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Si eres mujer, te decimos por qué debes (y puedes) faltar al trabajo el 8 de marzo

Como cada año, el 8 de marzo se celebra el Día Internacional de la Mujer, una fecha que aunque pueda parecer el pretexto ideal para que te regalen flores y chocolates por tener una vagina, en realidad es un día para reflexionar sobre los problemas que afectan a millones de mujeres alrededor del mundo y que nos impiden lograr la igualdad de género.

Este año, la temática principal es «Las mujeres en un mundo laboral en transformación: hacia un planeta 50-50 en 2030” y busca arrojar luz sobre la desigualdad que viven las mujeres en el ámbito laboral y la importancia de reconocer y dividir el trabajo no remunerado.

De acuerdo con una publicación de ONU Mujeres, “Apenas el 50% de las mujeres en edad de trabajar están representadas en la población activa mundial, frente a un 76% en el caso de los hombres. Es más, una abrumadora mayoría de las mujeres trabaja en la economía informal, subvencionando el trabajo de cuidados y doméstico, y se concentran en empleos peor remunerados y con menos cualificaciones, con poca o ninguna protección social”.

Bajo esa premisa, la organización que creó la Marcha de las Mujeres en Washington ha hecho un llamado a través de su página web para que el 8 de marzo ninguna mujer trabaje (en la oficina ni en casa), a manera de huelga general en la búsqueda de una sociedad más equitativa.

“Con el mismo espíritu de amor y liberación que inspiró la Marcha de las Mujeres, nos unimos para declarar el 8 de marzo ‘Un Día Sin Mujeres’, reconociendo el enorme valor que las mujeres de todos los orígenes agregan a nuestro sistema socioeconómico –mientras reciben salarios más bajos y experimentan mayores desigualdades, vulnerabilidad a la discriminación, acoso sexual e inseguridad laboral”.

En la página también señalan algunas recomendaciones para las mujeres que quieran unirse a esta iniciativa, tales como:
– No realices ningún tipo de trabajo, remunerado o no remunerado.
– No gastes dinero (con excepción de empresas pequeñas que sean propiedad de mujeres o minorías).
– Viste de rojo como muestra de solidaridad.

Desde Malvestida, en donde dedicamos nuestro esfuerzo a crear un medio de comunicación en el que todas las mujeres –sin importar su talla, raza, religión u orientación sexual– encuentren un lugar, nos unimos a la causa y pondremos en pausa nuestras actividades laborales durante el 8 de marzo.


*Actualización
En México, el Instituto Simone de Beauvoir convoca a una marcha el 8 de marzo a las 16 horas. Si vives en la Ciudad de México el punto de encuentro será en el Ángel de la Independencia. Si no, consulta a través de las organizaciones pro mujer de tu ciudad para saber si llevarán a cabo algún tipo de movilización.

La magia del closet minimalista o cómo ser más feliz con menos cosas

Hace algunos meses, aprovechando que tenía una mudanza en puerta, me entró una locura desmedida por deshacerme del exceso de cosas que tenía. Mi novio me contó sobre un podcast que escucha regularmente llamado The Minimalists (que también tiene un documental del mismo nombre en Netflix), en donde explican «cómo llevar una vida más significativa con menos», y decidí que quería intentarlo. Quería, al menos a mi manera, adoptar el minimalismo.

Y no, esta historia no termina conmigo convirtiéndose en Marie Kondo, pero al menos me sirvió para poner orden en un lugar en el que muchas mujeres a menudo tenemos caos: el closet.

Comencé por separar mi ropa, zapatos y accesorios en tres cajas. En la primera puse todo lo que me gustaba, pero ya no me quedaba, y esas cosas luego las subí a Trendier, una página para vender y comprar prendas y accesorios de segunda mano. En la segunda caja metí aquello que no me gustaba ni me quedaba, y luego la doné a una organización benéfica. Y la tercer caja, la de las cosas que me gustaban, me quedaban y quería conservar, pasó por una segunda revisión despiadada antes de regresar a mi armario con muchas, muchas menos prendas de las que tenía originalmente.

Decir que reduje mi closet a un 20% de lo que era no es una exageración, y esto me ha permitido definir aún más mi estilo personal, porque pude identificar cuáles son las prendas con las que realmente me siento cómoda. Otro factor es que he ahorrado dinero que antes gastaba en ropa (e incluso gané algo extra con las prendas que vendí en Trendier) y ya casi nunca me pasa eso de sentir que no tengo qué ponerme. Y digo «casi» porque hay días de caos emocional que tienen que ver más con lo que está adentro que con lo de afuera.

La realidad es que toda esta odisea minimalista no ha sido tan complicada como imaginé, y para mantener el orden he instaurado tres reglas importantes.

1. Entrada por salida.
Cada vez que algo nuevo entre a mi armario tiene que salir otra cosa, esto a fin de mantener un número reducido de prendas y accesorios y no terminar acumulando nuevamente.

Lo interesante de esta técnica es que cuando la pones en práctica entiendes que muchas veces compramos sólo por impulso o porque algo está barato. Por ejemplo, me ha pasado que quiero comprar un par de zapatos nuevos y cuando me obligo a pensar si estaría dispuesta a sacar algún par de los que ya tengo, me doy cuenta de que los zapatos de la tienda en realidad no me gustan tanto, o al menos no me gustan más que los que ya están en mi closet.

2. Regla de los 6 meses
La idea de tener un closet minimalista es que todas las prendas que tengas sean funcionales, así que cuando me doy cuenta de que algo lleva más de 6 meses arrumbado en mi cajón es momento de cambiarlo. Ojo, no estoy hablando de prendas de temporada, como un abrigo de peluche (que obviamente guardas durante todo el verano) o un vestido de gala que quizá utilizas sólo una vez al año, sino de las prendas del día a día.

3. Calidad sobre cantidad
Ésta es una de las más difíciles, porque no podemos negar lo convenientes que son las tiendas de fast fashion. Sin embargo, si algo he descubierto es que vale la pena invertir en prendas y accesorios de buena calidad, sobre todo en aquellas que son piezas clave de tu estilo. Por ejemplo, para mí son las botas, y lo que me pasaba cada vez que compraba unas en alguna tienda de fast fashion es que terminaba por destrozarlas a los dos meses. DESTROZARLAS. Así que ahora trato de apostar por marcas de manufactura artesanal, hechas en México y que, siendo honestas, tampoco representan una diferencia abismal de precio a unas de Zara, por poner un ejemplo.

Esto no se trata de que jamás compres en H&M, Forever 21 o Zara, pero sí de hacer compras más inteligentes. Lo que me ha ayudado es un consejo que me dio alguna vez una asesora de imagen personal: «Arma tu closet de tal forma que el 70% sean prendas básicas y el 30% prendas de temporada», y es en ese 30% en el que permito jugar con ropa que quizá no tiene la mejor calidad, pero que sé que sólo usaré una temporada.

Si quieres saber más sobre el movimiento minimalista te recomiendo muchísimo ver el documental de The Minimalists o leer alguno de los libros de Marie Kondo, que tienen consejos prácticos sobre cómo desapegarnos de los objetos materiales para lograr ser más felices con menos.

Esta bebida de Starbucks con los colores del arcoíris es de lo que están hechos los sueños

Con la primavera cada vez más cerca, Starbucks se ha puesto las pilas creando una bebida multicolor que forma parte de su menú secreto. Así que no, probablemente jamás la verás anunciada en su tablero de opciones, pero la puedes pedir.

La nueva bebida, que ha comenzado a hacer ruido en las redes sociales, se logra combinando dos o más de los colored drinks (bebidas de colores) que Starbucks lanzó en Estados Unidos el verano de 2016, y que al mezclarse crean un hermoso efecto ombré de arcoíris, que es de lo que están hechos los sueños.

