Después de reventar bolitas de plástico y sumergir tu mano en una cubeta con lentejas, colorear es una de las actividades más relajantes que existen para romper con la rutina y dejar de pensar en las abrumadoras obligaciones de la vida adulta.
No es broma. Desconectarte del mundo digital unos minutos y dejar que los crayones se deslicen sobre el papel resulta casi terapéutico. Y no, no estamos hablando nada más de que le robes el libro de Pepa Pig a tu sobrina cuando te toca hacerla de niñera, sino de convertirlo en un hobbie hecho y derecho.
Cada vez existen más y mejores libros para colorear dedicados a adultos, así que hemos hecho una compilación de nuestros favoritos para que después de leer este texto vayas directo a comprar tu kit profesional prismacolor y vuelvas a vivir la experiencia de salirte de la línea y dibujar gente con rostros morados.
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La mayoría de estos libros los puedes conseguir en tiendas como Amazon o Barnes & Noble. Aunque en librerías como Gandhi también puedes encontrar opciones con diseños de mandalas, flores, mariposas y hasta las obras de arte de Pablo Picasso.
El 24 de Septiembre de 2014 mi vida dio un giro de 180º. Y no… Ni conocí a un galán de esos que salvan vidas en sus ratos libres, ni me tocó la lotería y me compré un piso en Miami…
El 24 de Septiembre de 2014 me diagnosticaron una enfermedad que yo siempre asocié a las personas mayores. Una condición crónica que no se basa en evitar los dulces ni hacer un poquito de dieta: diabetes.
Recibiendo la noticia
A las doce de la mañana me cité con el médico para recoger unos resultados de unas pruebas que me habían hecho antes del verano.
Tengo que recalcar que ese verano me lo pasé comiendo como si el mundo se acabase al día siguiente y con unos dolores de cabeza y mareos que me hacían parecer resacosa y, por consiguiente, hacían sospechar a mi madre de un incipiente alcoholismo.
– «Bueno Covadonga, aquí tengo los resultados. Todo está en orden, ¿cómo llevas la diabetes» – «¿Perdón…? Yo no soy diabética…» – «¿Cómo…? Espera, vamos a repetir los exámenes»
Una semana más tarde el mismo médico me miraba preocupado y yo, con lágrimas en los ojos y un nerviosismo atroz, le hacia la pregunta que me mantuvo en vela los días anteriores: «Y bien… ¿Soy diabética?».
http://gph.is/2x9YT9a
Entendiendo mi diabetes
Yo siempre había escuchado que la diabetes es una enfermedad que te da cuando eres mayor, tipo colesterol o hipertensión. Sí que es cierto que conocía a algún chico joven con ella, pero pensaba que era algo terrible que se pillaba por un virus y que, por supuesto, no me iba a tocar a mí…
Existen dos tipos principales de Diabetes. La tipo 1 suele aparecer en niños y jóvenes y es autoinmune. Esto significa que tu páncreas se enoja contigo, consigo mismo, y con el mundo; y deja de respirar. Se inventa un grito de guerra y empieza a atacar a las células beta productoras de insulina.
Sin insulina, tu cuerpo no puede metabolizar los hidratos que ingieres, el exceso de azúcar se acumula en sangre y bueno, presentas los típicos síntomas de una diabetes sin diagnosticar que casualmente yo no experimenté: sed, ganas de ir al baño y pérdida repentina de peso.
Diabetes tipo 2
La Diabetes tipo 2 es otra historia. El páncreas no se enfada, simplemente se vuelve un poco vago y la insulina que produce es de mala calidad. Suele aparecer en gente más mayor y, en muchos casos, va asociada a problemas de obesidad.
Los diabéticos tipo 2 tienen resistencia a la insulina y muchos se pueden tratar con pastillas, dieta y ejercicio; aunque no todos. Los tipo 1 no. Los tipo 1 se pinchan. Los tipo 1 tienen la Diabetes “mala”. No hay cura para esta enfermedad.
https://gph.is/2LpnQkM
Comenzando el tratamiento
A mí me dieron pastillas. Estuve un año adelgazando hasta quedarme en los huesos y sin apenas poder comer nada porque todo me ponía el azúcar por las nubes.
Entonces llegó un médico muy simpático, pero para nada guapo (ya, ya sé: yo y mi obsesión por encontrar un galán de cine en cualquier situación fatídica) y me dijo que yo no era resistente a la insulina. Aún me quedaban algunas en el páncreas, pero el ejército de anticuerpos estaban destruyendo mis pobres células beta que, acojonadas, no podían defenderse.
Sentí pena por mí y por mis pequeñas celulitas que se escondían en algún rincón del interior de mi cuerpo y fui yo la que se enfadó con mi páncreas, ese órgano inerte que flotaba en mi cuerpo con más pena que gloria.
– “Mátalo del todo” – “¿Cómo dices, Covadonga…?” – “El páncreas. Si es un órgano inútil… ¿Me lo puedes sacrificar y así deja de fastidiar?”
Tras una retahíla de médicos, enfermeras y nutricionistas me dijeron que, aunque lo estaba llevando “demasiado bien”, igual me vendría mejor hablar con un psicólogo. Nunca fui. No por vergüenza ni por negación. Simplemente se me olvidó llamar para pedir la cita y me borraron de la lista…
Sin embargo, lo que los médicos no saben es que yo tengo un máster en psicología diabética. Porque claro, cuando te dicen que tienes una enfermedad crónica para la cual no existe cura (malditas cadenas de televisión que engañan a la audiencia…) y que te tienes que pinchar 5 veces al día y mirarte el azúcar otras tantas… pues te asustas un poquito. Si encima eres hipocondriaca como yo… ¡Imagínate!
https://gph.is/2nT0o5T
Dudas existenciales
El primer día que me dijeron todo esto me llenaron los brazos de revistas con todo tipo de información y con recetas bajas en hidratos. Sin embargo, mi mente estaba en otro lugar, mi cerebro procesaba toda esa información de manera diferente y cuando llegó el turno de preguntas solté lo que más angustiada me tenía:
– “Me dices que tengo que llevar conmigo el glucómetro (medidor de glucosa en sangre) y la insulina a todas partes… ¿Qué pasará cuando gane un Óscar a mejor actriz revelación? Quiero decir, nunca he visto a Jennifer Lawrence o Meryl Streep con un bolsito de mano en la gala de cine”. – “Creo que estás en estado de shock”, me dijo el primer médico que me atendió al comprobar que yo no estaba bromeando…
Y, casi dos años después, lo que más me preocupa es que aún no he ganado una estatuilla dorada.
¡Es broma! Por supuesto que he ganado un Óscar. El año pasado. ¿No te acuerdas?
Vale… Ya paro…
Aprendiendo a vivir con diabetes
Mi día a día no es un camino de rosas, aunque tampoco es la ruta hacia el infierno. Me he cansado de repetir que no existe una Diabetes “mala” y una “buena”, simplemente se controlan de manera diferente.
Me he acostumbrado a contar hidratos antes de comer y calcular, en cuestión de segundos, las unidades de insulina rápida que me tengo que inyectar para procesar esos alimentos.
He tenido rachas buenas, reguleras y malas. He llorado. Mucho. Y mi madre también.
He aprendido que el deporte baja la glucosa y que tengo que comer unas galletas antes de hacer una actividad física de desgaste energético.
He tenido que renunciar a ciertas bebidas alcohólicas que me pueden dar un subidón que me lleve al hospital y he descubierto que, tras una noche de juerga, me puedo levantar con un tembleque de piernas que me haga pedir azúcar a voces.
http://gph.is/2Eo5qls
No escondo mi enfermedad
La diabetes es una enfermedad silenciosa. El azúcar alto durante muchos años puede hacer que desarrolle complicaciones que deriven incluso en ceguera o amputación de miembros inferiores. Es una condición de por vida dura, que no me quita la sonrisa pero que a veces hace que se me tuerza un poquito por la frustración de no controlar bien la glucosa.
Como silenciosa que es, me dicen muchas veces que no lo diga y me sueltan perlas del estilo: “¿Para qué vas a decir que eres diabética? Si no lo pareces”.
Me pregunto yo, en mi ignorancia, qué rasgo común tienen los diabéticos. Halle Berry es diabética y, aunque me encantaría parecerme a ese mujerón, tengo que reconocer que ni de lejos.
Según el portal de la Federación Mexicana de Diabetes, 1 de cada 11 personas vive con esta condición. Más de 540.000 niños tienen diabetes tipo 1 y uno de cada 7 nacimientos se ve afectado por la llamada diabetes gestacional. El 12% del gasto global en salud va para los diabéticos y, casi la mitad de los adultos no saben que la padecen.
Llámame ilusa, pero algún día se publicará el dato que hará que nunca más se tuerzan por frustración las sonrisas de los diabéticos del mundo. Un dato que se publicará en forma de titular de la siguiente manera: “100% de los diabéticos curados gracias a un médico apuesto”.
Cerca de 16,000,000 millones de resultados es lo que te arroja Google al buscar el término superfoods,y la mayoría son titulares que dicen algo que se puede resumir a “Los superalimentos que debes comer o que debes conocer” como si necesitaran volverse una obligación en nuestra vida.
Y no es que esté en contra de ellos, pero la realidad es que estos superalimentos –o alimentos funcionales, como los conocí cuando estudié la carrera en nutrición (sólo que suena con más onda este nuevo término)– generan una idea de ser los reyes de la pirámide nutricional y hacen que todos los demás alimentos que son parte de nuestro día a día (además de más baratos y fáciles de conseguir) no tengan tanto valor por no poseer esas propiedades “milagrosas” de las que tanto se habla.
¿El problema?
La evidencia científica sobre los superfoods aún no es contundente. Por lo general, en los estudios que se realizan en este campo suelen emplear niveles muy altos de estos superalimetos, lo que es casi imposible llevar acabo en una dieta real, y muchos se realizan en animales o in vitro, por lo que los resultados obtenidos sólo pueden darnos una idea de cuáles son los beneficios que traerían a la salud, pero no la garantía de que realmente funcionen como un remedio milagroso y todo poderoso.
Lo cierto es que estos superalimentos pueden incluirse dentro de una dieta equilibrada siempre y cuando no se exceda las dosis establecida y no basemos nuestra alimentación enteramente en torno a ellos, porque muchas veces también necesitan de otros nutrientes que se encuentran en alimentos tan comunes como lo puede ser una manzana o un manojo de espinacas, para así potenciar su absorción.
Para darte una mejor idea, te platicaré un poco sobre 5 de los superfoods más populares, la dosis recomendada y a quién no se le recomienda el consumo.
Maca
Esta potente raíz peruana es conocida por su poder afrodisiaco (de hecho, el aumento del líbido es de las pocas cosas que le han comprobado a través de estudios científicos). Sin embargo, también se habla de que es un buen energetizante, un potente antioxidante, es capaz de agilizar la habilidad mental y es un aliado para mejorar (no curar) episodios de ansiedad y depresión (aunque solo ha tenido efectos en mujeres durante la menopausia y después de ella).
Dosis recomendada: 1,500 – 4,000 mg/día
¿Quién debe consultar a su médico antes de tomarla? – Mujeres embarazadas o durante la lactancia. – Personas hipertensas – Personas que tengan diabetes – Personas que padezcan hiper o hipotiroidismo.
