¿Disfraces de Halloween para todes? La gordofobia en la moda

En esta reflexión personal, Andy Azueta nos cuenta —a través de su experiencia al buscar disfraces de Halloween—cómo la gordofobia atraviesa la industria de la moda. 

Fotografía. Maria Tejera

Con la llegada de la spooky season y Halloween, una reflexión (y preocupación) comienza a aparecer en mi mente. Para las personas de cuerpos gordos, encontrar un disfraz para las fiestas de esta temporada es casi imposible. 

Podrá parecer un tema superficial —sobre todo si consideramos que algunas de las consecuencias de la gordofobia pueden incluso poner en peligro la vida de una persona— pero tampoco podemos negar que es resultado de un sistema que discrimina, estigmatiza, invisibiliza y violenta a las personas de cuerpos no normativos. 

Más allá de una inseguridad: la gordofobia como violencia sistémica

Desde pequeña disfruto mucho de esta temporada. Las decoraciones, las películas y este vibe mágico de octubre en el ambiente. Pero también admito que, aunque ir a una fiesta me entusiasma, buscar un disfraz me ha quitado la emoción por años.

Como mujer gorda, encontrar tallas de ropa es un reto. Y es que el problema no solo es no encontrar disfraz sino que, si lo consigo, lo más seguro es que no luciré como el personaje. 

Urge la representación de cuerpos no normativos en la industria cultural y de entretenimiento. No solamente de personas de cuerpos gordos, sino de personas con discapacidad, racializadas y de la diversidad sexual. 

Gordofobia en la industria de la moda: ¿Y en dónde encuentro mi ropa?

En pláticas con mis amigas suelo escuchar mucho el «ponte algo de lo que tienes» o «puedes ir a una tienda, seguramente encuentras algo ahí». En esos momentos, solo me queda asentir. 

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En mi armario hay ropa que me queda, no necesariamente que disfrute. En las tiendas, al buscar ropa de mi talla, lo más seguro es que encuentre vestidos largos, de manga larga o blusas holgadas. Entre más cubran el cuerpo, mejor. 

Eso es lo que nos ha enseñado la gordofobia: que los cuerpos grandes deben ser ocultados. 

Normalicemos que las mujeres gordas podamos encontrar disfraces (y ropa) igual de bonitos que los que hay para las personas de cuerpos normativos. Que dejemos de escuchar frases como «ponte algo equis y te haces un maquillaje chingón». 

Normalizar los diferentes tipos de cuerpo también nos ayudará a aceptar que nuestros cuerpos cambian todo el tiempo. Que la talla no sea un impedimento para gozar.