Los sindicatos de trabajadoras del hogar también son feminismo. La lucha en América Latina

En las últimas décadas han surgido en sindicatos de trabajadoras del hogar para enfrentarse a diferentes formas de discriminación y disputar sus derechos.

El servicio doméstico es una importante ocupación para las mujeres en América Latina. Esta región es la segunda en el mundo con la mayor cantidad de trabajadoras del hogar.

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Imagen. Rawpixel

Por: Norma Flores Allende

Marciana Santander es trabajadora del hogar desde los 15 años. Vive en una zona inundable en Asunción y es secretaria general del Sindicato de Trabajadoras del Servicio Doméstico del Paraguay (SINTRADESPY).

“Me hacían comer sobras de comida”, cuenta. La innumerable cantidad de maltratos y abusos vividos a lo largo de las décadas en diferentes hogares la llevaron a tomar una decisión: hablar y organizarse.

Al principio, en el año 2006, la tarea no fue sencilla. Pero las trabajadoras del hogar paraguayas como Marciana fueron valientes. Más aún en un país con una larga historia de persecución a sindicatos y débiles derechos laborales.

El Estado paraguayo, la sociedad e incluso la prensa estaban en contra y ellas debieron enfrentar amenazas por organizarse y reclamar sus derechos.

“Me llamaban a decir: ‘te maldigo para que te mueras de cáncer’”, recuerda Marciana. Sin embargo, ellas persistieron y persisten aún en la lucha por mejorar sus condiciones de trabajo y de vida.

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El trabajo que permite a otras mujeres trabajar (y vivir)

La situación de Paraguay representa en gran medida una realidad en Latinoamérica. El trabajo doméstico está feminizado en la región: de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT), un 95% de las personas trabajadoras del hogar latinoamericanas son mujeres.

En la región que concentra nada menos que el 37% de trabajadoras domésticas del mundo, países como Argentina, Brasil, Costa Rica y Paraguay poseen la mayor cantidad de mujeres ocupadas en el servicio doméstico.

De estos países, Paraguay es el que posee la mayor proporción de mujeres jóvenes en este oficio. No obstante, en toda América Latina el servicio doméstico es una importante opción de trabajo para mujeres pobres, indígenas, negras y migrantes.

Detrás de una gran mujer hay otra gran mujer” sintetiza poderosamente la economista argentina Mercedes D’Alessandro en un artículo para la revista Anfibia.

En el siglo XX, con la incorporación de mujeres al ámbito laboral, las latinoamericanas de clase media y alta recurrieron a la mano de obra barata de otras mujeres.

Los primeros sindicatos de trabajadoras del hogar

Fue así como muchas mujeres pobres, migrantes o negras pasaron a ser trabajadoras domésticas o trabajadoras del hogar (como son denominadas en México y en otros países latinoamericanos) y como consecuencia, comenzaron a organizarse para hacer frente a la explotación.

Entre los primeros sindicatos de trabajadoras del hogar en la región está Unión Personal Auxiliar de Casas Particulares  (U.P.A.C.P.), de Argentina, creado en 1901.

Sin embargo, no fue sino hasta la segunda mitad del siglo XXI que las legislaciones de los diferentes países latinoamericanos comenzaron a equiparar derechos, gracias al Convenio 189 de la OIT.

El convenio, del 2011, establece diferentes derechos básicos para las trabajadoras domésticas: salario mínimo, libertad sindical, descanso semanal y otros. Casi una década después, países como Venezuela, El Salvador, Guatemala y Honduras todavía no lo han ratificado.

“Vale lo que dice el empleador, no la trabajadora”

“Nos contratan para una determinada tarea y al final nos ponen hasta a lavar el carro, lavar el chucho (perro) y podar para no pagar a otras personas. Estamos sumamente desprotegidas”.

Aida Rosales es secretaria general del Sindicato de Mujeres Trabajadoras del Hogar Remunerado de El Salvador (SIMUTHRES). Ella explica que en el país centroamericano son discriminadas tanto por la ley como por la sociedad.

Aida dice que las trabajadoras salvadoreñas viven en un régimen discriminatorio en total desventaja frente a la patronal, con unos salarios de miseria, sin protección y con una seguridad social a discreción de cada empleador.

Sin embargo, frente a un panorama desolador, en donde las autoridades no dan importancia a este tema e incumplen sus promesas, las trabajadoras salvadoreñas sindicalizadas no se rinden.

“Luchamos haciendo siempre incidencia, acciones en las calles, campañas de afiliación. Damos información a las mujeres, llevamos folletos.También contamos con una bolsa de empleo para conseguirles trabajo en mejores condiciones a las compañeras”, indica Aida.

