Emily Ratajkowski o la batalla por ser dueñas de nosotras mismas

La modelo, actriz y empresaria Emily Ratajkowski escribió un poderoso texto en el que cuenta cómo, una y otra vez, la cultura la ha hecho recordar que no es dueña de su propia imagen.

Emily Ratajkowski
Foto. @emrata

¿Te imaginas que la persona que abusó de ti pueda publicar un libro con fotografías tuyas no autorizadas? Eso le pasó a Emily Ratajkowski, según cuenta en un nuevo ensayo en la revista The Cut

En el inicio de su carrera, la modelo fue seleccionada para salir, sin pago alguno, en una revista. Tomó un tren para ir a la casa del fotógrafo Jonathan Leder y él le tomó decenas de Polaroids en lencería y desnuda, dentro de un ambiente cada vez menos profesional. También la violó.

En la revista salieron algunas imágenes, pero años después el fotógrafo sacó libros con el nombre completo de Emily como título, en los que presentó todas las fotos restantes sin darle ningún tipo de notificación o retribución económica. 

La modelo cuenta que, por la naturaleza de las leyes, de las redes sociales y de los costos, demandarlo no fue una opción viable. Pero, lo más importante es que su ensayo deja claro que esta es solo una versión extrema de una situación que ha vivido toda su carrera: el no ser dueña de su imagen.

¿Quién posee a las mujeres (y su imagen)?

Las vivencias de Emily Ratajkowski nos pueden hacer reflexionar sobre temas como la autodeterminación, la autoimagen y el consentimiento.

Por ejemplo, ella explica cómo tuvo que comprar por 80 mil dólares un cuadro del artista Richard Prince, que solo consistía en una ampliación de una foto que ella misma subió a su Instagram, incluyendo el comentario del artista. O sea que alguien (un hombre) puede ganar con su arte varias veces más de lo que ella ganó por esa sesión de fotos. 

En otra ocasión, un paparazzi la demandó por derechos de autor cuando Emily subió a su cuenta de Instagram una foto que él le tomó en la calle. Una vez más, un hombre ganó dinero con la imagen de una mujer, sin ofrecerle ningún tipo de retribución o pedir su consentimiento.

En el caso de Prince, es interesante cómo le da legitimidad a una imagen el que sea un artista famoso quien la reproduce. En su Instagram, Emily es “una modelo más” que busca “atención” con las imágenes que sube. Colgada en la pared de una galería, la misma foto es un comentario inteligente sobre las redes sociales y la sexualización de las mujeres. 

La cultura de la violación

Todo esto se relaciona con la cultura de la violación y la constante minimización de las experiencias de las mujeres.

El fotógrafo Jonathan Leder, al que Emily acusa en el ensayo, le dijo a The Cut que no iba a responder porque es una afirmación “ridícula e infantil”. (¿Qué tiene de infantil acusar de violación? Si acaso solo la triste realidad de que es algo que muchas niñas y mujeres viven).

También usa el trabajo de la modelo en su contra, argumentando que “es la chica que salió en el video de ‘Blurred Lines’”, como si salir desnuda en un video años después de los hechos y como parte de un trabajo significara que Emily está obligada a aceptar cualquier propuesta sexual en el presente (y lo hiciera en el pasado).

Finalmente, lo que me llevé al leer este texto fue cómo los cambios deben venir no solo de la legislación sino de la sociedad. No todas las mujeres pueden gastar tiempo y dinero en una demanda que al final no llegará a nada. Para ser dueñas de nuestros cuerpos, nuestra creatividad y nuestra imagen hace falta que no sean vistos como temas menores.