Así trabajan realmente «las nenis» en CDMX

Mucho “¿donde entregarías si fueras neni?” y “vibrando alto como neni” pero ¿cómo es realmente el trabajo de «las nenis» en CDMX? Platicamos con ellas para conocer a qué retos se enfrentan.  

Fotografía. Luke Porter

Esta semana se ha hablado mucho de las nenis. Porque, en lugar de decirles «emprendedoras», este el nombre con el que se le conoce a las mujeres que son parte de la compra-venta de artículos vía redes sociales y/o páginas de internet y que realizan entregas en el metro, sus alrededores u otros lugares públicos. Lo que comenzó como críticas y burlas puede convertirse en reflexionar acerca de las formas de autogestión, las redes de apoyo entre morras y la representación de este sector que subsiste de trabajos informales en México.

Los comentarios en contra de las “nenis” terminan evidenciando que lo que hay en contra de ellas no es una crítica a sus negocios informales, sino clasismo y misoginia. Olvidamos que parte de su chamba es salir a las calles a enfrentarse con distintas formas de acoso, inseguridad y miedo y que muchas veces puede provocar la vigilancia de los policías por la altísima criminalización de esta actividad.

Quiénes son «las nenis» y cómo es en realidad su trabajo

Platicamos con morras que venden en los metros y nos contaron acerca de sus experiencias con estas ventas, la presión por parte de los policías y qué opinan de que se les llame «nenis». Algunas dicen que no se sienten representadas, mientras que otras no tienen problemas con que se les llame así… el problema son las burlas.

“Entiendo que muchas mujeres que venden usan estos adjetivos para ponerse en contacto, lo cual me parece OK. Cuando ya se empezó a usar de manera despectiva por los vatos fue como otra vez cuestionarme la necesidad que tenemos como sociedad de etiquetarnos, y al etiquetar, invisibilizar lo que hay detrás” nos platicó Isamar, quien hace cerámica pintada a mano.

Montse, con su bazar de ropa de segunda mano Artemisa

Para Montse, el proceso de entregas en el metro comienza con el método de traer los audífonos puestos todo el tiempo e ignorar a los policías completamente:

“Cuando empezaron los problemas con las entregas en el metro tuve que implementar dos cosas, la primera es que ya no acepto pagos contra entrega para evitar que nos lleguen a decir algo, cualquier cosa podemos inventar la excusa de que somos amigues y simplemente le estoy regresando algo que olvidó en mi casa o lo que sea. También ahora soy más estricta con la puntualidad para evitar ser foco de atención al momento de tener que permanecer tanto tiempo sin hacer nada en la estación de metro.”

Montse también ha pasado por el papel de clienta, lo que la ha llevado a tener diferentes experiencias en diversas estaciones donde sí ha sido señalada e incluso ha tenido que dejar aquellos espacios por la presión. 

“Hasta una amiga muy cercana que tiene su bazar me contó que le han quitado mercancía por el simple motivo de las entregas y la verdad es horrible como te hacen sentir que estás haciendo algo malo, ilegal o digno de una sanción cuando claramente no es así. Originalmente, las entregas en el metro eran básicas tanto por la practicidad y la seguridad, pero ahora únicamente es seguro porque es un lugar concurrido, no precisamente por los policías”, nos explicó.

Isamar y su cerámica pintada a mano

Isa comenzó a autogestionar en el 2017. Desde entonces ha enfrentado los retos que exige la venta y entrega en los metros.

“Desde un principio lo vi de una forma segura, pues el metro es un área, un espacio en el que hay un montón de gente, es poco probable que me pueda pasar algo.” 

Aún consciente de sus riesgos e inseguridad, Isa se sentía en un espacio seguro, y al final solo estaba haciendo su trabajo: 

Los retos a los que me he enfrentado por hacer entregas en los metros son principalmente los policías. Sí he tenido un par de situaciones en las que me han intimidado, me han intentado chantajear, amenazar.”

Isa dice que también han intentado agarrarla con la excusa de que son actividades ilegales. SPOILER: no lo son.

“En tres ocasiones, la última bastante reciente, sí me quitaron mi dinero, me lo arrebataron. Esa fue la forma en la que me dejaron en paz, ya no me siguieron, pero igual cambié de ruta”, nos cuenta.

La informalidad no es sinónimo de ilegalidad

No, no es cierto que te pueden detener por hacer entregas en los metros, según aclaró el mismo Sistema de Transporte Colectivo Metro. De hecho, estos trabajos informales están en todos lados, existen y resisten en un país que no garantiza una estabilidad económica y predomina una falta de oportunidades laborales.

Recordemos que, según el INEGI, en México solo el 45% de mujeres cuenta con un empleo remunerado y de ellas, más de la mitad (57%) lo hace en la informalidad, lo cual no les garantiza algún tipo de prestaciones o un seguro social. 

Y de las mujeres en América Latina que trabajan en la formalidad, solo el 15% son emprendedoras, de acuerdo con el informe «Género y comercio», del Banco Interamericano de Desarrollo. Las empresas dirigidas por mujeres son más pequeñas y presentan un menor crecimiento del empleo e ingresos. 

Aún con estos datos, las morras con negocios pequeños, freelancers, nenis, microemprendedoras… han salvado las finanzas públicas de México. 

Recomendaciones para cuidarnos entre nosotras

Nunca olvidemos que la comunicación es clave, siempre que quedes de verte con alguna neni muestra flexibilidad y empatía en algún cambio de locación o de horario, no les compliques sus tiempos ni abuses de su disponibilidad. 

Si acordaron un horario, apégate a él y sé puntual. La cuidas al momento de que no se queda esperando.

Nenis, es importante aplicar estrategias que te ayuden a identificar las zonas vulnerables y si lo prefieres, puedes recurrir únicamente a espacios abiertos.