Espirulina
Esta alga es conocida especialmente en el mundo vegano por su aporte de vitamina B12, aunque actualmente se sabe que el cuerpo no la puede absorber por sí mismo, sino que necesita cierta ayuda. Se le atribuye la mejora del metabolismo de lípidos y glucosa (por esto muchos dicen que ayuda a bajar de peso), es un antioxidante (de aquí su propiedad de antienvejecimiento), mejora la resistencia muscular, ayuda a controlar la glucosa sanguínea y la presión arterial.
Dosis recomendada: Aún falta mucha investigación para conocer más a fondo esta alga, pero los estudios recomiendan tomar pequeñas dosis múltiples veces a lo largo del día, sin exceder los 6 gramos diarios.
¿Quién debe consultar a su médico antes de tomarla? – Personas que padecen hipo o hipertiroidismo – Personas con insuficiencia renal – Personas con diabetes
Espirulina en polvo
Proteína hemp
Esta semilla que viene del cannabis y que es completamente legal, muestra grandes beneficios como la reducción de triglicéridos en sangre y aumento del colesterol HDL (también conocido como «colesterol bueno»), así como el fortalecimiento del sistema inmune, por lo que si la tomas probablemente será más difícil que te enfermes.
Además, gracias a la cantidad de fibra que tiene mejora el tránsito intestinal; se le relaciona con disminución de síntomas durante el molesto síndrome premenstrual y mejora la recuperación muscular después de hacer ejercicio. BOOM!
Y como sé que probablemente te lo estás preguntando, debes saber que las semillas que se venden son bajas (menos del 0.5%) en THC, el compuesto químico que provoca los efectos psicológicos de la marihuana. De hecho, los estudios han demostrado que la intoxicación por su consumo es muy difícil, solamente hay que respetar la dosis establecida.
Dosis recomendada: Tómalo para complementar tu requerimiento diario de proteína y dependiendo de la actividad física que realices. Unos cuantos gramos de este superalimento serán más que suficientes.
Chía
Esta famosa semilla puede disminuir el apetito, el colesterol y la glucosa en sangre. Además de aumentar el colesterol bueno, mejorar el tránsito intestinal (por la cantidad de fibra que posee) y la hidratación de la piel. Nada mal para una semilla tan pequeña.
Dosis recomendada: 2 cucharadas repartidas durante un día. Consumida en exceso puede generar problemas. Uno de los más comunes es una oclusión intestinal y se ha visto que puede interferir en la absorción de calcio y zinc.
¿Quién debe consultar a su médico antes de tomarla? – Personas con diabetes – Personas que toman anticoagulantes. – Personas que padezcan hipertensión – Personas con diverticulosis
Cúrcuma
A este pigmento amarillo de nombre divertido se le atribuye la pérdida de peso (aunque ningún estudio científico lo haya demostrado). Por si fuera poco, es un buen antiinflamatorio, antioxidante, disminuye la presión arterial y al parecer puede ayudar a reducir los triglicéridos, el colesterol total y mejorar los síntomas de la osteoartritis.
¿Quieres más? También ayuda con la resistencia a la insulina y la función cardiovascular. Todo en uno.
¿El problema? Se ha demostrado que al ingerirla el cuerpo sólo puede absorber una mínima cantidad, es por eso que se recomienda su consumo junto con pimienta negra.
Dosis recomendada: como máximo 8 gramos al día
Estudios in vitro han demostrado que consumido en altas concentraciones puede dañar el ADN y suprimir al sistema inmune. Sin embargo, aún falta mucha investigación al respecto.
¿Quién debe consultar a su médico antes de tomarla? – Personas con cálculos biliares – Personas que toman medicamentos anticoagulantes – Mujeres embarazadas
Las redes sociales son parte imprescindible de nuestra vida diaria, ¿te has preguntado cuántas veces al día las revisamos? Parece que ya automáticamente las abrimos y repartimos likes a todo lo que nos llama la atención. Las redes sociales nos ayudan a estar en contacto con familiares y amigos, compartir contenido y consumir información de una manera más rápida y cómoda. Nos encontramos ante un fenómeno increíble: una conversación mundial.
Una buena parte de nuestra vida social se ha mudado a la world wide web, y la forma en la que comunicamos nuestro trabajo también se ha ajustado a este creciente desarrollo tecnológico.
Muchos artistas, diseñadores y músicos han dado a conocer su obra gracias a Instagram, Facebook, Twitter, SoundCloud, entre otras. De hecho, de acuerdo a un estudio publicado en Mashable, las redes sociales se han convertido en una herramienta de reclutamiento para muchas empresas. Además, según una encuesta publicada por LinkedIn, el 70% de las personas que siguen a una marca estarían interesadas en trabajar para ella.
Para quienes somos apasionados de lo que hacemos y nos encanta nuestro trabajo (ya seas freelance o “de agencia”) es realmente difícil dejar de trabajar, encontramos en cada momento del día una imagen, una canción o una frase que nos inspira. Por eso, debemos aprovechar las plataformas sociales para promocionar nuestro trabajo o estilo de vida. Es importante conocer los puntos que nos ayudarán, no sólo a informar, sino también a conectar con nuestros seguidores, fidelizarlos y lo más importante: que nos den chamba.
Instagram es el marco perfecto para compartir y descubrir fotos de usuarios de todo el mundo. Además, es una red social en la que todas las profesiones artísticas y creativas tienen éxito. Diseñadores, interioristas, arquitectos, stylist, chefs, escritores, músicos, djs. ¡Es la red perfecta!
Personal Branding
Este término consiste en hacer de nosotros una marca, la cual venderemos ante el público destacando nuestra propuesta de valor o nuestras habilidades. Constantemente estás creando tu marca personal, todas tus acciones lo afirman. Desde tus expresiones hasta tu creatividad, tú forma de vestir y hasta lo que compartes en tu muro de Facebook.
¿Proyectas una imagen real de tu valía laboral? Seguramente te lo has preguntado, y es que proyectar un personal branding eficiente te ayudará a generar una percepción sobre ti que hará que las personas quieran trabajar contigo.
Así que, con los términos básicos ya aprendidos, te daré algunos tips sobre cómo puedes mejorar tu cuenta de Instagram para que se vea visual –y laboralmente– apetecible.
¡No es necesario que uses el mismo nombre de usuario en todas tus redes sociales! Prueba con algo ingenioso. Los juegos de palabras son una excelente forma de hacer reír a la gente (cosa que es buena siempre). Por ejemplo, el comediante y estrella de YouTube, Michael Buckley, utilizó por un tiempo el usuario @WhatTheBuck. O por otro lado está la blogger Aimee Song, que fusionó su apellido con su trabajo como fashionista, creando el usuario @songofstyle.
2. Biografía de impacto
No escribas un párrafo en tu biografía, divídela por líneas. Prepárala en las notas de tu celular y luego cópiala en tu Instagram. Cambiar tu biografía constantemente y agregar los hashtags que te destaquen hará más fácil la búsqueda de tus usuarios. ¡No olvides agregar emojis!
3. Cuenta una historia
Compartir contenido de calidad para tus seguidores con frecuencia –y siendo lo más creativo posible– hará entretenido tu Instagram. No postees únicamente fotos de tu perro, de tus pies o de tu comida sin gracia. Muestra instantes irrepetibles y circunstancias cotidianas de manera original.
El principal error que cometen muchos usuarios es publicar contenido inapropiado que los puede comprometer de muchísimas formas. La publicación de fotos subidas de tono, insultos o declaraciones controversiales produce una serie de malentendidos y problemas completamente innecesarios. Recuerda que quieres que te contraten por tu talento.
Las personas y marcas que cuentan historias interesantes son las que triunfan. Instagram se llama a sí misma, una plataforma de inspiración visual y la mejor manera de inspirar a los demás es a través del poder de la narración con imágenes. Puedes compartir fotos de tu café del día, del detrás de cámaras de uno de tus trabajos, tu almuerzo con un twist inesperado y ¡cómo olvidarlo! El arte del flat lay, que te explico en el siguiente punto…
Se le conoce como flat lay a todas aquellas fotos que acomodan de manera estratégica ropa, accesorios, herramientas o cualquier objeto, y lograrlo tiene su chiste, pero no es imposible de dominar. Te recomiendo:
– Tomar las fotos con luz del día, ya que salen mucho mejor y es más fácil de editar después. – Tomar las fotos desde arriba. Esto dará un efecto limpio y permitirá tener una vista más amplia de lo que quieres mostrar. – Selecciona una pieza que sea el punto focal y desarrolla un tema a partir de ella. Asegurate de escoger las piezas correctamente para obtener una presentación armónica. – El fondo blanco siempre resalta las piezas, pero puedes jugar con fondos más interesantes. Sólo toma en cuenta el color de los objetos para que no luzca todo desordenado o abrumador. – Toma las fotos en formato cuadrado. Así lucirán mejor a la hora de retratar los objetos. Si no, puedes cortar la foto después.
Inspírate buscando en Instagram el hasthag #flatlays, ahí encontrarás ejemplos de lo que puedes lograr.
Tus seguidores quieren ver la mente maestra detrás de esa cuenta. Inclúyele tu toque personal con una buena selfie de vez en cuando. Pero ojo, no abuses. Puede llegar a hartar un poco.
Es importante nombrar tus memorias (a.k.a tus publicaciones de Instagram). Una descripción poderosa hace siempre la diferencia. – Di lo obvio – Agrega humor – Habla el lenguaje del emoji – Haz una pregunta al final
Si quieres que la gente realice una acción tendrás que indicárselo siempre. En la biografía de Instagram puedes agregar llamadas a la acción textuales. Un ejemplo perfecto, es la cuenta de la tienda online de accesorios @shopbando. En su biografía ponen el link de lo más nuevo para que compres y también tienen activada la opción de contactar. Lo que nos lleva al siguiente punto:
8. ¡Contáctame!
En Instagram ya podemos observar la opción de contactar, por llamada telefónica, vía correo electrónico o con la ubicación geográfica en algunas cuentas. Si no puedes hacerlo, te recomendamos que pongas tu mail de contacto o la página web donde puedan conocer más de cerca tu trabajo.
9. Por último, pero no por eso menos importante: los filtros Existen muchísimas apps para editar tus fotos de forma cool y original, además de las que ya trae Instagram. Estas son algunas: – VSCO Cam – Layout – Hyperlapse – Afterlight
También con Boomerang puedes hacer mini clips divertidos
Ahora ya estás lista para empezar a crear tu Curriculum Vitae online. Recuerda que ser tú misma es siempre la mejor opción, así que no dudes en mostrar tu personalidad.
Si entraste a este post hay dos posibilidades: o eres lesbiana (y te encanta leer toda publicación relacionada con el tema) o, efectivamente, tienes una muy bella amiga homosexual. Sea como sea, desde que salí del closet me he topado con algunas situaciones incómodas con mis amigas y amigos heterosexuales.
Los amo, le dan un bello equilibrio a mi vida (gracias a ellos mis días no parecen un capítulo sacado the «The L word») y sé que no lo hacen a propósito, pero quisiera compartir algunas cosas que he reflexionado a partir de eso y que también son el pan de cada día de otras muchas lesbianas ahí afuera.
Así que, amiga/amigo heterosexual:
1.- No tengas miedo de usar la palabra «LESBIANA»
No sé por qué es como una palabra de terror y a la gente le da miedo pronunciarla. Tal vez suene más agresivo o serio que «gay», «lesbi», «del otro bando» o cualquiera de sus derivados. Pero no, no tengas miedo de decirlo fuerte y claro al referirte a ella. Esto nos hace más visibles en la sociedad y nos da más presencia como comunidad lésbica.
2.- Ahórrate preguntarle «¿Y cuál de las dos es el hombre?»
