Sexismo, discriminación y clasismo: la realidad a la que se enfrentan las trabajadoras del hogar

trabajadoras del hogar
Foto. Rawpixel

La limpieza del hogar es un trabajo que atraviesa a muchísimas mujeres, ya sea como empleadas, empleadoras o como responsables de sus propias casas. De acuerdo con el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), en México 2.3 millones de personas laboran como trabajadoras del hogar y nueve de cada diez son mujeres (INEGI 2018).

Sin embargo, quienes se dedican a esta labor han sido objeto de una discriminación estructural durante años, además de ser un sector particularmente estigmatizado e invisible.

Como consecuencia, suelen darse condiciones como jornadas laborales de hasta 12 horas sin contrato, sin derechos laborales ni seguridad social, sin garantías de pensión y sin posibilidad de ahorro.

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Esfuerzos colectivos

Ante esta realidad han surgido esfuerzos colectivos como Parvada, una organización que, entre otras cosas, enlaza a las trabajadoras del hogar con mejores ofertas a través de su sitio trabajodelhogar.org, y que además creó un test de explotación y un tabulador para definir tarifas justas.

Platicamos con Ana Farías, directora de dicha organización, para conocer más sobre esta iniciativa, la cual surgió hace tres años en Guadalajara con mujeres que viven en asentamientos informales y que se dedican al trabajo del hogar remunerado.

Un programa para ellas

Ana Cuenta que lo primero que hicieron en la organización fue sacar el test de explotación. Tiempo después diseñaron un programa de capacitación para las trabajadoras del hogar, así pueden conocer sobre sus derechos, tejen redes de cuidado entre ellas y aprenden cómo cobrar y negociar.

Asimismo, cuentan con una plataforma de colocación que fue creada con un grupo de trabajadoras. Es gratuita para ellas y su función es conseguirles trabajo en donde les paguen lo que previamente se calculó en el tabulador.

A la par, Parvada también busca concientizar a los y las empleadoras para mejorar las condiciones laborales al interior de sus hogares.

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Un problema estructural

De acuerdo con Ana Farías, el problema del mal trato a las trabajadoras del hogar es estructural y combina sexismo, discriminación y clasismo.

“Tiene que ver con esto que nos tiene en el hoyo a todas las mujeres: la división sexual del trabajo —a nosotras nos imponen ciertas tareas que tienen que ver con la reproducción, mientras que a los hombres les “corresponden” las de producción—, a todas nos afecta esto, porque las mujeres trabajamos más en casa y en cuidados que los hombres”, detalla.

A esto añade que las propias mujeres terminamos siendo parte del sistema de explotación al contratar a otras mujeres bajo condiciones horribles. A veces porque económicamente no alcanza para más, otras por creer que estas mujeres no son sujetos de derechos.

Foto. Marianna Barroso

“A la gente le parece bien el abuso”

De acuerdo con Farías, muchas empleadoras —habla en femenino porque las mujeres somos quienes más contratamos esos servicios— siguen pensando que una sola trabajadora debe hacerse cargo de absolutamente todo. Sin embargo, para eso sirven los contratos; para delimitar qué actividades realizar, cuáles no y cuánto se paga por cada una.

Ana recalca que debe haber un pago distinto dependiendo de la actividad que se realiza, ya que el trabajo del hogar no es como “un buffet en el que obtienes todo por el precio de uno”.

Al respecto, Parvada realizó una investigación: fingieron ser una agencia de colocación que cobraba 150 pesos por ocho horas de trabajo. Fue un éxito, si hubiera sido una agencia real, habría despegado rapidísimo, “es porque a la gente le parece bien el abuso”.

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Aliarse para que las cosas cambien

Para Ana Farías, además de mayor conciencia sobre los derechos laborales hacen falta sanciones y medios de coerción, instituciones especializadas.

Respecto a las capacitaciones que llevan a cabo en la organización comenta que ya han visto resultados.

Algunas trabajadoras no sólo han podido acceder a mejores trabajos, sino que en los que ya tenían han podido negociar aumentos. De ganar 200, 250 pasan a ganar 350 o 400 pesos.

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Foto. Marianna Barroso

Lo que sigue…

El siguiente paso es capacitar a un grupo de trabajadoras del hogar para que manejen la plataforma, totalmente por su cuenta.

Además, en Parvada hacen énfasis sobre la importancia de que las empleadas se organicen entre ellas, pues la experiencia de reunirse con otras mujeres a platicar lo que viven en su trabajo les permite saber que no son las únicas pasando por eso y que hay formas de cambiarlo.

“Ya sea en organizaciones o en sindicatos, aliarse con otras trabajadoras es clave para que las cosas cambien”, puntualiza Ana.