3 importantes lecciones que aprendí de mi primer trabajo

lecciones que aprendí de mi primer trabajo

Foto. Rawpixel

No culpo a mis papás por no haber disfrutado mi vida universitaria, pero me infundieron tanto miedo al desempleo, que en lugar de enfocarme en estudiar, estaba constantemente angustiada sobre mi futuro profesional. Así que dos años antes de terminar la carrera en Comunicación, ya estaba buscando trabajo para no graduarme sin tener experiencia laboral.  

Mi sueño era trabajar en un periódico, así que fui practicante en tres redacciones distintas con la esperanza de que una de ellas se fijara en mí. Para mi fortuna, y a solo cuatro meses antes de terminar la universidad, uno de los medios más importantes me ofreció un puesto fijo.

Estaba feliz. Me imaginaba llegando a la redacción luego de un día reporteando en la calle, publicando en primera plana, entrevistando a personajes interesantísimos, contribuyendo a visibilizar problemáticas y cuestionar la autoridad a través de mis notas. A los 21 años es fácil idealizar un trabajo, sobre todo si es el primero.

De golpe con la realidad

Cuando fui a Recursos Humanos a conocer los detalles de la vacante, me dijeron que el puesto era para la sección de sociales… en un segundo, mi ánimo se vino abajo. Pero tal era mi ansiedad de no conseguir una oferta mejor, que acepté.

Y aceptar un trabajo sin estar medianamente convencida de que lo quieres es muy desgastante. Mi perfil no encajaba para nada en el puesto, mi jornada laboral consistía en hacer llamadas para recuperar información sobre fiestas y bodas. Sí, estaba en un periódico, pero no hacía periodismo.

Esa primera experiencia laboral me dejó muchas enseñanzas, y a cinco años de haber renunciado puedo reconocer al menos tres cosas importantes que aprendí y que puedes aplicar si estás viviendo una situación similar.

No te dejes presionar

Es normal querer complacer a los demás o escuchar consejos y sugerencias, pero cuando se trata de encontrar tu vocación o tu camino de vida, lo más importante es escucharte a ti misma.

Tómate el tiempo necesario para explorar alternativas y no te conformes con la primera opción, a no ser que realmente te guste. Además, no todos estamos llamados a ser parte del mundo Godínez; también se vale emprender un proyecto personal y no entrarle a lo corporativo.

Encontrar trabajo es muy difícil, pero si aceptas uno que no te gusta, estás dejando de lado oportunidades valiosas que serán más difíciles de encontrar si estás poniendo tu energía en un proyecto que no te gusta; a veces lo más sabio es arriesgarse y confiar en nuestras habilidades.

Explora el panorama completo

Si ya estás en un trabajo que no te gusta, no temas. Yo estuve casi un año en sociales, y aunque todos me decían que era imposible cambiarme de sección, aprovechaba mis días libres para escribir de temas culturales y compartía mis textos con otros editores.

No era fácil encontrar el tiempo y las ganas de hacer trabajo extra, pero era importante para mí al menos intentar moverme a otras áreas de la redacción. Cuando uno de los reporteros de cultura renunció sin avisar, el jefe de soft news me ofreció el puesto que tanto quería.

Así que antes de renunciar, agota todas las posibilidades que existen cerca de ti para mejorar tu situación dentro de la empresa; si aún así no estás convencidx, no te fuerces y sé honesta contigo.

En mi caso, trabajar en otra sección sí alargó mi tiempo en el periódico, pero me di cuenta que tampoco era lo que estaba buscando, sobre todo por las condiciones laborales que me ofrecían.

Sé agradecidx

Además del currículum que me dejó el primer trabajo, conocí gente increíble e hice muy buenas amistades. Es importante que no te enganches sólo en lo negativo y que seas generosx y agradecidx con las personas que te impulsaron.

Encontrar la felicidad en los momentos complicados te ayuda a ser más resiliente y te prepara para enfrentar la incertidumbre. No te frustres, ahora que ya sabes lo que no te gusta, podrás armar un plan de carrera mucho más enfocado, lo importante es no desanimarte. 

lecciones que aprendí de mi primer trabajo