Los bisexuales no somos una leyenda urbana, ¡existimos y queremos ser reconocidos!

bisexuales

De chiquitos creíamos en Santa Claus, en los Reyes Magos y hasta en el Hada de los Dientes. Cuando nos pegó la adolescencia, empezamos a creer en cosas ridículas, como en el amor a primera vista y los noviazgos para toda la vida. A los veintitantos, comenzamos a creer en cosas incluso más ridículas, como en la estabilidad económica y en la maldición del gluten.

Sin embargo, hay una cosa en la que la mayoría de las personas no creen jamás, nunca de los nuncas:

LA BISEXUALIDAD

Es más fácil convencer a alguien de que la bella piel de Donald Trump es naturalmente naranja, a convencerlo de que no eres indeciso o closetero, sino bisexual.

Buscando una etiqueta…

Hace un par de lustros, cuando estaba en la prepa, tuve novia por primera vez. Acababa de descubrir la palabra “lesbiana”, así que podemos asumir que no tenía ni idea de que podían gustarme tanto hombres, como mujeres y estaba muy confundida. Cuando terminé con esa novia, Diana, mi mejor amiga, me preguntó qué iba a pasar ahora: si iba a salir con hombres, o con mujeres, o con los dos.

Me quedé callada como diez minutos, hasta que los engranes en mi cabeza terminaron de hacer clic y pude responderle “con los dos”.

Fue la primera vez que me asumí como bisexual. Estaba contentísima pensando en las infinitas posibilidades ahora que podría salir con quien yo quisiera. Juraba que, ya sin el limitante del género, mi vida amorosa daría un salto a lo grande. Ahá.

Amada, pero incomprendida…

Tuve la suerte de tener una buena amiga, que no me cuestionó, ni se burló de mí. Ella aceptó la respuesta con toda la madurez que los 16 años le permitieron y me quiso siempre, incondicionalmente. Por desgracia, no todos en mi mundo fueron tan abiertos a lo diverso como Diana.

Algunos meses después, salí con Edith. Nos veíamos poco, pero me llamaba diario y me bajaba el sol, la luna y las estrellas. Yo, la verdad, iba metiendo el freno de mano a cada rato. Entre que seguía clavada con mi ex y que Edith estaba a nada de elegir los arreglos de mesa de nuestra boda, sentía que me daban mareos con su intensidad. Como al mes de que empezamos a salir, cometí el error de mencionar que mi crush de secundaria era hombre y mi bisexualidad hizo que nuestro hipotético futuro juntas se fuera a la basura.

Para Edith, era inconcebible tener una relación con una mujer bisexual. Inconcebible, te digo. Antes muerta que estar con una mujer promiscua como yo. Porque, pues, los bisexuales somos promiscuos, infieles, pisa parejo y no sabemos tener relaciones monógamas. ¿Y cómo iba Edith arriesgarse a que una horrorosa, facilota y buscona como yo le rompiera su corazón de pollo? ¿Cómo?

Después de Edith, vinieron dos novias más con el mismo prejuicio, una después de la otra. Todas eran lesbianas de hueso colorado y compartían el pánico de que una bisexual les pusiera el cuerno o tener “competir” con hombres por las escrituras de mi corazón. Curiosamente, las tres eran mujeriegas e infieles. Con esto no quiero decir que todas las lesbianas lo sean, eso sería caer en el mismo prejuicio del que los bisexuales somos víctimas. Sé que #NotAllLesbianas, pero pues también #NotAllBisexuales.

Ser “casi” lesbiana…

La realidad es que nunca he salido con un hombre, ni he tenido sexo con un hombre, ni siquiera he besado a un hombre. Si pudiera establecer un porcentaje, diría que me gustan las mujeres en un 80% y los hombres en un 20% de lejitos. De cerquita, las cifras se van a un 98% mujeres y 2% hombres. Casi lesbiana, pero no.

Esto hace aún más complicado cumplir con las expectativas, tanto entre lesbianas como entre heterosexuales. Me encuentro en el limbo incómodo en el cual marcar “bisexual” como orientación sexual no es válido, también tengo que justificar mi respuesta.

Lo peor es que no soy la única. Estuve platicando con algunas personas bisexuales y casi todos coinciden en algo: nadie parece creer en nuestra existencia.

Enfrentando algunos mitos sobre las y los bisexuales

Esther, 30 años

Cuando estaba soltera a mis amigas les dio una temporada por casi rifarme a ver si así salía. Me agregaron a cuanto grupo de lesbianas encontraron en Facebook. Eso sí, me dijeron que no dijera que era bisexual. Cada vez que platiqué con alguna chica, siempre me decían que estaba confundida, que no podía ser bisexual, que las bisexuales nos dedicamos a poner el cuerno y demás monerías por el estilo.

Siempre he dicho que yo me enamoro de la persona, no del género. Pero a la mayoría no le cabe en la cabeza.

Fer, 24 años

Para mí ha sido una experiencia difícil, ya que los heterosexuales me han acusado de ser gay y me dicen que no me acepto, y los homosexuales, que simplemente busco una aventura. Incluso algunos familiares me quieren obligar a que me decida por un género. ¿Por qué tengo que definirme por lo que ellos quieren y no por lo que yo siento? Desde chico lo sé. Me atraen ambas partes, no estoy desajustado ni confundido. Simplemente es mi naturaleza y en cualquier momento me puedo enamorar de un hombre o de una mujer, sus acciones, sentimientos e inteligencia me llamarán la atención. Así que sí, soy bisexual y nadie va a cambiar eso.

David, 27 años

El proceso no ha sido fácil, y creo que la parte más compleja y dolorosa es tener que lidiar con los comentarios ‘inofensivos’ y la ‘carrilla’ de mis amigos gays y lesbianas (con los únicos con quienes me he abierto) porque es recurrente la broma de que yo antes era hetero reprimido y ahora soy homosexual.

No tengo problema con que me digan homosexual o bisexual o Pokémon, pero es precisamente con las personas con quienes me debería sentir a salvo en donde, a lo largo de mi complicado proceso de autoaceptación, me he sentido más expuesto. Mis amigos no lo hacían para lastimarme, porque nos llevamos pesado, pero al final yo sí me sentía vulnerado.

Creo que el meollo es no poder concebir que un buen día un amigo llegue y te diga que sus preferencias no son como tú crees, o pensar que justo la bisexualidad es un mero pretexto de los homosexuales tibios o con miedo de dar el ‘salto’ por completo.

Santiago, 30 años

Cuando empecé a salir con Humberto, nadie cuestionó si estaba confundido o si era gay. Me preguntaron si me gustaban hombres y mujeres, les dije que sí, y ya lo aceptaron. No me han vuelto a cuestionar nada y Humberto les cae muy bien.

Lis, 35 años

Soy bisexual y, para evitar problemas existenciales, me ha dado por definirme como lesbiana. Nos enseñan que todo debe de entrar dentro de algún tipo de marco conceptual y romper ese marco, cambiar las normas establecidas, a veces resulta difícil hasta para uno mismo. Por lo demás, no me ha ido tan mal, pero conozco personas que piensan que los bisexuales no existen, que son homosexuales indecisos.

¡Sí, existimos!

Por último, quisiera invitar a todos los no bisexuales del mundo a creer en nosotros, los bisexuales. Existimos, de verdad, no somos leyenda urbana. No estamos en una fase, no necesitamos elegir bando, no queremos llamar la atención, ni nos falta valor, ni estamos confundidos. Los únicos confundidos, son los que creen que tarde o temprano “nos vamos a decidir”.