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Colectivas universitarias contra el acoso, entre al acompañamiento y el autocuidado

Platicamos con integrantes de colectivas universitarias que, en distintos puntos del país, hablan sobre cómo han tejido redes de acompañamiento y resistencia contra el acoso y las violencias.

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Históricamente, las universidades son epicentro de resistencia y lucha. En México, como en otros países, estudiantes se han organizado en colectivas universitarias para denunciar y tejer redes de apoyo contra el acoso y abuso sexual en los salones de clases.

En entrevista con Malvestida, integrantes de cuatro colectivas universitarias en distintos puntos del país nos cuentan los contextos en los que surgieron y qué les motivó para agruparse contra diversas violencias y tomar distintas acciones para tejer redes de acompañamiento.

#MeToo, ¿un punto de partida para las colectivas universitarias?

Aunque hay un notorio antes y después del #MeToo, el movimiento de denuncia virtual que demostró que el acoso y la violencia están presentes en todos los ámbitos, la colectiva Acoso en la U, originaria de Nuevo León, tuvo sus inicios antes de que esa bomba explotara.

Pris Palomares, una de las tres cofundadoras de la colectiva, cuenta que el caso icónico que detonó a la colectiva fue en 2016 con Felipe Montes, un profesor del Tecnológico de Monterrey denunciado por abuso sexual con características pedófilas.

«Conocí un caso y dije ‘bueno, pues vamos a reclamar, ¿no?’ Y nos acercamos a otros maestros que admiro mucho y sí nos escuchaban y decían ‘chale esto está horrible, pero como no hay mucho que hacer, nada más no metan en clase con él’. Eso es lo que podían hacer en ese entonces», explica Pris.

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Sin embargo, cuando le comentó con sus amigas y cofundadoras, Nínive y Bertha, y posteriormente con más compañeras que habían sido víctimas de acoso por parte de otros profesores, la idea de crear el blog «Felipe me acosó» pasó a ser «Acoso en la U». Pero no fue sino hasta finales de 2017 que lo publicaron en el marco del movimiento Me Too en Estados Unidos.

«Las tres dijimos ‘ahorita van a hablar de esto, ya tenemos el blog, algunos testimonios y el comunicado pidiendo que haya protocolos de denuncia; hay que sacarlo, es ahorita o nunca’. Primero nadie nos peló, cero visitas, pero luego explotó y recibimos más de 100 denuncias, de Monterrey, de Coahuila, del centro… hasta de Colombia», recuerda.

Conforme pasó el tiempo y el movimiento #MeToo se asentaba en México, colectivas en universidades de varios puntos del país surgían en contextos muy distintos.

Rosa Cruz Pech de Mérida, Yucatán, fundó la colectiva UADY sin acoso luego de haber sufrido una agresión sexual, lo cual la llevó a preguntarse qué organizaciones e información existían para personas que atravesaban situaciones similares.

«Aprovechando que el #MeToo estaba en la Ciudad de México, hablé con compañeras a las que las había escuchado hablar del tema o que les había visto en algún lugar relacionado con el feminismo y me acerqué y les dije ‘yo tengo este proyecto para la universidad’. No sabía cómo llamarlo, pero quería hablar sobre el acoso estudiantil considerando que, desde mis reflexiones, el acoso es la primera agresión hacia el feminicidio».

Rosa Cruz Pech

Paulina Mancebo, doctorante e integrante de Unidas Colmex, cuenta que en el marco del #MeToo (noviembre 2018) fue justo cuando las estudiantes de licenciatura convocaron al resto de las compañeras del Colegio de México, ubicado en la Ciudad de México, a compartir sus testimonios.

«Acuerparnos para hacer cosas es muy importante, tejer alianzas es muy importante dentro de la colectiva, nos hemos hecho amigas», explica pues uno de los puntos más importantes dentro del grupo fue promover la creación de un protocolo con perspectiva de género para su universidad.

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En el caso del ITAM, también ubicado en la capital mexicana, integrantes de la colectiva Resiliencia Combativa, Alexa Gerez y Sabás Lasnibat, explican que hacer frente a la violencia patriarcal abriendo una nueva trinchera fue un motivo suficiente para organizarse y agruparse.

«Hicimos una asamblea y llegaron más mujeres de las que esperábamos y entre dinámicas de integración y conversación, identificamos varios temas que teníamos todas en conjunto; ahí decidimos varias líneas de acción no trabajar en los temas de violencia, no solamente entre estudiantes temas de discriminación, sino también temas de de acoso y de hostigamiento sexual dentro del ITAM y uno de los temas también más importantes era introducir perspectiva de género en el tronco común».

La colectividad como autocuidado

Las colectivas universitarias muchas veces no limitan su trabajo a recibir y compartir denuncias, sino que brindan el acompañamiento que la víctima necesite. En algunas ocasiones también entablan diálogos con la institución señalada.

Sin embargo, el desgaste puede llegar en cualquier momento y más si constantemente se acuerpa. En Malvestida consultamos a les integrantes de cada colectiva sobre las medidas de autocuidado y coincidieron en una respuesta: la colectividad salva.

Pris comenta que en Acoso en la U buscan alianza con psicólogas que las puedan acompañar cuando están rebasadas, y eso también ayuda a que las víctimas reciban apoyo más especializado.

