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«Mi experiencia con una coach de Ayurveda fue aún más compleja que una dieta restrictiva»

Jackie nos cuenta su experiencia con una coach de Ayurveda, una práctica espiritual y de salud originaria de la India, pero que para ella fue una vivencia que la trastocó física y emocionalmente.

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Yo, como muchas personas que conozco, he caído en las manos de la cultura de la dieta una y otra vez. Creía que lo hacía por salud, pero pasaba todo lo contrario: restricción al comer, exceso de ejercicio y atracones.

Me engañaba siguiendo tendencias con un enfoque más «holístico» y «natural», como la vez que adopté la dieta clean, en la que tenía que evitar jitomates, germinado de soya y varios alimentos; o cuando hice una semana de «detox» de jugos y comida crudivegana.

He ido con nutriólogos, he hecho incontables dietas y he probado los ejercicios en tendencia para bajar de peso. Sin embargo, mi última experiencia fue la más compleja de todas. En mi camino como practicante de yoga, me topé con una de sus «ciencias hermanas», el Ayurveda.

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¿Qué es Ayurveda?

Si nunca habías escuchado el término, aquí un poco de contexto.

Ayurveda deriva de «ayu» que significa vida y «veda» ciencia o conocimiento. Abarca todos los seres vivos e incluso la vida vegetal, y sus respectivas enfermedades. Ayurveda no es solo un sistema de medicina tradicional, sino también una forma de vida para una salud óptima y logros espirituales, de acuerdo con el portal Nacional de Salud del Gobierno de India.

En la práctica de Ayurveda se entiende por salud un metabolismo bien balanceado y un estado feliz del alma, los sentidos y la mente; si hay un desequilibrio en esto, ocurre la enfermedad.

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En la práctica de Ayurveda se entiende por salud un metabolismo bien balanceado y un estado feliz del alma, los sentidos y la mente; si hay un desequilibrio en esto, ocurre la enfermedad. Y para tener una salud óptima — que es la base para lograr Dharma (misión de vida), Artha (prosperidad), Kama (placer) y Moksha (libertad)— influyen los alimentos que se consumen, pero también los comportamientos y pensamientos.

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Hay al menos cuatro tipos de enfermedades: causadas por factores externos (como una picadura, algún accidente…); por un desequilibrio en el metabolismo y los alimentos; por alguna cuestión mental o emocional; y las «naturales», como envejecer.

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Por ejemplo, para tratar la diabetes la Ayurveda recomienda posiciones específicas de yoga, restringir el consumo de dulces, productos lácteos, comida frita y frutas como mango, plátano; y recetar algunas plantas medicinales.

La existencia de Ayurveda data desde el siglo II a.c. en el subcontinente indio. Se desarrolló en un contexto en donde atendía a las particularidades y necesidades de los habitantes de la región. La comida, la cultura, los hábitos y las prácticas personales y espirituales permitieron que este sistema funcionara por y para las personas donde se creó.

Pero así como otras medicinas y prácticas tradicionales, el ayurveda ha evolucionado, se ha transformado y se ha adaptado a otros contextos. En la actualidad se ha popularizado en todo el mundo como una alternativa a la medicina alópata.

Mi experiencia con Ayurveda: restricción y estrés

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Ayurveda es un sistema muy vasto, valioso y que puede ser de gran utilidad para muchas personas. Sin embargo, desde mi experiencia, una de las problemáticas al compartir este tipo de prácticas en Occidente es cuando se hace bajo el cobijo de la cultura de las dietas, desde una posición de «autoridad moral», cuando las personas que la practican adaptan los criterios de la medicina ayurvédica bajo sus propios prejuicios o simplemente no están suficientemente capacitadas.

Yo ansiaba mi cita con una coach de Ayurveda. Creía que me iba a dar todas las herramientas que necesitaba para lograr una salud «óptima» y que sería un complemento perfecto para mi práctica de yoga.

Al llegar me hizo un interrogatorio sobre mi estilo de vida, mientras ella se comía su jengibre rallado (que después me platicó que era para «ayudarle» con la tlayuda que había comido). Me sentí bien de no subirme a la báscula, que no me tomaran medidas y que se interesara en mi vida. Le platiqué lo que comía, las prácticas de yoga que hacía, las horas a las que me despertaba/dormía y otros detalles sobre mis prácticas personales y espirituales.

Ella revisó mi pulso, lengua y ojos para poder hacer su diagnóstico. Esta revisión es parte del proceso de diagnóstico del Ayurveda. Consideré importante contarle sobre la relación compleja con mi cuerpo y la comida. Me sugirió que si no quería subir de peso que solo no cenara.

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En Ayurveda los horarios son muy importantes en el tratamiento porque se basan en las horas del día en las que tu sistema digestivo está más activo y fuerte y se cree que cuando el sol se oculta, el fuego digestivo (agni) ya no tiene la misma capacidad. Entonces, para mí, hizo todo el sentido no cenar.

Cuando terminé de platicarle sobre mí, ella me dijo que para todo lo que yo le decía que hacía estaba bastante mal, que tenía una carga de toxicidad fuerte y que, si seguía así, no iba a haber vuelta atrás en el deterioro de mi salud, pero que estaba a tiempo de revertirlo.

Me comentó que en mi lengua podía observar que uno de mis órganos del sistema digestivo estaba perforado. Yo estaba asustada y decidí poner mucha atención a todo lo que me dijera para «mejorar».

