En un texto pasado, Irlanda Mainou nos compartió cómo estaba viviendo la endometriosis físicamente, ahora nos habla de los efectos en la salud mental.
Por: Irlanda Mainou
Vivir con endometriosis ha sido una travesía de meses en los que nunca sé si será o no una semana en la que podré pararme al baño, me quedaré llorando en la cama por horas o tendré la energía mínima para hacer mis quehaceres diarios.
La endometriosis es una enfermedad crónica en donde el tejido endometrial se forma fuera del útero. Es decir, capas de endometrio de diferentes tamaños y grosores llegan hasta los ovarios, recto e incluso la cavidad vaginal provocando una dismenorrea o dolor excesivo durante la menstruación.
En algunos casos, la dispareunia (o el dolor durante el coito) está relacionado con la endometriosis. Si estás viviendo un síntoma similar, lo más recomendable es acudir con un especialista.
En mi caso, los medicamentos me han ayudado a mejorar físicamente. El dolor físico ya no es tan frecuente, sin embargo, existen otros: el dolor emocional y mental.
Yo nunca imaginé que hubiera una relación entre mis trastornos de ansiedad y depresión con la endometriosis. En un punto me percaté de que antes, durante y después de menstruar había ciertos síntomas tanto en mi cuerpo como en mi mente, como una completa desmotivación, cambios en mi libido, melancolía, ataques de ansiedad e incluso ansiedad social.
«La endometriosis está relacionada con alteración emocional, altos grados de somatización, y sentimientos de incertidumbre, el cual influye en la falta de percepción de control, afectando la salud mental. La ansiedad y depresión son los trastornos que más presentan comorbilidad en la endometriosis, y tienden a co-ocurrir de manera conjunta», de acuerdo con el texto científico Endometriosis: Aspectos Psicológicos (2021).
Y agrega: «los desórdenes psiquiátricos también se pueden presentar como consecuencia a tratamientos hormonales vía oral» para tratar la endometriosis.
Y es que, chica, ¡todo es hormonal! Los trastornos mentales –más allá de la depresión y la ansiedad– pueden abonar a que la enfermedad se intensifique, al mismo tiempo de que la endometriosis también afecta a la salud mental.
Endometriosis y salud mental, ¿qué podemos hacer?
No tenemos una varita mágica que funcione para todas porque los cuerpos son completamente distintas entre sí. Lo que sí es un hecho es que intentar controlarlo –aunque suene utópico a ratos– es la solución para este torbellino de enigmas psicoemocionales, físicos y psicosociales.
Controlarlo no forzosamente es imperativo de utilizar la medicina occidental, o tal vez sí, depende de ti, de tu cuerpa y de lo que te haga sentir mejor.
Antes de decidir cualquier cosa siempre, ¡siempre!, escucha a tu cuerpa antes. «¿Qué necesita hoy? ¿Qué no necesita? ¿Cómo prefiere articular el movimiento? ¿Cuál es su energía? ¿Cuál es su sentipensar? ¿De qué manera se apaciguan los dolores físicos y emocionales?» Teniendo esto claro es más factible hablarlo con un médico.
Y no todo está perdido, hay muchas maneras de controlarlo, tanto con medicación occidental o natural a base de plantas, cirugía, con meditación y respiración –a pesar de que esta parte es bastante difícil para nosotras las personas que vivimos con ansiedad– actividades recreativas o de ocio para distraer la mente del dolor físico y emocional o si una manera de controlarlo es llorar con un amigue entre abrazos para elevar la dopamina, es válido también.
Siempre escucha a tu cuerpa, lo que necesita y lo que te dice a través de sensaciones.
Si lo personal es político, la maternidad también. En este texto, Esther Vivas —autora de ‘Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad’— nos cuenta por qué es urgente repensar un mundo que reconozca el valor social, político y económico de la maternidad y las labores de cuidado.
Ilustración de Eréndira Derbez para la portada del libro Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad’
Si tomamos el principio feminista de que lo personal es político, el reto consiste en politizar la maternidad en sentido emancipador.
No se trata de idealizar el hecho de ser madre, sino de reconocer el valor valor social, político y económico de la maternidad, el cual ha sido negado por esta sociedad patriarcal y productivista. Así lo planteo en el libro Mamá desobediente. Una mirada feminista a la maternidad, publicado recientemente en México.
Ser madre y feminista no parece fácil, pues la maternidad carga con una pesada losa de abnegación, dependencia y culpa, ante la cual las feministas históricamente se han rebelado.
Sin embargo, este rechazo necesario a la maternidad bajos los parámetros del patriarcado terminó con una relación tensa y mal resuelta con la maternidad en sí, incluso cayendo en cierto discurso antimaternal y antirreproductivo.
Por eso es necesario diferenciar —como bien dijo la activista y ensayista estadounidense Adrienne Rich— entre la institución maternal impuesta y la experiencia materna libremente elegida.
Maternidad feminista y antipatriarcal
El desafío, desde una perspectiva feminista, reside en acabar con la primera y liberar la segunda, lo que implica una confrontación constante con las normas sociales establecidas.
El problema no es la maternidad en sí misma, sino el sentido en que el patriarcado la define, impone y restringe.
Ni madres sacrificadas, que tienen como fin único cuidar a sus hijes, ni supermamás siempre disponibles para el mercado de trabajo. Es contra estos ideales inasumibles que es necesario rebelarse y desobedecer.
Imaginar otras maternidades (en colectivo)
Se trata de tomar conciencia de cómo unas prácticas tan relevantes para las sociedades humanas —y en las cuales las mujeres y personas gestantes tenemos un papel fundamental—, como gestar, parir y amamantar, han sido relegadas a los márgenes. Es urgente valorarlas y visibilizarlas pública y políticamente.
Al mismo tiempo, es necesario señalar que la maternidad no es solo una responsabilidad individual, sino que se trata de una responsabilidad social y colectiva. Y lo debe ser en el marco de un proyecto social emancipador.
Otras maternidades solo serán posibles en un nuevo modelo de sociedad que coloque en el centro a los cuidados.
De aquí que sea tan importante no solo apelar a una maternidad feminista y a un feminismo que incorpore a la maternidad, sino trabajar para conseguir cambios en el mercado de trabajo, los servicios públicos, la institución familiar, en el modelo de reproducción social.
Que ser madre no sea una quimera ni un privilegio, sino un derecho.
Salty, un newsletter estadounidense enfocado en mujeres, personas trans y no binarias, publicó un reporte junto con la Universidad de Michigan que evidencia cómo ocurre la censura en Instagram.
Quienes usan Instagram continuamente saben qué tipo de contenido podría ser borrado de la plataforma en un santiamén: los senos desnudos de una mujer, por ejemplo.
Pero además de la desnudez, hay otros factores que juegan un papel clave en el contenido sujeto a censura en Instagram. Ser una persona trans, no binaria, trabajadora sexual o de cuerpo grande, por ejemplo.
Esos fueron los hallazgos de un reporte conjunto entre Salty —un newsletter estadounidense enfocado en mujeres, personas trans y no binarias— y la Universidad de Michigan.
«Encontramos evidencia sustancial de censura en Instagram para grupos marginados, incluidas personas transgénero y/o no binarias, LGBTIQ+, BIPOC (acrónimo en inglés de personas negras, indígenas y de color), con alguna discapacidad, trabajadoras sexuales y/o educadoras sexuales», dice el reporte.
Y agrega: «nuestros resultados destacan las formas problemáticas y discriminatorias en que los cuerpos e identidades de personas de comunidades marginadas son sexualizadas y vigiladas en las redes sociales».
Esta investigación es resultado de la experiencia que Salty ha vivido en Instagram. Desde julio de 2019, aproximadamente, sus intentos por anunciarse en la plataforma fueron bloqueados y marcados como si fueran solicitudes sexuales.
El reporte fue elaborado con información recabada a través de encuestas realizadas desde octubre de 2019 hasta febrero de 2021. Salty sigue investigando este tema, así que si quieres participar puedes hacerlo acá.
«Estoy enojadx. Veo marcas que publican el mismo tipo de contenido que yo y que son aprobadas. Pero porque soy hispano y transgénero, ¿mi contenido es bloqueado? Simplemente publiqué una foto mía, sin mostrar más piel que cualquier otro modelo cis-heterosexual-blanco (…) Estamos aquí, somos hermosos y no vamos a ninguna parte», dijo a Salty una persona participante en las encuestas.
Otra dijo esto: «Fue extremadamente frustrante sentirse silenciado. Incluso ahora me preocupa publicar demasiado sobre derechos humanos o cuestiones sociales en mis historias porque no sé qué podría causar otra prohibición».
«Me sentí extremadamente enojadx y molestx porque la foto era solo de mí en traje de baño. No había una autolesión reciente visible y no debería verme obligada a ocultar mis cicatrices», dijo una persona con discapacidad que participó en el estudio.
Imagen: Salty
Las personas con discapacidad son más vulnerables a ser censuradas en Instagram por autolesión o violencia, de acuerdo con el reporte publicado el 27 de septiembre pasado. En el caso de las de cuerpos grandes, la censura ocurre por no cumplir con las «normas comunitarias».
«Mi contenido fue eliminado simplemente por mostrar una panza grande. No senos ni genitales. Si hubiera sido un abdomen delgado, nunca habría sido removido. El doble estándar es obvio y perjudicial».
El 11 de octubre pasado, Instagram anunció una nueva función: «Estado de la cuenta». De acuerdo con la plataforma, «será el mejor lugar para ver lo que sucede con tu cuenta y la distribución de contenido». Sin embargo, no dio más detalles.
Los transfeminicidios ocurren en México en la impunidad, en parte, debido a que estos crímenes no están tipificados en ningún código penal, de acuerdo con una investigación de Ruido en la Red.
Ser una mujer trans es vivir constantes discriminaciones y violencias, al grado de tener una esperanza de vida menor (35 años) a la de una persona cisgénero (75), según datos recopilados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Durante 2020, en México se registraron al menos 43 transfeminicidios, de acuerdo con un reporte de la organización civil Letra S, que se dedica a proteger los derechos de las comunidades LGBTIQ+ y las personas que viven con VIH.
Sumado a esto, ningún código penal tiene tipificado el delito de transfeminicidio, lo cual abre paso a la impunidad, de acuerdo con el reportaje publicado este miércoles en Ruido en la Red.
«El transfeminicidio, más allá de un homicidio, es un tipo de violencia motivada por el castigo e impulsada por el odio, según la CIDH.
«Se trata de una de las formas de homicidio más crueles y simbólicas que existen, debido a que las mujeres trans son torturadas, agredidas sexualmente y experimentan actos de extrema violencia antes de ser asesinadas», de acuerdo con el texto publicado este miércoles y que recaba varias historias de transfeminicidios.
La propuesta de tipificar el transfeminicidio en CDMX
Kenya Cuevas es fundadora de la asociación civil Casa de las Muñecas Tiresias y directora de la Casa Hogar Paola Buenrostro, el primer refugio para mujeres trans en México. A lo largo de su trayectoria ha dado acompañamiento a víctimas y ha sido testigo de esta violencia de género.
«A las mujeres trans nos extirpan de nuestros senos, nos cortan el cabello, nos dejan tiradas, encueradas, desnudas, nos violan antes de matarnos… Nos meten palos con clavos para que se nos quite lo trans», dijo la activista a Ruido en la Red.
Kenya presenció el transfeminicidio de su amiga Paola Buenrostro, ocurrido el 30 de septiembre de 2016. Paola fue asesinada por disparos dentro de un vehículo sobre Puente de Alvarado, en la Ciudad de México.
El hombre responsable quedó en libertad a pesar de que la policía lo capturó con el arma en las manos.
