Echo chamber, el fenómeno de las redes sociales que no te deja ver el mundo real

Foto. John Schnobrich

En cierta ocasión, uno de mis contactos en Facebook publicó “si alguien sigue creyendo que *candidato* es un peligro para México o que es la viva imagen de Hugo Chávez, Nicolás Maduro o que lo apoya la mafia rusa, por favor bórrenme” (spoiler: nadie la borró porque quien leyó esto estuvo de acuerdo). Es algo que puede dar un poco de risa si eres fan de “ya sabes quién” o de cualquier otro candidato a la presidencia. También puede pensarse que esta persona desea rodearse solo de un ambiente amigable en sus redes sociales o es cero tolerante a las opiniones distintas a la suya. En realidad lo que está viviendo es el efecto echo chamber.

La echo chamber o cámara de eco es un fenómeno de comunicación donde las personas escuchan solo lo que les es afín, lo que quieren, lo que les gusta.

En los medios masivos de comunicación —y ahora en las redes sociales—, una echo chamber es la descripción metafórica de una situación en la que la información, ideas o creencias son amplificadas por transmisión y repetición en un sistema “cerrado” donde las visiones diferentes o competidoras son censuradas, prohibidas o representadas por una minoría que pasa desapercibida.

Vivir en la burbuja

El efecto que logra estar sumergidxs en una echo chamber es tener únicamente una parte de la realidad. Este filtro se da por un algoritmo que ya han establecido redes sociales como Facebook, Twitter e Instagram, donde el contenido del timeline está conformado por aquellas publicaciones de nuestra gente más cercana, con la que más interactuamos y, por lo tanto, la que suele pensar más como nosotrxs.

Lo que sucede en la llamada echo chamber es muy similar al “efecto burbuja”. Si uno de los candidatos a la presidencia da un discurso buenísimo, es más probable que a quienes son afines a él le aparezcan más noticias y opiniones relacionadas con eso. No así si otro candidato hizo un chiste buenísimo o dio una propuesta novedosa. Este tipo de información aparecerá relegada. La réplica de una sola noticia inundará nuestra burbuja, cambiando así una perspectiva global.

De acuerdo con un estudio publicado en la revista científica PNAS, lxs usuarixs tienden a buscar información que va acorde con sus ideas políticas. “Las redes sociales cambiaron en gran medida la forma en que nos informamos y moldeamos nuestras opiniones. La polarización de los usuarios parece dominar el consumo de noticias en Facebook”, explica.

Luego de analizar a 920 medios de comunicación y a 376 millones de usuarios, exploraron la anatomía del consumo de noticias en Facebook a escala global. El resultado fue que lxs usuarixs tienden a limitar su atención en un conjunto de sitios, lo que determina una estructura de comunidad definida entre los medios de comunicación.

Un peligro invisible

Los peligros que puede desencadenar vivir en la burbuja han llegado a ser tan trascendentales como hacer que un candidatx pierda una elección (caso Hillary Clinton vs Donald Trump), apoyar un asunto diplomático como el Brexit o votar negativamente al Plebiscito sobre los acuerdos de paz de Colombia de 2016 (cuando casi todas las encuestas decían que ganaría el SÍ y ocurrió lo contrario).

En el primer ejemplo, explica la BBC, las noticias en las redes sociales lograron “informar” de forma muy parcial a los votantes, haciendo creer que Hillary Clinton ganaría con la mano en la cintura. Algunas personas, con ese pensamiento, no acudieron a votar porque, en su mundo, Trump no tenían oportunidad frente a ella. Si a esto se añaden los rumores, las opiniones no verificadas y las fake news que inundaron las redes y pudieron cambiar la decisión inclinándola en favor de Trump, la consecuencia del fenómeno se puede maximizar.

“Estas cámaras de eco en línea crean nociones dudosas, dándoles un aire de legitimidad y combustible aumentando la separación de la realidad”, explica David Robert Grimes, columnista de The Guardian.

Según el diario, se estima que el 61% de los millennials obtienen noticias principalmente en las redes sociales. Si en las elecciones presidenciales en México el voto de los jóvenes representará el 30% del listado comicial, entonces podemos entender la magnitud del problema.

¿Cómo salir de la echo chamber?

Para salir de la burbuja en la que vivimos (o nos han hecho vivir las redes sociales) hay varias acciones que podemos ejecutar.

El periodista Mario Campos lo dice muy claramente en este tuit. Ampliar las redes de contactos para rodearse de personas diferentes y entender que nuestro mundo no es TODO el mundo.

La idea es informarse con pluralidad. Buscar todas las aristas de un mismo panorama electoral.

1. Vuélvete plural en la forma en que te informas

Si eres súper fan de Carmen Aristegui (con un perfil de izquierda), antes o después de su noticiario, vale la pena escuchar a otros comunicadores: Luis Cárdenas en Noticias MVS (conocido por tener un perfil más de derecha), a Gabriela Warkentin y Javier Risco en W Radio (que son más liberales y desenfadados) y en la noche ver a Ciro Gómez Leyva en Imagen Televisión. 

Si solo lees La Jornada, conviene echar un ojo a El Universal, MilenioReforma, BuzzFeed News y hasta Sopitas.

(Es posible que, según tu ideología, te dé dolor de estómago escuchar opiniones que no te agradan, pero es la única forma de saber que existen).

2. Sigue a todos los candidatos

Ya sea te simpatice Ricardo Anaya, Andrés Manuel López Obrador, José Antonio Meade, ninguno de los tres o que estés en indecisión por tu voto, vale la pena seguirlos a todos en todas sus redes sociales. Así, podrás están al tanto de lo que propone cada uno.

3. Amarra tu hígado

No es lo mismo bloquear a un contacto que es discriminador o machista a uno que apoya a un candidato que no es de tu agrado. Con toda la bilis que puedas derramar por ello, es benéfico conocer opiniones diversas.

Para vencer a la echo chamber, explica David Robert Grimes, necesitamos ser más perspicaces al analizar nuestras fuentes. “Debemos aprender a no aferrarnos a algo únicamente porque concuerda con nuestras creencias, y estar dispuestos a descartar cualquier noción cuando la evidencia la contradice, sin importar cuán reconfortante pueda ser la idea desaprobada. Como observó el gran físico Richard Feynman una vez, ‘nosotrxs mismxs somos la persona más fácil de engañar'”. Así, debemos cuestionar no solo las fuentes de nuestrxs oponentes, sino también las nuestras.