La cuenta @dailyfoodfeed fue la primera en publicar una foto en Instagram con el hashtag #MatchaPinkDrink hace algunos días, y ahora cada vez más personas comparten su propia experiencia con la bebida multicolor, que se logra combinando ¾ de bebida rosa de Starbucks (acai refresher de fresa con leche de coco) y una porción de leche de coco con matcha en las rocas.

No nos hacemos responsables por la cara que vaya a poner tu barista cuando le pidas eso.

Otra versión es el #PinkPurpleDrink, que se logra combinando la bebida rosa de Starbucks (acai refresher de fresa con leche de coco) y la morada (passion ice tea, leche de soya, jarabe de vainilla y moras azules). En teoría pueden combinarse cualquiera de las cinco bebidas de colores de Starbucks.

Ahora la pregunta del millón: ¿Esto existe en México?

De acuerdo con Alejandra, la barista que me atendió en el Starbucks desde el que redacto esta nota, «En México no tenemos todos los jarabes para refreshers que utilizan en Estados Unidos», así que no podrían replicarse estas bebidas tal cual. «Sólo tenemos el Lemon refresher (que realmente no tiene mucho color) y el berry refresher. También se podría intentar con el Passion fruit, que tiene un poco más de tintura, pero sería cosa de experimentar».

Y es que más que ser imposible, la cosa es que no se ha intentado. De hecho le pregunté a 2 baristas y un gerente de Starbucks en la Ciudad de México por estas bebidas de colores y ninguno las conocía, así que quizá habrá que inventar nuestra propia versión con los ingredientes disponibles en México.

Sobre la vida de actriz, conocer a Tim Burton y los sueños que están por cumplirse

Una maleta llena de sueños no pesa nada. La mía estaba a rebosar y aún así se me hacía más ligera que una pluma aquella noche de octubre en la que aterricé en Londres por primera vez.

¿Sabes? A veces los sueños son tan tontos y comunes que una se cree Emma Stone en La La Land en busca del éxito en un escenario del West End o en la pantalla de una sala de cine, aún a sabiendas de que pasa desapercibida entre los londinenses de Victoria Station.

Y ahí me tenías. Con dos maletas, la de las fantasías y la de las cosas mundanas, éstas últimas las que ocupan espacio y no te sacan sonrisas de satisfacción, pero te hacen la vida más sencilla.

Porque la vida de Au Pair no es simple. ¡Ay no! Mientras yo soñaba con mi traje de Dior en la entrega de los Bafta y ensayaba mi discurso de agradecimiento, malvivía en una habitación del sureste de Londres. Y digo habitación por no decir cuartucho de los trastos en el que para abrir el armario tenías que subirte en la cama.

Extremadamente religiosos, un tanto racistas y tacaños a morir. Así era mi familia para la que trabajé durante dos meses. Me despidieron porque, en palabras de ellos, “no sabía barrer” y la madre insinuaba que el niño estaba medio traumatizado…

Y no le quito la razón. Con mi escaso inglés, al pobre crío le hacia pasar vergüenzas inaceptables al salir del colegio al decirle si le gustaba su nueva cerveza en vez de osito de peluche o le reñía porque no me daba la mano al cruzar la calle en un idioma ininteligible.

Aún así, no me rendí.

Yo, en optimista

La maleta más bonita empezaba a pesarme un poquito más cuando cambié de familia y me trasladé a una zona idílica del norte de Londres. Las tres hijas eran adorables, hiper perfectas, con el pelo de ensueño y bailarinas y deportistas de toda la vida. En el fondo me daban envidia. El niño pequeño era un querubín un tanto endemoniado que disfrutaba amenazándome de vez en cuando con un cuchillo jamonero y dejaba caer perlitas del tipo “Tú eres pobre, ¿verdad?”.

Cada noche me metía en la cama exhausta y veía la maleta de los sueños en un rincón llamándome a voces. La ignoré, dejé de pensar en trajes de Dior y comencé a hacer cosas raras en los fines de semana: Pinté cuadros, hice anillos, me puse extensiones y me compré leggins de leopardo.

Y los años pasaron, los niños crecieron y yo con ellos. Decidí que ya era hora de volar por mi cuenta y me alquilé un cuarto con vistas a un jardín un tanto gótico y conseguí trabajo en el ropero de un pub del centro de Londres. Me enamoré de clientes guapísimos que dejaban sus abrigos con olor a perfume caro y me dedicaban miradas de hastío mientras me entregaban el ticket. Entré en un bucle de trabajo-comer-dormir-trabajo que alienaba mi mente y convertía las tardes libres en días de lavar la ropa y cocinar cupcakes.

¡Olvídate de la maleta de los sueños! Se quedó triste, pesimista, afónica de tanto protestar y tan pesada que se me hacía imposible cargarla con las dos manos. Me resultaba hasta fea mirarla directamente, me dolía el corazón el verla tan apagada…

Y entonces lo conocí.

Mi ídolo, una de las grandes razones por las que me convertí en actriz. Una noche de enero me encontré con Tim Burton y su abrigo con olor a alcanfor. (Olor a genio, como a mí me gusta decir). Ese encuentro me inyectó una dosis de optimismo que hizo que mis ganas de ser actriz volviesen con más fuerzas que nunca. Dos años de estudios de teatro hicieron el resto y descubrí, la primera vez que me subí al escenario, una felicidad que en mi vida había experimentado.

Tim Burton
Yo, con Tim Burton

Y es que, nunca antes el olor a humanidad y el calor sofocante de una sala llena de gente me había producido tanto placer. “¿Hueles eso? Es olor a éxito”, me dijo un compañero actor, minutos antes de salir a escena. Yo le miré con asco, no nos vamos a engañar. El sudor ajeno no es que me parezca agradable, menos aún si se acompaña de toses y estornudos….

El debut fue sencillo. Los comienzos no son difíciles si uno tiene esa maleta tan ligera que yo comencé a llevar otra vez a todos lados desde que conocí al señor Burton. Lo que empezaba a ser más complicado era pagar la renta, las facturas de la casa, el ir fresca a trabajar y dormir 4 ó 5 horas al día para llegar a los ensayos o a las clases a tiempo.

Las piernas duelen, la espalda duele, la cabeza duele por el cansancio acumulado y los ojos lloran por la noche sin razón ninguna. (Y luego, ¡ay lo que me cuesta llorar en un escenario!).

Llegué a no tener un día libre para mí y dedicar el tiempo que no estaba detrás de la barra de un bar a ponerme los leggins negros y hacer ejercicios de calentamiento de voz mientras intentaba no bostezar en el intento.

Era, sin embargo, muy feliz.

Entonces los estudios de teatro acabaron, la vida real me hizo otra zancadilla y me vi sin representante, sin proyectos, sin videocurriculum que presentar y más insegura que una niña pequeña perdida en un centro comercial.

Foto. Luigi Cianfarano/Shorts on Tap

Y así sigo…

Haciendo monólogos y vídeos en los que me visten de Mario Bros. Trabajando en doblajes al español de anuncios de tablets para Youtube y cobrando 20 libras por decir una frase “sensual” en videoclips de músicos con sueños tan ambiciosos como los míos…

Y sigo…

Intentando colarme en fiestas de celebrities donde Emma Stone o Eddie Redmayne están super orgullosos de asistir y me quedo a las puertas del hotel muerta de frío convenciendo al de seguridad de que pertenezco a ese mundo….