El asesinato de Paola se convirtió en un precedente no solo en la Ciudad de México, sino en el país. Cinco años después de su muerte, la Fiscalía General de la CDMX ofreció una disculpa pública por el caso.
Además, el diputado Temístocles Villanueva presentó ante el Congreso local un paquete de iniciativas con el fin de crear la «Ley Paola Buenrostro», que contempla penas de 35 a 75 años de prisión a quien comenta un transfeminicidio.
Si el proyecto es aprobado, la CDMX sería el primer estado en incluir el transfeminicidio en su código penal.
«Salvar al mundo y no morir en el intento», así dice una guía de Amnistía Internacional sobre autocuidado para activistas. En este texto, hablamos de esas lecciones de autocuidado de activistas, defensoras de derechos humanos y activistas que nos pueden funcionar a todes.
En un sistema en donde el mandato patriarcal exige a las mujeres cuidar de otras personas antes que a sí mismas y las condiciones laborales suelen ser precarias, el autocuidado resulta una práctica transgresora.
Las activistas, periodistas y defensoras de derechos humanos se enfrentan cotidianamente a la criminalización de su labor y al desgaste emocional por estar siempre en contacto con la injusticia y acompañando a víctimas agredidas por el sistema. Por ello, también han comenzado a cuestionar el impacto que tiene desatender sus necesidades básicas, y las consecuencias tanto en el ámbito individual como en el colectivo.
«Tenemos tan interiorizado este mandato (de cuidar a otres) que incluso las feministas más radicales admiramos a las defensoras que dan su vida por ‘la causa’ y criticamos a aquellas que ponen límites», escriben.
No existen recetas, pero sí algunas recomendaciones que han detectado para que el autocuidado sea una práctica cotidiana y reivindicar la alegría y el placer para una lucha más justa, hasta para nosotras mismas. Te las compartimos:
1. El cuerpo es el primer territorio que hay que cuidar
Caminar, regar las plantas, cocinar y comer saludable, son cosas simples que a veces se suprimen en el día a día por no ser «trascendentales» como el trabajo. Sin embargo, pueden hacer la diferencia entre un día completo sentado en el escritorio y un día con pausas y respiros.
Gloria Flores, codirectora ejecutiva de la Red de Defensoras México, comentó en entrevista para Malvestida que el autocuidado contempla cinco dimensiones: física, mental, espiritual, energética y emocional, ámbitos que también se relacionan entre sí.
¿Qué cosas nos causan felicidad? ¿Qué cosas nos dan placer? ¿Cuánto le dedicamos a las cosas que nos dan alegría en comparación con el tiempo y energía que le dedicamos al trabajo?
Bianca Pérez, fundadora de Sorece. Asociación de Psicólogas Feministas, explica que en las consultas utilizan metáforas para explicar la necesidad de atenderse a una misma tanto como al proyecto.
«Por ejemplo, si es una defensora del territorio, comprender el cuerpo como el primer territorio, eso que no estás nutriendo y sin lo cual no podrías continuar tu labor de defensa».
2. La vida es más que trabajar
El escenario es conocido: Llevas más de seis horas sentada en la misma posición, a pesar del estrés y el agotamiento, no te vas a ir hasta terminar lo que estás haciendo. Tienes todo el tiempo del mundo para la actividad, para las otras personas, pero no tienes ni cinco minutos para estirarte, salir a tomar aire. Es que si un día de trabajo no lo das todo, te sientes culpable.
Paula Saucedo de Artículo 19, una organización en México y Centroamérica que promueve el derecho de libertad de expresión, cuenta que durante los talleres que imparten motivan a los y las periodistas a desconectarse de su trabajo en el tiempo libre. Pero si un corresponsal de nota roja tiene como hobby ver series de narcos, entonces realmente no está saliendo completamente de la dimensión de su trabajo.
«Tienen que ser momentos de verdadera desconexión, con la familia o en solitario, cosas que no tengan nada que ver con tu trabajo», explica.
Las activistas también recomiendan una rutina laboral de máximo ocho horas, tomar conciencia de cuántas horas dedicas a ti y cuántas a la labor de defensa, tener un ambiente de trabajo agradable: con ventanas y espacios de descanso, dedicar (la palabra clave es dedicar) un tiempo a no hacer nada.
3. Comer no es opcional
Aunque el alimento sea probablemente lo más básico para la supervivencia, es uno de los temas más mencionados por las entrevistadas. Algo tan simple como comer puede ser pospuesto para hacer otras miles de cosas.
Incluso en los momentos en que no se aplazan las comidas, valdría la pena pensar en qué condiciones estamos alimentándonos, si procuramos comida que nos haga bien o si lo hacemos solo para no tener hambre.
El alimento consciente determina cuánta energía podemos dedicarle a nuestras pasiones, previene enfermedades a largo plazo, puede ser incluso un momento de convivencia con familia o colegas o un regalo para con nosotras mismas. ¿Una hora completa para comer algo delicioso y que me haga bien? Todas lo merecemos.
«Escuchar nuestro cuerpo» es uno de los consejos que más se repiten, ser conscientes de sus necesidades, límites y fortalezas.
4. Atender la salud es primordial
Lo anterior se relaciona íntimamente con la salud. Bianca Pérez añade que los malestares suelen estar relacionados con amenazas o daños directos, el burnout o exceso de trabajo, generan síntomas físicos como problemas estomacales o respiratorios, problemas graves de sueño, afectaciones conductuales intensas como aislamiento o, en casos más graves, hasta intentos de suicidio.
Las señales de agotamiento emocional son muy importantes para poner límites Si las activistas experimentan el Síndrome de Desgaste por empatía, los periodistas están muy cercanos a la Traumatización Vicaria: ambos generados por el impacto de ser testigos o acompañantes de otras personas con experiencias traumáticas.
Tanto el trabajo de defensa como el periodismo suele hacerse sin un salario fijo o contrato, sin seguro social u horarios inamovibles, y eso también las pone en una posición de vulnerabilidad.
«En estos años, todos los recursos se centraron en la atención al Covid pero ¿qué pasa con las defensoras que tenían enfermedades crónicas y se quedaron sin atención?», pregunta Gloria Flores.
Existen organizaciones que dan apoyo a periodistas y activistas para la atención de su salud mental, pues la precarización del trabajo puede ser una limitante para recibir atención psicológica. Sin embargo, si no eres activista o periodista pero también necesitas psicoterapia, hay opciones de atención gratuita o de bajo costo.
5. No son casos aislados, por eso hay que hacer red
Aunque estemos en espacios de lucha y trabajo, hablar de nuestros sentimientos y rutinas también es una alianza de solidaridad. Es impresionante cómo podemos pasar tantas horas junto a una persona y, al mismo tiempo, saber tan poco de su vida.
Otro consejo del informe, dirigido a organizaciones, es tener tiempo libre en la oficina o actividades para compartir con colegas otros aspectos de nuestras vidas que no se relacionen directamente con nuestra labor.
Así como delegar y confiar en las otras, quitarnos la idea de «si no lo hago yo, no lo hace nadie», promover la cooperación y pedir ayuda cuando sea necesario pues no somos seres omnipresentes ni tenemos la responsabilidad de resolver los problemas del mundo.
«El primer reto para mí y lo que he visto, es que una defensora asuma la responsabilidad de su cuidado, porque estamos en una sociedad en la que nos dejamos en segundo lugar. Cambiar eso no solo lo cambia para ti, se convierte en una influencia y ejemplo con las otras», explica Gloria.
6. Urge renunciar al sacrificio como práctica política
Bianca Pérez cuenta que en Sorece han recibido casos de defensoras que asocian su actividad con ideas vinculadas a lo religioso, es decir, que tienen que ir hasta el martirio para que esa práctica sea valiosa.
Pero el estrés y el agotamiento hace que periodistas y defensores estén menos alerta o cuenten con menos herramientas para enfrentar los riesgos del trabajo. La seguridad en estos ámbitos es un tema serio, resulta importante para la misma organización fortalecernos a nosotras mismas, para estar presentes en lo colectivo.
«México es uno de los países más violentos para el ejercicio periodístico. Muchos han sufrido agresiones de todo tipo, otros han perdido colegas asesinados, en algún punto lo ven reflejado», dice Paula de Artículo 19.
Bianca añade que es muy complicado asumir el autocuidado porque se tiene un gran compromiso con el proyecto político. «Nos ubicamos en un contexto de tantas cosas graves y urgentes que las personas piensan: ¿Cómo no lo voy a hacer si está en juego la vida de una persona?».
La autoexigencia suele ser mucho más grande que el autocuidado.
Tanto para las activistas, periodistas, como todas las personas que vivimos en un país de violencia, es necesario pensar en nosotras mismas con la importancia en la que pensamos en los demás y en nuestro trabajo. Reconocer los límites y construir alianzas para caminar de una forma más alegre, sana y fluida. Ser activistas de nuestra vida.
En medio de sus paisajes y playas paradisiacas, República Dominicana es uno de los países con más violencia machista en donde el aborto es ilegal y la violencia contra las mujeres va en aumento.
«I live where you vacation» (vivo en donde tu vacacionas) es una frase muy popular en mi país, República Dominicana, conocida por tener el primer hospital, la primera catedral y la primera universidad de todo el continente americano.
Es famosa por sus hermosas playas, por su sol ardiente, por el merengue y la bachata que bailan hasta en Japón.
«Quisqueya la bella», le suelen decir, como si hablaran de una mujer hermosa y poderosa. Pero en este país, la primera colonia del «Nuevo Mundo», las mujeres y disidencias carecen de derechos reproductivos, sobre su cuerpo y sexualidad.
Republica Dominicana es uno de los cinco países en América Latina -junto con El Salvador, Honduras, Haití y Nicaragua- donde el aborto está prohibido en todas sus causales.
El aborto es ilegal en la República Dominicana incluso cuando un embarazo pone en peligro la vida, es inviable o es el resultado de una violación o incesto.
En el 2012, a Rosaura Almonte Hernández, una joven embarazada de 16 años diagnosticada con leucemia, se le prohibió buscar quimioterapia por temor a que el tratamiento pudiera dañar a su feto. Finalmente, los médicos cedieron y comenzaron la quimioterapia, pero Hernández murió pronto. Su caso fue incluido en un informe de Human Rights Watch de 2018.
Un nuevo código penal que falló en la despenalización del aborto
En marzo de este año, en República Dominicana se sometió a votación lo que los legisladores y oficiales del Estado llamaron «un Código Penal moderno».
Se esperaba que dicho código incluyera la despenalización del aborto en sus tres causales: que represente un riesgo para la vida de la mujer, sea producto de una violación o incesto, o que existan malformaciones fetales incompatibles con la vida.
Las mujeres dominicanas se plantaron -en espera de la resolución- frente al Congreso el 8 de marzo de este año en un campamento que llamaron «Campamento de la dignidad» para exigir al presidente Luis Abinader la despenalización del aborto en al menos tres causales.
La introducción de esas causales es una cuestión de vida o muerte y protección de derechos humanos en un país donde las muertes maternas aumentaron un 20% el año pasado, se han registrado 25 mil casos de complicaciones del embarazo relacionadas con abortos inseguros en hospitales públicos y el país tiene una de las tasas de embarazo adolescente más altas del continente.
Sin embargo, el miércoles 30 de junio, tras la votación en la Cámara de Representantes, la despenalización del aborto no fue aprobada.
El campamento feminista permaneció por 75 días, dando la cara y enfrentándose a toda clase de ataques morales.
Según el Código Penal aprobado en junio del 2021, la mujer o persona gestante que consienta o que se practique un aborto puede ser sentenciada a prisión de 2 a 5 años.
«La despenalización del aborto no resuelve el dilema ético que las mujeres puedan tener sobre el aborto, pero garantiza que puedan tomar su propia decisión. No es obligar a abortar, es permitir elegir», dice la abogada feminista Ivanna Molina Peña.