Estamos en pleno siglo XXI y parecería absurdo pensar que esto aún sucede, pero pasa y con mucha más frecuencia de lo que nos gustaría. No buscamos ni necesitamos un hombre y ninguna de las dos tiene la necesidad de proyectarse como tal.
No buscamos imitar una relación heterosexual y precisamente por eso salimos con una chava. Incluso en las dinámicas «butch–femme» ambas siguen siendo felizmente mujeres. Así que es mejor ahorrarse este tipo de comentarios que, además dicen por ahí, son de los que más nos enfurecen.
3.- Decirle que no puede saber que no es heterosexual porque nunca ha estado con un hombre.
Sí… así de ridículo. Es igual a decirle que si nunca ha estado en el infierno no puede saber si no le gustaría quemarse en las llamas del averno por toda la eternidad. Tú no has necesitado experimentar ser homosexual para comprobar que no lo eres, tampoco nosotras necesitamos hacerlo. Simplemente decidimos serlo y ya.
4.- «¡Pero si estás bien bonita… qué desperdicio!»
Say whaaaaaat!? ¿Desperdicio para quién o por qué? Las mujeres cada vez más nos vamos desprendiendo de los estándares de belleza que nos encadenan y el mundo lésbico ha ido evolucionando junto con la sociedad, rompiendo también con sus propios estereotipos.
5.- No intentes modificar sus maneras de vestir o peinarse.
Alguna vez me invitaron a una boda y me pidieron que, por favor, fuera vestida «normal». Mi look es bastante andrógino, lo que significa que existía la posibilidad de que llegara con una camisa, tirantes, moño en el cuello y pantalones. Sinceramente este comentario me dolió porque se trataba de una amiga bastante cercana, aunque eso no modificó mi decisión sobre qué ponerme (efectivamente, llegué en camisa, tirantes y pantalones).
Amigos, vivir y dejar vivir: si quiere raparse que se rape, si quiere usar tirantes que use tirantes; si quiere ponerse vestidos que lo haga. Si quiere ser butch, femme, fashion, andrógino (si no sabe de qué hablo, recurra a su amiga lesbiana más cercana)… aquí no hay un «cómo se debe» o «no se debe» ser lesbiana y es parte de la magia del mundo queer.
6.- Decirle que tienes una amiga que quieres presentarle *wink wink*.
A veces esto puede resultar en algo muy bueno, pero llega un punto en el que es cansado que quieran emparejarnos con cada lesbiana que conocen. No somos mercancía, agradecemos su bello esfuerzo por buscarnos pareja, pero tu tía solterona no es opción para nosotras, ni tampoco la barista de cabello corto que te atendió en el café al que acabas de ir. No por ser lesbianas implica que ya somos compatibles.
7.- Asumir que se volvió lesbiana porque cortó con su ex.
Hay mujeres que pasaron por relaciones heterosexuales antes de ser lesbianas, pero eso no implica que hayan tomado esa decisión por una decepción amorosa. No estamos con mujeres porque odiamos a los hombres, ni porque hayamos fracasado en el mundo heterosexual.
8.- Asegurarle que es sólo una racha y que ya pasará.
Volviendo al punto de las llamas del averno…
9.- Intentar saludarla «a lo vato».
Esta va en especial para nuestros amigos hombres. Compas, no por ser lesbianas nos volvimos una imitación suya. No queremos ser ni comportarnos como hombres, entonces eviten saludarnos con alguno de sus rituales tan particulares (sí, me refiero a chocar las manos y darse de madrazos palmadas en el hombro).
10.-«No tengo problema con que seas lesbiana, sólo no te beses con tu pareja frente a mí».
¡Ouch! Esto es como decirnos «te quiero, pero de lejitos». Esto implica que no la aceptas del todo y que, de algún modo, te incomoda quien es. Acéptala e inclúyela 100% como decida ser, escúchala y, sobre todo, hazle saber que cuenta contigo y que nada cambia en su amistad.
Lógica simple: tu amiga lesbiana no es un ente extraño salido de un universo paralelo. Ser públicamente homosexual es algo difícil por el estigma y la discriminación que aún vivimos en la sociedad. Nosotras quisiéramos encontrar en nuestras amistades un espacio seguro y en el que podamos ser nosotras mismas, libres de prejuicios.
Espero que tu bella amiga lesbiana encuentre eso en ti.
Ni en la primaria, ni en la secundaria, tampoco en la prepa, fui la más brillante del salón. Mis calificaciones generalmente estaban llenas de 7, 8 y uno que otro 6 en conducta porque “habla demasiado con sus compañeras”. Sin embargo, si en algo podían ponerme una estrella dorada era en la pasión y la precisión con la que preparaba mis útiles escolares antes del inicio de clases.
Desde la compra de artículos hasta su organización dentro de su respectivo estuche y mochila, disfrutaba la emoción de saber que utilizaría un montón de cachivaches nuevos por primera vez.
Años después de haberme graduado las cosas no han cambiado mucho. Todavía no me sé la tabla del 7, hablo hasta por los codos y sí, comprar cosas para mi oficina me emociona sobremanera. Y es que pienso que aunque hayamos perdido el hermoso ¿privilegio? de las compras del regreso a clases, aún podemos llevarlo al mundo laboral y hacer de nuestra existencia Godínez una más feliz.
Así que aquí mis recomendaciones para volver a la oficina con mucho estilo, aunque ni siquiera hayas salido de vacaciones este verano.
Libretas de Write Sketch &
Ninguna computadora, tableta o celular puede sustituir la experiencia de anotar cosas en papel, y cuando tienes una libreta tan bonita como las de Write Sketch & la inspiración simplemente fluye. En México puedes encontrarlas a la venta en Poni Ministore.
Porque los días en la oficina a veces pueden ser bastante grises, nada como la dosis de color y buena vibra de este set de lápices que, además de venir en distintos acabados, tienen mensajes felices como «You are gold, baby, solido gold» y «Yes you totally can». Puedes comprarlos en línea como la mujer millenial que eres.
El café de tus mañanas tendrá más estilo que el de tu vecina de escritorio si tienes una de las tazas de esta firma mexicana, la cual retoma el peltre para reinterpretarlo en piezas de diseño sencillas, pero únicas. Lo mejor de todo es que ofrecen la opción de personalizar sus productos, así que puedes incluir tus iniciales o algún diseño hecho por ti. Tomen eso, tazas genéricas de Starbucks. Para más información visita su sitio.
Plantas, pines, clips, ligas, monedas, plumas, tu felicidad: puedes poner lo que quieras en estos pequeños recipientes de cerámica que harán que quienes aún no se aprenden tu nombre en la oficina cuando menos te identifiquen como «la chica que tiene unos comelones en su escritorio». Los consigues en la tienda online de la marca.
Las mochilas también son para las niñas grandes, y la muestra perfecta son los diseños de esta firma que conjugan buen gusto, calidad y, lo más importante de todo, MUCHO espacio. Así que después de comprar todos los artículos que te recomendamos puedes guardarlos en tu backpack y llegar a la oficina con espíritu y accesorios renovados.
Cuando se trata de cejas perfectas, a algunas mujeres se las da la naturaleza, a otras el maquillaje y hay a quienes simplemente les vale un pepino. Y luego –justo en el limbo entre las que se maquillan y las que no– existe una categoría más: las que aman las cejas definidas, pero no tienen la destreza ni el tiempo para conseguirlas. O sea, yo.
Hace algunos años solamente hubiese tenido dos opciones: no hacer nada al respecto o tatuarme las cejas. Opté por la primera, porque el simple hecho de unir en una misma oración las palabras «tatuado» y «cejas» me producía escalofríos. De inmediato venía a mi mente la imagen de la tía que se lo hizo en el 2000 y quedó con un par de rayones azules en la cara. O la recepcionista de mi dentista que no tenía un sólo pelo en las cejas, pero sí un arco delgado y definido con lo que parecía ser un sharpie café.
Sin embargo, los años han pasado y las técnicas del tatuado de cejas han evolucionado de tal forma que ahora es posible lograr resultados muy naturales y sin necesidad de que sean permanentes.
Una de ellas es el microblading, también conocido como bordado de ceja, una técnica de tatuado que busca definir y realzar la apariencia natural de tus cejas. Para lograrlo se utiliza un aparato con una punta especial de acero inoxidable que se sumerge en pigmentos naturales para después generar sutiles y pequeños trazos que imitan el crecimiento natural del vello. Algo así como Claude Monetmeets tratamientos de belleza.
El microblading es un proceso que puede llevar de 2 a 3 horas, ya que antes de tatuar se debe realizar todo un análisis de rostro para definir el estilo, forma y grosor de ceja que más te favorece. Después se traza el diseño, se aplica una crema anestésica y posteriormente comienza la verdadera acción. Lo mejor de todo es que después del procedimiento tus cejas quedan perfectas y puedes retomar de inmediato tus actividades, aunque respetando una serie de cuidados que incluyen no nadar y no exponerte demasiado al sol durante 10 días.
¿Duele? Quienes han apostado por el microblading comentan que aunque puede haber algunas molestias, es totalmente soportable. Eso sí, el tratamiento no es nada barato y puede costarte más de 7 mil pesos, pero tranquila, que si el trabajo está bien hecho los resultados duran más de un año e incluso más siempre y cuando lleves a cabo los retoques correspondientes.
El recién estrenado marido bromea con el padrino de bodas mientras que su suegra sonríe, con delicadeza, a unos primos que apenas conoce. La novia está radiante. Con un vestido midi blanco y tacones imposibles se siente la reina de la fiesta. No en vano ella, y sólo ella, ha sido la que ha organizado el coctel de bienvenida por completo. Está todo bajo control: los canapés listos para ser servidos, las copas de champán se vacían por los gaznates de los invitados, la cerveza de importación descansa en el barril al fondo y…
Un momento… ¿Quiénes son esos dos extraños que se ríen cómplices al lado de la puerta? No estuvieron en la ceremonia y nadie parece conocerlos… ¿Se han colado?
Los llamados internacionalmente wedding crashers son más comunes de lo que la gente cree. Al estrés por tener todo listo en un día tan especial, se une una nueva amenaza en forma de caraduras que quieren comer y beber gratis. Quizás movidos por la película estrenada en 2005 bajo el nombre “De boda en boda” o «Los Caza novias» y protagonizada por Vince Vaughn y Owen Wilson, estos intrusos buscan un ligue de una noche. O puede que sean auténticos aficionados a los deportes de riesgo y necesiten una dosis de adrenalina que los saque de la rutina diaria…
He de confesar que yo he sido una sinvergüenza, una intrusa y una fan de las locuras que rozan lo confesable…
A pesar de sonrojarme tras lo ocurrido, sin malicia ni atisbo de mala intención, creo conveniente compartir mi escasa sabiduría sobre el tema en aras de instruir a nuevos wedding crashers que quieran pasar un rato divertido y sentirse tan poderosos como dos agentes infiltrados en una misión de vida o muerte.
Así que aquí algunos pequeños “tips” para colarse en una boda:
1. La información es poder
No es ningún crimen colarse en una boda, pero la preparación para tal tarea se asemeja a cualquier plan que un DiCaprio trazaría en una de sus últimas películas de acción. O, en mi caso, veinte minutos de búsqueda en Google para dar con una website que un par de ingenuos decidieron crear para informar, públicamente, del más mínimo detalle del enlace. Vale, quizás no haya documentos secretos del gobierno ni ajustes de cuentas entre mafias involucrados en el proceso… pero la emoción estaba ahí, rozando el peligro.
