¿Por qué nos da tanto miedo utilizar la palabra vagina?

Hace algunos días encontré en Medium una nota creada por una chica llamada Kelly Catchpole en la que enlistaba las diferentes formas en las que se le ha llamado a la vagina a través de los años. Entre strawberry jam, kissing gate, corset clamp y otros términos en inglés que realmente no significaron nada para mí, me puse a pensar en cuáles son las diversas maneras en las que la llamamos en el idioma español y por qué nos cuesta tanto mencionar su nombre oficial: vagina. VA-GI-NA.

No te ruborices, no pasa nada por leerlo, mucho menos por decirlo. Sin embargo nos hemos esmerado en ponerle a la vagina cuanto apodo se nos ocurra, a fin de que no suene tan “fuerte” o “vulgar” cuando hablamos de ella.

Desde niñas nos hablan sobre nuestra “mariposita”, “cosita” o “flor”. Luego crecemos y nos advierten que debemos cuidar que no nos deshojen la “margarita”; que no magullen la “papaya”. Básicamente, que protejamos nuestro “aquellito”. Nos volvemos adultas y la historia sigue, porque entonces ahora se habla de la «zona V» o «partes íntimas». ¿En verdad eso suena mejor que decir “aprende cómo funciona tu vagina y protégete cuando tengas sexo”? No lo creo.

Tenemos que quitarle ese tabú a nuestro órgano sexual femenino y aprender a llamarlo por su nombre y sin pena.

Mujer, te presento a tu vagina. Es una máquina natural maravillosa, y merece que la trates como tal.

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