Sobre la atención plena y por qué deberíamos practicarla

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Son las 5:30 a.m. y el despertador hace lo suyo. Tu mente adormilada se activa automáticamente. Tus manos se mueven como las de un robot amarrando las agujetas de tus tenis mientras escoges mentalmente qué zapatos serían propios para las actividades laborales del día. Sales a correr y empiezas tu recorrido con un repaso de los mails por contestar, en la segunda vuelta a la manzana aprovechas para generar la lista de los 5 pendientes más importantes del día y estás tan enfocada en tus pensamientos que, de repente, miras a tu al rededor y te preguntas cómo fue que llegaste al lugar en el que estás. ¿Has vivido algo similar?

La atención plena, también conocida como mindfulness, es una propuesta proveniente del Budismo relacionada con la meditación, que sugiere ser y estar consciente de ti mismo, de tus pensamientos y emociones aceptándolas en tiempo real. Se trata de poder enfocarte en las cosas a las que tú decidas prestar atención, en lo que estás haciendo y en cómo te hace sentir. Se trata de desarrollar la capacidad de centrar la atención en las sensaciones y estar presente aquí y ahora. Es decir, que no nos pase eso de perdernos en nuestros pensamientos todo el tiempo, y así evitar confusiones y frustraciones.

El cuerpo nos habla todo el tiempo, pero podríamos no saber escucharlo. Por ejemplo, la rutina puede hacer que no notemos un dolor de rodilla sino hasta el momento en el que nos disponemos a descansar por la noche, incluso cuando esa sensación ya ha estado presente por muchas horas, sólo que no estábamos conscientes de ella. ¿Has pensado en todas las cosas que pasan por tu cuerpo de las que no te percatas? No es por asustarte, pero recuerda que tarde o temprano el cuerpo pasa la factura.

Ahora, ¿qué lograríamos con estar conscientes? En primer lugar –y lo más importante– comenzar a comprender la mente, a través de la observación de nuestras sensaciones externas e internas.

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¿Y cómo empiezo? Anteriormente hemos hablado del manejo del estrés, y el cómo sacarle provecho a la respiración. Este tipo de ejercicios nos llevan a hacer una revisión general de nuestras sensaciones corporales.

Empecemos con el exterior. Hay que decidir a dónde dirigir la atención: Planear tu día a la hora de la caminata matutina no es lo más recomendable. La idea es vivir bajo la premisa: estar en donde estás.

Para entrenar esto el consejo es: tómate un tiempo para “no hacer nada”. Puede ser desde 10 minutos al día. Existen diferentes ejercicios que nos pueden ayudar, desde el contacto directo con la madre naturaleza (observar un árbol y enfocarnos en ver los espacios vacíos que hay entre sus hojas) hasta el contacto con nuestra amada madre tecnología (disfrutar de un video de imaginería guiada, que puedes encontrar en YouTube).

Otra opción es incluir actividades como recibir masajes, practicar yoga, meditación o terapias más especializadas como la terapia craneosacral, serán siempre métodos efectivos para que podamos conocer los beneficios que nuestro cuerpo recibirá al hacernos conscientes de él.

El mindfulness ayuda al manejo de estrés y a llevar una existencia en mayor plenitud y conexión, y lo mejor es que no tienes que ser Mahatma Gandhi para lograrlo.