La cuestión no es si el aborto clandestino es inseguro o no, sino que las niñas son obligadas a dar a luz en un país en donde no hace mucho la pedofilia todavía era legal.
Ese mismo código deja a la objeción de conciencia la cuestión de la discriminación por color de piel, discapacidad y orientación sexual. Esto ha permitido que, en un país donde la Iglesia Católica tiene poder político, las personas de las comunidades LGTBQ+ no puedan entrar a ciertos lugares privados.
La violencia sistemática contra las mujeres en República Dominicana
En 2013, República Dominicana tuvo la tercera tasa más alta de feminicidios del mundo.
A pesar de que hace más de 20 años ratificó la Convención para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer y que el gobierno adoptó un Plan Nacional de Derechos Humanos para 2018-2022, la violencia contra las mujeres continúa.
En 2019, por ejemplo, 58 mujeres fueron asesinadas, entre ellas la abogada Anibel González, cuyo asesinato desató manifestaciones a nivel nacional para exigir una legislación sobre feminicidios.
Entre 2005 y noviembre de 2019, la Procuraduría General de la República (PGR) reconoce 1,295 feminicidios, pero esas cifras están lejos de las publicadas por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) que, en un período más corto, entre enero de 2010 y septiembre de 2019, ha registrado 1,795 mujeres asesinadas en República Dominicana.
Además de 5,417 denuncias de agresiones sexuales en 2019, con 1,106 denuncias de violación.
Según Amnistía Internacional, República Dominicana no recopila datos que puedan ayudar a determinar el alcance de las violencias contra las mujeres, incluidos los actos policiales inapropiados.
República Dominicana, paraíso del turismo sexual
Sumado al complejo turístico que parece ser la isla, el turismo sexual (especialmente donde se abusa de menores, especialmente niñas) se expande como una de las demostraciones más ruines de racismo y misoginia, en la que turistas -mayormente- se aprovechan de las dificultades económicas de las mujeres y niñas de la isla.
La República Dominicana se ha ganado la reputación de ser un importante destino de turismo sexual a nivel internacional, a pesar de que la mayor parte de la actividad se lleva a cabo en ciudades costeras pobres (particularmente Las Terrenas, Cabarete, Sosúa y Boca Chica), donde las mujeres tienen menos oportunidades económicas que en los pueblos y ciudades más grandes del país.
Muchas trabajadoras sexuales en algunos lugares son de ascendencia haitiana. Las dominicanas más claras son preferidas en los sitios de turismo sexual que las haitianas más oscuras, que se ven obligadas a trabajar en las calles o en los pubs locales en lugar de en los lugares más lucrativos y de alto nivel.
Las violencias heredadas por la colonia
El turismo sexual, los feminicidios y la violación de los derechos de identidad, sexuales, reproductivos de las mujeres, las personas gestantes y personas de la comunidad LGBTQ+ en la República Dominicana, descrita como el laboratorio de la colonialidad por la antropóloga Ochy Curiel, son una herencia directa de la violencia colonial sufrida por el pueblo taino y subsecuentemente por las personas africanadas raptadas de su tierra de origen hace más de 500 años. No es una coincidencia.
Las violencias contra las mujeres negras de tez oscura y campesinas pasan desapercibidas en un país cuya metrópoli y gobierno se concentra en Santo Domingo, junto con su clase media y alta, cuyas caras son claras y, en muchos casos, hasta blancas.
Todxs abortamos, pero esas mujeres pueden abortar sin ser penalizadas ni condenadas a prisión gracias a su estatus económico.
En Republica Dominicana, el Estado y los organismos de justicia desempeñan sus papeles muy bien: irónicamente, mientras penalizan el derecho al aborto, se mantienen inertes en cuanto a los feminicidios, abusan de las trabajadoras sexuales y criminalizan a las personas homosexuales, bisexuales, trans y queer. Son organismos de control y como tales nos destinan a la muerte. Al final, la policía no nos cuida.
Octubre es el mes de la salud mental. Hoy nos gustaría explorar aspectos de la depresión más allá de los síntomas, como reconocer que se puede sentir de muchas formas y que nunca será culpa de quien la padece.
Al buscar «depresión» en Google, lo más probable es que surjan un montón de textos sobre síntomas, como este: «sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria».
Pero para muchas personas, la depresión se vive formas diversas. Hay para quienes es discapacitante, mientras que otras han aprendido o han tenido que ser funcionales aún atravesándola.
En esta viñeta de Mich Dersdepanian hablamos de cómo la depresión puede sentirse de muchas formas, todas válidas. Pero más allá de eso, la importancia de eliminar los estigmas que hay en torno a ella, como el sentimiento de culpa o fracaso.
Vivir una depresión nunca será culpa de la persona ni es un fracaso, tampoco se soluciona con un «échale ganas» o un «valora lo que tienes».
La salud mental es colectiva
La depresión es un trastorno mental común, en ascenso y de causa multifactorial. A escala mundial, aproximadamente 280 millones de personas tienen depresión, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS).
«Aunque hay tratamientos conocidos y eficaces contra los trastornos mentales, más del 75% de las personas afectadas en los países de ingresos bajos y medianos no recibe tratamiento alguno. Entre los obstáculos a una atención eficaz se encuentran la falta de recursos y de proveedores de atención de salud capacitados», detalla la OMS.
En México, por ejemplo, el presupuesto del gobierno para atender la salud mental ha ido en descenso, de acuerdo con un reporte elaborado por el Centro de Investigación Económica y Presupuestaria.
La terapia puede ser un espacio seguro, de contención, escucha y apoyo.
«El paciente dirá lo que pueda decir y no todo lo que piensa, como dice la regla original freudiana. El silencio deberá respetarse porque existe un núcleo íntimo que quizá nunca se compartirá con nadie.
«La terapeuta escuchará y no hará demasiados esfuerzos por organizar lo que escucha», dice la psicoterapeuta Valeria Villa en un texto publicado en Opinión 51 sobre tipos de terapia.
Si puedes, rodéate de tu círculo más cercano. Aprender a pedir ayuda es válido.
Finalmente, te compartimos algunos servicios de apoyo psicológico que te pueden ser de ayuda.
Karla Barajas se llama a sí misma «activista uniteta». En este texto, narra su experiencia con el cáncer de mama y su proceso para aceptar y amar la nueva versión de su cuerpo tras sobrevivir a la enfermedad.
Fue en marzo de 2018 cuando me dieron la noticia: «tienes cáncer de mama etapa 3 con metástasis en los ganglios de la axila (…) Sigue con tu vida normal».
Sonreí y pensé: «¿cómo puedo seguir después de una noticia como esa?» Era imposible concentrarme en la rutina sin pensar que tenía un tumor de seis centímetros en mi chichi izquierda.
Según datos de la American Psychological Association, recibir un diagnóstico de cáncer de mama es uno de los momentos más angustiantes por los que una mujer puede pasar, uno que vulnera la salud mental.
A mí, el cáncer me trastornó y también a quienes estaban a mi lado. El cáncer de mama no es rosa, lindo ni romántico; tampoco es el tipo de cáncer «más fácil». Duele en las entrañas.
Los médicos me dijeron que era un tumor agresivo que crecía rápido. Teníamos que actuar pronto. Primero, me operaron para instalar en mi tórax un port a cath —un aparato conectado a una vena para inyectar la quimioterapia—.
Al día siguiente estaba enchufada en mi primera de 10 sesiones. Ahí recibí una gran lección. Mi familia estaba a mi lado. Mis amigas se unieron en lo que llamé mi escuadrón suicida. A pesar de su miedo, tejieron una gran red para sostenerme. Cuánto amor recibí. Jamás imaginé que la gente me quisiera tanto.
Para mí, el cáncer es horrible, no hay un manual de instrucciones que te ayude a sobrellevarlo. Las noches se vuelven más largas, aparecen los monstruos que no dejan dormir. El cerebro va a mil por hora.
Quizás por eso decidí enfrentarlo desde el optimismo. Necesitaba reír mucho. Celebrar la vida. Eso me salvaba de los momentos oscuros, como cuando perdí el cabello; ahí fue cuando me di cuenta de que la enfermedad era real.
Me pregunté «¿quién me va a querer calva y mutilada?» Después comprendí que soy más que un cabello largo y dos tetas. Pero igual fue doloroso y mi vanidad y seguridad se tambalearon. Sentía que mi larga cabellera era un gran atractivo.
Había días en que me pintaba la boca muy roja, me ponía grandes aretes que lucían geniales con mi calva. Otros, me quedaba en cama con dolor en el cuerpo y en el alma.
A veces, me veía al espejo y me decía: «tengo cáncer». A veces, organizaba fiestas y reíamos mucho.
Despedirte del cuerpo como era
Un día, el doctor me dijo que me harían una mastectomía radical, eso significa que te quitan toda la mama.
Dicen que fui afortunada porque tuve meses para despedirme de mi chichi izquierda. No lo sé, igual la lloré y la sufrí.
La despedí en una gran fiesta con mis amigas. Le dije adiós con amor. Le agradecí todo lo vivido, incluido que se tuviera que ir para que yo viviera. También le pedí perdón por ignorarla.
Pero ver el espacio vacío después de la operación fue devastador.
Poco a poco he aceptado mi nuevo cuerpo. Aprendo a amarlo todos los días. Ahora creo que todos los cuerpos son buenos y hermosos. Y el mío es genial. Tengo varias cicatrices que significan vida.
Por eso decidí no ponerme una prótesis externa ni un implante, quería aceptarme así. Ahora soy una orgullosa uniteta.
«Dejé que la depresión me abrazara, no para quedarme siempre ahí»
Después de 10 sesiones de quimioterapia, una mastectomía radical y 32 sesiones de radiación, un estudio corroboró que el cáncer se había ido.
En medio de la alegría de estar libre de la enfermedad, llegó lo que llamé el huracán emocional. Mi terapeuta me dijo que fue cuando «me cayó el 20». Bajé el ritmo y me hundí en la tristeza.
En terapia descubrí que ser fuerte es maravilloso, pero también se vale deprimirse y no reprimirse.
Hay quienes no pueden entenderlo y creen que con decir «échale ganas, ya pasó» es suficiente. Con respeto, les digo que no.
Curar el cáncer del cuerpo y el alma toma tiempo. El dolor físico y emocional que viví, que aún tengo, me tomará tiempo dejarlo atrás. Y está bien. Soy luz y sombra, como todos.
Dejé que la depresión me abrazara, no para quedarme siempre ahí, sino para hacer las paces y aceptarla. Para trabajarla.
Ahora intento no ser tan dura conmigo. Amarme. Darme prioridad y escuchar más a esa sabia interior. Esa voz en mi cabeza que es más lista de lo que pienso.
Con efectos secundarios por los medicamentos que tomaré por 5 ó 10 años, estoy en mi segundo año libre de cáncer. Lo agradezco casi todas las mañanas.
Qué gran lección me dio la enfermedad: vivir y evitar morir no es lo mismo. Vivir es disfrutar, es amar, reír, agradecer. Se lee fácil, pero no lo es, lo trabajo todos los días. Ya no quiero regresar a la vida normal.
Aunque el cáncer siempre está en el espejo retrovisor, lo toreo, e intento vivir un día a la vez.
Caro Díaz cuenta cómo ha atravesado los efectos secundarios que le causan los medicamentos psiquiátricos que toma para el trastorno bipolar. En el camino, ha encontrado a otras mujeres y personas con vulva que también los sufren.
Tenía 25 años cuando un psiquiatra me informó, en un frío y aburrido consultorio de hospital, que tenía trastorno bipolar, una condición que tiene a las personas viviendo entre periodos de euforia, depresión y estabilidad.