Imagen. Facebook.com/sintradesp

Bolsonaro: nefasto para las trabajadoras domésticas brasileñas

Luiza Pereira, presidenta de la Federación Nacional de las Trabajadoras Domésticas (FENATRAD), de Brasil, comenta que el actual gobierno brasileño representa un gran retroceso e incertidumbre.

Esto debido a las diferentes reformas laborales que ha promulgado en contra de la clase trabajadora.

Además, debido a que el desempleo ha aumentado en las clases medias, muchas trabajadoras domésticas brasileñas han sido despedidas.

“Muchas trabajadoras se están alejando de los sindicatos debido a la presión que ejercen patrones y empresarios”.

Luiza afirma que es importante que más mujeres conozcan que los derechos laborales son fruto de arduas luchas de sindicatos.

Es por eso que una importante acción es reunir a más trabajadoras para unirse, participar y fortalecer la lucha.

Allí radica la esperanza de las trabajadoras brasileña, quienes aún deben velar por la implementación del Convenio de la OIT y la seguridad social en su país.

La informalidad, uno de los mayores desafíos

El 80% de las trabajadoras del hogar latinoamericanas se encuentra en la informalidad. Esto significa que no tienen acceso a seguridad social, derechos como vacaciones o días de permiso e incluso un salario mínimo como base.

En México, las secretarias generales Norma Palacios, María Isidra Llanos y María de la Luz Padua, del Sindicato Nacional de Trabajadores y Trabajadoras del Hogar (SINACTRAHO), comentan que un gran pendiente en la lucha de las trabajadoras domésticas mexicanas es precisamente la formalización.

“Que los  empleadores reconozcan la relación laboral con nosotras, a través de firma de contratos, inscripción al Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS). Y que el derecho a organizarse sea visto como una gran herramienta para lograr defender los derechos de cualquier trabajador o trabajadora”

Datos de la OIT indican que el 99.8% de las trabajadoras mexicanas no cuenta con un contrato escrito y que el 98.3% no tiene acceso a la seguridad social.

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Imagen. Twitter.com/SINACTRAHO/

Juana del Carmen Brítez, secretaria de organización de la Unión Personal Auxiliar de Casas Particulares (U.P.A.C.P), de Argentina, señala: “En este momento estamos trabajando en la formalización de las trabajadoras domésticas. Seguimos teniendo un gran porcentaje de trabajadoras no registradas.” 

En ese país, las cosas están mejor que en México, pero no por mucho: de acuerdo con la OIT, el 75% de las trabajadoras argentinas está en la informalidad. “El desafío es seguir trabajando en campañas para el registro”.

Condiciones equivalentes a la esclavitud

Una situación que llama la atención es la de Perú. El país ratificó el Convenio de la OIT en el 2018, pero las condiciones del trabajo doméstico son muchas veces equivalentes a la esclavitud.

Carmen Almeida, secretaria general del Sindicato de Trabajadoras y Trabajadores del  Hogar de la Región Lima (SINTTRAHOL) explica que la ley peruana no se cumple. “No tenemos un sueldo mínimo, la gran mayoría trabajamos cama adentro y más de 12 horas al día. No  tenemos seguro de salud”.

La situación allí no se detiene. Carmen dice que a muchas trabajadoras del hogar peruanas no se les paga, solo están por techo y comida. Cuando llegan a una edad avanzada, tras haber trabajado más de 30 años con una misma familia, se quedan totalmente desprotegidas.

El sindicato persiste en la lucha, a pesar de la crisis política en el país andino y la intensa discriminación.

“Estamos trabajando en cuatro paredes. Las empleadoras nos prohíben sindicalizarnos, las compañeras tienen miedo y hay muchos despidos”.

¿Qué dicen algunas empleadoras?

Yolanda Mujica es una psicóloga de 60 años que vive en Asunción. Desde la adolescencia debió salir a trabajar, así que ha contratado trabajadoras del hogar para el apoyo en el cuidado del hogar mientras ella se ganaba el pan.

Nos cuenta que cumple la ley: paga salario mínimo, seguro social, vacaciones, “con todos los beneficios correspondientes legal y humanamente”.

La organización de todas las mujeres trabajadoras

Para Yolanda, el capitalismo impone una falsa división entre trabajadores de oficina y trabajadoras del hogar y que todos los trabajadores estamos sufriendo la precarización en un contexto regional de crisis y avance del conservadurismo.

Ante esto, la psicóloga dice que ella, como trabajadora, tiene conciencia de clasa. Toda organización es fundamental para adquirir derechos, y así subraya que la unión gremial y de clase es importante:

“La organización de las mujeres trabajadoras del ámbito doméstico con el apoyo de otras trabajadoras y trabajadores es fundamental”.