2. Convence a un alcahuete que quiera hacer de cómplice
Y si esa persona comparte ese entusiasmo por irrumpir en tales eventos de manera sibilina y con los pies en la tierra, mejor que mejor. En el dúo de wedding crashers siempre tiene que existir una mente fría que calcule daños y situaciones embarazosas de manera anticipada, para así buscar soluciones a posibles problemas o imprevistos con antelación.
3. Crea nuevas identidades
¡Ah! Esta es mi parte favorita. Y es que, ¿a quién no le gustaría ser otra persona por un par de horas? La creatividad y la imaginación no tienen límites en este juego en el que se vuelve a ser niños. Profesora, ingeniera, doctora, auxiliar de vuelo… María, Mercedes, Sofía, Roberta… ¡Las posibilidades son infinitas!
Sin embargo, intenta ser realista. Por mucho que te guste ser Gervasia, probadora oficial de galletas a cambio de un buen sueldo y que quedó finalista en un famoso programa de búsqueda de talentos… No cuela. Déjala ir. Gervasia es fantasía. Apuesta por María, la profesora de español. María podría ser real.
Lo siento Gervasia…
4. No te pongas a hablar con alguien mayor
Esa persona podría ser el padre de la novia… o del novio. Y no me repliques con frases del tipo “¡Ya sería demasiada mala suerte!” porque la fortuna o la desdicha aparecen y desaparecen de forma muy sutil. Y entonces te dará igual que te llames Gervasia o María, porque el futuro suegro de la que posa felizmente con el vestido blanco irá a comentar a su hijo lo simpáticos que fueron los dos que beben cerveza al lado de la puerta.
El novio los escudriñará con los ojos y se dará cuenta de que no sabe quién fregados son. Se lo comentará a su futura mujer en el medio de la foto oficial. Tendrán que repetir la instantánea porque han salido con cara de sorpresa. Y entonces, ENTONCES, se acercarán a ustedes y les dirán, confusos, que no los conocen de nada.
5. Inventa un código con tu cómplice
En el caso de que se pongan las cosas feas para uno de los “jugadores”, éste puede avisar al otro de que tienen que poner tierra por medio lo más rápido posible. Ese código secreto sólo se ha de utilizar en caso de peligro extremo y constituirá de una frase de lo más inocente, tipo: “Tu madre acaba de llamar”. Nótese que no funcionará en el caso de que los recién casados hayan descubierto el pastel y los acorralen en la puerta mientras el resto de los invitados los mira de arriba abajo.
6. ¿Tacones? ¡Ni hablar!
En última instancia te puede tocar correr. Mucho. Y no es agradable darse a la fuga entre arbustos, piedras y callejuelas con dos zancos que serían la delicia de futuras torceduras de tobillos y esguinces aparatosos, mientras que el padrino de bodas te persigue como si no hubiese mañana. Menos aún si ese padrino está fibrado de gimnasio y tú no, y te acabe cazando y tengas que darle explicaciones, medio avergonzada medio risueña, sobre la fechoría que acabas de cometer.
La mayoría de wedding crashers sólo piensan en pasar un rato divertido y brindar en honor a los novios que acaban de conocer minutos antes. Sólo un pequeño porcentaje de los mismos tiene en mente malas intenciones y, créeme cuando te digo que yo no estaba entre ellos.
Consciente soy de que el recién estrenado matrimonio habrá soltado varios improperios y se habrá acordado, para mal, de todos mis ascendientes… Sin embargo, consuelo les puede quedar el pensar que, si algún día decido pasar por el altar, el karma me devolverá esta “broma” en forma de desconocidos colándose en mi boda. Así que, a mis posibles futuros wedding crashers les dedico una sonrisa y la promesa de un “selfie” con el pastel de bodas. Al fin y al cabo, se trata un poco de volver a ser niños y jugar a ser espías por un día.
Desde que tengo quince años he estado involucrada en relaciones monógamas y “estables”, hasta hace unos 9 meses (ya va a nacer mi bebé de la soltería) que terminé con mi último novio. En el intermedio de cada relación estuve “soltera” por un máximo de cuatro meses.
Sí, podría parecer que estoy loca, lo sé, pero así ha sido, de alguna u otra manera mi ingenuo cerebro se convencía de que comenzar una nueva relación era la respuesta para cerrar un círculo vicioso del que ya no quería formar parte. Pero no, estimados lectores y lectoras, esas eran puras mentiras y trampas mentales. Como si la respuesta obvia no fuera “intenta estar sola, a lo mejor y te gustas… y mucho”.
Sin embargo, henos aquí calificando caras y cuerpos en Tinder cada madrugada de aburrimiento y soledad. Inventándonos cada día nuevos pretextos para no mirar hacia adentro, porque siempre habrá algo más “atractivo” a lo que prestarle atención ahí afuera.
De uno a tres amantes…
Hoy en día tengo un promedio de tres parejas bastante regulares, diría yo. Y sí, la pasamos bien, todos están enterados de la situación y los términos y, de hecho, ellos igual cuentan con las mismas libertades que yo y pueden ver a cuantas personas más quieran. Claro que esto trae sus propias complicaciones.
De entrada, si incluso teniendo una relación de pareja estable y monógama tenemos la responsabilidad de usar condón, imagínate con las relaciones polígamas en las que además tus amantes viven bajo el mismo régimen que tú. No puedes fallar. Nunca. No lo hagas.
Además de esta básica cuestión del cuidado de tu salud y la de tus amantes, también hay otros temas que diariamente tienes que malabarear. Pareciera que no, pero eventualmente te das cuenta de que unos te gustan más que otros y las razones pueden ser muchas. Hay que saber organizarse para repartir los días de la semana equitativamente y que nadie se queje demasiado por tu ausencia, porque, en efecto, si uno se ausenta por un tiempo “largo» alguien terminará por resentirlo.
¿Y los celos?
En cuanto a los celos, nada. Hasta el día de hoy nada, de verdad, nada. En este ámbito, honestamente, tener varias relaciones polígamas no se parece en nada a tener una relación monógama estable. Nadie te reclama por pasar tiempo con otros amantes. Y ni siquiera te surge a ti la inquietud de meter tu queja con algún amante porque vea a otras personas. Si esto llegara a pasar, cuidado, puede ser que alguien se esté interesando en cambiar el formato de la relación, y la dinámica tendría que replantearse para llegar a nuevos acuerdos.
Hasta hoy no he llegado a la etapa final de un amante en la que lo tengas que depurar para dar paso a los que siguen. Me parece que estoy cerca pero todavía no arranco el proceso, así que no puedo dar muchos detalles de cómo creo que funcionan los cierres en este tipo de relaciones.
Supongo que se trata, básicamente, de decir las cosas como son, friendzonear de todo corazón y poner nuevos límites en los que te puedas sentir más cómoda. Y si la otra persona no accede con facilidad, quizá lo mejor sea pedir espacio y dejar que las cosas se acomoden solas.
Relaciones polígamas incomprendidas
También debes considerar que a pesar de que nuestra cultura se ha ido abriendo lentamente a aceptar, o tristemente “tolerar” nuevos formatos de relaciones, las polígamas ni siquiera han comenzado a formar parte de la discusión. Digo esto porque existe la posibilidad de que no todos estén de acuerdo o puedan entenderte, y puede ser que, para variar, alguien a quien no tengas que darle explicaciones te las quiera pedir.
Yo no me preocupo demasiado, tampoco es algo que le vaya contando a todo el mundo, pero al menos mis amantes están al tanto. Con eso estamos, hasta ahora, cómodos todos. No es un tema que divulgue entre mi familia o en mi oficina, y esto es simplemente por falta de ganas de dar una explicación lo suficientemente clara para que puedan entender mi punto de vista sin querer convencerme de que estoy cometiendo un error y que me puedo hacer daño (como si eso no pudiera pasar con absolutamente cualquier decisión que tomes).
Encontrando el equilibrio
A decir verdad, cuando empecé con todo esto, sí tenía una sensación de “estarme metiendo en problemas”. Bastó con ser honesta conmigo misma y con los demás para dejar de sentirme culpable. A veces me siento algo egoísta por sobreponer mis ganas de ver más a uno que a otro, o cancelar porque prefiero dormir, pero luego recuerdo que puedo hacer lo que yo quiera con mi tiempo libre.
Otra peculiaridad que he experimentado en estos meses es que sigo sin encontrar el equilibrio emocional (si es que éste se llega a encontrar). Es cierto que tengo ligeramente más tiempo para regalarme a mí misma, para cuestionarme, para escucharme, para alinearme con mis más profundos anhelos, pero sigo perdiendo los ánimos de vez en cuando y extrañando mi última relación estable de pareja.
Y no porque piense que haya sido la relación perfecta, porque por supuesto que no lo fue, pero el corazón no entiende razones y como se ha dicho siempre, lo que se necesita es tiempo. Y, por otro lado, también una enorme dosis de paciencia. Porque ni con 3 o 25 amantes vas a conseguir cambiar un sentimiento que no te has dedicado a observar y trabajar. Esa es la verdad, esa es mi verdad. Digamos que no soy menos feliz ahora pero tampoco soy más feliz por tener varios amantes.
No hay una sola forma de vivir relaciones polígamas
Así que no, no tengo una receta para encontrar el equilibrio en las relaciones románticas o sexuales monógamas o polígamas y no creo que nadie la tenga.
Me parece que la única salida es probar, atreverse a nuevas dinámicas, darse de topes, quizá, pero continuar y abrir bien los ojos y el corazón para en el camino poder ir aprendiendo qué es lo que quieres y qué no. Y así mismo tener la capacidad de reconocer, con humildad, que nuestra condición humana siempre estará ligada al cambio. Así que no hay que obstinarse con ninguna respuesta, pues ninguna es definitiva.
Podrás no ser partidaria de todo lo que representa, dice y hace Kylie Jenner, pero si algo hay que reconocerle a la menor del clan Kardashian es que sabe cómo divertirse con su imagen. Un día se pasea con cabello rubio, luego con un ombré en color verde y, si su humor lo amerita, incluso con una cabellera en naranja Kool-Aid.
Kylie sabe que la versatilidad en el look de una persona no está limitada a su ropa o maquillaje, sino que también se extiende a algo tan representativo como el cabello, y para lograrlo no hace falta someterse a decoloraciones radicales o desperdiciar horas-nalga sentada en el salón de belleza, sino que basta con retomar un accesorio que ha estado entre nosotros desde hace siglos: la peluca.
Sí, el artefacto que fue tan popular en las cabezas de personajes como Cleopatra, la Reina Isabel I y María Antonieta sigue siendo una opción para quienes buscan alterar su imagen –pero prefieren no comprometerse con un cambio permanente– o para quienes han perdido su cabellera natural y quieren tenerla de vuelta. Y aunque Kylie no es la primera famosa en usar peluca –Lady Gaga, Beyoncé, Gigi Hadid y Rihanna son tan sólo algunas de las que hacen uso del cabello postizo para cambiar de look– sí es una de las más abiertas a la hora de hablar al respecto.
Si no, basta con recordar la afirmación que dio a Marie Claire en abril de 2016 y que le valió múltiples ataques en las redes sociales. “Yo comencé con las pelucas y ahora todo el mundo las usa”. Suena chocante, pero hay algo de cierto en eso, pues aunque definitivamente no las inventó, con su varita mágica de influencer (tiene más de 71 millones de seguidores en Instagram) ha logrado que llevar cabello ajeno sea algo tan común como cambiar tu esmalte de uñas, logrando que cada vez más mujeres se atrevan a experimentar con ello.