En ese momento tuve muchas dudas, pero la que más se repetía en mi cabeza era «¿tendré que tomar pastillas de por vida?»
No hay cura para el trastorno bipolar, sino que las medicinas —junto con la terapia y el autocuidado— mantienen al cerebro estable, lejos de la manía (euforia) y la depresión.
De las pastillas psiquiátricas había escuchado mucho: que eran adictivas, que te hacían engordar o que, en el mejor de los casos, podían llenar tu cara de puntos rojos gigantes.
Hay tantos medicamentos psiquiátricos como chocolates en el mercado: fluoxetina, aripiprazol, olanzapina, quetiapina, risperidona, ziprasidona y podría seguir. Pastillas verdes, amarillas, blancas, anaranjadas, azules, redondas, duras, blandas, brillantes y opacas que hasta pueden confundirse con caramelos.
Pero, aunque tenía miedo, sabía que, si quería salir de la depresión de terror que no me dejaba pararme de la cama ni lavarme el pelo sin sufrir, tendría que comenzar con el tratamiento. Y así fue.
Mi primer cocktail estuvo compuesto por un estabilizador del ánimo (para evitar los episodios de manía) y un antidepresivo. No estaba muy emocionada al respecto, pero me tomé las pastillas porque, pensaba, no tenía nada que perder.
El resultado fue que me empezaron a temblar tanto las manos que llegué a pensar que tenía párkinson, se me adormeció el cuerpo y me costaba abrir los ojos, así que decidí quedarme en mi cama, en posición fetal, muchas horas más de las que de por sí ya pasaba ahí.
Pero no fue sino hasta después de dos años que empecé a experimentar efectos secundarios que se relacionaban directamente con mi sexo: desde la ausencia de menstruación, periodos terriblemente dolorosos, quistes en los ovarios, vaginitis y hasta problemas para lubricar.
¿Me lo estaba imaginando o realmente los medicamentos que, por un lado, me estabilizaron también me estaban causando estos efectos secundarios?
Efectos de los medicamentos psiquiátricos en las mujeres, ¿la ciencia nos ha fallado?
Después de notar los efectos secundarios que mencioné arriba, más testimonios de mujeres llegaron a mí. Como el de una amiga con la que comparto diagnóstico que, como yo, estaba experimentando efectos similares a los míos, uno de ellos: problemas para lubricar.
«Me siento como si tuviera un desierto ahí abajo», me dijo en una de las tantas conversaciones que hemos tenido desde que descubrimos que nos pasaba lo mismo.
Y es que si bien los hombres también experimentan efectos secundarios vinculados al consumo de medicamentos psiquiátricos, las mujeres y personas con vulva nos llevamos la peor parte. De acuerdo con un texto publicado en la revista Scientific American, las mujeres tienen entre 50% y 75% de mayor posibilidad de experimentar efectos secundarios.
Aunado a esto, «a menudo, las nuevas moléculas se ensayan solo en el sexo masculino, tanto en los estudios con animales como en los clínicos. Según un informe oficial, 8 de cada 10 fármacos retirados del mercado por la Agencia de Fármacos y Alimentos (FDA) de EU entre 1997 y 2001 entrañaban mayores riesgos para la salud de la mujer que para la del hombre», detalla el texto.
Otro ejemplo: «La investigación con fármacos preclínica, antes de entrar en el mercado, se hace con ratas machos en un 75% de casos y solo en un 20% o un 30% en ratas hembras. Hay tratamientos que solo han sido investigados en hombres, o en ratas machos, y no en mujeres y eso es un problema grave a la hora de tratar», dijo a RTVE, Carmen Valls Llobet, autora del libro Mujeres invisibles para la Medicina.
La situación empeora cuando se trata de subsanar los efectos de los medicamentos psiquiátricos. «(Algunos antidepresivos) pueden influir negativamente en la respuesta sexual: disminuye el deseo, interfiere con la excitación, impide o retrasa el orgasmo», dice el texto científico Los antidepresivos inhibidores selectivos de recaptura de serotonina.
Y agrega: «para tratarlas puede prescribirse un inhibidor de PDE–5 (sildenafilo, taladafilo), en el caso de disfunción eréctil, o bupropión, en los casos de pérdida de la libido, o bien, disminuir la dosis o sustituir por un antidepresivo no ISRS».
«La medicina no piensa en nosotras. Los médicos y científicos solo piensan a ayudar a otros hombres como ellos cuando investigan y encuentran curas y alivios para problemas físicos y mentales», pensé por mucho tiempo.
Sesgos de género en la ciencia
Bastó escarbar un poco para descubrir otro hecho preocupante: hasta los años 90, en Estados Unidos estaba prohibida la participación de mujeres en los ensayos para probar medicamentos. Esto a pesar de que se sabe que las hormonas y el metabolismo de las mujeres y personas con útero les hacen más sensibles a ciertas medicinas.
Pero la ciencia y la medicina han sido machistas por siglos. Por ejemplo, las mujeres tienen el doble de posibilidades de recibir un diagnóstico erróneo de ataque al corazón en comparación con la población masculina.
Esto quiere decir que, en este momento, hay mujeres perdiendo la vida porque la mayoría de doctores asume que todas las personas sienten un dolor intenso en el brazo izquierdo cuando están teniendo un infarto.
Otro ejemplo es la pastilla anticonceptiva. En 2016, un estudio sobre métodos anticonceptivos para hombres tuvo que suspenderse por los efectos secundarios mostrados: «granos en la piel, trastornos del estado de ánimo y aumento de la libido, que los hombres consideraron demasiado severos e intolerables», dijo a la BBC Adam Watkins, profesor de biología reproductiva de la Universidad de Nottinghan.
Las mujeres y personas que toman pastillas anticonceptivas viven los efectos que para los hombres fueron «intolerables».
Sin ir más lejos: la vacuna contra el covid 19 y los efectos en la menstruación que, hasta la fecha, no están del todo documentados por los expertos, aunque cientos de mujeres han reportado afectaciones. En este caso, el riesgo de contraer covid supera a los malestares que podría causar la vacuna.
Es esa misma lógica con la que miles de mujeres consumimos los medicamentos psiquiátricos que, por un lado, contribuyen al cuidado de la salud mental y, por otro, generan efectos directamente relacionados con nuestro sexo.
¿Vivir sin medicamentos?
Actualmente me encuentro en proceso de retirar mi medicación por completo. Tengo el apoyo de mi círculo cercano y de mi psiquiatra, que me está guiando en el proceso.
Pero soy consciente de que mi caso no es el de todas, que el dejar de consumir medicamentos psiquiátricos es un privilegio y no una generalidad.
Es un privilegio vivir en un ambiente validante, que no me genere estrés y contar con una red de apoyo que me sostenga en las crisis para que éstas no lleguen a ser tan graves.
Es verdad que tomar pastillas puede ser el salvavidas que necesitamos en tiempos de crisis. Pero, aunque sea necesario, es importante exigir que nos den alternativas y, sobre todo, que los proveedores de salud nos informen claramente sobre lo que estamos consumiendo y sus consecuencias.
Y también que desde la ciencia haya perspectiva de género para seguir mejorando las medicinas.
En este texto, Valeria Angola habla sobre un tema urgente acerca de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres y personas con capacidad de gestar, además de la legalización del aborto: las esterilizaciones forzadas en México.
El 8 de septiembre de este año, la Suprema Corte de Justicia declaró que penalizar el aborto es inconstitucional en México. Por supuesto que esta resolución me llenó de dicha porque representa un importante avance para los derechos humanos de mujeres y personas con capacidad de gestar.
Sin embargo, la descriminalización del aborto, del trabajo sexual, del uso de las drogas, de la migración, entre otros, hace parte de las estrategias que debemos impulsar para abolir el sistema carcelario que, dicho sea de paso, es un sistema racista, clasista y colonial.
El respeto por los derechos sexuales y reproductivos de mujeres y personas gestantes avanza, pero cojea de un pie.
También en septiembre, circularon imágenes terroríficas de madres y padres migrantes provenientes de Haití separados de sus hijos en la frontera sur del país.
La consigna «la maternidad será deseada o no será» no es suficiente cuando se es migrante, racializada, campesina, hablante de una lengua indígena o con alguna discapacidad.
¿Quiénes sí tienen el derecho a elegir libre y voluntariamente sobre sus cuerpos? ¿Quiénes son criminalizades por las decisiones que toman con respecto a su sexualidad? ¿Cuáles maternidades son deseadas? ¿Cuáles son las descendencias que importan?
El panorama de las esterilizaciones forzadas en México
La marea verde ha olvidado otros temas de la agenda de los derechos sexuales y reproductivos tan urgentes como la interrupción voluntaria del embarazo.
La otra cara de la moneda del aborto: la anticoncepción y la esterilización forzada, una situación que enfrentan en su mayoría mujeres empobrecidas, precarizadas, racializadas, con discapacidad y migrantes.
La imposición de un método anticonceptivo es una violencia que muchas mujeres en México enfrentan después de dar a luz.
Según el informe de Gire de 2015, mujeres reportaron que aceptaron implantes DIU bajo condicionantes, presiones y amenazas por parte del personal de salud del IMSS, violando principalmente su derecho a la información y a la vida privada.
Qué es el consentimiento informado
Las decisiones que tomamos con respecto a las opciones de métodos anticonceptivos dependen de la información que se nos brinde.
Los proveedores de salud tienen la responsabilidad de informar de manera clara y precisa a las personas usuarias sobre las ventajas y desventajas, riesgos, efectos secundarios, beneficios a la salud, etcétera, de cada método de anticoncepción. Ocultar o distorsionar información es una violación a los derechos humanos.
Esto detalla el informe de Gire: «Los proveedores de salud deben asegurarse de que ninguna mujer sea coaccionada o presionada para aceptar un procedimiento de este tipo y que la decisión no se tome en un momento apresurado o de crisis, como puede ser un proceso de parto».
El consentimiento informado «es un proceso de comunicación entre usuarios y proveedores de salud» que debe asegurar que las personas usuarias reciban la información necesaria para tomar decisiones libres y voluntarias, así como también debe garantizarse que las personas no estén sujetas a ningún tipo de presión o amenaza.
Mujeres encarceladas, migrantes y con discapacidad
Es importante mencionar que la anticoncepción forzada no sólo se da en contextos clínicos. Esta situación también la viven mujeres con discapacidad, privadas de su libertad y en condiciones de vulnerabilidad.
Según el informe de Gire, centros reclusión de varios estados de la República mexicana condicionan a las mujeres privadas de su libertad a recibir visitas conyugales con tal de que acepten métodos anticonceptivos.
Por otra parte, las cifras de mujeres detenidas en centros de reclusión para migrantes en Estados Unidos son alarmantes. Mujeres migrantes han denunciado que fueron sometidas a procedimientos quirúrgicos en los cuales sus úteros fueron extraídos sin su consentimiento.
El racismo y la discriminación detrás de las esterilizaciones forzadas
Estas violaciones a derechos humanos de personas gestantes y mujeres racializadas, en condiciones de precariedad, migración, discapacidad, reclusión y pobreza, no sólo es un atentado que afecta sus vidas de manera individual, este tipo de violencias repercuten en toda la comunidad. El mensaje es claro para el colectivo: «tu descendencia no es deseada, no deberías reproducirte».
Coartar la autonomía de las vidas que no importan en relación a su sexualidad es una forma de racismo de género que se practica desde hace muchos años atrás.
Las esterilizaciones forzadas, incluso, en los primeros años del siglo XX con la impulsión de la legalización del aborto estaban estrechamente ligadas a movimientos eugenistas que pretendían «mejorar la raza» a través de la restricción de la migración y el impedimento de la reproducción de aquellos considerados débiles y desfavorecidos.
