Descubrí ‘Sex and the City’ a mis treinta y tantos, y esto fue lo que aprendí

Fue hace 20 años cuando Candace Bushnell publicó una colección de los ensayos que escribía para su columna en The New York Observer. El libro se titulaba ‘Sex and the City’, y cuatro años más tarde sería adaptado en una serie que no tardó en convertirse en uno de los shows más emblemáticos producidos por HBO.

Hace dos décadas yo tenía tan solo 11 años, mi hermana mayor y yo compartíamos habitación y la televisión solo sintonizaba el canal nueve, así que a mí a esa edad podían preguntarme por personajes de Lucha libre mexicana, no por Carrie Bradshaw.

La  primera vez que escuché el nombre de la protagonista de la serie fue a los 18 años en casa de mi mejor amiga. Ella y su hermana mayor solían ver la serie, y recuerdo bien que en algunas ocasiones cuando pasaba por su cuarto, alcanzaba a ver que en la pantalla de su televisor se proyectaba una serie que para mi gusto lucía vieja, aburrida y las actrices de una edad adulta considerable (y pensar que ahora estoy por cumplir la edad de la protagonista en la primera temporada).

Trece años más tarde, cuando el amor dolió en serio, mi mejor amiga me recetó ver ‘Sex and the City’. Pero, ¿cómo una serie que se estrenó cuando yo aún jugaba a las luchas me iba a abrir el panorama de la vida adulta de la mujer soltera? ¿No se supone que los tiempos cambian?

En una entrevista para el diario The Guardian, la autora de la columna que inspiró la afamada serie declaró que el programa tiene ese poder de permanencia debido a la naturaleza humana: “Todos tenemos problemas a la Sex and the City”, explica“solo que hoy la gente lidia con ellos de una manera diferente, tal vez a través de internet. Pero sigue la constante búsqueda de un alma gemela, de querer encontrar a alguien o decidir permanecer solo. Las cosas que se aprenden sobre uno mismo cuando se está dentro o fuera de una relación… La naturaleza humana, realmente no cambia”.

Mi ‘Sex and the City’

Mientras me fui adentrando en cada uno de los capítulos, empecé a notar que sentía cierta empatía con lo que veía en mi televisor, la serie me mostraba un poco el punto de vista social y las referencias culturales de nuestro país vecino a finales de los 90.

Y es que para esa época, el show representaba una tirada audaz para la televisora: media hora de una comedia de sexo, provocadora y aguda a la vez, cuyos personajes cambiaban de forma repentina y representaban figuras alegóricas cercanas a los debates contemporáneos sobre la vida de las mujeres, contrariamente a lo que ocurría en otras series más tradicionales, donde el motor principal era la búsqueda del amor ideal.

‘Sex and the City’ renovó los estereotipos sobre las mujeres contemporáneas, en ocasiones, frivolizando el significado del amor y el sexo, la figura femenina y adoptando las costumbres estereotipadas masculinas, algo que a mí me empoderaba a dar swipe right y quedar con alguien para cenar esa noche.

Las primeras temporadas de la serie atraparon mi atención y me llegué a sentir identificada un par de veces. Tener treinta y tantos, estar soltera, ser exitosa e independiente, no tendría por qué representar una preocupación.

Tiempo después, la serie llegó a su fin y la osadía de la vida amorosa de esas cuatro mujeres, emotivas, románticas, liberales e insolentes, esas feministas que creían en el igualitarismo y exploraban su poder femenino, siempre tuvo como antítesis la dificultad de conseguir un hombre con quien compartir su vida.

En la sexta y última temporada, la idea se radicaliza, las protagonistas terminan volviendo a la fórmula tradicional: “sientan cabeza”. Es decir, deciden vivir en unión libre y/o casarse, tener hijos, etc.

Un final no tan feliz

Como espectadora fiel de la serie, el final decepcionó mi parte feminista, pero cedió mi lado romántico y fantasioso, ese que sueña con encontrar a su alma gemela, casarse y convertirse en madre.

Hoy me siento identificada con esa batalla por mantener un equilibro entre la vida amorosa, profesional y lo que quiero para mí como ser humano, esa continua lucha contra los límites de este estereotipo de color rosa. Esa conciencia colectiva que aún está llena de prejuicios, creencias y patrones que me mira a veces un tanto amenazante, triste y solitaria. ¿Será mi propia idiosincrasia lo que hace que a veces me incomode mi propia compañía?

A dos décadas del estreno, ‘Sex and the City’ sigue siendo la serie que marcó —hasta cierto punto— una pauta importante en la manera en que las mujeres solían ser proyectadas.

No obstante, la serie acabó por banalizar lo que hubiera pensado sería la primicia de la serie, como si el deseo de libertad hubiera sido solo un viaje de seis años que terminó con un vuelo de regreso a casa. 

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