Cómo pasé de odiar el ejercicio a entrenar 5 días a la semana

odiar el ejercicio
Foto. Gesina Kunkel

Nunca he sido una persona atlética y, aunque de niña era activa, también era muy torpe. En clase de educación física, por ejemplo, nunca logré dar una marometa; en su lugar, me ponían a dar vueltas como si fuera un rollo de tela sobre el piso (el peor ejercicio si quieres ser popular).

Casi siempre, las personas que somos malas en los deportes tenemos la suerte de conocer a alguien que es excelente en todas las disciplinas físicas. En mi caso, es mi hermana: ella es buena en todo, incluso una vez tomamos una clase de tenis y, sin nunca antes haber agarrado una raqueta, soltó un revés perfecto. Yo, mientras tanto, aventé la pelota al cielo y me quedé paralizada… obviamente la pelota me rebotó con fuerza en la nariz. Ahí acabaron mis sueños de ser Martina Hingis.

La excusa perfecta para odiar el ejercicio

Mi torpeza y falta de condición han sido la excusa perfecta para no intentar nada nunca: no entendía la lógica de ejercitarte para sentirte bien, si el simple hecho de intentarlo era tan doloroso.

Aún así, cada año me prometía el ingenuo propósito de hacer más ejercicio, y digo “más ejercicio” porque yo consideraba mi caminata del camión al trabajo como una ida al gimnasio.

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Pero este año fue diferente; quizá porque estoy a meses de cumplir 30 y dicen que el ejercicio “rejuvenece” o tal vez porque ya era hora de escuchar a mi cuerpo y darme cuenta que lo tenía en el olvido.

Me encantaría decir que de pronto me convertí en esa persona que sube fotos en el gym, con el hashtag #siemprefit, pero mi objetivo no es este.

En realidad, mis rutinas son para principiantes que buscan ganar fuerza, condición y dejar de una vez por todas el sedentarismo. Después de seis meses, me atrevo a compartir tres consejos muy prácticos para lograrlo sin sufrir “tanto”.

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Elige tu ejercicio

A mí no me gustan los gimnasios, así que decidí hacer ejercicio en casa. Busqué videos en Youtube con rutinas para principiantes y me topé con el canal de Elena Malova, quien además de tener un amplio repertorio de ejercicios es una excelente entrenadora. Además, para la mayoría de sus rutinas no necesitas ningún accesorio más que tu cuerpo.

No siempre hago los ejercicios a la perfección, a veces empiezo las rutinas con mucha flojera e incluso hay días en que he llegado a maldecir a Malova, porque estoy odiando cada segundo de su video y desearía nunca haber sido consciente de la importancia de ejercitarme, pero siempre resisto.

No te castigues

Mi meta no era hacer ejercicio los siete días de la semana, me propuse hacer mínimo cuatro días durante 30 minutos. Es muy importante establecer una meta realista para evitar desánimos.

Después de seis meses sigo haciendo sólo 30 minutos, pero cinco días a la semana, y he incorporado mancuernas de tres libras y bandas elásticas para generar resistencia.

Por ahora me interesa ser disciplinada, pues casi siempre abandonaba cualquier actividad física a los tres meses. Me ha servido muchísimo empezar de a poco, y subir el ritmo conforme mi cuerpo lo pide.

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No te compares

Decidí hacer ejercicio sola porque me costaba mucho seguirle el paso a mis compañeras de clase; casi siempre yo era el ejemplo de “cómo no hacer las cosas” y eso terminaba por frustrarme.

Aunque mi objetivo no era competir, me desesperaba no alcanzar su ritmo. Cuando dejé de compararme con los demás, no sólo empecé a sentirme más segura, sino que empecé a disfrutarlo: sólo así he podido ser constante y ver resultados.

Disfrutando –al fin– el ejercicio

Lo más gratificante de estas rutinas es que puedo desconectarme de las preocupaciones y sentir una satisfacción enorme cada que termino. Además de los beneficios físicos, me siento más fuerte y mucho más feliz con mi cuerpo, lo cual ha sanado mi autoestima.

Sudar ha sido una de las mejores terapias para encontrar claridad y disminuir mis niveles de ansiedad.