Impedir que otros y otras decidan sobre sus propios cuerpos es un tema muy poco discutido con la complejidad que merece. No se puede dejar de mencionar los casos de vasectomías hacia hombres indígenas sin su consentimiento y cómo este ha sido un recurso utilizado históricamente para mermar las potencias políticas de las poblaciones dominadas por el racismo.
Los movimientos antipatriarcales contemporáneos que se preocupan por el derecho a decidir de los cuerpos gestantes no pueden perder de vista analizar la cuestión de la autonomía a la luz del racismo, no únicamente desde el género.
Mientras vivamos bajo el orden racista del mundo, mientras el racismo siga configurando las relaciones sociales de producción, mientras haya vidas que no importan, desechables, reemplazables, exterminables, la autonomía, el derecho a decidir será un privilegio que pocas corporalidades pueden tener.
Profundicemos el debate sobre lo que significa decidir en un sistema racista que jerarquiza las vidas en unas que importan y otras que no para que podamos construir autonomías concretas y definir los términos de nuestra propia libertad.
Si buscan en Google «¿qué es pegging?», probablemente les aparecerán varios titulares sobre «juego de roles». Hablemos sobre esta práctica sexual que va más allá de eso y que nos puede llevar a explorar el cuerpo y el placer sin el guión patriarcal de la penetración.
Alex había escuchado sobre la estimulación de próstata y sintió mucha curiosidad. Intentó incluirla durante la masturbación pero fue hasta que una de sus parejas sexuales le practicó una estimulación anal cuando realmente le gustó.
Tiempo después, en otra relación heterosexual, se renovó su interés y compró un strap on —un tipo de arnés con un dildo- para pedirle a su novia que lo penetrara.
El cuestionamiento de las prácticas sexuales tradicionales ha hecho que cada vez más personas experimenten el placer sin prejuicios. Y aunque la estimulación anal ha existido siempre, hay prácticas más específicas que aportan nuevas perspectivas sobre el sexo: el pegging, por ejemplo.
El pegging, tal y como lo describe la especialista en placer sexual Fabiola Trejo, es la penetración anal de una mujer a un hombre. Aunque otras identidades también practican el sexo anal, el pegging se refiere particularmente a las relaciones heterosexuales en las cuales la mujer o una persona con vulva utiliza un dildo, un strap on o arnés y dirige la penetración.
«Es el discurso simbólico que hay en el pegging que implica dar placer a otra persona lo que lo hace poderoso e interesante», explica. Sin embargo, la especialista dice que es importante reflexionar sobre la práctica penetrativa como guión central de la sexualidad que nos dice que el acto de penetrar implica dominación.
Y nos invita a imaginar un encuentro sexual equitativo que no se enfoque en la inversión de roles para tener mucha más libertad de explorar el cuerpo sin el guión patriarcal de la penetración.
¿Qué es pegging? Mucho más que un juego de roles
A Alex le incomoda que las únicas referencias de la sexualidad masculina estén en los extremos de dominación y sometimiento. Aunque sí siente una mayor vulnerabilidad cuando practica pegging, para él es muy importante el cuidado de la otra persona para que —independientemente de quién penetre— el encuentro sea equitativo.
Para el sexterapeuta David Moncada el pegging se ha diversificado. Al principio surgió como una práctica que rompía con el sentido del hombre cis como «proveedor de placer” y se vinculaba sobre todo con las dominatrix y el BDSM, pero ahora es mucho más común en otros contextos.
«Cada vez hay más cishombres que se permiten ser penetrados o estimulados con un masaje prostático, beso negro, estimulación anal con dedos o con arnés. Se permiten entregarse a la experiencia, porque suelen tener menos control en el intercambio erótico. Es liberador».
Alex opina que la sexualidad masculina suele estar muy reprimida. El pegging le gusta porque se siente deseado y sensual, le permite soltar un rol.
«Me gusta sentir que soy sensual. En el pegging me siento así. A mí también me gusta que me jalen de la cintura, y me agarren el cabello, y siento que esta exploración es una versión mucho más honesta de mi sexualidad que la que siento que a veces se me impone como hombre», dice.
El cuerpo como espacio de placer
Fabiola explica que es todo un proceso de preparación del cuerpo que implica tiempo y paciencia porque los hombres deben concebir su cuerpo como un espacio de placer y no solo para performancear su masculinidad.
César es un hombre bisexual que también intentó practicarse a sí mismo la estimulación anal, pero le parecía físicamente incómodo hasta que lo intentó con una pareja mujer. Dice que el placer que sintió lo llevó a probarlo nuevamente.
«Apenas estoy comenzando a interesarme más en el tema, poco a poco. Cuando se lo cuento a mis amigos sí se notan sorprendidos pero pienso que es algo de lo que se está perdiendo muchísima gente».
Para todas las personas entrevistadas, el cuestionamiento de la masculinidad heteronormada es el primer paso para explorar el pegging. Implica hacer una revisión de los propios deseos e identidades.
«Ninguna parte de nuestro cuerpo tiene orientación sexual ni identidad. Todas pueden ser orgasmeables», dice el sexterapeuta David.
A la par de la sexualidad, realiza acompañamiento emocional y cuenta cómo entre los hombres existe una exigencia muy grande «de ser proveedores y estar siempre preparados con una erección, de resistirse a diversificar el intercambio erótico».
El placer de las mujeres* en el pegging
Pero, ¿qué sienten ellas durante el pegging? Algunas mujeres entrevistadas se preguntan dónde está su placer en esa práctica. La doctora Fabiola responde:
«Muchas veces la pregunta de ¿dónde está mi placer? en realidad es ¿dónde está mi orgasmo?. Porque placer y orgasmo no son lo mismo. Hay que tener en cuenta que en toda práctica de penetración (de un hombre hacia una mujer o una mujer hacia un hombre) el eje central de estimulación no es el clítoris», aclara.
Existen algunos arneses o strap on que facilitan la estimulación pero, como en toda práctica sexual penetrativa, se tendrán que hacer modificaciones en el movimiento para llegar al orgasmo femenino a través del clítoris.
Esto no quiere decir que las mujeres no disfruten con esta práctica pues, como dice la especialista: «Hay orgasmos sin placer y placer sin orgasmos». El placer está en la experiencia, en la respuesta a la pregunta de: ¿por qué o para qué hacemos esto?
El diálogo de pareja y el cuestionamiento de toda la estructura del sexo permitirá que el pegging sea una práctica más, entre muchas otras, como el slow sex o el oral.
¿Cómo iniciar en el pegging?
David recomienda primero tener la disposición personal de explorar y el consentimiento con sus cinco características (libre, específico, informado, entusiasta y reversible).
«No tenemos que seguir avanzando si no queremos, hacer uso de los principios de comunicación afectiva y ser honestos con lo que deseamos en el sexo. De pasito en pasito».
Fabiola también recomienda usar lubricante, mucha paciencia, iniciar primero con dildos pequeños o estimulación con los dedos para habituar al cuerpo a las nuevas estimulaciones, lenguaje no verbal para comunicar lo que nos gusta y no nos gusta y estar cómodos con el cuerpo.
Todos coinciden en que «menos es más» y que la estimulación anal es tan importante como la disposición para explorar el cuerpo masculino sin prejuicios, de una forma más equitativa.
«Hay muchísimos hombres que lo disfrutarían», opina Alex.
Amics, les explicamos a detalle por qué el IVA a los productos de gestión menstrual es discriminatorio, agudiza la brecha salarial y, por lo tanto, es una excelente noticia que desaparezca.
Nota de la editora: esta nota fue actualizada el 27 de octubre de 2020.
Para muchas mujeres y personas menstruantes, hay un gasto fijo cada mes: comprar productos de gestión menstrual. Aunque las toallas, tampones, copas, etcétera, son artículos insustituibles y de primera necesidad, están tasados con un impuesto que es discriminatorio y agudiza la brecha salarial.
En México, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) presentó hace unas semanas el Paquete Económico 2022, el cual contempla la eliminación del IVA a los productos de gestión menstrual.
Este martes 26 de octubre, el Senado mexicano aprobó dicha propuesta, una semana después de que la Cámara de Diputados también lo hiciera.
Esto significa que, a partir del próximo año, las mujeres y personas menstruantes ya no pagarán el 16% de IVA en productos de gestión menstrual.
Productos de gestión menstrual sin impuestos y gratuitos
Esto es una buena noticia porque activistas —como Menstruación Digna, en México— han abogado durante años por la gratuidad y la eliminación de los impuestos a los productos de gestión menstrual, pues estos tienen implicaciones negativas a muchos niveles.
Por ejemplo, no es lo mismo pagar por una caja de toallas higiénicas con un ingreso de 2 mil pesos u otro de 30 mil.
En este video, que elaboramos con Fundar, la Fundación socialdemócrata de Alemania en México, Menstruación Digna y la Iniciativa Principios de Derechos Humanos en la Política Fiscal, les explicamos los detalles del IVA a los productos de gestión menstrual.
Estos podcast narran historias sobre mujeres en diversas áreas: el futbol, en el trabajo humanitario, la literatura y la lucha feminista. ¡Seguro te encantarán!
Amics, los podcast son lo de hoy. Llegaron para contarnos mil cosas sin la necesidad de quedarnos inmóviles, se acoplan a nuestro movimiento y, por supuesto, hay para todos los gustos.
En Malvestida amamos los podcast y lo que nos brindan: el aprendizaje, los datos curiosos y, por supuesto, ¡las historias! Además, cada vez son más mujeres que deciden crear podcast para luchar contra el patriarcado y dar a conocer más del feminismo y resistencia.
Así que aquí te traemos algunos podcast que disfrutamos, algunos recién lanzados y otros más antigüitos pero igual de buenos. Los temas que tratan van desde mujeres en los deportes, derechos humanos, literatura o simplemente navegando en este mundo que no para de girar.
5 podcast que debes estuchar ya, ya, ya
1. Pioneras, el podcast
Este podcast es una historia oral de la primera liga profesional de futbol femenil en México. Fue creado por Somos Versus, una organización que combate la discriminación de género, clase y raza en el periodismo deportivo.
Desde 2018 y hasta 2021, Somos Versus se dedicó a recolectar historias por todo el país de las mujeres que forman parte de la primera generación de futbol profesional de la rama femenil.
Durante 11 capítulos, más de 30 jugadoras cuentan las historias de cómo llegaron al deporte y cómo ha sido romper las barreras de género en México.
En este podcast, Luchadoras Mx y Médicos Sin Frontera nos traen las historias y reflexiones de siete mujeres latinoamericanas que se dedican a labores humanitarias.
Durante los capítulos del podcast, transitamos por las narraciones de estas mujeres que han participado en los programas de Médicos sin Fronteras, una organización médica humanitaria internacional que brinda ayuda a víctimas de desastres y conflictos.
También escuchamos cómo han contribuido para crear otras realidades en las zonas de conflicto en las que han estado.
¡Ay, la vida adulta! En este podcast, Ale Higareda —fundadora de Malvestida— y Caietana Pérez nos platican acerca de los dilemas de la vida adulta.
«Un podcast con dos gurús de nada», dicen. Los temas que tocan son diversos, desde la urgencia de legalizar el aborto, la magia de los hongos, el tarot y mucho más.
Este podcast es una opción bonita para pasar el rato, conectar y, quizá, cuestionarte algo que no habías pensado antes.
Afrochingonas es un podcast de tres amigas que exploran temas como el arte, el trabajo sexual, la lucha antirracista, paternidades, el feminismo y muuuucho más.
Con casi ya 40 episodios al aire, Valu, Marbella y Scarlet nos cuentan de «temas random, desde la perspectiva de 3 mujeres negras viviendo en Ciudad de México».
