Así es como la realidad virtual podría ayudarnos a ser más buena onda

realidad virtual discriminación

Foto. Bradley Hook

¿Cómo simular una mejor realidad? Un par de compañías de nuevxs emprendedorxs están utilizando la realidad virtual para hacer vivir en carne propia los acosos sexuales, la discriminación y la inequidad. La idea no es causar temor, sino lograr empatía y educar al mismo tiempo.

La primera de ellas es la estadounidense Vantage Point, fundada por Morgan Mercer, quien es la CEO de la startup ubicada en Los Ángeles. La segunda es Equal Reality, creada por Annie Harper, artista e ingeniera de software en 3-D, y tiene sede en Brisbane, Australia.

Ambas han comenzado su trabajo dirigiéndolo a empresas, para lograr una equidad de género e intentar mermar los acosos sexuales en las oficinas. Sin embargo, también tienen como campo de acción la discriminación racial y a personas con discapacidad.

Gracias a programas de realidad virtual, un empleado varón puede sentirse como una mujer en una sala de juntas donde todos los demás son hombres y la miran extraño. También en una situación de subordinación con un jefe que solicita favores fuera del esquema laboral.

Así funciona

En Vantage Point, colocan unas gafas de realidad virtual a la persona que va a experimentar la situación basada en hechos reales. Con un video, el programa hace percibir a los hombres “ante sus ojos” cómo es el acoso laboral. “Es la forma más efectiva de que sientan por lo que pasa una mujer en esa situación”, explica Mercer en un video hecho para mostrar su proyecto.

Quien tiene las gafas, puede reaccionar con un menú de elección. También tiene acceso a un una gráfica del impacto global del acoso sexual, así como a testimonios de sobrevivientes reales de violencia de género. Por medio de esa vivencia tan real, el espectador obtiene un entrenamiento de cómo debe responder ante ciertas situaciones en un entorno seguro simulado.

Al final, a cada participante se le hace una evaluación de sus actitudes, creencias y comprensión de conceptos básicos de lo aprendido.

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Foto. Christian Fregnan

Una idea complementaria

La obra de Equal Reality es muy similar. Annie Harper y su equipo están trabajando para crear situaciones generadas por computadora que se personalizan según las necesidades específicas de los clientes. Los módulos de capacitación ayudarán a las empresas a educar a los empleados para evitar el acoso sexual y la intimidación, la diversidad de género, la inclusión de la discapacidad y la inclusión cultural.

El usuario que quiere ser afectado, se coloca unos lentes de realidad virtual y entonces ve el mundo desde la perspectiva de alguien sentado en una silla de ruedas. En ese entorno virtual, todos los que le rodean son mucho más altos e ignoran al que está sentado en la silla mientras conversan.

Según explica Mercer, de Vantage Point, las experiencias logran un 90% de efectividad al recordar esas situaciones contra lo que puede asimilarse leyendo del tema, que corresponde a un 50%.

Esta idea, además de lograr un avance humano y social en las empresas, pretende ser una innovación que les reditúe en un negocio. Y ambas empresas están lideradas por mujeres. Lo que ellas y su equipo pretenden mostrar es que las compañías que tienen menos discriminación hacia el género, raza o capacidades físicas, tienen un mayor progreso en comparación con las que no.

Un plan alentador

De acuerdo con un informe de 2016 de la firma global de consultoría de gestión McKinsey & Company, el avance de la igualdad de las mujeres en todo el mundo podría sumar 12 billones de dólares en crecimiento a la economía mundial para 2025. De ahí la importancia de que cada vez las mujeres se sientan más seguras en su área de trabajo y que puedan llegar a ocupar un mayor porcentaje en puestos directivos.

Ahora, un número creciente de startups está desarrollando programas de realidad virtual para que las empresas capaciten a sus empleados para reconocer mejor el sesgo inconsciente. Inmersas en una situación realista, las personas experimentan lo que se siente estar en el papel de quien sufre la intolerancia. Eso desencadena la empatía necesaria para cambiar el comportamiento negativo.

Para hacer que sus programas —aún en modo de prueba— logren tener mayor realidad y, por ende, más éxito en su propósito, ambas compañía están trabajando con científicos y expertos en recursos humanos.

El propósito final es aprovechar ese aprendizaje del cerebro que crea empatía. Que con ello comiencen a desaprender los prejuicios, los estereotipos y que las personas puedan lidiar mejor con situaciones similares en su día a día. “Es ponerse en los zapatos del otro”, concluye Mercer.