También ayuda el hecho de que hoy en día existen pelucas mucho más sofisticadas que las que se usaban antes. La mayoría son elaboradas con cabello humano o sintético (resistente al calor, así que puedes plancharlas y rizarlas) y con acabados que, lejos de hacer que parezcas cosplayer en Comic-Con, hacen que la peluca se vea como tu verdadero cabello e incluso que puedas peinarlo, lavarlo y estilizarlo como tal.
Quizá las pelucas no son tan mala idea después de todo, especialmente si consideramos que cuestan más o menos lo mismo que una ida al salón, pero con el beneficio de que no maltrata tu cabello natural y no habrá llanto desconsolado si el resultado no es lo que esperabas.
“Nunca te rindas” es una de esas frases motivacionales que todos repetimos. De lo que no hablamos tanto es de su opuesto, la necesidad de aprender a dejar ir las cosas que ya no están funcionando, desde creencias hasta relaciones e incluso trabajos.
Cuando decidí mudarme a la Ciudad de México renuncié a dos trabajos que me gustaban, pero que no quería seguir haciendo para siempre; eso me permitió comenzar una carrera como redactora y editora web, algo que estaba muy lejos de mi alcance cuando vivía en Mérida. Cuatro años después, regresó la necesidad de aprender más, de tomar retos, de crecer un poquito. Además, me sentía un poco inconforme ya con la empresa y el ambiente de trabajo. Entonces, otra vez, le dije adiós a un puesto que ya no era para mí . En ambas ocasiones lo hice sin tener otra oferta de trabajo, pero no sin un plan.
El cambio da mucho miedo y cuando involucramos al dinero en la ecuación es fácil paralizarse y quedarse en malas situaciones laborales con tal de no vivir en la incertidumbre, pero a veces las mejores cosas vienen de tomar riesgos.
Aquí claro que tengo que decir que, aunque sea divertido tener esas fantasías, no estoy recomendando que nadie tenga un momento cinematográfico de esos en los que el personaje grita “¡Renuncio!” y jamás mira atrás. Como buena persona que ama las listas, lo que recomiendo es tomar la decisión tanto con la cabeza como con el corazón y estar preparadas para lo que pueda venir.
Por eso, hablando de listas, aquí 5 preguntas que te puedes hacer para saber si ya es momento de dejar tu trabajo actual:
1. ¿Te emociona ir a la oficina?
Sí, ya sé, son muy pocas las personas que reaccionan a su despertador con una sonrisa de oreja a oreja, pero si ningún proyecto, evento o junta te estimula, si todo el día estás pensando en lo que harás cuando llegues a tu casa o si de plano a veces ni siquiera te levantas, es momento de reflexionar.
2. ¿Cómo es tu relación con tus jefes y compañeros?
Los trabajos no se tratan solo de cumplir con ciertas tareas, mucho de nuestro día también tiene que ser invertido en socializar con nuestro equipo. Para mí, si esas relaciones se enturbian los otros aspectos del empleo también sufren. Si no tienes buena química con las personas que ves todos los días y eso está afectando tu productividad y tu humor, es válido pensar en irte.
3. ¿Sabes qué otra cosa te gustaría hacer?
Aunque sin duda no es imposible, sí es más difícil decir adiós a un trabajo cuando no sabemos qué otro puesto quisiéramos tener. Si ya tienes una idea clara, investiga y pregunta a personas que trabajen en esa empresa o industria para saber más sobre las oportunidades que existen. Networking es una palabra horrible, pero la verdad es que funciona.
4. ¿Sabes qué es lo que quieres y lo que NO quieres?
Cuando ya no queremos estar en una situación laboral nos comienza a molestar todo: desde cómo se suena la nariz nuestra compañera de al lado hasta las políticas de viáticos de la compañía. Por eso, es importante que hagas un análisis más racional y decidas qué te gustaría buscar en tu nuevo empleo y qué cosas no aceptarías. Por ejemplo, ¿buscas tiempo completo o un horario más flexible?, ¿cuánto es lo mínimo que aceptarías ganar?, ¿qué prestaciones son indispensables para ti?
Responder a estas preguntas te permitirá hacer una búsqueda más enfocada, no una en la que tomes la primera oferta que te pongan enfrente. La meta no debe ser obtener cualquier otro trabajo, sino uno que sea bueno para ti.
5. ¿Tienes un plan?
Después de las listas, mi segunda cosa favorita son los planes. Renunciar puede generar mucho estrés, además de problemas de dinero e incluso conflictos con la familia. Hazte las cosas más fáciles y prepárate: calcula tus gastos fijos y genera una meta de ahorro, habla con tu familia, roomies o pareja para saber si podrían apoyarte y cómo lo harían, infórmate sobre el mercado laboral en tu industria, piensa cómo usarás tu nuevo tiempo libre y considera cuál es el peor escenario posible para decidir si estarías dispuesta a pasar por él. Por ejemplo, es posible que necesites mudarte con tus papás para no pagar renta o que tengas que hacer trabajos eventuales con un pago menor al que antes recibías.
La respuesta a la incomodidad en el trabajo no siempre es renunciar. Si no quieres pasar por la búsqueda de un nuevo empleo, puedes hablar con tu jefe y pedir ser parte de proyectos distintos, hacer un cambio en tu actitud interna o incluso comenzar actividades más satisfactorias en tu tiempo libre, porque “hacer lo que amas” no siempre puede traducirse en “ganar dinero haciendo lo que amas”. A veces un trabajo es sólo un trabajo, no una pasión, pero eso no significa que tengamos que ser infelices por más de ocho horas al día.
Hay muchas cosas que me sorprenden al ver a las atletas de nado sincronizado retozando en la alberca olímpica y que me hacen preguntarme un sin fin de cosas, como por ejemplo: ¿cómo aguantan tanto tiempo sin respirar bajo el agua? ¿cómo pueden nadar sin usar goggles? y sobre todo ¿cómo logran que su maquillaje quede intacto?
Aunque la respuesta a las primeras dos preguntas evidentemente tiene que ver con un arduo proceso de entrenamiento y disciplina, la tercera puede responderse haciendo un poco de investigación en Internet, así que me di a la tarea de averiguar qué marcas utilizan algunas de las competidoras olímpicas de esta disciplina para salir de la alberca sin terminar luciendo como Robert Smith.
Una de las marcas más populares entre las nadadoras es la línea Aqua de Make Up Forever, que fue especialmente creada para cubrir las necesidades del equipo de nado sincronizado de Francia en 2006. Algunos de los productos waterproof de la línea incluyen sombra en gel, delineador líquido para ojos, rimmel y mis favoritos, los liquid lipsticks Aqua Rouge, disponibles en 12 colores y con acabados mate o brillante.
Las nadadoras del equipo estadounidense también se han decantado por los productos de Make Up Forever, los cuales combinan con algunas sombras de MAC, según revelaron a Vogue en una reciente entrevista. “Hay un líquido llamado Aqua Seal que puedes agregarle a cualquier sombra de ojos para que se vuelva resistente al agua. Lo usamos con sombras MAC que tienen colores increíbles”.
Y hablando de MAC, la marca de cosméticos también forma parte del neceser olímpico de Nuria Diosdado y Karem Achach, representantes de México en nado sincronizado, cuyo look para la competencia de duetos de Rio 2016 fue diseñado por la maquillista Beatriz Cisneros.
Otras firmas utilizadas por atletas de alto rendimiento son Kryolan, la cual incluye productos de larga duración capaces de “resistir condiciones extremas como nadar, calor y la actividad física” y Sephora, cuya línea de productos contra agua se cree que fue la que utilizaron las nadadoras españolas en los Juegos Olímpicos de 2012.
Aunque cada equipo crea su propia fórmula para lograr el maquillaje perfecto, si en algo coinciden es en que el mejor truco para mantener el cabello en su lugar es la grenetina (gelatina sin sabor) que probablemente tú también usaste si fuiste puberta en el 2000. Y es que no, no todo podía ser tan glamoroso.
El tema de buscar pareja en línea no es una novedad. Comenzando con Match.com, pasando por Jdate y apps como Tinder, buscar a “extraños” en la red para cualquier tipo de compañía es normal. Y considerando que la compañía que uno busca a veces es con fines egoístas (te da frío en la noche, te da flojera desvestirte a ti misma o no quieres comerte toda la pizza sola), ¿qué tan reprochable es ofrecer compañía con fines económicos?
Bajo esta premisa existen sitios electrónicos que buscan reunir a sugar daddies con sugar babies. Osea, hombres mayores con solvencia económica y mujeres jóvenes dispuestas a ofrecer ya sea compañía o sexo –o las dos cosas– a cambio de facilidades económicas. No es una transacción obvia (no es en efectivo, pues), a veces las sugar babies nada más reciben regalos caros o viajes, otras veces viven sin pagar la renta y hay incluso quienes estudian un post grado sin tener que desembolsar un centavo de sus propios bolsillos.
Lujos y conexiones
Hay gente que aboga por este tipo de relación, como Candice Kashani –quien aprecia muchísimo las bolsas Chanel y veinte pares de Louboutins que ha recibido como sugar baby– pero también sugiere este tipo de relaciones como una excelente fuente para hacer conexiones profesionales (o networking). O el caso de una chica de 19 años que en un año recibió $75,000 dólares de su sugar daddy de 51 años (32 años de diferencia…¡TREINTA Y DOS!). También existen sitios en donde uno puede leer tips acerca de cómo llevar una relación de este tipo y saber “cuánto vales”, y no como persona, sino literalmente cuál es tu precio.
Según el sitio Seeking Arrangements (SA), que con más de cinco millones de usarios es el portal mas grande en línea para este tipo de “relaciones”, “Un convenio sucede cuando la gente es directa al comunicarse y deja de perder el tiempo… Nuestro sistema de perfiles permite a nuestros miembros establecer sus expectativas fácil y claramente”.
¿Un trabajo universitario?
Este tipo de relaciones es cada vez más popular entre mujeres universitarias de Estados Unidos tratando de financiar sus estudios. Tanto así, que SA ofrece una “Membresía Premium” si te suscribes con tu email .edu. Además, SA reporta que el 44% de sus más de dos millones de sugar babies son estudiantes universitarias que difícilmente pueden mantener su ritmo de estudios sabiendo que tienen que trabajar para pagar su educación.
Tal es el caso de Sara-Kate Astrove, que durante cuatro años y alrededor de 30 relaciones con hombres de entre 42 y 75 años ganó $300, 000 dólares, suficiente para mantenerse y pagarse un máster en la New School en Nueva York. También está el caso de Vanessa, quien recibe de sus sugar daddies entre $500 y $3000 dólares al mes para pagar gastos y lujos, y usa el dinero que le dan sus papás para pagar la universidad.
Seeking Arrangements estresa que el tipo de relaciones entre sus usuarios depende de ellos mismos. Las dos partes involucradas deben de fijar parámetros y límites claros antes de entrar en una relación y durante la misma. Esto insinuando que estos convenios no están siempre basados en transacciones sexuales (aunque literalmente sólo un caso de entre las decenas de los que encontré no terminó en sexo).
Sugar babies: entre la realidad y la ficción
Eso es lo que sucede en la serie “The Girlfriend Experience”. Chelsea (Riley Keough) es una chava que se dedica a ser escort de lujo y encuentra a sus clientes en línea. Es estudiante de derecho, vive bien, tiene un novio estable (que sabe muy bien a lo que ella se dedica) y por las noches ve a sus clientes. Con algunos tiene sexo, con otros sólo platica y a otros les da cariño por medio de caricias.