Greta, Dan y Anahí se acompañan para conducir este podcast sobre la historia de la lucha feminista en México, pero también temas actuales y coyunturales.
Durante la pandemia, estas tres chicas decidieron crear un «podcast feminista dedicado a ser tu compañía sonora y sorora», en donde tocan temas como los celos, la sexualidad, el feminismo, entre otros.
En sus 42 muy variados capítulos, Históricas toca esos temas de los que tanto necesitamos hablar.
El podcast Ingrávida es una iniciativa de Violeta Radio para hablar de la literatura escrita por mujeres con perspectiva feminista.
Con Angélica Mancilla y Ximena Cobos, Ingrávida ha tenido como invitadas a escritoras como Patricia Arredondo, Edith Ibarra, Zel Cabrera, entre otras.
Ingrávida es un proyecto que también se propuso de manera radiofónica, por lo que pueden sintonizarlas todos los viernes a las 11:00 am a través de Violeta Radio, 106.1 en la Ciudad de México, en su sitio web o en Spotify e Ivoox
Desde su postura política y ética antirracista, este texto de Valeria Angola cuenta cómo el 12 de octubre de 1492 —que crecimos ‘celebrando’ como el día de la raza— no fue un «encuentro entre culturas», sino un genocidio y la instauración de un sistema racista que seguimos resistiendo.
A muchos de nosotros nos enseñaron en la primaria que el 12 de octubre de 1492 se descubrió América. Sin embargo, América no fue descubierta, sino saqueada, explotada y desangrada.
En México, y en muchos otros países de Latinoamérica -incluso en España-, el 12 de octubre se celebra como el día de la raza, el día de las culturas o el día de la hispanidad. Pero para las personas que asumimos el antirracismo como una ética y una política, este día significa resistencia y lucha antirracista.
Necesitamos dejar de nombrar lo que sucedió el 12 de octubre de 1492 con las palabras que los colonizadores utilizaron para dominarnos, sino reconocerlo como el día funesto en que comenzó el genocidio más grande de la historia de la humanidad, uno que hasta la fecha no es reconocido.
No hubo tal encuentro de culturas. Hace 500 años comenzó la dominación racista que, hasta el día de hoy, nos levanta en pie de lucha. La blanquitud se inventó como sistema dominante, haciendo inferior lo negro y lo indio para dominarlo, explotarlo y asesinarlo.
Los colonos dijeron que las personas que habitaban estos territorios eran bestias salvajes, incivilizadas, sin alma ni salvación. ¿Cómo es posible que se hable de encuentro si los pueblos nativos de América ni siquiera eran considerados personas?
Colón murió creyendo que el 12 de octubre de 1492 había llegado a Japón. 1492 también fue el año en que España se recuperó como nación después de años de guerra cristiana contra la religión musulmana. Bendecida por el papa Alejandro VI, la Reina Isabel se convirtió en dueña y señora de las tierras conquistadas: «el reino de Castilla ampliaba el reino de Dios sobre la tierra», dice Eduardo Galeano.
12 de octubre, nada que celebrar
El 12 de octubre no se celebra porque no tenemos por qué celebrar la llegada de la muerte, el hambre, las enfermedades y la violencia sexual.
¿Cómo celebrar una invención colonial que instauró un sistema de opresión que deshumaniza y esclaviza a quienes no somos blancos? ¿Cómo se puede celebrar un sistema que esclavizó y disminuyó hasta la muerte a nuestros antepasados?
No tenemos nada que celebrar porque las lenguas fueron aniquiladas, los nombres de nuestros antepasados borrados, sus cuerpos violados y los territorios saqueados. Los colonos pisotearon nuestras historias, saberes y cosmogonías e impusieron un sistema cristiano de creencias ultrajando nuestras deidades.
Cuando la población indígena mermó, la Corona autorizó que los colonizadores pudieran traer personas africanas en condición de esclavitud para trabajar de manera forzada en las plantaciones.
Sin el proceso de colonización, la esclavitud de cientos de miles de personas africanas no hubiera sido posible. ¿Cómo celebrar un hecho tan atroz como la esclavitud de nuestros linajes familiares?
El saqueo permanente de los territorios que habitamos aquellos nombrados como Otros posibilitó que Europa acumulara hasta el día de hoy tanta riqueza: las minas de plata en Zacatecas, Guanajuato y Potosí, Bolivia, el furor del oro y también el desarrollo de las industrias de la caña de azúcar, del algodón, el caucho, el cacao y el tabaco.
Descolonizar la herencia racista del 12 de octubre
Hasta hoy permanece esa estructura colonial que subordina la producción económica del sur global al norte.
El racismo que se inventó el 12 de octubre de 1492 sigue vigente hasta nuestros días y se manifiesta a través de la violencia exacerbada en nuestro país.
Aún vivimos graves manifestaciones del colonialismo: las violaciones a los derechos humanos de personas migrantes, los feminicidios, las desapariciones, los desplazamientos forzados, el conflicto armado, la militarización, el encarcelamiento masivo, el perfilamiento racial, el despojo de tierras, el asesinato de personas que se oponen a los megaproyectos del neoliberalismo y que protegen el medio ambiente.
La colonia es un proceso continuo en el tiempo y, por esa razón, el trabajo de descolonizar es urgente.
Necesitamos conocer todo lo que sucedió en el pasado y nombrar esta fecha con las palabras precisas que den cuenta del horror que nuestros antepasados vivieron. Necesitamos reconstruir la historia a partir de la visión de las personas colonizadas y no de los colonizadores.
Descolonizar también se trata de combatir el racismo de forma cotidiana para construir modos de vida dignos y justos. Descolonizar es un proceso creativo porque se requiere imaginación.
Necesitamos imaginar nuevas formas de relacionarnos, nuevas formas de producir y circular la comida, la ropa y demás bienes y servicios que necesitamos para nuestra vida diaria.
Necesitamos hablar sobre nuevas maneras de hacer justicia que no sean carcelarias y punitivas, debemos imaginar resolver conflictos de otras formas, porque las herramientas del amo no van a desmontar la casa del amo.
Descolonizar es crear en colectivo el mundo que queremos habitar.
Una mirada propia es un fanzine que resultó de un taller de autorretrato en el que un grupo de mujeres se embarcó en un viaje de exploración colectiva del «primer territorio: el cuerpo».
Mirar nuestros cuerpos a detalle, con sus texturas, sus colores y sus formas no siempre es sencillo. En un sistema que violenta a los cuerpos fuera de la norma y que impone estándares de belleza imposibles, reconocernos y aceptarnos es un acto de resistencia.
Con eso mente y su pasión por la foto, Massiel Hernández creó un taller virtual de autorretrato para «resignificar la fotografía desde el placer, la reconciliación, la exploración y reivindicación de nuestras realidades e identidades».
Sobre todo tomando en cuenta que, actualmente, la fotografía y la imagen en las plataformas online —como Instagram, por ejemplo—, las revistas y los medios de comunicación continúan perpetuando estereotipos hegemónicos de belleza y blanquitud.
«El autorretrato no es mi línea principal, pero sí fue como una búsqueda muy importante dentro de mi identidad, el ver quién soy, mi color de piel, y mis rasgos», dijo a Malvetida la fotógrafa colimense, Massiel Hernández.
Al taller se sumaron mujeres diversas de varias parte del país. Sus autorretratos, conmovedores y poderosos, quedaron plasmados en el fanzine Una mirada propia.
«Una mirada propia», historias de cuerpos en resistencia
Fotografía. Daniela Marín Platero
Durante el taller, las mujeres participantes compartieron no solo sus fotografías, sino las historias alrededor de ellas.
Fue un «espacio seguro para que cada quien se compartiera y compartiera, a través de los ejercicios, sus miedos, inseguridades, pero también las cosas que disfruta con su cuerpo. Hay una parte complicada y compleja con la que a diario luchamos cuando se trata de nuestro cuerpo, pero también hay otras partes que reivindicar: la alegría, el goce y el disfrute de nuestros cuerpos», dijo Massiel.
Lizeth Viridiana, psicóloga de 24 años participante del taller, cuenta que para ella el autorretrato no solo es la disciplina que conlleva la fotografía, sino que es decidir mostrarse al mundo.
«Te puedes sentir muy cómoda y puedes descubrir cosas que van a construirte y hacerte sentir mejor; o puede ser completamente el otro lado de la moneda: enfrentarte a ti misma y tener encuentros no tan agradables», agrega.
Mientras recibía tratamiento para la leucemia, la incertidumbre de no saber si podría participar en el curso le evitó indagar de lo que se trataría. Descubrir que la modalidad sería autorretrato significó un reto para ella.
Experiencias individuales y colectivas
«Cuando tú eres la que está en el lente, y además eres el objetivo de la fotografía, (la experiencia) cambia demasiado. Creo que se involucran muchas cosas de ti. Ya no solo estás viendo al mundo, te estás mostrando al mundo. Y creo que es una parte sensible que Massiel pudo trabajar de una forma muy bonita y muy natural», cuenta Lizeth.
Para ella, perderle el miedo a la fotografía fue parte importante del proceso.
«Fue enfrentarme a una imagen mía que quizá yo sentía que no concordaba conmigo o que quizá me daba miedo mostrar. Durante el taller aprendí que todas las mujeres tenemos diferentes formas, somos únicas y todas valemos».
Urzula, quien diseñó el fanzine y además tomó el curso, dice que durante el proceso «nos dimos cuenta que debemos cuestionarnos cómo leemos nuestros cuerpos y buscar una narrativa desde una perspectiva más empática, humana y sin restringirnos a los estándares y discursos capitalistas y patriarcales.
«Pero, sobre todo, hay una necesidad de compartir estas nuevas narrativas con les otres».
¿Por qué un fanzine? Una mirada propia… y colectiva
Fotografía. Alina Galo
«Los fanzines también representan muchas cosas. Más que un símbolo o una cultura de hacerlo tú mismo, el fanzine también tiene que ver con buscar tus herramientas, tomar los medios que tienes y crear estos libritos caseros», dice Massiel.
En éste, tanto ella como Urzula y Abril intentaron consignar la travesía de estas mujeres al recorrer y conocer su cuerpo desde sus propios espacios.
«Nuestra finalidad era generar registro del proceso y del contenido. Los cuestionamientos que surgían desde los diferentes contextos y latitudes eran sumamente enriquecedores», agrega Urzula.
Pues a pesar de que los ejercicios eran los mismos para todas, «cada quien lo representó de diferente forma y creo que al final la fotografía de eso se trata (…) Estamos con mucha fuerza, y con mucha valentía de decir ‘esta soy yo, y aquí estoy’, las historias son distintas y cada historia que tenemos nos marcan», dijo Massiel.
Pero también el compartir con otres las reflexiones y las nuevas narrativas que surgieron a partir del taller.
«Por eso la importancia no solo de tener el taller si no a su vez de tener un registro del proceso y del resultado que se pueda compartir vía web, y en su momento, imprimir y compartir en físico. De nada sirve tener un proyecto bonito archivado en una compu, el fin no es otro más que compartir», finaliza Urzula.
Los estereotipos nos hacen complicado enfrentarnos a nuestro cuerpo, sin embargo, el autorretrato aparece como una opción para «tener nuestra propia mirada y no ser mirades por ojos ajenos y hegemónicos». Y reconciliarnos con nosotres mismes desde ahí.
Si bien muchas personas tenemos inseguridades y enfrentamos estándares de belleza impuestos por un sistema eurocentrista y patriarcal, no es lo mismo que habitar un cuerpo no normativo en constante discriminación y violencia: vivir la gordofobia.
Crecí guardando muchos silencios, principalmente porque se me dejó claro que no era bueno ocupar demasiado espacio. Crecí gorda, entonces aprendí a hacerme pequeña en otros aspectos; uno de esos, mi voz.
