Cómo afectó mi salud mental el diagnóstico de VPH

En un texto sumamente personal, Danielle Orendain cuenta cómo su salud mental se vio afectada cuando le diagnosticaron virus del papiloma humano (VPH). Y no por la infección en sí, sino por la violencia, estigmas y mitos que acompañaron el diagnóstico.

Tenía 17 años cuando fui por primera vez a consulta ginecológica con la persona que atendía a mi mamá desde inicios de los 2000. En ese entonces tenían 15 años de conocerse y (según) nos apreciaba. Pero él era un doctor sumamente moralino y misógino. Para mí es importante que conozcan mi contexto para poder analizar mi proceso de salud mental tras el diagnóstico de una infección de transmisión sexual (ITS).

Ese doctor me diagnosticó virus del papiloma humano (VPH) por una neoplasia intraepitelial cervical de alto grado (NIC 2), que comúnmente conocemos como lesión cervical. Su reacción al observar con el colposcopio fue de reprobación y molestia. Yo ya me sentía moralmente hasta el suelo por cómo me regañó por haber iniciado mi vida erótica compartida a los 15 años y por haber tenido múltiples parejas hasta ese entonces. Aún recuerdo a mí mamá asustada, el doctor maldiciendo y mi estómago hecho un nudo.

VPH salud mental

Sacó una pinza grande “para asegurarnos“, dijo, y me hizo una biopsia sin mi consentimiento. Fue una situación realmente dolorosa para mí. Hoy sé que fue violencia ginecológica y espero que estas prácticas terminen y nadie más tenga que vivir su diagnóstico desde el regaño y el castigo.

En mi caso, y el del 90% de la población mundial, el VPH no afecta directamente nuestra salud mental, es un virus que actúa de manera desadaptativa en las células del tejido (piel y mucosa) y eso podría provocar el desarrollo de la infección o de cáncer bajo diversos factores, aunque no en todos los casos.

Sin embargo, después de haber recibido mi diagnóstico y que el gine me dijera que debía hacerme un cono (intervención quirúrgica mínima para extraer tejido anormal del cérvix) de urgencia, me sentí una persona pequeña, como de 2 cm, en medio de miles de sombras enormes pasando sobre mí. No podía ver a mi mamá a los ojos, pensaba que la había decepcionado. No podía verme a mí mismo al espejo. Mi propio cuerpo, el cuerpo que habitaba, me resultó ajeno, enfermo y sucio. Quería salir de ahí. La insoportable necesidad de desaparecer inundaba el consultorio y no podía respirar.

Era un adolescente recibiendo violencia por su estatus de salud sexual, nadie me acompañó adecuadamente y pensé que esto iba a comerme las entrañas hasta que un día sólo existiera en el recuerdo de la decepción.

Fue hasta después, cuando llegué al hospital de Zoquipan en su clínica de displasias, para acceder al cono, que pude tener más información objetiva y menos moralina sobre mi proceso. Recibí una segunda opinión y me dijeron que mi caso no necesitaba más que observación periódica y fortalecer el sistema inmunológico por al menos 2 años. Una psicóloga nos dio una charla sobre cuidados de la salud sexual en general y nos brindó un espacio más confortable para eliminar la culpa del diagnóstico y de las ITS.

Desde entonces empecé a documentar el impacto que tiene el diagnóstico de VPH en personas como yo, jóvenes con vida sexual activa, y también a acompañar a personas de mi entorno con contención emocional y a hacerse pruebas rápidas de ITS, su citología y colposcopía de vulva, vagina y cérvix en clínicas y centros de salud.

Ahora mi diagnóstico tiene otras historias, ya no lo vivo desde el miedo, la culpa ni el castigo.

Te quiero compartir una carta que escribí hace 2 años.

Sobre el VPH

El VPH es un virus asintomático que está estrechamente relacionado a varios tipos de cáncer; sin embargo, esto no significa que sea un sinónimo de cáncer, enfermedad o muerte. Por eso es importante que nos comuniquen objetivamente cuál es el pronóstico de nuestro estatus de salud y cómo debemos cuidarnos aún con el diagnóstico positivo.

Mi primer contacto con las ITS no fue en ese consultorio, yo ya había recibido información en la secundaria y preparatoria sobre ellas. Eso también marcó un punto relevante en cómo recibí mi diagnóstico. Pensar en ellas como un castigo por ser irresponsable o por no cuidarme adecuadamente fortalecía mis pensamientos distorsionados sobre la culpa.

Como lo mencioné antes, es importante conocer el contexto de las personas para saber acompañarlas en su proceso de salud o en su proceso diagnóstico de cualquier ITS. En mi caso tenía información llena de estigmas y mitos; recibí violencia ginecológica al momento del diagnóstico y eso fortalecía ideas distorsionadas sobre lo que significa vivir con una ITS.