Existen muchísimas historias de este tipo y casi todas comparten los mismos detalles: un hombre que quiere sentirse deseado por una mujer y lo logra dando dinero a cambio.
De cualquier manera, este tipo de relaciones basadas en transacciones con fines económicos me parece alarmante y altamente denigrante para las mujeres, quienes intentamos valernos por nosotras mismas y buscamos relaciones donde las dos partes recibamos respeto, admiración y aceptación. No está mal tener aspiraciones económicas. Tampoco esta mal querer cosas materiales (a mí, como a Marilyn, también me gustan los diamantes de vez en cuando).
Tampoco estoy en el negocio de decirle a dos personas adultas qué hacer con su tiempo o relaciones. Creo que las mujeres podemos y debemos decidir qué hacer con nuestra sexualidad. Si quieres estar con alguien porque te regala cosas, ¡bien por ti! Si no tienes dinero para salir a comer ese postre que te fascina y alguien se ofrece a pagarlo, ¡buena onda! Y, definitivamente, puedes no querer relaciones serias y sólo pasarla bien con diferentes parejas, pero me parece que hay algo seriamente sexista cuando Seeking Arrangements cuenta con una base de usuarios donde 9 de cada 10 sugar babies son mujeres, a quienes los representantes de esta compañía les sugieren que “usen maquillaje en la primera cita… más no demasiado por que a algunos sugar daddies no les gusta”, entre otras reglas.
El blog de SA también enlista algunas razones para buscar este tipo de relaciones “mutuamente beneficiosas”, como el dejar de salir con hombres «parásito» que sólo quieren vivir a costa tuya; evitar trabajar en un restaurante de comida rápida donde sólo recibirías el salario mínimo, o vivir emociones nuevas que jamás tuviste en tu «vida provinciana».
Y aunque dicen que ser una sugar baby no es prostitución –pues una decide qué hacer o que no en la relación–, lo que sí sé es que, independientemente de la razón para entrar en una relación como esta, las reglas de la economía no fallan: el que tiene el dinero tiene el poder y es la baby quien decide convertirse en una mera mercancía.
Como cada año, estamos más cerca de conocer las novedades de Apple, incluyendo el que será el nuevo iPhone, y si algo ha caracterizado a la empresa de Cupertino, California, –y en general a la tecnología del siglo XXI– es que nos tiene acostumbrados a que si no adquirimos lo que está recién salido del horno, a los pocos meses pasa a ser un bonito pisapapeles.
Y sí, apenas estamos por recibir en nuestros brazos el iPhone 7, el cual se cree será lanzado en septiembre, y ya comenzamos a ser bombardeados con rumores sobre lo que podría ser el iPhone 8. ¡El iPhone 8! Aún no sale el de 2016 y medio internet ya está alborotado por el modelo de 2017. Y como pocas cosas nos gustan más que un chisme sobre smartphones, te presentamos los 5 mejores RUMORES sobre lo que podría ser el iPhone 8.
Se dice que estamos ante los últimos iPhones de ese aluminio tan guapetón que lucían los más recientes, y en el futuro podríamos tener carcasas de cristal reforzado, sobre todo pensado para la parte trasera de nuestro dispositivo. Ya sabes, por aquello de que nuestro celular luciría mejor sin un case tan ostentoso. Además, tomando en cuenta que el modelo de 2017 coincidirá con la celebración de los 10 años del iPhone, los diseñadores de Apple probablemente aprovecharán para darle un cambio de look que marque una nueva época en sus smartphones.
El iPhone 8 podría no tener botón de inicio, esto con el fin de tener una pantalla de mayor tamaño o bien reducir las medidas del teléfono y así darle más protagonismo al control táctil, pero entonces ¿dónde va a quedar el Touch ID? ¿Qué hemos hecho para que nuestros secretos dejen de estar tan bien protegidos? Vamos, ese realmente no sería un problema, ya que la competencia desde hace mucho dejó de usar botones físicos en sus pantallas.
¿Recuerdas todas las películas en donde para acceder a algún lugar súper secreto se necesitaba de un eye scanner? Pues podría ser que los mortales contemos con uno para desbloquear nuestro iPhone. Una función que, aunque suena bastante futurista, ya ha sido implementada en el nuevo Samsung Galaxy Note 7.
La pantalla podría ser de OLED flexible, en vez de LCD, lo cual significa que podría tener colores más brillantes y una gama de negros más intensos. Además, se cree que Apple apostará por un diseño de pantalla que se extiende hasta los bordes del teléfono.
Otro rumor es que con el iPhone 8 (si es que se llega a llamar así) comenzaríamos a disfrutar de selfies, videos y fotos de nuestra vida social sin miedo a quedarnos sin batería antes del mediodía. El diseñador Umberto Menasci, de Mesut G Designs, lo imagina con cámara de 20 megapíxeles, un grosor de 6,5 mm y un dispositivo completamente inalámbrico.
A pesar de que sólo son rumores basados en predicciones y en algunos movimientos de Apple (como la compra de ciertas patentes) creemos que no está de más fantasear con que el iPhone de 2017 podría ser una revolución completamente distinta a lo que ya nos tiene acostumbrados. Sólo el tiempo lo dirá.
“Una persona que cree en la equidad social, política y económica de los sexos.”
Si eres fan de Beyoncé o pasas tiempo en Tumblr, seguro esta definición del feminismo te parece familiar. Si no, te cuento que fue citada por la autora Chimamanda Ngozi Adichie en su famosa TED Talk “Todos deberíamos ser feministas” y después sampleada por Bey en Flawless.
Es cierto que estos son los requisitos básicos para ser una feminista, pero lo interesante es que con los años ha cambiado mucho lo que este movimiento considera como equidad y cuáles son los métodos para lograrla. A lo largo de más de un siglo, las feministas casi nunca han estado de acuerdo entre ellas. Sin embargo, han logrado una de las revoluciones sociales más exitosas de la historia.
http://gph.is/2Ie4IWq
Hagamos memoria…
Para comprender cómo fue posible esto, hay que hacer un repaso a las tres “olas” que conforman la historia del feminismo, pero ahí nos topamos con el primer problema: los periodos temporales de éstas también varían según quien los cite.
Aquí voy a considerar que la primera ola es la centrada en el sufragio; la segunda, en la liberación femenina o women’s lib, y la tercera, en el feminismo más incluyente. Todo esto con un enfoque en la sociedad occidental, lo cual no significa que otras culturas no tengan su propia historia con la lucha por la equidad.
Antecedentes
Por supuesto que las sufragistas no fueron las primeras en pensar que había un problema con la inequidad de género. Desde la Edad Media surgieron mujeres que denunciaron el trato desigual, pero es Mary Wollstonecraft quien, en su famoso texto Vindicación de los derechos de las mujeres (1792) agrega un componente esencial en la lucha feminista: la vindicación. Es decir, más que tan solo exponer sus quejas, Wollstonecraft también demanda los derechos de su género.
Primera ola (finales del siglo XIX a mediados del siglo XX)
La demanda principal en esta etapa del movimiento fue el derecho al sufragio. Es decir, se entendía que la equidad social, política y económica comenzaba con la capacidad de las mujeres de votar y ser votadas.
El conflicto aquí fue que muchas mujeres (las más pobres, las negras y las indígenas, sobre todo) fueron olvidadas por las grandes líderes sufragistas. Por ejemplo, en Estados Unidos, una enmienda constitucional de 1920 otorgó el voto a las mujeres, pero para muchas ciudadanas de raza negra en el sur de Estados Unidos, esta no fue una realidad hasta la década de los sesenta.
En México, en 1916 se realizó el primer congreso feminista(segundo en su tipo en América Latina), que contribuyó a lograr la Ley de Relaciones Familiares, promulgada al año siguiente. En ella se destacan la igualdad jurídica entre hombres y mujeres, el derecho al divorcio y la apertura de espacios educativos y laborales. Sin embargo, fue hasta 1953 cuando las mexicanas obtuvieron el derecho al voto, que pudieron ejercer en las elecciones de 1955. Es decir, es probable que tu abuelita se acuerde de este momento.
Sus protagonistas: en Estados Unidos, Susan B. Anthony, quien pronto va a aparecer con otras sufragistas en el billete de 10 dólares; en Inglaterra, Emmeline Pankhurst, interpretada por Meryl Streep en la película Sufragistas y en México, la yucateca Elvia Carrillo Puerto, la primera diputada del país (1923).
En la cultura pop: ¿recuerdas que la mamá de los niños que cuidaba Mary Poppins era sufragista? Para muchos, esta señora un poco negligente con sus hijos fue el primer acercamiento con el feminismo.
“Al hombre queremos en lo personal, pero en lo general son poco razonables”, canta la señora Banks.
Segunda ola (entre los 60 y los 80)
Si cuando piensas en una feminista te viene a la mente una hippie que quema su bra en una hoguera y se niega a rasurarse las axilas, estás pensando en activistas de la segunda ola. De esta época es también el famoso eslogan “lo personal es político”, que se refiere a que hay una relación entre las experiencias personales y las estructuras sociales. O sea, a que si hay violencia en tu relación, no es un problema sólo de ustedes dos, sino que forma parte de algo mucho más grande.
Para las feministas de la segunda ola fue importante analizar el papel de los roles de género y el trabajo doméstico en la opresión, además de impulsar la entrada de las mujeres al mundo laboral y político en puestos de liderazgo. Ellas también pusieron énfasis en la liberación sexual, así como en el derecho al aborto, ya que su movimiento coincidió con la comercialización de las pastillas anticonceptivas, que pusieron por primera vez la reproducción en las manos de las mujeres.
Al mismo tiempo, en esta época surgieron teorías feministas que cuestionaban la pornografía y el trabajo sexual, el considerar que devaluaban a las mujeres.
El problema de las principales exponentes de esta ola fue, de nuevo, centrarse en la experiencia de sólo ciertas mujeres (de clase media, blancas, heterosexuales) y olvidar que la opresión se ve diferente en los grupos minoritarios.
Sus protagonistas: Simone de Beauvoir y su libro El segundo sexo, Betty Friedan y su libro Mística de la feminidad; la todavía activa Gloria Steinem; Audre Lorde, poeta y activista, y la escritora mexicana Rosario Castellanos.
En la cultura pop: películas ochenteras como 9 to 5 (1980) y Working Girl (1988) mostraron las dificultades de las mujeres en el mundo laboral. De forma más reciente, Mad Men hizo un gran trabajo para mostrar cómo la revolución sexual y el movimiento por la equidad afectó a amas de casa, mujeres trabajadoras y mujeres de color.
Tercera ola (de los 90 a la actualidad)
El feminismo del nuevo milenio trata de llenar los huecos de las olas anteriores, reconociendo que hay muchas formas de ser mujer. Es por eso que en esta etapa el movimiento se alinea con otros, luchando también contra el racismo, la homofobia, la transfobia y todos los tipos de discriminación.
En Latinoamérica, surgen activistas indígenas que buscan que se reconozcan sus desventajas históricas y su capacidad para trazar su propio futuro. Además, se comienza a pensar en el trabajo doméstico realizado por mujeres en desventaja económica como un tema central.
A pesar de los avances logrados por las etapas anteriores, las feministas todavía se enfrentan a temas básicos como el acceso a servicios de salud y control de la natalidad, el acoso en las calles y en los lugares de trabajo, el slut shaming y, por supuesto, el feminicidio.