A los 16 lloraba porque creía que ser gorda haría imposible el sueño de casarme y tener hijos. Crecí pidiendo disculpas por ser así y hablando siempre de la siguiente dieta. Crecí sabiendo que mi cuerpo era un problema que tenía que resolver a la de ¡YA! Pasaron los años y simplemente no lo lograba.
La gordofobia existe incluso sin que se le nombre. O al menos yo la he transitado desde antes de poder señalarla.
Ninguna de mis amigas fue jamás tan gorda como yo, pero desde la adolescencia las escuché sufrir por subir de peso, por tener las tetas demasiado pequeñas, por las estrías, manchas, celulitis… por no verse como deberían. Mujeres profundamente adoloridas desde la niñez debido a los estándares inalcanzables de belleza que esta sociedad nos impone.
Y a pesar de que me daba tristeza escucharlas sufrir, yo no decía nada. Cuando eres gorda, se vuelve como un secreto a voces. Tú lo sabes, la de enfrente lo sabe, todos lo pueden ver pero nadie habla de eso, como si pasarlo por alto lo adelgazara.
Recuerdo verlas y pensar que sus muslos, esos que les parecían asquerosos, eran del tamaño de uno de mis brazos.
Las violencias que existen en la gordofobia
En ese entonces, el sistema de salud me absorbió. Hice mi primera dieta a los 11 años y el deseo y los intentos de desaparecer mi cuerpo continuaron hasta los 26. Durante esos 15 años atravesé varios procedimientos médicos cada vez más agresivos, al punto de vivir al menos tres procedimientos quirúrgicos en menos de 10 años, todos y cada uno en nombre de la «salud».
Un recuerdo recurrente es a mis 22 años. Sentada, frente a uno de los varios nutriólogos por los que desfilé, escucharle decir: «qué bueno que te decidiste a bajar de peso, ahora sí vas a formar parte, vas a poder ir a los mismos lugares que la gente de tu edad y sentirte cómoda. Digo, porque, honestamente, me imagino que ahora no vas, debes de sentir que no perteneces».
Solía escuchar muchas cosas así de violentas. Como la directora de una clínica de nutrición que me dijo que podía morir en cualquier momento porque mi corazón tenía que bombear sangre como para dos cuerpos. Llegó un punto en que ya ni siquiera me asustaba escuchar esas cosas.
Un día, después de vivir un bypass gástrico, y caer en cuenta de que tendría que tomar vitaminas de por vida, empecé a hablar. Dije cuánto me dolían las exigencias constantes de hacer mi cuerpo más pequeño o, por lo menos, ocupar menos espacio para que nadie se sintiera incómodo ante mi gran tamaño.
Empecé a escribir. Creo que me daba menos miedo teclear que pronunciar las palabras. Siento que era porque yo creía de corazón que una de las consecuencias de vivir en un cuerpo gordo era soportar esos malos tratos, finalmente ser gorda era mi culpa y no me podía quejar.
Entendiendo la discriminación y opresión detrás de la gordofobia
Una de mis primeras sorpresas fue notar cómo mis amigas con cuerpos normativos se sentían identificadas con mis emociones. Ellas también sentían que sus cuerpos no eran suficientes y siempre había una exigencia nueva, algo que arreglar, cambiar o reparar. Cuando los estándares no están ahí para ser alcanzados, están ahí para que seamos controladas, y eso lo sufrimos todas.
Pero a ellas no las acosaron por gordas, ellas no tuvieron que pasar por los consultorios de cientos de especialistas de la salud que sólo querían verlas más delgadas -sin importar si esto comprometía su salud-. A pesar de que vivían el dolor de sentirse insuficientes, no vivían una discriminación y opresión cotidiana.
Yo podría decidir que me siento como «la última coca cola en el desierto», pero mi sentir no cambia cómo me va a tratar la gente de fuera, no cambia los prejuicios que tienen sobre la gente gorda: insalubres y flojas. No cambia todo lo que opinan al mirarme. El cómo me siento conmigo misma no cambia el trato que me dan, porque esa responsabilidad no es mía, es social, una construcción que se ha hecho sobre los cuerpos gordos donde yo no tengo voz ni voto.
Sucede lo contrario con mis amigas de cuerpos dentro de la norma. Podrían tener inseguridades y sentirse inconformes con la manera en la que lucen, pero no les van a gritar gordas por la calle, ni el consejo automático de un doctor -sin siquiera revisarlas- será que pierdan peso, y probablemente serán siempre vistas con mejor presentación que yo para obtener un trabajo.
Pero no se confundan, no quiero decir que su dolor no importe, ni que deseo que dejen de manifestarlo, sólo que es importante entender la diferencia entre la imposibilidad de alcanzar ciertos estándares de belleza y el vivir discriminación y opresión todos los días. Los dos tienen que ser atendidos, pero esto sólo podrá suceder si aprendemos a diferenciarlo.
Cuerpos fuera de la norma
La discriminación contra los cuerpos gordos y cuerpos no normativos es real. Tenemos menos acceso a trabajos, nuestro derecho a la salud siempre se encuentra comprometido por los prejuicios del personal médico y el trato que mucha gente nos da será diferente tan solo por nuestra apariencia. Eso yo no puedo resolverlo sola, ni trabajando en mi «autoestima». Erradicar la discriminación contra los cuerpos grandes y fuera de la norma es una responsabilidad colectiva.
Como ya dije, no intento que las personas dejen de expresar su dolor. Yo guardé muchos silencios y creo en nuestro derecho a ocupar todos los espacios; creo en la importancia de denunciar y visibilizar aquello que sufrimos… y es justo el primer paso que nos acerca al cambio. Pero tenemos que saber desde dónde hacerlo y cuál es nuestro lugar en esta lucha.
El no entrar en un estándar de belleza no es igual que vivir una opresión, porque los cuerpos no normados vivimos discriminaciones sistemáticas que se manifiestan más allá del espejo y las fotos, que se manifiestan más allá de mi propia mirada.
No estoy nada más peleando por un espacio, como si la lucha social fuera el mismo pedazo de pastel que todas queremos comernos, pero olvidamos que la discriminación impacta áreas de la vida de las personas, que, si no hemos vivido, ni siquiera imaginamos, y parte de la reivindicación de quienes han sufrido históricamente es respetar justo esos espacios de denuncia.
No se pide silencio, se pide delicadeza, se pide comprensión, se pide sensibilidad, se pide tacto, se pide tener el cuidado de que en nombre de hablar de nuestros dolores no invisibilicemos el dolor de otras personas o incluso banalicemos el tema al punto de señalar como imperfecciones cosas que no lo son, porque entonces se vuelve incluso un discurso peligroso, que en vez de levantar opresiones crea más.
Para las Malvestidas brujiles, les traemos una nueva sección de horóscopos mensuales. En medio de Mercurio retrógrado, hablemos de qué atraer y soltar este mes. 🔮 ✨
Recuerda que este mes tendrás a tu favor los cuatro elementos. El arcano del mago aparece en tu temporada cumpleañera, así que no dudes nunca que tienes todo para hacer posible lo que deseas.
La lección cumpleañera será que tienes que buscar ser más constante y no solo «vivir en el momento». Si deseas algo, tienes que dedicarle tiempo.
A finales del mes no olvides cuidar de tus relaciones y mantenerte cerca de los tuyos. Recuerda que la amistad necesita de la presencia.
Escorpio
Este mes es de cero hipocresía contigo y con el mundo: la honestidad aunque duela. Basta de quedar bien, empieza a tomar acciones que no impliquen «darle el gusto a los otros».
Este mes es ideal para conectar con tu sensualidad y con el rico placer de sentir.
Punto importante: este mes también podría ser la oportunidad de estar más con tu mamá y abuelas. Reconocer agradecer y abrazar a la dinastía de mujeres a la que perteneces.
Para cerrar el mes llegará una oportunidad de negocio o un nuevo trabajo. Si sientes que es ahí, acéptalo.
Sagitario
Deja de controlar todo. Será un mes para tomar decisiones importantes, tomar acción, dejar de quejarte y poner un alto a esa sensación de que cargas con todes. Este mes tendrás que aprender a poner límites y entender que no todo será perfecto, pero es lo gratificante de vivir. Todo cambia y nada es para siempre.
Empieza a poner en balance tu vida laboral, personal y sobre todo espiritual.
¡Vive sin tomarte todo tan serio!
Capricornio
Brillas por tu ingenio. Será un mes de buenas ideas, de reconocimientos, de planes, de disfrutar y de gozar. Llegan buenas noticias en este mes, Capricornio. Consejo: cultiva la empatía….
Para el resto del mes puede ser que te sientas con un poco de nostalgia sobre recuerdos y viejos amores. No detengas esas lágrimas, llora lo que tengas que llorar y regálate un baño con sales. Depurar siempre es bueno y también perderle el miedo a sentirte vulnerable.
Acuario
Acuario, este mes puede ser de reajustes importantes. Tal vez tomes la decisión de dejar una relación a la que no le veías futuro o algo en el trabajo se cae. Pero respira y recuerda que la vida es una rueda de la fortuna y que siempre estamos en constante cambio. Todas las transformaciones son importantes para recordar y reconocer la persona que eres.
A final de mes regresas con más fuerza, brillo y sobre todo mucha energía.
Piscis
Se acabó esa relación. Es oficial, este mes te enfrentarás al dejar ir a esa persona que, por más que le diste vueltas, te diste cuenta que no es para ti. Tal vez te costará trabajo pero recuerda que tienes una luz y eso hace que siempre salgas adelante.
Será la oportunidad para poner mayor atención en lo que realmente quieres, esperas y, sobre todo, a quién dejas entrar a tu vida.
Evita compararte con el resto.
A finales de mes cuida mucho dónde pones tu dinero porque puedes que lo malgastes o pierdas con facilidad.
Aries
Regresas al pasado. Este mes evita responderle al ex o sentirte en 2017.
Tendrás personas sinceras que te quieren apoyar. Para construir tus sueños, no olvides que también necesitas de otres. Y prepárate porque a final del mes contarás con esas tres personas clave en una toma de decisión que marcará tu presente y el inicio de un gran proyecto lleno de pasión.
Nunca olvides que tú eres fuego.
Tauro
Este mes será de mucho trabajo y reconocimiento. Por fin llegó el momento de pedir ese aumento que mereces.
Intenta fluir con ligereza. No hay nada de malo en el desorden. Acepta que no puedes controlar todo y anímate a improvisar.
A final del mes busca la manera de organizar alguna reunión en tu casa con la gente que quieres (algo pequeñito y en un espacio bien ventilado de preferencia). Tu mente descansa cuando estás con los tuyos y compartes.
Si no tienes pareja, al parecer alguien llegará a tu puerta.
Géminis
Ríe y goza más la vida. Este mes se viene con mucho trabajo. Entrega todo en tiempo y forma, trata de ser ordenade y contar con horarios para no desgastarte de más. También regálate un tiempo fuera para conectar con los tuyos, tu cabeza gira siempre, así que reírse y tomarse ligera la vida hace un equilibrio en tu vida.
Cuidado con pelearte con tu roomies o tu pareja; no tomes ninguna decisión de mudarte hasta pasar la luna llena.
Cáncer
Evita el autosabotaje. Este mes trata de darte mucho cariño y apoyo, nada de torturarte, decir «no puedo» o invitar a tu casa al síndrome del impostor. Sé paciente contigo.
Llegará alguien del pasado y te darás cuenta que sigue doliendo. Perdónate y déjalo pasar. A medida que veas todo lo que eres capaz de hacer y sentir tendrás una recompensa a final de mes. Llega alguien con muy buenas noticias y, sobre todo, con una energía positiva que te propondrá una nueva aventura.
