El truco que encontré para mostrar mi cuerpo en traje de baño y no morir de vergüenza

El equipo Malvestida me pidió hablar sobre mi experiencia al usar un traje de baño en público y creo que podría resumirlo en una palabra: ESPANTOSA.

Al menos así fue durante muchas temporadas veraniegas en playas yucatecas. Mi maleta de verano se conformaba de pantalones negros anchos, playeras negras con el logo pirata de The Rasmus o Nightwish y chanclas pues porque playa. También llevaba algún traje de baño de dos piezas (con un top que tapara la barriga, claramente) por si me ponía muy valiente y me metía a la piscina del complejo departamental con una camiseta blanca encima. El mar no era una opción. Mucha arena, sal y pubertos juzgones transitando por la zona.

Y las aterradoras pool parties… Esas celebraciones diabólicas en las que tener la regla (o pretender que la tenía) era una excusa divina para no mojarme y quedarme sentada comiendo jícama con chamoy, admirando los cuerpos perfectos de mis compañeras perfectas, esperando que con suficientes días de jícama con chamoy y vasos de agua yo me viera tan perfecta como ellas en la siguiente fiesta de piscina.

Mis experiencias en traje de baño no fueron ni tantito agradables; se sintieron como una auténtica tortura.

El encuentro con la playa

Entonces, ¿qué fue lo que sucedió entre esos días de botarga metalera en la playa y mis redes sociales saturadas de fotos en calzones?

Primero me di cuenta de que odiando tanto mi cuerpo sólo podía ver “defectos” en los cuerpos de otras mujeres con la patética intención inconsciente de sentirme mejor conmigo misma. Qué horrible traje de baño, seguro sus chichis son falsas, está súper grande para ponerse un bikini, vieja ridícula, piernas de pollo, qué oso que se le ve toda la celulitis, por qué no se depiló esos pelos del xik (axila), mejor que sobre a que falte, por qué no se puso un traje de baño completo si no tiene 8 cuadros en el abdomen. Entre otros muchos juicios que reflejaban mi falta de amor propio y mi anhelo por sentirme libre y cómoda en mi propia piel.

Ver en otras mujeres las mentiras que veía en mí, fue un golpe durísimo de realidad.

Inicialmente decidí comer mejor y hacer mucho ejercicio con el fin de adelgazar y entonces sentirme cómoda en traje de baño —porque “gorda”— era evidente que eso no sucedería; y con esa idea en mente, de cualquier forma no sucedió. No llegué a sentirme conforme con mi cuerpo porque nunca me resultaba suficientemente bueno para darme permiso de disfrutarlo en traje de baño.

Lo que sí sucedió es que me harté de tratar de ganarme el permiso de disfrutarme y así solté el control.

Sentirse saludable, fuerte y feliz

Naturalmente se inició un ciclo de autocuidado que ya no tenía que forzar. Comía mejor y hacía ejercicio porque me hacía sentir saludable, fuerte y feliz, y estaba tan enfocada en mí que no quedaba tiempo para criticar el cuerpo de otras mujeres, mucho menos de compararme. Dentro de ese ciclo también empecé a ver que todo en mí era bello y mis juicios desaparecieron y dejaron lugar para la apreciación del cuerpo femenino en todas sus formas, colores, edades. Porque ahora lo que veía y trabajaba en mí era lo único que podía ver en otras.

Qué lindo, Zazil, bien por ti, ¿y cómo le hago yo para andar en traje de baño por la playa y no morir de la vergüenza?

Glad you asked. Te cuento en breve lo que funcionó para mí y creo que también podría hacerlo para ti.

Cuídate

Come bonito y siéntete bonito, mueve tu cuerpo, medita, respira, baila, aléjate un poco (o un mucho) de las redes sociales. Lee lo que te guste leer y evita entornos que te drenen energía. La verdad es que el concepto de autocuidado es distinto para cada una y en el fondo sabemos lo que es mejor para nosotras. Ve por eso.

Deja las comparaciones

Tú eres tú y ella es ella y eso es todo. Compararse no suma, es cansado, es triste, es inútil y no termina bien. Es un poquito difícil dejar de hacerlo cuando hemos crecido rodeadas de titulares amarillistas que celebran o destruyen el cuerpo (photoshopeado) de mujeres en portadas de revistas, pero es muy posible.

Ten paciencia y sé constante en tu práctica, y la mejor forma de practicar es concentrando la atención en ti. ¿Te fijaste en el punto anterior? Si las redes sociales detonan tu ansiedad por compararte, déjalas un rato. Por experiencia te digo que es casi mágico el bienestar que sientes al poco tiempo de tu detox digital.

Reconoce la belleza en otras

Al dejar de compararte inevitablemente comienzas a ver lo lindo que es cada cuerpo. Y eso es lindo.

Nomás hazlo

“Zazil, es que no sé cómo puedes sentirte tan bien en traje de baño y además subir fotos de tus nalgas a Instagram”. Piensas eso de mí porque es lo que piensas de ti. Francamente, ya no le veo nada de grandioso a pasearme por la vida en traje de baño y calzones, pero en un inicio me resultaba abrumadoramente inconcebible. Estilo fin del mundo. Si quieres disfrutar tu cuerpo en la playa, DISFRÚTALO.

Entérate que a nadie le importa. En serio, nadie está tan pendiente de tus supuestos ‘defectos’ como tú, y te aseguro que si alguien está criticando mental o verbalmente tus estrías, no tiene NADA que ver contigo. Zazil del pasado lo confirma.

No tengo miedo de resultar exagerada al decir que para millones de mujeres puede resultar sumamente difícil el “simple” hecho de pasearse en traje de baño, ropa interior o poca ropa. Es todo un tema y hablo exhaustivamente de ello porque creo que, en naturaleza, no debería serlo.

Para mí, ese paseo en traje de baño, ropa interior o poca ropa es un “pequeño” acto revolucionario con un dedo medio bien firme hacia los estándares del bikini body, titulares amarillistas y comparaciones estúpidas. Y no hay palabras para adornar la deliciosa satisfacción de sentirte libre en tu propio cuerpo.