Por otro lado, también estamos viviendo un momento en el que cada vez existen más mujeres en puestos de liderazgo políticos y empresariales, algo que se ha considerado un triunfo del movimiento, pero que no necesariamente llevará a mejorar las condiciones de vida de las mujeres en mayor desventaja en el mundo.
https://gph.is/2pWdWhr
Un texto de la doctora Alba Carosio explica con sencillez los dos extremos del feminismo de hoy en día al decir que en uno están quienes quieren que las mujeres tengan paridad en todos los ámbitos sociales, convencidas de que esto traerá justicia social (aquí estarían feministas como la directora ejecutiva de Facebook y autora de Vayamos adelante Sheryl Sandberg) y en el otro tenemos a quienes piensan que es la transformación de las estructuras sociales la que llevaría a una igualdad para las mujeres.
Sus protagonistas: Janet Mock, activista transgénero; el trabajo académico de Paul B. Preciado y Judith Butler y la mexicana Martha Lamas, fundadora de GIRE.
En la cultura pop: este es un gran momento para el feminismo en la cultura pop, gracias a la popularidad de series como Inside Amy Schumer u Orange Is The New Black. Además, claro, de que celebridades como Beyoncé, Emma Watson y Taylor Swift ya no le temen a declararse feministas.
Si quieres conocer más sobre el feminismo de esta época, puedes leer Teoría King Kong, de Virgine Despentes; Bad Feminist, de Roxane Gay; Cómo ser mujer, de Caitlin Moran; Feminismo para principiantes, de Nuria Varela; Feminism is for everybody, de bell hooks; Ensayos impertinentes, de Jean Franco; La maldición de Eva, de Margaret Atwood y Una habitación propia, de Virginia Woolf.
Para acercamiento a temas del momento, recomiendo muchísimo el trabajo de Estefanía Vela, Catalina Ruiz- Navarro y Virginia Lemus. Para humor y feminismo, Malena Pichot, Barbijaputa y Las Reinas Chulas.
Últimamente también han surgido muchos documentales sobre diversas áreas del feminismo. Puedes ver Vessel, sobre el trabajo de la organización Women on Waves para llevar abortos seguros a todo el mundo; The Punk Singer, sobre la cantante Kathleen Hanna y el feminismo en los noventa; She’s Beautiful When She’s Angry, sobre la historia de la liberación femenina en Estados Unidos; Miss Representation, sobre cómo se presenta a las mujeres en los medios de comunicación, o What Happened Miss Simone?, que toca el efecto del sexismo, el racismo y las enfermedades mentales en la carrera de Nina Simone.
La crisis de los 30 no llega en la tercera década de tu cumpleaños. La hecatombe, el final del mundo, las arrugas incipientes y, en muchos casos, también imaginarias, llegan el día en el que cumples 29.
Y es que claro, cuando tienes 28 primaveras eres una joven adulta con la madurez necesaria para tomar decisiones en tu vida, pero con la excusa de ser veinteañera para soltarte un poco la melena. Sin embargo, una vez que dejas atrás este número comienza el estrés y la carrera por apurar esos últimos doce meses de libertad juvenil, esos 365 días de locuras y borracheras justificadas. Los treinta asoman en forma de bruja de Blancanieves con manzana envenenada y tú no eres tan tonta como la princesa del cuento…
Y es entonces cuando ocurre la verdadera crisis. Te empapas, gracias a tu amigo Google, de todos los aspectos y características que tiene que tener una treinteañera ideal. Ves semanalmante el «Diario de Bridget Jones» y empatizas con Rachel de «Friends» cuando alcanza la treintena rodeada de Phoebe, Ross y compañía. Te apuntas al gimnasio, aunque abandonas la cinta y la bicicleta estática al cabo de un par de semanas de intentona. Vas a la farmacia y, en un arranque de locura, compras un contorno de ojos para arrugas avanzadas. Piensas en bebés y te asustas al descubrir que estás barajando la posibilidad de congelar tus óvulos. Te comparas con antiguas amigas de universidad. Estallas…
Y entonces llega tu 30 cumpleaños. Y te das cuenta de que sigues teniendo las mismas estrías y arrugas que tenías en tus veinte. Puede que sigas en tus erre que erre con tus mi-vida-se-ha-terminado-es-hora-de-sentar-cabeza, pero por regla general se te pasa la tontería.
Y te vuelves optimista. Te lías con chicos más jóvenes que tú y mientes sobre tu edad, o no. Sigues saliendo de juerga y te sueltas la melena tanto o más como cuando eras una chiquilla de 28, aunque puede que empieces a peinar canas…
¡Y te vuelves a comparar! Flaco favor te haces con eso, aunque ¡oye! a veces encuentras modelos a seguir que te inyectan dosis de juventud y esperanza que ya quisieran muchas adolescentes…
Y si no, que se lo digan a mi amiga Vicky que, a las puertas de ese huracán paranoico que convierte al síndrome de Peter Pan en la enfermedad del siglo XXI, no lo pensó dos veces y decidió cortar por lo sano. Y cortó: con su novio de toda la vida, con su trabajo aburrido y con su contrato de alquiler. Se descubrió a sí misma como un ser independiente y con mucho carácter y se lanzó a la deriva a cumplir sus verdaderos sueños.
Y déjame hablarte de Angelique. No tiene arrugas, pero la paz que transmite cuando te da uno de sus sabios consejos muestra el atractivo y la madurez que diferencia a una niña de una mujer. Es estilosa, carismática y mamá. La miras y te dan ganas de ser unos añitos años más vieja, como ella, con su melena al viento y su dulce acento francés, aunque en el fondo sepas que nunca tendrás ese tonillo en tu voz y que tu glamour deja mucho que desear cuando te pones calcetines disparejos con calaveras fosforitas dibujadas.
Al final te ríes. ¡Y es que te tienes que reír! Porque si llorases cada vez que alguien juzga tu vida no habría océano suficiente que abarcase tus lágrimas.
La sombra de los treinta se vuelve menos oscura y descubres que hay luz al final del túnel. Te enorgulleces de tus pequeñitas líneas de expresión cada vez que te ríes, porque sabes que son fruto de momentos felices que viviste en tus años (más) mozos y te asustas al comprobar lo cerca que estás de lo cuarenta…
Aunque bueno, ya sabes lo que dicen, ¿no? Los 40 son los nuevos 30…
Siempre he amado leer. Es un dato básico sobre mí: soy la mayor de 4 hermanas, amo los postres y leo mucho y muy rápido… ¿O no? Hace unos meses me di cuenta de que esta parte de mi identidad corre peligro; en parte porque dejé de escribir reseñas quincenales para una página web y en parte por Netflix, pasé de leer dos o tres libros al mes a ninguno.
Sé que es ridículo y snob preocuparme por mi total de lecturas en Goodreads pero, más que eso, extraño mucho a mi yo lectora, a la persona que puede pasar todo un fin de semana acabando un libro de mil páginas. Así que poco a poco he comenzado a retomar el placer que me ha acompañado durante toda mi vida.
Aunque estemos a mediados de año, nunca es un mal momento para recordar los propósitos que fijamos en enero, y si tú como yo te has encadenado a Netflix, pero buscas regresar a las palabras, aquí te recomiendo libros relacionados con tus series favoritas.
The Americans Una de mis series favoritas de los últimos años, The Americans, narra la muy sexy y muy peligrosa vida de dos espías soviéticos viviendo en Estados Unidos durante la Guerra Fría. Por supuesto que ya sabemos qué es lo que va a pasar a nivel geopolítico (bye, bye, Unión Soviética), pero eso no impide que nos involucremos en las vidas de los personajes y también que cuestionemos quiénes son los “buenos” y quienes los “malos”.
Esta sensación la tuve también al leer Las esposas de Los Álamos. La novela de la estadounidense Tarashea Nesbit se centra en las personas al margen de otro acontecimiento histórico del siglo veinte: la construcción de las bombas atómicas que se detonaron en Japón y terminaron la Segunda Guerra Mundial.
Contada en primera persona del plural, a modo de coro, la historia toma lugar en Los Álamos, en donde se asentaron las familias de los científicos que desarrollaron estas armas. Las esposas se convierten en un “nosotras” que lleva al lector a conocer sus vidas, desde la duda ante el horror del que son parte hasta los inconvenientes de su quehacer diario.
Foto: The Americans
Master of None Hubo una semana en la que solo quería hablar de Master of None. Aziz Ansari creó una serie tan personal como universal, que tocó temas como el racismo, el sexismo y las eternas dudas amorosas sin dejar de ser divertida o convertirse en un sermón.
La recomendación obvia es Modern Romance, el libro en el que Anzari investiga las relaciones románticas en la actualidad para descubrir cómo funcionan (o si acaso funcionan).
Si los capítulos centrados en la migración y el choque entre la tradición y la modernidad son parte de lo que te gustó de Master of None, tengo otra idea: lee a Jhumpa Lahiri. En especial su novela El buen nombre, en la que también encontrarás problemas amorosos y falta de comprensión entre generaciones, ya que el personaje principal se enfrenta a obstáculos para comunicarse con sus padres, quienes llegaron a Estados Unidos buscando mejores oportunidades para sus hijos, pero se niegan a perder sus costumbres.
Foto: Master of None
Downton Abbey Ver dramas de época es una de mis formas preferidas de relajarme. Vestuarios de ensueño, increíbles sets, gente rica hablando en exquisito acento inglés y lucha de clases, ¿qué más se puede pedir?
Uno de los principales temas de Downton Abbey es la relación entre los sirvientes y los dueños de la casa, la lealtad que se tienen unos a otros y cómo al avanzar el siglo veinte van muriendo las tradiciones que sostuvieron a la aristocracia británica por décadas. Es justo esto lo que explora Kauzo Ishiguro en Los restos del día, una novela corta narrada por Stevens, un mayordomo que, en el transcurso de un viaje por carretera para visitar a una antigua colega, se enfrenta poco a poco a la idea de que su patrón por 30 años, Lord Darlington, no fue un hombre honorable y se pregunta qué significa haber dedicado décadas a servir a una persona indigna. Si quieres ver la Segunda Guerra Mundial desde una perspectiva poco común y te gustan las descripciones de paisajes y la introspección, no te puedes perder este libro.
Foto: Downton Abbey
Orphan Black Esta serie sigue a un grupo de mujeres unidas por los genes: son clones creados por una corporación que tienen que luchar por conservar su independencia y el vínculo que las une. Entre las secuencias de acción, la gran actuación de Tatiana Maslany y muchas pelucas, se esconde una pregunta básica: ¿a quién le pertenece el cuerpo de las mujeres?
En 1985, Margaret Atwood se hizo la misma pregunta y el resultado es una obra de ficción especulativa que también es una advertencia sobre lo que podía pasar. El cuento de la criada es un clásico que sigue la vida de una mujer que solo vale por su capacidad de reproducirse y que pierde la capacidad de decidir sobre su vida cuando un grupo de fanáticos religiosos toma el poder de su país.
Foto: Orphan Black
Orange Is the New Black Todos estamos obsesionados con esta serie, en la que el personaje principal, Piper Chapman, se convierte poco a poco en secundario para dar paso a las historias de mujeres de diferentes edades, religiones, orientaciones sexuales y razas.
De nuevo, aquí la recomendación obvia sería Orange Is the New Black, el libro de memorias de Piper Kerman en el que se basa la serie. Es en efecto una lectura entretenida e informativa sobre la vida en prisión, pero el tono es totalmente distinto a lo que disfrutamos en la pantalla.
Tal vez precisamente porque ese tono y esa estructura es tan innovadora es que el internet está lleno de respuestas a qué libro leer si te gustó OITNB. La mayoría recomiendan otras memorias sobre la prisión o investigaciones sobre cómo afecta el sistema a las mujeres, a las mujeres de color, a las mujeres LGBT. Sin duda son todas lecturas interesantes, pero no engloban todo lo que es la serie.