También menciona la lucha de las mujeres trabajadoras, recordada en el Día Internacional de la Mujer: “No hay otra más que organizarse y pelear para salir de esta sociedad tan injusta en tantos sentidos”.

Margit Gehre es una abogada de 33 años quien también vive en Asunción. Explica que tanto ella como su marido trabajan tiempo completo afuera de la casa y que por ese motivo contratan a una trabajadora del hogar como apoyo en las tareas del hogar y de cuidado de su hija.

La trabajadora acude entre dos a tres veces por semana y recibe el pago por hora de acuerdo al salario mínimo legal.

Es un tema feminista

Respecto a la lucha y organización de las trabajadoras del hogar, Margit dice que es muy importante. Como abogada comprometida con causas sociales, colabora asesorando legalmente a las mujeres que acuden a ella y piensa que las mujeres que han logrado empoderarse tienen el deber de dar herramientas a las más vulnerables para ayudarles en la conquista de derechos. 

Para ella, desde el feminismo deben valorarse las tareas de cuidado como trabajo, enfatizando su incidencia en la economía. Por lo tanto, las trabajadoras del hogar deben ser reconocidas.

Pero también es importante discutir acerca de la distribución de las tareas del hogar dentro de las familias:

“Es muy importante deconstruir el concepto que se les da a estas tareas como exclusivas de las mujeres. Todas las personas deben tener su cuota de responsabilidad en lo que refiere al cuidado”.

El poder de las voces de las mujeres organizadas

— Pero si vos cobrás sueldo mínimo yo no te voy a poder pagar.

— Me podés pagar por día también, señora, o por hora.

Así reza la cortina del programa Doméstica Ñe’ẽ  (La voz de las domésticas), el programa radial del Sindicato de Trabajadoras del Servicio Doméstico del Paraguay (SINTRADESPY).

Senaida Colina, miembro del sindicato, cuenta que en los comienzos, conducir un programa de radio sin experiencia fue muy difícil. “Cuando empezamos teníamos mucho pavor de hablar ante las cámaras, pero nos capacitamos en locución”.

Esta iniciativa, surgida en los primeros meses del 2019, fortaleció la organización de las trabajadoras, “nos ayudó a desenvolvernos, a vencer el miedo a hablar en público”, en palabras de Senaida.

El programa cuenta con el apoyo del Centro de Documentación y Estudios (CDE) y la Embajada de Canadá.

Hablar desde una misma

Del CDE, la académica feminista paraguaya Clyde Soto explica que las diferentes conquistas de las trabajadoras domésticas paraguayas, quienes lograron la igualdad salarial por ley en el 2019, se deben a que ellas se animan a hablar en voz alta a una sociedad que aún no concibe que ellas deban tener derecho alguno.

“Hablar desde una misma tiene una fuerza y una potencia imposible de obviar. Ellas con mucho esfuerzo se sientan a hablar, arman organizaciones, participan de mesas de diálogo, son capaces de hacer incidencia y pensar desde su situación como trabajadoras”.

Gracias al programa radial, dice Senaida, muchas trabajadoras reúnen fuerzas y toman el coraje de hablar acerca de sus situaciones laborales. “Las compañeras nos llaman a decir que no cobran salario o aguinaldo, que las despidieron y nosotras desde la radio les orientamos”.

Cabe señalar que en Paraguay existe otro programa radial, La Hormiguera, conducido por el Sindicato de Trabajadoras Domésticas de Itapúa (SINTRADI).

Un cambio desde la sociedad

Clyde Soto explica que para que exista justicia para las trabajadoras domésticas no bastan las leyes.

En primer lugar debe haber un cambio de mentalidad en la sociedad.

Por eso es urgente dejar de normalizar que una mujer deba explotar a otra para poder trabajar y que debe plantearse la redistribución del trabajo doméstico dentro de las familias.

¿Cómo puede lograrse este cambio social? Para la académica, cuya organización ha estudiado el trabajo doméstico en América Latina, las voces y la lucha sindical de las trabajadoras son vitales.

La líder sindical paraguaya Marciana Santander recuerda que en muchas ocasiones fue con sus compañeras a medios de comunicación a decir:

Somos seres humanos, trabajamos y merecemos derechos. Hacemos lo que la gente no hace en su casa: lavamos sus baños, cuidamos sus hijos, lo más preciado que tienen”.

Tras mucho hablar e insistir, varias personas comenzaron a cambiar de opinión. “Nos empezaron a decir que lo que decimos es cierto, que teníamos razón en nuestros reclamos”.