Leo
Este mes tal vez recurras a ciertos patrones que sabes que, al final, te dejan un mal sabor de boca. Es un excelente momento para que visites a un terapeuta, clase de yoga o meditación. Una tarde de té y un buen libro te puede dar claridad para terminar tu mes más sabia, más sana y más preparada.
Virgo
Nuevo proyecto en puerta. Este mes por fin llega esa persona o ese trabajo que tanto habías pedido al universo. Contarás con una estabilidad monetaria, eso sí, cuida muy bien cómo administrar ese dinero. Cuida a quien revelas tus secretos o tus ideas porque alguien va querer adelantarse a ellos.
Al final del mes tendrás muchos frutos y estabilidad económica. Te sentirás plena como hace muchos meses no lo hacías. Por último, si la maternidad está en tus planes este mes puede ser clave; si no, solo cuídate de esos días fértiles.
Este mes en Malvestida hablaremos de varios temas acerca de la salud mental. En este texto, exploramos qué es ecoansiedad, un problema de salud mental real del que necesitamos hablar mucho más.
En los últimos años ha crecido el protagonismo y la visibilidad de los movimientos ambientalistas. Muchas personas, desde diferentes espacios, hablan y activan sobre cambiar hábitos de consumo, disminuir el uso de plásticos de un solo uso, o fomentar la bicicleta como medio de transporte.
Pero esto, generalmente, viene de la mano con mayor conocimiento sobre la crisis climática, la pérdida de biodiversidad, el aumento de los desastres naturales, la violencia hacia defensores ambientales, y otros temas que nos pueden generar desesperanza, ansiedad o, mejor dicho, ecoansiedad.
Palmira Cuéllar es activista, estudió ciencias ambientales y formará parte de la delegación mexicana que asistirá a la cumbre climática COP26. En 2014, le diagnosticaron Trastorno Generalizado de Ansiedad, también conocido como TAC. En ese entonces, Palmira encontró en el activismo ecologista una forma de sentirse mejor y gestionar sus emociones.
En 2018 tuvo la oportunidad de viajar a China para un programa científico. Sabía que iría a uno de los países más contaminantes del mundo. La experiencia la hizo conocer y enriquecerse con la cultura china. Pero también vio de cerca cosas como el desperdicio de alimentos, o lo cotidiano que es usar mascarillas para poder respirar, debido a la alta contaminación del aire.
Al volver a México, sintió mucha culpa por viajar y haber generado emisiones en los vuelos que tomó. También la invadió la impotencia, pues sintió que no podía hacer nada antes las acciones contaminantes de China. Palmira tuvo una crisis de ansiedad muy fuerte.
Acudió al Instituto Nacional de Psiquiatría (INP) para pedir ayuda. La recibieron, ayudaron, y le dieron acompañamiento psicológico y psiquiátrico.
Pero el personal estaba sorprendido con su caso. Nunca habían visto a alguien con una crisis de ansiedad provocada por un viaje ni por un tema medioambiental. De hecho, ahora Palmira sabe que ella fue uno de los primeros casos de ecoansiedad que recibieron allí.
La Asociación Estadounidense de Psicología, conocida como APA por sus siglas en inglés, define la ecoansiedad como el «miedo extremo a la incertidumbre que supone para el planeta y el ser humano el cambio climático.
Las personas se ven afectadas por sentimientos de pérdida, impotencia y frustración porque sienten que no pueden hacer nada respecto a las crisis climáticas. Según la APA, esto se vuelve un problema cuando este miedo le impide a una persona desarrollar su vida. Puede ocasionarle dificultad para respirar, pesadillas, depresión, e incapacidad para tomar decisiones.
Alice Poma es doctora en Ciencias Sociales Aplicadas al Medio Ambiente. Ha estudiado el papel de las emociones en conflictos y activismos socioambientales. Gracias a su trabajo, ha observado ecoansiedad dentro de los movimientos para enfrentar las crisis climáticas, particularmente, en jóvenes activistas vinculados a luchas ecologistas. Pero, en su experiencia, cualquier persona puede experimentarla. Por ejemplo, personas como ella, que están dentro de ámbitos académicos o científicos y estudian temas relacionados al medio ambiente.
Para la doctora Poma, es importante nombrar la ecoansiedad porque, al hacerlo, podemos identificar el origen de esa ansiedad en particular. Hay muchas otras cosas en el mundo y en la vida que pueden detonar la emoción. Pero hablar de ecoansiedad permite identificar que hay una ansiedad específica vinculada con la degradación ambiental y con la crisis climática.
Si no se identifica, no se puede enfrentar.
Además, Alice Poma opina que es importante nombrar la ecoansiedad colectivamente, porque responde a construcciones sociales y culturales. Al hablar, reconocer, y compartir con otras personas, se puede comenzar a pensar en cómo actuar al respecto.
Más allá de qué es ecoansiedad, ¿cómo lidiar con ella?
Renard es bióloga, actualmente está haciendo su tesis para titularse. También da talleres de carpintería y trabaja en el santuario Huerta Vida Digna. Ella, como Palmira, comenzó a sentirse ansiosa respecto a las crisis climáticas hace un tiempo. Algo que la angustiaba era ser consciente de la desigualdad que existe en los problemas ambientales. Saber que las personas que menos aportan a los conflictos son quienes mas sufren sus efectos.
Comentó esta situación en terapia. Pero no supieron atenderla correctamente, ni reconocer qué era lo que estaba atravesaba. Eso, además, terminó por desanimarla.
A nivel individual, Renard encuentra reconfortante su trabajo en el santuario. Para ella es un espacio donde construir de modos de vida alternativos, mejores, y eso la aleja de emociones negativas. Para lidiar con su ansiedad, también suele tomar descansos para alejarse de la información y las noticias ambientales.
Esto último es algo que Palmira también hace. Dice que «un poquito de ignorancia no hace mal». Y, de hecho, es una estrategia que también nos comentó la doctora Alice Poma. Ella se dedica a analizar las estrategias de manejo emocional, principalmente las colectivas. Pero en cuanto a las individuales, ha observado que puede ser muy útil este tipo de distracción. Descansar de datos y noticias que puedan detonar angustia. Por ejemplo, muchas personas eligen mejor ver alguna película o serie que no tenga nada que ver con lo ambiental.
La Asociación Estadounidense de Psicología también ha publicado algunas recomendaciones para manejar la ecoansiedad a nivel individual:
Confiar en la capacidad de resiliencia personal.
Fomentar el optimismo.
Buscar herramientas de manejo de emociones para poderlas gestionar.
Encontrar una fuente de significado personal.
Formar redes de apoyo con otras personas.
Fomentar las redes de apoyo dentro de la familia.
¿Cómo trabajar la ecoansiedad desde lo colectivo?
Las estrategias colectivas son la especialidad de la Dra. Poma. Ella ha documentado que, al juntarse con otras personas, la ansiedad puede sobrellevarse mejor.
Ella llama «emociones de la resistencia» a las placenteras y que generan ánimos. Pueden experimentarse, por ejemplo, al estar en una marcha. Nos explicó que la soledad aumenta la ansiedad. Y, por el contrario, disminuye cuando una persona ve que hay otras a quienes les importa lo mismo. Conocer con quién luchar y organizarse hace que las situaciones puedan superarse con mayor energía. «Está más que comprobado que la organización colectiva es la que permite, no solo superar la ansiedad, sino también la impotencia».
Por ello, para Alice Poma es fundamental formar grupos con intereses afines. Ya sean formales, como una organización ambientalista, o informales, como con compañeros y compañeras de la escuela.
«Al unirnos podemos ver que sí podemos hacer algo y tener incidencia. No es lo mismo que recicle una persona, a que reciclen todos los vecinos de una calle. No es lo mismo una marcha de 12 personas, a una de 12 mil personas».
Esto es algo que Renard puede confirmar. Le ha ayudado rodearse de amistades con quienes puede hablar de estos temas. Eso la hace sentir que no está sola. Con estas personas puede acompañarse y hablar de las emociones que la atraviesan.
Para Palmira, la meditación y respiraciones han sido fundamentales al lidiar con la ansiedad. Además, continúa yendo a terapia. «Todas las personas que estamos en estos temas deberíamos tener acompañamiento psicológico o psiquiátrico».
Otro aspecto que le ha ayudado mucho es saberse acompañada por otros activistas y personas que están interesadas en los mismos temas, y que atraviesan por lo mismo que ella.
En noviembre irá a la cumbre del clima en Glasgow. Intelectual y profesionalmente, sabe que está preparada. Así que ahora está trabajando mucho en su preparación mental y emocional.
El Festival Diseña Mexicana reunirá a creativas de distintas áreas para dialogar sobre proyectos con perspectiva de género, diseño, feminismo, activismo y caminos hacia la equidad.
Octubre, el mes del diseño en la Ciudad de México, ya está por llegar y con éste proyectos imperdibles, como el Festival Diseña Mexicana, organizado por Coolhuntermx —con la curaduría de Tania Campos y Andrea Soler—, donde buscan amplificar las voces de diseñadoras, creativas, activistas, escritoras y estudiantes abriendo paso a la equidad y resistencia.
Diseña Mexicana se llevará a cabo el 13, 15 y 16 de octubre y constará de una serie diálogos y presentaciones de proyectos con perspectiva de género que de formas diversas están trabajando para cambiar la estructura patriarcal del mundo. Los eventos serán gratuitos pero será necesario registrarse (puedes hacerlo aquí).
El formato del festival será híbrido; es decir, será presencial en Laguna (Calle Dr. Erazo 172, colonia Doctores, CDMX) y online. Si. te animas a ir, no te preocupes, estarán tomando todas las medidas para disminuir los riesgos de contagio de covid.
¿Qué habrá en el Festival Diseña Mexicana?
Este es un resumen de las presentaciones y conversaciones que se darán en el Festival Diseña Mexicana para que te vayas animando y te registres (spoiler alert: estará increíble).
Miércoles 13 de octubre 2:00 pm: Plática inaugural Diseño otras, vía streaming.
Viernes 15 de octubre Mesa uno de 4:30 a 6:30 pm: Voces estudiantiles, streaming y en Laguna. Mesa dos de 7:00 a 9:00 pm: Impacto social y comunitario, streaming y en Laguna.
Sábado 16 de octubre Mesa tres de 12:00 a 2:00 pm: Activismo para la transformación, streaming y en Laguna. Mesa cuatro de 4:00 a 6:00 pm: Feminismo y medios, streaming y en Laguna.
Este es el detalle de las conversaciones y las participantes:
Las pompis son quizá una de las partes del cuerpo que más inseguridad causan porque, amigues, cumplir con los estándares del culo perfecto está imposible. Esta viñeta de Michelle Dersdepanian es un mensaje de amorcito a las pompis diversas.
Qué lata es estar bombardeades por todos lados con imágenes de personas con culos perfectos: tersos, redonditos, respingados.
Incluso dentro de los movimientos de body positive muchas veces se deja de lado a las personas sin curvas, con pompitas pequeñas.
Amigues, este es un grito de resistencia para abrazar nuestras cuerpas y pompis diversas. No es fácil, lo reconocemos, el amor propio puede ser una montaña rusa.
Pero siempre valdrá la pena amar nuestra cuerpa tal y como es y con ello retar a este sistema. 💪🏾
Te proponeos un ejercicio de admirar tus pompitas frente a un espejo, darles cariñito, háblales bonito, tómales fotos, nota sus cambios con el paso del tiempo y abrázalos.
Las pompis son diversas y no las hay perfectas. La piel tiene textura. Y la belleza está en que todes somos úniques.
Por fortuna en este mundo cada vez hay más espacios para todes los que existimos y salimos de la norma. Aún falta muuuuuucho, pero no descansaremos hasta que este mundo sea para todes.