Y todavía sigo…

Escribiendo mi obra de teatro. Participando en cortos. Hablando de actuación durante horas con gente tan absurdamente ilusa como yo. Riéndonos de nuestra pobreza y de aquellos que no ven lo felices que somos al compartir una pasión tan intensa. Empapándome del olor a teatro, de los ropajes viejos y los atrezzos que se caen a pedazos. Coleccionando detalles de obras. Panfletos, fotografías, retazos de una felicidad tan pura e inocente que da hasta un poco de miedo, y soñando con que nada la aleje de mi lado.

–“No sabes la suerte que tienes Cova.” –Me dijo una amiga.
–“¿Cómo?”
–“Has descubierto lo que realmente te hace feliz, el motor de tu vida… ¿tú sabes cuánta gente se muere sin saberlo? Eres de los pocos afortunados…»

Por eso mismo sigo, porque se lo debo a mi maleta abandonada, que ahora brilla más hermosa que ninguna otra. Ahora baila, canta y me susurra cosas bonitas al oído por la noche. Ha perdonado mi apatía y dejadez y se toma la libertad de darme una bofetada cada vez que pienso en rendirme. ¡Menuda confianza! ¿Verdad?

Pero yo la dejo…

Y aquí sigo.

¿Tienen las lesbianas mejor sexo que las heterosexuales? Ellas mismas nos lo cuentan

Si alguien sabe de orgasmos femeninos, son las lesbianas. Vamos, que en términos de relaciones sexuales, el suyo es un escenario en el que la mujer siempre sale ganando, así que si tenemos que pedir consejos valiosos para sentir más y mejor placer, ellas son las indicadas.

Además, la ciencia lo avala. Según un nuevo estudio sobre el orgasmo elaborado con 52 mil personas de distintos géneros y orientaciones sexuales, por el Instituto Kinsey, la Universidad Chapman y la Universidad de Indiana, las mujeres homosexuales llegan al orgasmo 21% más veces que las mujeres hetero. SAY WHAT?!

De acuerdo con la investigación, las lesbianas dijeron llegar al orgasmo siempre o casi siempre el 86% de las veces que tienen relaciones sexuales, mientras que las mujeres heterosexuales sólo el 65%.

Así que como un servicio a la comunidad, en Malvestida decidimos preguntarle a nuestras amigas lesbianas qué consejos les darían a las mujeres heterosexuales para mejorar su vida sexual y lograr incrementar ese orgásmico porcentaje del que ellas gozan.

En cuestión de sexo, ¿qué hacen diferente las mujeres lesbianas a las hetero?

“Creo que la diferencia está en que normalmente en una relación heterosexual (aunque no para todos) el fin último es que el hombre eyacule. Es como la meta, inconsciente o a veces conscientemente. Y en el sexo entre mujeres claro que hay orgasmos y eyaculaciones de otro tipo, pero creo que no es el fin como tal”, nos cuenta Eva.

Yara también está de acuerdo con lo importante que es explorar más allá de la penetración. «No es por hacer menos a los penes, pero tal vez que una relación sexual deje de tener como protagonista la penetración es una buena forma de llegar al orgasmo, porque hay un montón de mujeres que no pueden llegar nada más por estimulación vaginal», menciona.

«Creo que las lesbianas exploramos más allá, exploramos el cuerpo completo y la estimulación en cualquier parte que se te pueda ocurrir, no nada más el clítoris.  Por ejemplo yo descubrí que me prende muchísimo que me muerdan las muñecas, que es algo que jamás te imaginarías. Y es que el sexo se tiene que sentir en todo el cuerpo, no nada más en el pene y en la vagina».

«Que una relación sexual deje de tener como protagonista la penetración es una buena forma de llegar al orgasmo»

“Creo que como lesbiana tienes menos presión por mantener una buena imagen, y por ‘buena imagen’ me refiero a las expectativas machistas que dictan que debes ser provocadora, pero no tanto porque entonces eres ‘puta’. O experimentada, pero no mucho porque entonces eres libertina. Una mujer lesbiana generalmente no se enfrenta a este tipo de prejuicios y eso te permite sentirte más libre. Relaja mucho el ambiente”, explica Yara.

“En el sexo lésbico vas liberándote de ataduras que ‘genitalizan’ los encuentros. Descubres que toda corporalidad y sus manifestaciones llevan al placer”, nos cuentan Fátima y Alicia, quienes tienen una tienda de dildos online llamada Bonjour señorita.


¿Cuál es la mejor forma de llegar al orgasmo?

«En mi opinión, son dos los factores claves», comenta Eva, «uno, conocer el cuerpo, los gustos y la mente de la otra persona. Y dos, erotizarse mucho y erotizar a la pareja. Acariciar, besar en donde le encanta, pero sin interactuar directamente con las zonas genitales. Ya que la persona está que tira chispas, ahora sí, ¡a lo bueno!», explica.

Yara también opina que el conocimiento es factor clave, empezando por una misma. “Creo que la mejor forma de llegar al orgasmo es conocerse. Encontrarse con una misma y explorarse. Ya que sabes qué es lo que te gusta, es fundamental que se lo comuniques a tu pareja. Si tu pareja te juzga mándala a la fregada, porque para prejuicios están todos los demás. Se supone que tu pareja es alguien con quien deberías sentir confianza y compartir una vida”.

Después de leer esos valiosos consejos, lo que sigue es ponerlos en práctica. Así que ¡felicidades! Ya tienes un nuevo plan para este fin de semana.

La violencia de género también existe en Internet, y esta ONG mexicana quiere acabar con ella

Si algo cuesta asimilar en el hermoso mundo del internet, es que existan los trolls, esa gente que promueve la violencia a través de sus redes sociales sólo por provocar. Y si tú te bajoneas cuando alguien dice que «te ves gorda» o que «el rojo no te favorece» en tu foto de Instagram, imagínate ser atacada con cientos de comentarios misóginos todos los días, por el simple hecho de ser mujer y trabajar en un medio considerado «de machos», como son los deportes.

Con eso en mente, la comentarista deportiva Marion Reimers y la abogada Gisela Pérez de Acha decidieron crear Versus México, una organización no gubernamental que busca “Generar debate sobre los estereotipos de clase, raza y género que se replican en el periodismo deportivo en México”. La idea surgió como una forma de hacer frente a las agresiones que Marion, y muchas colegas suyas, viven a diario, una realidad que ilustraron a la perfección en un video publicado en la página de Versus.

“Los viejos estereotipos de género viven en internet», explican las creadoras de Versus. «Estos asignan ciertos roles, comportamientos, actividades, espacios y temas que se consideran apropiados para hombres y mujeres. Bajo este sistema, las mujeres no podemos hablar de deportes. Es un espacio al que solamente podemos acceder bajo ciertas condiciones”. Y no sólo en los deportes vemos reflejada la misoginia digital, las mujeres que trabajan en ámbitos tradicionalmente masculinos también pagan su cuota de odio todos los días.

Recordemos que apenas hace un año, la periodista Andrea Noel, a quien agredieron sexualmente en la Condesa levantándole la falda, tuvo que dejar el país después de recibir constantes insultos, amenazas e incluso acoso en su domicilio, todo por haber sido víctima del machismo que impera en nuestro país y haber levantado la voz. Denise Dresser es otra mujer que también tiene que defenderse a diario de quienes «nos llaman pendejas, machorras, putas, mal cogidas, cabronas y más en Twitter», como publicó recientemente en un tuit.

Y aunque luchar contra los trolls pueda parecer como darse de topes con una pared, ya que no podemos controlar lo que publican o no, lo que sí está en nuestras manos es abogar por una sociedad más equitativa –dentro y fuera de las redes– en donde no imperen los roles de género y las mujeres tengan las mismas oportunidades que los hombres.