Traté en vano de pensar en un libro que reuniera lo que a mí más me gusta de la producción de Netflix, la gran cantidad de voces y perspectivas femeninas distintas, y llegué a la conclusión de que lo que debo hacer es leer más historias de mujeres de color, de mujeres LGBT, de mujeres pobres. Si no hay un solo libro como OITNB, la buena noticia es que hay muchos libros que pueden expandir nuestra idea de qué es ser mujer tanto como la serie.
De hacer caricaturas en SeaWorld a desplegar sus retratos en los escaparates de DKNY en Madison Avenue, Nueva York: así ha sido la trayectoria de la artista visual Scarlett Baily, quien protagoniza el primer capítulo de nuestra serie #QuieroTuTrabajo, en la que documentamos el mundo de quienes deciden dedicarse a profesiones que salen de lo convencional.
Realización: Ale Higareda y Pepe Molina para Malvestida.com
¿Sabes cuántos productos tienen contacto regular con tu piel? Yo sí, una vez los conté y son entre 30 y 35 a la semana. El número me impactó por varias razones: pensé en el costo de todas esas cosas y me cuestioné si adquirirlas es la mejor forma de invertir gastar mi dinero; también fui consciente de que la mayoría de los envases se van a convertir en basura y finalmente tuve que admitir que mi conocimiento sobre los ingredientes que constituyen los productos es muy escaso.
No crean que esta historia termina conmigo convertida en una hippie que solo come lo que cae de los árboles y no se ha mirado en un espejo en dos años. Disfruto mucho mi rutina de belleza y no quiero deshacerme de ella, pero me puse como propósito pensar un poquito más en los productos que consumo y en cómo afectan a mi cuerpo, al ambiente y a la sociedad.
Antes de recomendar algunas marcas que me parecen interesantes, es importante aclarar que hay muchas etiquetas distintas que pretenden informarnos sobre qué tan responsables son los cosméticos y que algunas pueden contradecirse o ser un poco confusas. Como consumidores debemos decidir qué es lo que más nos interesa y partir de ahí; por ejemplo, que una marca sea “cruelty free” sólo significa que no fue probada en animales, pero no garantiza que haya eliminado ciertos químicos; que sus ingredientes sean orgánicos; que sus productos sean veganos o que tenga prácticas éticas con las comunidades a las que les compra materia prima.
Además, en China por ley todas las marcas deben probar sus productos en animales, por lo que la mayoría de los activistas considera que las empresas que venden en ese país caen en prácticas de crueldad, aunque los productos que vendan en otras partes del mundo no hayan requerido de pruebas.
Gracias a la preocupación de los consumidores, ha crecido mucho la oferta de cosméticos conscientes que además son cool y cercanos a las tendencias. Hoy me voy a enfocar en lipsticks, porque literalmente nos los comemos todos los días y son el punto central de muchos looks modernos.
Ere Perez Esta marca australiana creada por una mexicana llegó a nuestro país con muchísima fuerza, por lo que sus productos son muy fáciles de encontrar; están en tiendas naturistas y en bazares en gran parte del país (en su página web puedes encontrar información sobre todos los eventos del mes).
Su rango de colores en labiales no es muy extenso, pero sí incluye un poco para todas, desde los nudes que están tan de moda hasta rojos y un morado intenso, además de productos multiuso que pueden aplicarse también en las mejillas y son perfectos para viajar. Todos están hechos a base de aceites naturales (de rosa mosqueta, de oliva o de nuez de Macadamia), ideales para las que tenemos labios resecos. Eso sí, deben ser reaplicados durante el día porque no son de larga duración.
Ere Perez promete que todos sus productos son libres de tóxicos y de crueldad animal, y que la mayoría de ellos son también veganos. Sin embargo, en la página web no existe una etiqueta o leyenda que diga cuáles sí contienen ingredientes de origen animal. Si eres vegana, será mejor preguntar.
Pai Pai El principal argumento de venta de esta marca es que sus empaques son increíbles, ya que son diseñados por artistas mexicanos. Sin embargo, su perfil de Instagram también menciona que son cruelty free. Si te interesa apoyar a los creadores nacionales y te gustan los cosméticos-objeto, esta marca puede ser lo que buscabas, pero si lo que quieres es tener más información sobre prácticas éticas y ecológicas, existen otras opciones que le ponen más énfasis a estos temas.
Otro punto a tener en cuenta es que cada colección es edición limitada, por lo que si se acaba tu color favorito ya no podrás volver a conseguirlo. Si quieres conocer todas sus colaboraciones y en qué lugares de la República las puedes encontrar, puedes hacerlo en su página web.
Colourpop Esta es la marca del momento entre vloggers y estrellas de Instagram, porque sus lipsticks líquidos ofrecen una increíble relación calidad/precio y una gran variedad de colores y acabados. Lo que yo no supe hasta hace muy poco es que todos sus productos están certificados por PETA por ser libres de crueldad y que además la gran mayoría de ellos son veganos. (En la página web se enlistan las excepciones.)
Hasta hace poco, era necesario comprar los productos Colourpop en Estados Unidos o a través de terceras partes, pero desde del 12 de julio de este año es posible encargarlos desde su página oficial.
AHAL Para quienes tienen un estilo más natural al maquillarse, AHAL ofrece lip-tints que le dan brillo y color sutil a los labios. Lo interesante de esta compañía mexicana es que no solo ofrece productos libres de crueldad, parabenos y sulfatos, sino que también trabaja bajo un esquema de comercio justo con productores locales. Si quieres conocer más sobre ella y comprar sus productos puedes consultar su página web.
e.l.f Una marca que más bien es conocida porque sus productos son de bajo precio, pero emulan la calidad de opciones de lujo. Además de esa ventaja, e.l.f. es libre de crueldad y vegana, ya que desde hace unos años dejó de utilizar ingredientes de origen animal.
Su oferta de labiales es muy amplia, incluye stains, lápices mate y barras humectantes, todos en una gran variedad de colores. En México parte de la línea de e.l.f. está disponible en tiendas departamentales, pero su sitio web permite comprar cualquiera de sus productos.
Este es tan solo una pequeña muestra de marcas que puedes considerar como opciones para hacer un poco más “verde” y un poco más responsable tu kit de maquillaje, pero la lista podría ser mucho más larga. Si quieres conocer más sobre los diferentes estándares y etiquetas para certificar cosméticos, así como de las compañías que sí prueban en animales, el recurso más completo que he encontrado es el blog Phyrra.
Los Juegos Olímpicos nos permiten asomarnos a la realidad del mundo más allá del deporte: son un reflejo de la situación de cada país: de los temas de interés, cambios de mentalidad, avances en la tecnología y también de las realidades sociales.
La participación de las mujeres en los Juegos Olímpicos es uno de los procesos que ha tomado años. Es por eso que te compartimos 10 datos históricos sobre la participación femenina en esta importante gala deportiva.
1. Si eras una mujer de la antigua Grecia no podías competir pero sí podías observar.
Claro, siempre y cuando fueras soltera y de buena familia.
Las jóvenes griegas eran llevadas por sus padres como observadoras a la arena olímpica con la esperanza de que alguno de aquellos atletas viriles se fijara en ellas para casarse. Era algo así como parte del kit de amenidades que incluía ser un campeón olímpico.
2. En la época prehispánica en México, las mujeres participaban en juegos y competencias deportivas.
De acuerdo al documento “Mujer y Deporte, una visión de género”, había ciertos deportes autóctonos o tradicionales en los que participaban hombres y mujeres de manera indistinta y en equipos mixtos. Incluso existían eventos destinados sólo para mujeres, como la Carrera de Arihueta o el juego de la Mancuerna (ambos de la comunidad Tarahumara).
Por supuesto, estas actividades formaban parte de ceremonias, festividades y rituales ancestrales.
3. El fundador de los juegos olímpicos modernos siempre estuvo en contra de la participación femenina.
Pierre de Coubertain declaró que la mujer debía ser espectadora y debía limitarse a mirar, aplaudir y coronar a los ganadores, ya que el héroe olímpico debía ser siempre un hombre.
Esta postura fue apoyada por la iglesia católica (el papa Pío X incluso hizo aportes económicos para la realización de los juegos), lo que dificultó aún más la apertura y participación de las atletas. Si eras una mujer con aspiraciones de participar, no sólo eras una libertina, sino también una pecadora.
4. Para la segunda edición de las olimpiadas modernas se consideraba que ciertos deportes afectaban la salud de las mujeres.
En París 1900 se integraron de manera extraoficial algunas mujeres para competir en tenis, croquet, golf y vela. El número exacto es incierto, aunque se cree que la cifra no va más allá de unas 22 participantes.
Se consideraba que estos deportes eran los “más adecuados” para ellas, ya que no implicaban ningún tipo de contacto directo, movimientos bruscos o cualquier cuestión que pudiera afectar su salud.
Sí, por esos años se creía que los deportes más “rudos” afectaban la salud las mujeres y las masculinizaba… o, por decirlo de otro modo, las volvía marimachas.
5. Existieron dos Juegos Olímpicos Femeninos, como una crítica hacia la discriminación por parte del comité olímpico.
Impulsados por Alice Melliat, fundadora de la Federación de Sociedades Femeninas de Francia y miembro de la Federación Internacional Deportiva Femenina, esta forma pacífica de protesta y de pedir la participación femenina fue determinante para que las atletas fueran tomadas con mayor seriedad en las siguientes ediciones olímpicas.
6. La primera mujer en portar la llama olímpica y encender el pebetero fue una mexicana.
Enriqueta Basilio (“Queta” para los cuates) fue campeona de atletismo y pasó a la historia junto con su país un 12 de octubre de 1968, en las las primeras Olimpiadas celebradas en Latinoamérica.
Dato curioso: Queta también fue diputada federal plurinominal del PRI en el período 2000 – 2003. México lindo y querido.
7. La primera rutina perfecta fue ejecutada por una mujer.
Es memorable el papel de Nadia Comaneci en Montreal 1976 con una rutina de 20 segundos en barras asimétricas, fue la acreedora del primer 10 perfecto en la historia del deporte.
8. Hasta hace algunos años, algunos países no permitían la participación de atletas femeninas.
Arabia Saudita, Qatar y Brunei nunca habían permitido la inscripción de mujeres en la gala deportiva. Fue hasta Londres 2012 que estos países eliminaron el veto.
De acuerdo con un artículo del periódico El País, Arabia Saudita permitió la participación de dos mujeres: Sarah Attar en atletismo y Wodjan Ali Seraj en yudo. Brunei y Qatar también enviaron representantes: Maziah Mahusin en salto de vallas y Bahiya al Hamad en tiro olímpico, quien también fue la primera mujer en ser abanderada de su delegación en el desfile de apertura.
9. ¡Vamos por más!
En la actualidad, para incluir un nuevo deporte en el programa olímpico oficial se deben aplicar pruebas para ambos sexos. Es decir, debe ser un deporte apto para ambos grupos de deportistas.
10. Mayor inclusión para la comunidad transexual.
Desde 2004 la comunidad transexual podía participar, siempre y cuando se comprobara el proceso quirúrgico, acompañado de un mínimo de dos años de terapia hormonal, y siendo reconocidos legalmente en su país según el cambio de género.
Una de las características más sonadas de Río 2016 (la edición olímpica número 31) fue que por primera vez en la historia se permite la participación de atletas transexuales sin la condición de haberse sometido a cirugía de reasignación de sexo.