Sobre tabúes rotos y cómo vivir el VPH en pareja

Somos personas sociales, todo lo que suceda alrededor de nosotrxs nos construye en un proceso que llamamos “interaccionismo simbólico”, es decir: la interacción y los símbolos como elementos clave para comprender tanto de la identidad individual como la organización social, como lo define Grecia Guzmán en Psicología y Mente. Todo aquello con lo que yo interactué sobre las ITS, y sus símbolos en mi comunidad, formaron parte de mi percepción sobre ellas: que son malas, sucias, un castigo y lo peor que te podía pasar. Al recibir el diagnóstico de VPH, esos símbolos se convirtieron en adjetivos que me describían a mí. Eso destrozó mi identidad, como un tarro de barro cayendo al piso y quebrándose en mil pedazos.

VPH: entre la salud mental y el duelo

Aunque recibí el apoyo de mi familia y mi pareja de ese entonces, yo no podía convivir con esa disonancia cognitiva entre que todo estaba mal y que todo estaría bien. Simplemente esa dualidad de ideas se presentaban como aguas turbias en mi mente.

Mi trastorno de ansiedad generalizada, diagnosticado en la pubertad, se presentó con síntomas de crisis de ansiedad, insomnio, pérdida de apetito y apatía por la vida cotidiana. Todas las noches lloraba y me enojaba conmigo mismo.

Empecé a vivir un duelo del que nadie habla. Un duelo como consecuencia de la pérdida de salud, o la idea higienista de no ser saludable, porque en realidad yo no tenía ninguna enfermedad, yo tenía una infección tratable y que no impide vivir la vida. Sin embargo, mi mente pasó por los túneles del duelo: negación, ira, culpa, depresión y aceptación; y lamentablemente esos los crucé yo solo.

En ese entonces yo no tenía la comunidad que tengo ahora. Nadie me decía que iba a estar bien. Era 2015, no se hablaba abiertamente de esos temas en las redes sociales; notaba la preocupación y confusión de mis amigxs al hablarles al respecto y sentía la incomodidad de muchas personas al compartir su intimidad conmigo, no sólo eróticamente, también el baño, agua, comida, abrazos y hasta un espacio de silencio para ver la vida pasar.

No hace mucho, desde mi práctica profesional y mi propio proceso terapéutico, supe que había pasado por un duelo y que mi proceso diagnóstico representaba un trauma para mí.

Acompañar a alguien con VPH

Me hubiese gustado haber recibido un acompañamiento profesional adecuado, algo que en la adolescencia representó un gasto difícil de cubrir. Me hubiese gustado que alguien me guiara entre la rumiación cognitiva y lo que estaba pasando en realidad. Que validaran el proceso de violencia y duelo. Alguien que me contuviera cada vez que esas aguas turbias salían como goteras cuando lloraba amargamente.

Ahora quiero invitarles a ustedes a crear una red grande que pueda sostener a las personas en sus procesos de salud sexual y mental. Que les acompañe, les contenga y les proteja de toda la violencia y discriminación que viven en sus casas, su trabajo, en pareja, en la escuela y en sus barrios.

Si eres profesional de la salud: enfócate en los procesos psicosociales, especialízate en los procesos de salud sexual y aborda los temas cognitivos, no sólo los emocionales. Porque muchas veces somos nosotrxs mismxs quienes fortalecemos los esquemas cognitivos que le hacen creer a tu consultante que le van a proteger, pero en realidad le están vulnerando y afectando su salud mental.

Si eres familia, amigx, pareja o compañerx de trabajo/escuela, recuerda que las ITS nos pueden pasar a cualquiera y que nosotrxs no somos contagiosxs. Somos como tú y somos igual de valiosxs, aunque nuestra condición sea diversa.

Allá afuera, cualquiera está pasando por una situación como la mía, y esa persona necesita que le reconozcan como eso, una persona con derecho a vivir una vida digna y libre de violencias.
No todos los procesos son iguales, no quiero que se entienda que mi proceso le pasa a todas las personas que reciben un diagnóstico de ITS, pero fue la manera que encontré para poder compartirte cómo se relaciona nuestro proceso de salud sexual con la salud mental.

Y termino con estas preguntas para reflexionar:

  • ¿Qué sentiste cuando te dieron tu diagnóstico de esa ITS que en la escuela te enseñaron que era mala?
  • ¿Qué pasó por tu mente cuando tu doctorx te estaba explicando sobre esa ITS?
  • ¿Qué hiciste después de salir del consultorio?
  • ¿Qué te dijo Google?
  • ¿A quién le contaste?
  • ¿Quién acompañó tu proceso de salud sexual y mental?

Para más información visita mis redes sociales, donde subo contenido de salud sexual y salud mental desde mi experiencia y formación. Me encuentras en Instagram como @danielle.orendain y en Twitter como @OrendainDaniell.

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