Necesitamos a más mujeres hablando de deportes, en la política, construyendo máquinas, viajando al espacio. Mujeres que sepan que tienen un lugar en donde antes sólo había cabida para los hombres. Y no sólo que tienen un lugar, sino que sus voces, esfuerzo y trabajo tienen el mismo mérito y valor que el de cualquier otra persona, y eso es lo que Versus pretende lograr en la industria deportiva.

Si quieres conocer más sobre su labor visita la página oficial y redes sociales de Versus y súmate a esta lucha «contra la ignorancia, por la inclusión».

¿Qué hacer cuando te despiden de tu trabajo? Te decimos cómo puedes protegerte legalmente

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Estás a punto de hacer tu tercer refill de café del día cuando tu jefa te llama a su oficina, cierra la puerta y te dice al más puro estilo Trumpista: «Estás despedida».

Te quedas helada mientras decenas de preguntas cruzan por tu mente: ¿Qué hice mal? ¿Me van a liquidar? ¿Cómo voy a seguir pagando mi hipoteca? ¿Cancelo mi viaje a las Bahamas?

La realidad es que ser despedida de un trabajo es una experiencia horrible, y lo es aún más cuando te enfrentas a un empleador que no quiere pagarte lo que te corresponde. Por ello, es fundamental conocer cuáles son nuestros derechos ante un despido o incluso una renuncia.

¿Qué hacer cuando te despiden de tu trabajo?

«Independientemente de que se trate de una rescisión, renuncia voluntaria o despido injustificado, todos los trabajadores tienen derecho al pago que les corresponde por ley: aguinaldo, vacaciones y primas vacacionales» ,explica la licenciada en derecho Grettel Escalante Rendis.

«Los trabajadores de empresas privadas también tienen derecho al pago de la prima de antigüedad, que son doce días por año».

«Cuando existe un despido injustificado se paga –además de los conceptos anteriores– 90 días o tres meses de salario integrado», que es lo que se conoce como indemnización constitucional.

No siempre es tan sencillo

Todo eso suena bastante bien. Sin embargo, a veces las empresas quieren pasarse de listas cuando te despiden de tu trabajo.

Quizá lo has vivido en carne propia o has escuchado de personas a las que las obligan a firmar liquidaciones incompletas o incluso las intimidan diciéndoles que si no aceptan las condiciones de la empresa se irán con las manos vacías.

“Si el despido fue por una causa que en cierta forma consideras justificada y estás de acuerdo, puedes acudir ante la autoridad laboral a firmar un convenio o simplemente firmar un recibo y finiquito con el patrón. En caso contrario, si consideras que fuiste despedida injustificadamente, puedes demandar ante la autoridad laboral incluso pidiendo tu reinstalación o el pago de la indemnización que por ley te corresponde. Además podrás pedir el pago de hasta un año de salarios caídos a partir de la fecha del despido”, menciona Grettel.

¿Demandar o no demandar?

Aunque mucha gente sabe que existe la opción de demandar a la empresa o empleador cuando te despiden de tu trabajo, uno de los factores principales por los que no se anima a hacerlo es por el gasto que implica tener que pagar un abogado. Sin embargo, existen opciones para obtener asesoría legal sin sangrar nuestros bolsillos.

«Se puede acudir a la procuraduría de la defensa del trabajo, que es una dependencia en la que asesoran y atienden a los trabajadores en forma gratuita. Primero se invita a una cita conciliatoria entre el patrón y el trabajador, y en caso de no llegar a un arreglo la propia procuraduría elabora la demanda y lleva el procedimiento ante la autoridad laboral», explica Grettel.

¿Cómo le pago a un abogado?

«Respecto a los honorarios, sabiendo que las personas se quedaron sin trabajo y no es fácil pagarle a un abogado, se acostumbra pactar un porcentaje de la cantidad neta obtenida en caso de ganar el juicio o llegar a un acuerdo económico, por lo que el trabajador no desembolsará ese dinero antes de obtener resultados”.

Lo que es muy importante es que nunca firmes algo con lo que no estás de acuerdo. Si tienes duda o no estás segura, es mejor consultar con un asesor legal antes de tomar cualquier decisión.

Estas diseñadoras yucatecas crearon el collar que toda mexicana se merece

En México, cuando decimos que alguien es una chingona lo decimos de corazón: lo pronunciamos fuerte y claro haciendo énfasis en la «iiiiii», o a veces le ponemos más enjundia a la «ooooo». Decimos chingona cuando nuestra mejor amiga por fin renuncia a su trabajo para emprender su propio negocio; o cuando nuestra hermana sale como si nada después de 12 horas de labor de parto. Lo gritamos cuando la delantera de nuestro equipo mete gol o cuando preparamos una receta y nos sale igualita –o mejor– que la de Pinterest.

Sabemos que una chingona todo lo puede y todo lo resuelve. Por ello, no es extraño que en su afán por homenajear a las mujeres mexicanas, las diseñadoras Georgina y Joy, de la firma de joyería Amandina, hayan decidido utilizar precisamente esa palabra en forma de dije.

«No podemos ser indiferentes a la situación mundial que estamos viviendo, por lo que creamos un recordatorio sutil e íntimo que nos invite a ser cada día la mejor versión de nosotras mismas«, explican las diseñadoras. «La idea del collar ‘Chingona’ es que al despertar y vernos en el espejo sintamos el mismo efecto que con un shot de espresso. Que nos pongamos las pilas y seamos aún más, valga la redundancia, chingonas durante el día».

Georgina y Joy, quienes en el proceso de emprender una marca y posicionarla a nivel internacional se han topado con mujeres maravillosas, consideran que «una mujer chingona es aquella que es especialmente buena en lo que hace. Una mujer que toma decisiones, es independiente y da todo de sí misma. Una chingona sabe que los únicos límites son los que ella se pone», y es a esa mujer a quien quieren celebrar, a la vez que buscan contribuir, desde su trinchera, a la situación actual de las mujeres en México.

«El 100% de las ganancias de este collar serán donadas a Fondo Semillas. Elegimos esta organización porque queremos ayudar a empoderar a las mujeres. Queremos que haya más mujeres tomando decisiones para ellas mismas, en sus casas y en sus trabajos. Creemos que aún falta mucho por hacer y nos parece que Fondo Semillas está realmente comprometida con la causa y hace un muy buen trabajo».

Así, este collar de plata con chapa de oro de Amandina se convierte no sólo en un statement de moda, sino en una forma palpable de ayudar a que más mujeres puedan levantarse todas las mañanas con la certeza de que, efectivamente, son unas reverendas chingoooooonas.

Puedes comprar tu collar «Chingona» aquí.

Muy pronto podrás tener maquillaje de Lisa Frank (con unicornios y colores estridentes incluidos)

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De mis tesoros de la primaria, pocas cosas me hacían sentir tan “cool” como una carpeta de peluche azul de Lisa Frank que llevaba conmigo a todos lados. Y es que si viviste tu adolescencia en los 90, probablemente recuerdas el estatus que un objeto de esa marca te hacía sentir. Desde sus calcomanías hasta sus mochilas, tener algo de Lisa Frank era una forma de reafirmar que tenías onda y estabas a la moda.

Ahora, todas las fans de la marca tendremos la oportunidad de vivir esa emoción de nuevo, pues la firma de maquillaje Glamour Dolls está planeando una colección de la mano de la única, psicodélica y colorida Lisa Frank.

La noticia fue anunciada a través del canal de YouTube de Glamour Dolls, quienes a pocos días del lanzamiento ya lograron financiar por completo el proyecto en Kickstarter. De hecho, no sólo cumplieron la meta, sino que duplicaron el monto inicial de $30,000 dólares, y se espera que la colección salga en septiembre de 2017.

https://www.youtube.com/watch?v=O1vLv8BCfCY

En primera instancia, Glamour Dolls pretende crear al menos 6 productos (todos veganos y libres de crueldad) en colaboración con Lisa Frank, quien será la encargada de diseñar el arte para los empaques. Dentro de las propuestas se encuentran un bálsamo para labios, un mousse mate, delineador líquido, un brillo labial con forma de unicornio, polvo iluminador y una bolsa para maquillaje hecha de cuero vegano.

