiguamente los hombres escoceses usaban faldas y los japoneses kimonos. Las mujeres no se quedan atrás, de hecho por ahí de los 50’s surgió en Inglaterra un subgrupo juvenil femenino conocido como las “Teddy Girls”, que se caracterizaba porque vestían con saco, camisa abotonada y pantalones cortos.

Todos los cambios en la moda son un reflejo de los cambios sociales. Uno de ellos, por ejemplo, fue el surgimiento de la idea de que el color rosa es para niñas y el azul para niños. Este fue un concepto (muy malo, por cierto) establecido en Estados Unidos después de la II Guerra Mundial, definido simplemente por la necesidad de vender más y de reafirmar los roles de hombres y mujeres algo perdidos después de la guerra. Según el libro Pink and Blue: Telling the Girls From the Boys in America, no existía una norma que indicara que había que vestir al bebé según el género hasta ese entonces, pero fue la necesidad de “recordarle” a la sociedad, a como diera lugar, que las mujeres son femeninas y delicadas (para contrarrestar el famoso boom del “We can do it”) y los hombres masculinos, lo que propició esta división.

Otro famoso cambio social que estuvo acompañado por la moda se dio en los 60, cuando se sacudieron los colores obscuros y los patrones lisos de la postguerra para sacar a relucir los tonos llamativos y diseños extravagantes tan característicos de esta época. La moda fue una expresión de la liberación sexual, ideológica y social –especialmente para la mujer– con la creación de la minifalda. En palabras Mary Quant, su diseñadora: “(…) era todo lo que una quería, se veía genial, optimista, exuberante, jovial, coqueta… y todo en la justa medida”.

Cada generación trae su propia definición de masculinidad y feminidad. Nuestra generación de Millennials, al parecer, no está de acuerdo con ninguna de estas convenciones y busca expresar su identidad tal y como es: sin géneros establecidos, sin normas, sin convenciones y, eso sí, con fuertes convicciones. Porque si de algo estamos convencidos, es de que los gustos rompen géneros y  la moda se está adaptando a ello.