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Una de las cosas absurdas que recuerdo fue que me reiteró lo mal que estaba cuando le platiqué que casi todos los domingos cocinaba y comía chilaquiles. O cuando le dije que no quería comer en la oficina porque me gustaba llegar a casa, cocinar y sentarme a comer con calma. Ella me recalcó que el horario en el que debía comer era cuando todavía estaba en la oficina y que la «comida solo es comida y ya».

También criticó mi práctica de yoga y el horario en que lo hacía. Y así, las casi dos horas de consulta fueron un ir y venir con todo lo que ella me decía que estaba haciendo mal y yo sintiéndome culpable. Al final, me recetó varios suplementos herbales ayurvédicos y algunos alimentos que ella y su esposo hacen y venden ahí mismo. Gasté bastante dinero en eso, además de la consulta.

«Todos mis días giraban alrededor de mi rutina y de la comida»

Recuerdo ese día sentirme ansiosa y triste, pero al mismo tiempo aliviada de haber consultado con ella «a tiempo» y de recuperar mi salud, aunque ni siquiera me sentía mal o tenía un problema que resolver realmente.

Todos mis días giraban alrededor de mi rutina y de la comida. Tenía pegada diferentes listas en mi refri, una de los alimentos que tenía que evitar, una de los que sí podía comer y otra de mi dinacharya o rutina diaria.

Mi rutina consistía en despertarme a las 5:30 am, limpiar mi lengua, dejar unos minutos un aceite que me recetó en mi boca, tomar agua no más de 7 minutos después de haber despertado, hacer mi práctica física y luego la meditación (ella me especificó qué tipo de práctica y meditación tenía que hacer), no podía tomar ningún tipo de alcohol, tenía que recordar tomar todos los suplementos, mi té «detox», y tomar en cuenta el punto cardinal hacia donde estaba cuando comía y dormía.

Tenía horarios muy específicos para todo, en especial para comer y dormir. Comía cosas que no me gustaban realmente, pero confiaba que entre más lo hiciera, más fácil se volvería, pero no fue así. Cada día me era más difícil llevar todo al pie de la letra y compaginar mi vida personal y laboral con este nuevo estilo de vida. A todos lados llevaba mi comida y me escapaba de cualquier compromiso para poder dormirme a las 10 pm en punto. Honestamente, no duré más de un mes.

«Las formas hostiles que la coach utilizó para guiarme, me sembraron miedo y desconfianza»

Toda la vida he tenido mucho cuidado con los extremos y la rigidez, porque tengo esa tendencia de irme de lleno en todo sin límites sanos. En la segunda cita se lo comenté a la coach y me recomendó un libro sobre la disciplina.

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Esta experiencia fue aún más compleja que una dieta restrictiva, porque no solamente interfirió con mi forma de comer, sino con prácticas tan personales como mi meditación y yoga.

Emocionalmente me sentía muy estresada y de mal humor porque sentía que no lo estaba haciendo bien. Las formas hostiles que la coach utilizó para guiarme, me sembraron miedo y desconfianza conmigo misma y mi cuerpo. Cuando le externé las razones por las cuales ya no podía seguir, ella se mostró indiferente y al inicio sentí culpa por no haberme esforzado lo suficiente.

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Conozco a muchas personas que pasaron por el mismo proceso que yo y el común denominador es creer que el error está en una por no haber podido continuar, cuando está probado que las dietas restrictivas —no funcionan como explica la nutrióloga incluyente Raquel Lobatón en este texto—, tengan el nombre que tengan o estén disfrazadas de «cambio de hábitos».

La cultura de las dietas tiene muchas facetas y no siempre está en lo obvio, como contar calorías o tomar pastillas para bajar de peso. A veces también se ve en rutinas rígidas que no toman en cuenta tu estado emocional, tu historia personal y tu relación con la comida o en la obsesión de comer solo cosas «naturales».

Mi miedo ya no solo estaba en ganar peso sino también en deshacerme de todas las toxinas que me dijeron que tenía y vivir así no tiene nada que ver con ser saludable.

La violencia de la «superioridad» espiritual

En el mundo de lo «holístico» hay coaches, maestros y maestras de yoga y guías que lamentablemente refuerzan la gordofobia y patrones poco saludables con el cuerpo y la comida y que aprovechan su posición de poder para imponer sus creencias y juicios.

De estas personas he escuchado consejos sobre alimentación que no fueron requeridos. Maestrxs de yoga que satanizan la carne o el café o guías espirituales que dicen que el aumento de peso se debe a «emociones estancadas».

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Erróneamente le damos autoridad a personas que poco conocen de nuestros procesos o que a veces carecen de estudio en estos temas, cuando nadie debería de aprovechar su posición de «persona experta» para que, a través del miedo y la culpa, hagan creer que el estilo de vida que promueven es el correcto.

La coach me dijo que una vez que conociera el daño que me hacían las cosas, me iban a causar el doble de daño. El antídoto a esa culpa de que no soy suficientemente saludable ha sido soltar la rigidez y los «deberías» respecto a mi cuerpo y la comida y una alimentación intuitiva.

Todas las personas tenemos distintas necesidades y contextos y la salud no es como una prenda de una talla que le quede a todes por igual. No importa el método o estilo de vida que practiquemos, siempre y cuando nos enaltezca y reafirme que ya somos seres dignos y perfectos.

Vale la pena seguir cuestionando la cultura de las dietas para desenmascarar todas sus formas y no poner en un pedestal a ningún «gurú de la salud», ni darle autoridad a nadie sobre nuestras necesidades y cuerpos.

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