Además de recibir los diferentes productos, quienes se sumen a la campaña tendrán oportunidad de votar por los nombres del maquillaje, elegir los tonos, ser las primeras en ver los diseños de Lisa y tener un vistazo a cómo se elaboran los cosméticos.

¿Estás hiperventilando de emoción? Yo también. Y si de una vez quieres comenzar tu colección de maquillaje de Lisa Frank, ya puedes preordenar una brocha de unicornios de la marca, la cual está a la venta por $4.99 dólares en el sitio de Glamour Dolls.

Una magia negra llamada Victoria Santa Cruz

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No tenía idea de la existencia de Victoria Santa Cruz hasta que un buen día, mientras navegaba por las impredecibles aguas del internet, encontré un video en el que recitaba su famoso poema «Me gritaron negra», una suerte de performance y declamación en el que Victoria describe su proceso de aceptación y empoderamiento como mujer negra.

Apenas terminó el video le di play otra vez. Y otra, y una vez más. Había algo en su mirada, su cadencia y lenguaje corporal que me hechizó y me obligó a investigar más sobre ella.

El legado de Victoria Santa Cruz

Victoria Santa Cruz era originaria de Lima, Perú, y fue una de las grandes difusoras del folclor y el arte afroperuano.

Fundó su propia compañía de danza (llamada Teatro y Danzas Negras del Perú); viajó por el mundo; fue profesora de la Universidad Carnegie Mellon en Estados Unidos; directora del Centro de Arte Folclórico de Perú, y directora del Conjunto Nacional de Folclore del Instituto Nacional de Cultura (INC), pero lo que más me llamó la atención fue su capacidad para interpretar el mundo a su alrededor y percibir, a través de la música, la conexión con su identidad personal.

Una mujer con magia

Como mujer negra y latinoamericana, Victoria aprendió que los obstáculos, lejos de ser una desventaja, son una oportunidad para crecer. 

«Me di cuenta que el obstáculo cumple un rol. ¿Quién en mí se molesta? ¿Quién en mí reacciona y desde dónde? Y entonces empecé a descubrir que el enemigo vive en casa… Si uno empieza a comprender y uno empieza a ponerse de pie –es decir, a asumir su responsabilidad sin buscar a quién culpar– empieza a encontrar esa clave que dice ‘conócete a ti mismo'», explica en una de las pocas entrevistas que se pueden encontrar de ella en YouTube.

En esa misma serie de videos, Santa Cruz habla sobre conexiones cósmicas, raza y ritmos, y suelta frases como «Todo lo que es cómodo es una trampa» o «No hay revolución sin evolución».

Victoria Santa Cruz falleció en 2014 a los 91 años de edad, pero es maravilloso saber que su legado sigue vigente y que mantiene la capacidad de sorprender con su pasión, espíritu y, sobre todo, con su magia, una hermosa magia negra que cautiva.

Esta modelo mexicana quiere desfilar para Marc Jacobs, y comenzó una revolución en redes para lograrlo

En el mundo hay dos tipos de personas: las que esperan sentadas a que las cosas les lleguen, y las que recorren caminos, hacen ruido y mueven montañas para que sucedan. La modelo mexicana Afra Cuellar es parte de este segundo grupo, y prueba de ello es que se ha propuesto conseguir un lugar en las filas de Marc Jacobs.

Para lograrlo, además de ir al casting correspondiente, recientemente recorrió las calles de Nueva York con un letrero que dice «Marc Jacobs Book Me» (Marc Jacobs contrátame) y el hashtag #AfraForMarc, y su odisea ha comenzado a viralizarse en las redes sociales.

Entrevistamos a Afra por teléfono para saber cómo ha sido este experimento y qué reacciones ha generado.

MALVESTIDA: ¿De dónde salió la idea del cartel?
AFRA: Todo comenzó porque fui al casting de Marc Jacobs, pero cada vez hay mayor competencia y no quedé. Pasé un día entero llorando y por la noche me fui a cenar pizzas con una amiga. Ahí fue donde vi la caja de cartón y, entre broma y broma, salió la idea de crear un cartel que diga ‘Marc Jacobs Book Me’. Nos morimos de la risa pero decidimos hacerlo. Mi amiga me ayudó tomándome las fotos.

Una publicación compartida de Afra ???? (@afra.cuellar) el

M: Es un proyecto bastante ambicioso, ¿realmente crees que funcione?
A: No hay peor lucha que la que no se hace, y en vez de estar en mi departamento llorando y lamentándome decidí mejor moverme. Sé que es muy difícil que lo del cartel funcione, la verdad, pero tengo toda la esperanza. Si no, de cualquier forma me siento orgullosa de haberme quitado la pena de hacerlo. Fue muy chistoso todo.

M: ¿Qué haces si te llama el equipo de Marc Jacobs mañana?
A: No manches, compro 10 botellas de champán y no vuelven a saber de mí [risas].

M: ¿Cómo fue la reacción de la gente al verte con tu letrero en la calle?
A: Estuvo cañón, porque la gente en Nueva York es muy dura. Mucha gente me rechazó, me hizo sentir muy mal, me pidió que no la molestara o ni siquiera me dejó explicarle. Sin embargo en las redes sociales he recibido mucho apoyo y hubo personas que, incluso sin darme cuenta, me tomaron fotos. Traigo una sonrisa de oreja a oreja, no lo puedo creer.

Una publicación compartida de Afra ???? (@afra.cuellar) el

M: ¿Por qué Marc Jacobs y no otro diseñador ?
A: Mi hermana mayor siempre ha sido muy fan de él y yo lo heredé de ella. Y cuando comencé a trabajar en el mundo del modelaje decidí que desfilar para él sería uno de mis grandes objetivos, siempre lo ha sido.

He hecho tres castings para Marc Jacobs y en dos estuve a punto de llegar a la selección final, pero es muy difícil quedar. Están las modelos que corren con suerte, las que tienen un apellido importante y las que tienen ‘huevos’. Y pues a mí me toca ser la que tiene ‘huevos’.

8 tradiciones de boda que probablemente no sabes de dónde salieron

Las bodas son bastante predecibles y –a excepción de la original ceremonia de tu amiga que se casó con una máscara de Darth Vader– lo más seguro es que la mayoría de las bodas a las que asistas se rijan por ciertos ritos y símbolos cuyo origen muchas veces ignoramos.

Sabemos que tradicionalmente la novia viste de blanco y lleva algo nuevo, algo viejo, algo prestado y algo azul. ¿Pero a quién se le ocurrieron toda esa sarta de formalidades?

El Centro de Investigaciones Malvestida (que acabamos de inventar) se dio a la tarea de indagar de dónde surgieron algunas de las tradiciones de boda más conocidas.

Te aseguramos que después de conocer su origen y significado no volverás a verlas igual.

La caminata hacia el altar

Para algunas mujeres no hay momento más emotivo el día de su boda que entrar a la iglesia del brazo de su padre y ser entregadas en el altar. Sin embargo el origen de esta tradición no es tan romántica como parece.

Recordemos que antes las bodas eran meramente una transacción entre hombres (padre y yerno) a fin de crear alianzas estratégicas, pagar deudas, obtener estatus o unir riquezas, así que el hecho de que el padre presentara a su hija ante el novio era, básicamente, entregarle la mercancía.

