Apuntes sobre la homonormatividad o por qué debe respetarse cada color del arcoíris

colores bandera lgbt

Foto. Nicole Honeywill

¡Hola! Si tú, como yo, tienes la Agenda Gay en la mano, sabes que el mes del orgullo ya comenzó. Es durante junio que la comunidad LGBTQ+ reclama espacios, alza la voz, dispara glitter y marcha feliz, entre otros eventos. Esto como ejercicio de nuestros derechos y para participar en los movimientos históricos de una comunidad con diferentes necesidades e intereses.

Sin embargo, nunca falta gente del mismo colectivo que hace comentarios públicos en Facebook como: “(la marcha) es un cabaret de pésimo gusto, un carnaval grotesco que ridiculiza la comunidad y prostituye los verdaderos valores. Pedimos respeto de los hetero. Sin embargo, los obligan a soportar actitudes obscenas frente a sus familias”.

A ver. A ver.

Dos pasos para atrás y tres rayitas de intensidad menos.

El por qué de la diversidad sexual

Para entender de dónde vienen esos juicios tenemos que aclarar un par de cosas: ser parte de la comunidad LGBTQ+ para muchos de nosotros es algo revolucionario. Implica no tener que hacer lo esperado por la sociedad y nos da pie a no conformarnos ni en cuerpo ni en espíritu para practicar el poliamor, no tener intenciones de casarse, o tener hijos y usar pronombres como “elle”, “nosotrxs”, etc.

Para otros esto significa realizarse dentro de una pareja monógama con derechos al matrimonio, tener hijos y perritos e ir a la iglesia los domingos. Ambos caminos existen y son válidos, pero lo que no está bien es permitir que los “verdaderos valores” (¿?) nos partan como colectivo según el tren al que nos subimos después de la estación arcoíris.

Y no, tampoco hay que caer en el “pues si no quieres, no vayas” y la trampa fácil de etiquetarlos como “haters”. Estas actitudes nada más no aportan a la solidaridad necesaria que deberíamos estar cultivando.

La sombrilla que nos cubre y que abarca un acrónimo cada día más largo (ahora mismo va en algo como LGBTTQQIAAP+) implica diversidad y tratar como iguales experiencias de vida muy disímiles.

Aquellos que se encuentran a la mitad del espectro, o fuera, o que lo orbitan como satélite, nos vemos enfrentados a los miembros más conservadores de la comunidad quienes nos describen como “grotescos”, en el mejor de los casos. Estoy aquí para informarles que ese impulso vengador y en pos del buen gusto tiene nombre: se llama homonormatividad, y no está padre.

La homonormativad explicada paso a paso

Este divertido (not) concepto se deriva de la heteronormatividad, en la cual vivimos desde hace milenios. Esta supone que todas las personas son heterosexuales, y que su comportamiento y orientación sexual están en línea con su identidad, expresión de género y genitales (pene = hombre = actúa masculino = siente atracción hacia las mujeres).

La homonormatividad aplica esas mismas ambiciones a la comunidad LGBTQ+. No, no presupone que todo mundo es homosexual; más bien, asume que las personas queer que se comportan de forma normal, en consecuencia gozan de más aceptación y derechos. Esto es muy problemático y excluyente.

La profesora Lisa Duggan, autora del libro ‘The Twilight of Equality?: Neoliberalism, Cultural Politics, and the Attack On Democracy’, define homonormatividad como “una política que no cuestiona los supuestos e instituciones heteronormativas dominantes, sino que las defiende y mantiene”.

Es decir, que la homonormatividad fragmenta las comunidades LGBTQ en jerarquías de valor, donde las orientaciones de género más “comunes” o “normales” son las más aceptadas (incluso en la comunidad LGBTQ). O sea… como que creer que ser gay y lesbiana ya se puede tolerar, pero “¿qué diablos es eso de ser tans o asexual?”. Y no, todxs merecemos ser tratadxs iguales.

Esto es hasta políticamente complicado, pero para entenderlo en breve, significa que se nos lava lo queer y con ello, el brillo y las intenciones de reconocer nuestras diferencias. De ahí el rechazo hacia las manifestaciones de orgullo LGBTQ+ incluso cuando se forma parte de este colectivo.

Lo anterior, por supuesto, afecta a las identidades menos “cómodas” y más vulnerables de la comunidad:

Mujeres y hombres trans, personas seropositivas, bisexuales, personas intersexo, no binarios, demi y asexuales, muxe, la niñez queer que no tiene voz aún, etc.

Este movimiento hacia la derecha nos lleva a odiarnos un poquito porque nos venden esta idea de que no está bien ser mujeres chicanas pansexuales en relaciones poliamorosas —con chicos, chicas, personas no binarias, kinky y sumisas— que además hacen cosplay y practican rollerderby… Digo, por poner un ejemplo (totalmente hipotético 😉 (#LosVeoEnTinder ;*).

Ser honrosamente parte del LGBTQ+

La pincelada de normatividad que representa el matrimonio igualitario no significa que debemos abrazar ideas de familia tradicional, valores o un deber ser que ya estaban ahí y no son nuestras; mucho menos establecer una manera “correcta” de pertenecer a la comunidad.

Identificarse como LGBTQ+ significa que nos comprometemos a respetar la diversidad, impulsar la transformación de criterios y, sobre todo, a no sabotear la visibilidad del otro porque no somos quién para decidir si la merecen o no. (Spoiler alert: sí, sí la merecen; no, no somos quién).

Este es el newsflash de hoy

Saber que existe la homonormatividad y poder identificarla en lo sucesivo es un arma más de nuestra causa como parte de una comunidad amplia, profunda, colorida y en enriquecimiento expansivo que incluye aliados y familias (tú y tú y tú).

Salir a marchar no significa que estamos obligando a la sociedad a soportar nuestra existencia ni atentamos contra los valores. Simplemente vivimos y celebramos nuestras experiencias por medio de actividades que a veces requieren leotardos neón.

Creo que todos podremos estar de acuerdo en que, por mucho que ajustemos la mirada, medio cerremos un ojo y nos pongamos al sol con lentes 3D, la siguiente imagen no se confunde con un arcoíris:

Vaya, tenemos que representar y defender los derechos de todos los colores, a pesar de nuestras diferencias. Porque esto, estimadxs, es una gradiente de amarillo patrocinada por la homonormatividad y no nos representa. Es muy relevante saber que decir “sí los apoyo, pero no hagan escándalo *inserte su identidad sexual deseada*”…. Es excluyente y que homogeneizarnos para ganar derechos no nos vuelve más fuertes, solo nos remodela el clóset para que estemos más cómodos dentro, sin molestar al vecino.

Así que me retiro con su permiso; mi Agenda Gay dice que viene la temporada de caza de unicornios y en estos tacones no voy a poner perseguirlos.