«Es necesario tener la confianza de decir ‘no puedo’ porque puede ser porque el caso es muy fuerte ya sea porque la carga laboral y estudiantil es muy pesada, o no sabemos cómo dar la contención y eso es sumamente importante para no vulnerar a la víctima. Siempre tratamos de asignar las tareas dependiendo de nuestros perfiles», agrega Rosa Cruz Pech.

«Hemos buscado generar otro tipo de actividades o de confidencias más lúdicas, de vez en cuando nos juntamos, ya sea en picnics o videollamada buscamos darnos un apapacho colectivo para soportar la cotidianidad de alguna manera»

Paulina Mancebo

Colectivas universitarias: los retos del activismo contra las violencias y el acoso

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Como todo proceso de activismo, el aprendizaje es constante y éste va acompañado de momentos de todo tipo.

En el caso de UADY sin acoso, Rosa comenta que uno de los problemas que encontró al interior de la colectiva fue que no sabía cómo nombrar las agresiones vividas, lo cual solo llegó con la experiencia y la formación legal.

Mientras que por su activismo fue amenazada de muerte, el auto de su familia fue dañado y sus compañeras fueron presionadas con no ser aprobadas para su graduación.

Para Resiliencia Combativa, casos icónicos como el de Pedro Salmerón o el de Fausto, profesor y estudiante con denuncias respectivas por acoso sexual sin que tuvieran consecuencias, representó un desgaste al exigir que el ITAM respondiera como institución.

Al interior, Alexa comenta que el proceso de aprendizaje también estuvo el cuestionar la falta de inclusión al interior de la colectiva por lo que pasaron por un segundo comité organizador en el que disidencias y personas no binaries participaran en la toma de decisiones.

«La virtualidad (por la pandemia) también puso un reto para las colectivas y el activismo no solo en el ITAM si no en el en México y en todas las universidades en general, poco a poco aprendimos a manejar y que al día de hoy seguimos también aprendiendo», agrega Sabás quien fue une de les participantes en las nuevas estrategias para la colectiva.

Pris subraya como uno de los logros de Acoso en la U la creación de protocolos ante violencia de género en varias universidades del Norte de México; sin embargo, cuando el profesor Felipe Montes inició un procedimiento ante el Instituto Nacional de Acceso a la Información (INAI) para proteger sus derechos y vulneraba a la colectiva por la petición de información de denunciantes, las integrantes de la colectiva tuvieron que aprender más sobre Derecho y aliarse a redes de defensa de derechos digitales para evitar que hubiera un peligroso precedente para las personas y organizaciones que denuncian a sus agresores sexuales.

«Todo el proceso del INAI (de 2019 a 2021) frenó las labores de acompañamiento que dábamos pues fue dinero, tiempo y atención perdidas», resalta.

Mientras que Paulina de Unidas Colmex destaca que el trabajo de la colectiva por tener un protocolo sólido y socializarlo con toda la comunidad, incluyendo a compañeros y profesores para distinguir las desigualdades de la vida académica es un precedente muy importante.

No estás sola

Si tú o algún amigue sienten que están pasando por un momento difícil y piensas que fuiste víctima de algún tipo de violencia, en Malvestida te compartimos lo que desde la experiencia de cada colectiva les ha ayudado en estas situaciones.

  1. Confía en ti y en lo que sientes. Cuando algo te duele y te está lastimando, sientes que no es normal o que te violenta, confía en tu proceso y valídalo.
  2. Busca acompañamiento. Acércate a un grupo de apoyo, como tus amigues o una colectiva que te brinde la confianza que necesitas para poder hablar de lo que estás pasando. El mundo no se te cae tan encima si estás acompañada de tu gente.
  3. Tu salud mental es primero. De la mano de tu red de apoyo y de los psicólogos que necesites, vive tu proceso y cuida de ti siempre.
  4. Acude a un médico. Si fuiste víctima de una agresión sexual y decidieras proceder legalmente, asistir con un médico que pueda realizar los estudios correspondientes puede ser una buena opción.
  5. Los tiempos varían, no te compares ni presiones. Cada persona es diferente y los procesos nunca serán iguales, trata de no presionarte por alzar la voz y no permitas que nadie te diga cuándo debes accionar.
  6. Puedes reapropiarte de la narrativa. Tu historia es tuya y poder contarla en tus términos, ya sea que la pongas en un tendedero, blog, Twitter o quedártela tú para sanar tu proceso es algo muy valioso.
  7. No hay un camino incorrecto. Hay un abanico de posibilidades para actuar; recuerda que denunciar es tu derecho más no tu responsabilidad.
  8. Hay distintas formas de reparación. Si te dicen que una denuncia penal es la única manera en que tendrás justicia, ahí no es. La reparación, si tú lo deseas no sólo es la cárcel y puede ir desde una disculpa pública, reparación económica, tomar terapia.
  9. Si eliges vías legales, asesórate. En caso de que elijas denunciar penalmente, trata de no hacerlo sola pues es un proceso sumamente patriarcal y desgastante. Las colectivas usualmente cuentan con abogadas con perspectiva de género, pero en caso de que no, busca en organizaciones, instituciones locales o secretarías que ofrezcan servicio legal bajo una perspectiva no revictimizante.

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