El ramo 

Existen dos versiones populares sobre por qué las mujeres comenzaron a llevar un ramo en su boda.

La primera indica que las novias ataban hierbas aromáticas como ajo, romero, eneldo y tomillo a fin de crear una especie de amuleto capaz de ahuyentar los malos espíritus (algo así como una limpia de mercado).

Sin embargo, otra versión indica que el ramo era una forma de disfrazar el mal olor corporal en la Época Medieval ­–ya sabes, cuando bañarse regularmente no era la norma– y por eso fueron integrando flores.

El liguero

Además de tener un propósito práctico (mantener las medias de la novia en su lugar), antiguamente el liguero tenía un valor simbólico, pues representaba la pureza y virginidad de la novia. Por eso cuando el novio se lo quita a la esposa en la fiesta, prácticamente es una forma de decirle a los invitados que esa noche se van a dar duro contra el muro.

Por otra parte, se cree que el hecho de que el novio arroje el liguero a sus amigos viene de una vieja tradición de la Corte francesa del siglo XIV, cuando se consideraba de buena suerte conservar un pedazo del vestido de la novia.

¿Recuerdas esa escena en la que las hermanastras de Cenicienta le rompen el vestido? Pues eso sucedía durante la fiesta, en ocasiones dejando a la novia golpeada y semidesnuda.

El vestido blanco

La teoría más aceptada sobre esta tradición es que la reina Victoria de Inglaterra popularizó el vestido blanco de novia, pues antes de ella las mujeres no solían preocuparse mucho por el color que llevaban en su boda.

¿Cómo lo logró? Pues como se viralizaban las cosas antes de las redes sociales: de boca en boca.

El retrato de bodas de la reina Victoria dio la vuelta por todo Europa y las mujeres comenzaron a imitar ese color como una forma de demostrar su estatus y riqueza.

El velo

Hay que recordar que la mayoría de las tradiciones de boda se gestaron hace miles de años, antes de la existencia de las fotografías y aún más del internet, así que los futuros esposos muchas veces no se conocían sino hasta el día de la boda, y hay quienes dicen que el velo era una forma de evitar que el novio se echara para atrás si lo que veía caminando hacia él en el altar no le gustaba (eso sí, la mujer tenía que chutarse el esposo que le tocara, porque no tenía voz ni voto).

Otras teorías sugieren que el velo era para proteger a la novia del mal de ojo.

Las damas

Se dice que las damas surgieron para proteger a la novia de un posible secuestro por parte de algún pretendiente (sí, eso pasaba), así como confundir a los espíritus malignos que quisieran acercarse a ella.

Es por eso que si ves dibujos y pinturas sobre bodas antiguas notarás que los vestidos de las damas y la novia eran exactamente iguales. Tomen eso, ladrones/espíritus malvados.

El anillo de diamantes

Aunque se cree que la tradición del anillo de compromiso existe desde el imperio Romano, se dice que fue Maximiliano I de Habsburgo, en el año 1477, el que dio el primer anillo de compromiso con diamantes al proponerle matrimonio a María de Borgoña.

Y como en ese entonces los influencers eran los aristócratas y miembros de la realeza, a partir de ese momento los diamantes se convirtieron en la piedra estrella de los anillos de compromiso. Gracias, Max.

El pastel

Parece mentira, pero que haya pastel en las bodas no tiene tanto que ver con lo deliciosos que son, sino con su significado.

Por ejemplo, se dice que en la antigua Roma era tradición que el novio deshiciera un pan por encima de la cabeza de la novia como símbolo de buena suerte y su dominación sobre ella.

Otras teorías señalan que durante la Época Medieval en Inglaterra se consideraba de buena suerte tirarle pastel a la novia para que fuera fértil y tuviera muchos bebés. 🙄

Ahora que ya conoces el origen de algunas de las tradiciones de boda más populares, puedes tomar la decisión a conciencia de cuáles sí te gustaría revivir y cuáles de plano es mejor dejar en el pasado.

Por qué combatir la desigualdad en Hollywood requiere más que películas protagonizadas por mujeres

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Vivimos en un tiempo difícil para hablar sobre la desigualdad que existe entre hombres y mujeres en el cine. Cualquier intento por señalar la gravedad de la situación es una invitación para que los haters se manifiesten con comentarios tan crueles que muchos preferirían no mencionar el tema en lo absoluto. ¿Recuerdas el caso de Leslie Jones?

El 19 de julio de 2016, la actriz (protagonista del famoso remake de Los Cazafantasmas) se vio envuelta en un brutal ataque en Twitter después de que el periodista Milo Yiannopoulos publicara su reseña de la película. Como si los comentarios ofensivos de Yiannopoulos hacia ella no fueran suficientes, miles de trolls continuaron con el abuso, al punto de que Jones decidió cerrar su cuenta de Twitter. El caso podría parecer una situación aislada, pero no lo es. Al contrario, representa a la perfección el mundo en el que vivimos, uno en el que el odio y la discriminación hacia las mujeres son tan reales que sus consecuencias se siguen observando claramente, día tras día, en todos los aspectos de la vida.

Hollywood siempre ha sido conocido por su crónico problema de falta de diversidad (#OscarsSoWhite), pero su situación es mucho más compleja. Un informe del Centro de Estudios de las Mujeres en el Cine y la Televisión concluyó que de las 100 películas más importantes del 2016, solo el 14% de los cargos principales (dirección, guión, edición, cinematografía y producción) fueron ocupados por mujeres. Y la cifra no es optimista, porque de hecho representa una disminución de 2 puntos respecto al 2015. Incluso el año 2000 fue un mejor año para las mujeres en el cine.

¿Entonces quién se encarga de contar todas las historias que vemos en la gran pantalla y que terminan por influenciar muchos aspectos de nuestra cultura? La respuesta es obvia: los hombres. Por esa razón, cuando se estrenó la nueva versión de Los Cazafantasmas el internet estalló en una polémica que ni siquiera se centraba en la calidad de la película o en cualquier otro aspecto artístico de su producción. La única razón de la controversia fue que ahora los Cazafantasmas eran mujeres. Así es, mujeres.

En años recientes hemos visto cómo las historias de súper héroes se han convertido en éxitos aplastantes en las taquillas, recaudando cientos de millones de dólares. ¿Qué tienen estas películas en común? Que todas pintan la misma idea de una masculinidad superior (los hombres son los que salvan al mundo). Esta es la norma. Por eso, cuando se anuncia una nueva entrega del súper héroe de moda, nadie se ofende por el hecho de que su protagonista sea precisamente un hombre. Es lo que se espera, ¿no? Pero cuando sucede lo contrario, las películas se relegan a esa categoría «inferior» conocida como chick flicks, las típicas películas cursis para mujeres.

Y el problema no solo radica en la discriminación de los papeles protagónicos. La situación se extiende al tiempo de diálogo en pantalla, el porcentaje de mujeres encargadas de escribir los guiones (menos del 20%) y prácticamente cualquier otro crédito relacionado con la producción de una película.

Todo esto señala que la mala representación de las mujeres en el cine es una consecuencia clara de la falta de oportunidades que tienen las mujeres en general. Si hubiera más productoras, guionistas, directoras, etc., tal vez existirían más posibilidades de ver otro tipo de historias al que estamos acostumbrados (quizás menos súper héroes y más representaciones de lo que sucede en el mundo). El mismo estudio mencionado anteriormente dejó en evidencia que cuando en un filme la dirección la realiza una mujer, el porcentaje de mujeres en el resto de la producción se incrementa significativamente, lo cual sin duda tiene un impacto directo en la manera en la que se abordan los temas en la gran pantalla.

Un buen ejemplo de esta posibilidad es la película Hidden Figures, la cual ha demostrado que las historias protagonizadas por mujeres no necesariamente deben tener una audiencia limitada al género femenino o que su temática tenga que ser el típico romance imposible de la actriz principal.

Hidden Figures es una película biográfica (basada en el libro del mismo nombre) que cuenta la historia de un grupo de mujeres afroamericanas matemáticas que trabajaron en la NASA en los años 60. La recepción del filme ha sido tan positiva que su éxito se ha reflejado tanto en la taquilla como en las nominaciones de varias ceremonias de premios (en los de la Academia está nominada para mejor película, mejor guión adaptado y mejor actriz de reparto). Lo interesante de Hidden Figures es la diversidad que existió en todo el proceso de su producción. El libro fue escrito por una mujer (Margot Lee Shetterly); la productora que inició el proyecto es una mujer (Donna Gigliotti) y la guionista principal también es una mujer (Allison Schroeder). Para algunos esto es razón suficiente para considerarla una película feminista (en parte lo es), pero un término más adecuado es “realista”.

¿Por qué realista? Porque a pesar de que haya algunas historias ficticias, el cine –como cualquier otra manifestación artística– se alimenta de las experiencias de sus creadores, y es imposible creer que únicamente los puntos de vista masculinos son válidos e interesantes. Sobre todo en el contexto político y sociocultural actual, es más urgente que nunca mostrar otras perspectivas que sirvan como inspiración y estímulo, para que poco a poco vayamos avanzando hacia un mundo verdaderamente equitativo, no solo en cuestión de género, sino en todos los aspectos. Al final, no olvidemos que el cine no es sólo entretenimiento, sino una industria multimillonaria que tiene el enorme poder de definir el estado cultural del momento.

Existe un taller de eyaculación femenina para conocer nuestras vulvas y su poder

Imaginemos que en los siguientes días sale a la luz la siguiente noticia: las mujeres pueden flotar, elevarse en el aire y moverse por las calles como si viajaran en una nube voladora. Las primeras investigaciones revelan que, sorprendentemente, esto es algo que ha sucedido desde el inicio de los tiempos. La mayoría de las mujeres lo comienzan a experimentar desde la pubertad y aproximadamente la mitad de la población femenina flota.

La comunidad científica está vuelta loca. Artículo tras artículo y libro tras libro intentan explicar, describir y comprender la fisionomía detrás de la habilidad de las mujeres que flotan. Poco a poco, surgen mujeres que confiesan que lo llevan ocultando por años. Otras, desmienten los datos pues algunas comenzaron a flotar a los 30, otras hasta los 60 años de edad. ¡¿Qué porcentaje de las mujeres en realidad tiene la capacidad de flotar?! Y si yo soy mujer y no floto, ¿puedo lograrlo? ¿Dónde me apunto para aprender?

Sé que este escenario suena exagerado, pues si las mujeres pudiéramos flotar desde que existimos como especie no nos enteraríamos hasta ahora. Pero nunca puedo explicar, si no es con historias fantásticas y teatrales, cómo fue mi experiencia cuando hace dos años me enteré de que las mujeres eyaculan y que llevaba 24 años ignorando este hecho. Y que la eyaculación femenina, era solo la punta del iceberg de todo el desconocimiento que podía tener de mi propio cuerpo.

Descubriendo la eyaculación femenina

Como muchas otras mujeres, escuché de este tema  a través de las palabras de Diana J. Torres en su libro Pornoterrorismo. Pero mi acercamiento a este tema cambió por completo cuando el año pasado, exactamente el 8 de marzo, Día internacional de las mujeres, Diana liberó su libro “Pucha Potens” y lo presentó acompañado de un taller práctico de eyaculación femenina.

Cuando Diana vino a Guadalajara, por su puesto que me inventé las excusas necesarias para no alcanzar a ir a su taller. Y es que una cosa es leer y hablar sobre el tema, y otra muy distinta es ver y tocar el propio cuerpo en un cuarto lleno de desconocidas, o peor, conocidas.

Si tú, lectora, mientras lees todo esto piensas que jamás te atreverías a asistir a un taller práctico de eyaculación femenina, no te juzgo, te entiendo desde lo más profundo de mi ser porque yo no me atreví y necesité de empujones soróricos para entrarle al juego.

Perdiendo el miedo

Lirba Cano, una de las feministas que más admiro de Guadalajara, conocía sobre mi interés por el tema y me invitó a replicar el taller de Diana en Herética Fest, un festival que organizaba Cuerpos Parlantes, un espacio feminista y de investigación urbana. ‘Pero yo no soy Diana’, pensaba.

Yo no puedo dar pláticas topless y firmar libros con mis labios mayores o hacer litografías de mis pezones. Mucho menos introducir cosas en mi vagina para después expulsar medio litro de eyaculación frente a un público.

Lirba me animó y me recordó que no estoy sola y lo importante que es que existan este tipo de espacios. Después de platicar con ella, me quedé pensando en una parte del taller que implica ver nuestras vulvas proyectadas en la pared. Entonces se me ocurrió preguntarle a mi pareja si alguna vez había visto el pene de algún amigo. “Uy sí, el de todos. En las fiestas jugando a ver quién orina más lejos. En la playa nos metimos a nadar desnudos. Y en la secundaria lo enseñaban espontáneamente nomás por molestar”.

Tuve una mezcla de envidia, indignación y motivación al darme cuenta que yo no le conocía la vulva a ninguna de mis amigas, en cambio, entre los hombres está muy normalizado verse el cuerpo desnudo. Decidí que eso tenía que cambiar.

Empezando en confianza

Platiqué sobre todos mis sentimientos y pensamientos con mi mejor amigue, El (El se identifica con género no binario, por lo que uso pronombres neutros). Le expliqué que estaba más nerviosa por el taller que cuando debuté con los besos de lengua. Pero más que nerviosa estaba enojada porque nos han enseñado a las mujeres a esconder nuestros cuerpos, especialmente nuestros genitales.

El me propuso iniciarlo solo nosotres dos. Nos queremos y llevamos años conociendo todo de nuestra vida, era hora de vernos las vulvas, encontrar los orificios eyaculatorios y comenzar a romper esos límites históricos de conocernos el cuerpo.

Logramos ver nuestras vulvas, y aunque en un inicio con nerviosismo, terminamos haciéndolo con el más grande afecto y respeto. Esto terminó de darme la energía y la seguridad necesarias para el taller, me sentí muy aceptada, querida y empoderada, y eso era algo que quería compartir con las demás.

Llegó el día del taller, el cual constaba de dos partes: la teórica y la práctica. Nos presentamos y dijimos cómo estábamos. La mayoría estaban igual o más nerviosas que yo. Una de las asistentes, tras presentarnos, preguntó al grupo: “¿alguna de ustedes ha pensado que su vulva es horrible? Porque yo sí”. Muchas, si no es que todas, asentimos.

Pasamos a la parte práctica en donde, ahora sí, teníamos una cámara apuntándonos a la entrepierna. Esto se hacía en el mismo salón, con el fin de encontrar los orificios eyaculadores. Pasamos una por una a tocar, abrir y mover los labios de nuestra vulva para verla detenidamente proyectada en la pared.

Reconocimos nuestra anatomía, pero sobre todo, y sin estar planeado, empezaron a llover las impresiones sobre cada una de nuestras vulvas: “yo también tengo los labios largos, ¡y está bien!”, “¡qué bonita!», “la tuya parece flor”. Entre aplausos espontáneos y “Awwws” se fue creando el espacio más sorórico en el que jamás estuve.

Nunca había escuchado tales descripciones, elogios y palabras de amor hacia un genital como ese día. Mi habilidad de redacción poética no me da para describir las emociones y lo poderoso que fue ese momento.

Explorando en sororidad

Mientras sucedía todo esto recordaba a la chica que hizo la pregunta sobre si pensábamos que nuestra vulva era horrible (la de ella fue comparada con una rosa, por cierto). Alicia, amiga y participante, escribió un texto sobre este tema- ¿Cómo sería la relación con nuestro cuerpo y erotismo si recibiéramos palabras como estas desde jóvenes?

El resto del taller y las actividades las pueden encontrar en Pucha Potens. Comparto solo esa parte del taller porque me interesa enfatizar lo relevante que es acercarnos a este tipo de experiencias y grupos.

Conocer sobre nuestra sexualidad, contarnos nuestras historias con la eyaculación femenina o nuestro pensar sobre nuestros genitales y gestionar espacios de mujeres para hacer todo esto es una tarea demasiado importante para que solo unas cuantas nos dediquemos a hacerlo.

No hace falta ser expertas. Lo único que se necesita es reunir a unas cuantas amigas y conocidas, con el pretexto de hablar de eyaculación (o sobre el clítoris o la vulva o, vaya, nuestros cuerpos), para ser partícipes en la creación de información y de recaudar experiencias sobre estos temas y cualquier otro que involucre nuestro cuerpo y nuestra sexualidad.

Tenemos una deuda histórica con nosotras mismas. Comencemos por ver nuestra vulva sin miedo y ver otras vulvas apreciando y conociendo su diversidad. Nos debemos dejar la vergüenza que nos enseñaron para esconder y a aborrecer nuestro cuerpo. Nos debemos conocer nuestra próstata y su relación con la eyaculación femenina. Como diría Rebeca Lane, nos debemos el placer de romper las ataduras.

#MalvestidaCocina: cómo preparar un mug cake en menos de 3 minutos

Hay momentos de la vida que nunca se olvidan. Tu primer beso, tu primer sueldo y tu primer mug cake. Sí, leíste bien. Y si aún no lo conoces, el mug cake es un mini pastel que se cocina dentro de una taza y se cuece en el microondas en cuestión de segundos.

Preparar un mug cake es absurdamente fácil (con ingredientes que normalmente tienes en casa) y en menos de 3 minutos puedes tener un perfecto y esponjoso pastel listo para devorar, regalar o servir en tu próximo brunch de amigas. Además, si eres de las que le tiene pánico a lavar platos, puedes prepararlo directamente en la taza en la que vas a comértelo y no ensuciar nada más, aunque te recomendamos que lo hagas en un recipiente aparte para que puedas mezclar mejor los ingredientes y la presentación sea más limpia.

Si te animas a intentarlo no olvides compartirnos tu resultado final utilizando el hashtag #MalvestidaCocina ????

Mug cake de chocolate

– 4 cucharadas de harina
– 2 cucharadas de cacao
– 2 cucharadas de azúcar (para una versión más saludable puedes endulzar al gusto con splenda, stevia o aguamiel de maguey)
– 1/4 cucharadita de polvo para hornear
– Una pisca de sal
– 5 cucharadas de leche (puede ser de coco o almendra si quieres una versión sin lactosa)
– 2 cucharadas de aceite vegetal

Preparación:
Añade los ingredientes secos y revuelve la mezcla, luego agrega el aceite y la leche. Mézclalo todo y ya que tengas una masa espesa caliéntalo en el microondas durante 50-60 segundos. Verás que el pastel se infla y queda esponjoso. Si crees que necesita un poco más de cocción puedes añadir unos segundos más. Para presentarlo y darle aún más sabor puedes ponerle un topping de frutas, chispas de chocolate blanco, azúcar glass, helado o Nutella.

Mug cake de plátano

– 1 plátano maduro (aplástalo con un tenedor para hacerlo puré)
– 1 huevo
– 1 cucharada de mantequilla
– 1 cucharada de leche
– 3 cucharadas de harina
– 3 cucharadas de azúcar morena o el endulzante de tu preferencia
– 1/2 cucharadita de polvo para hornear
– Frutos o nueces picadas al gusto

Preparación:
Mezcla primero el plátano, la mantequilla, el huevo y la leche hasta obtener una consistencia homogénea. Luego agrega los ingredientes secos y mezcla de nuevo. Finalmente añade nueces, pasas o arándanos al gusto. Coloca la mezcla sobre una taza grande y calienta en el microondas durante 1 minuto.

Marcas de lencería hecha en México que tienes que conocer

La relación que tiene una mujer con su ropa interior es muy especial. Son prendas que nos acompañan todos los días, a todas horas, y que muchas veces dependen de nuestro estado de ánimo. Por ejemplo, tenemos los calzones de paracaídas que amamos usar cuando tenemos la regla; los chones de tiro alto y refuerzo en el abdomen cuando queremos llevar algo entallado; los que no tienen costuras y se sienten casi casi como andar desnuda y, por supuesto, los de encaje sensooooooal para cuando andamos en plan femme fatal.

Con eso en mente creamos una lista de marcas de lencería mexicana que tienes que conocer, pues –sin importar si tienes pareja o no– te permitirán explorar más a fondo tu sensualidad.

Hua Lingerie
No sólo de encaje rojo y negro está hecha la seducción, y los diseños de esta marca son la prueba viviente de ello. Con sus sutiles detalles de transparencias, bloques de color y efectos satinados, Hua demuestra que colores como el nude también puede agregar erotismo a la ecuación.

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Scintilla
Si nos hemos obsesionado con el terciopelo en nuestra ropa, accesorios y zapatos, ¿por qué no también en nuestra ropa interior? Esta marca hecha a mano ha convertido ese suave material en el protagonista de varios de sus diseños. Aunque, si lo prefieres, también tienen bralettes con encaje e incluso con punto de cruz.

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White Rabbit
Los básicos de toda la vida se reinventan con esta marca, cuyos diseños son confeccionados en rayón suave y transpirable hecho de bambú en vez de algodón.

Además de su enfoque en la calidad, White Rabbit promueve el empoderamiento femenino donando un porcentaje de cada venta a Fábrica Social, un proyecto que brinda apoyo a las mujeres artesanas indígenas de México.

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Pau Román
Después de conquistar con sus diseños de trajes de baño y bikinis, la diseñadora Pau Román se aventuró a crear una línea de lencería hermosísima que incluye calzones, bralettes, bodysuits y delicadas pijamas.

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Marika Vera
Sabes que ya eres una mujer adulta y respetable cuando dejas de comprar braguitas con los días de la semana escritos en el trasero, y te decides por un diseño de Marika Vera. Sus piezas sugestivas y reveladoras dejan en segundo plano la funcionalidad de la ropa interior para centrarse en su poder como agente provocador.

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Stela Tangassi
Además de sus bralettes y bragas con encaje, esta marca apuesta por los bodysuits y kimonos para satisfacer a aquellas mujeres que buscan algo un tanto menos revelador, pero igual de seductor.

1 día en 6 fotos con Bere Hernández en Leksand, Suecia

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¡Hoy inauguramos #1díaen6fotos! Una nueva sección en la que conocemos el mundo a través de la mirada de fotógrafas que han dejado su país de origen, para vivir nuevas experiencias y capturar nuevos enfoques. A través de sus imágenes conocemos cómo es su día a día, qué les inspira, cómo pasan las tardes y qué es lo que más extrañan de su país natal.

Nuestra primera invitada es Bere Hernández, fotógrafa, redactora, runner y maravilloso ser creativo, que hace año y medio se mudó de la Ciudad de México a Leksand, Suecia, para aprender cerámica, una disciplina que se ha convertido en su estilo de vida.

“Hace unos años empecé a tomar clases de cerámica por las noches para desconectarme de mi trabajo y desde la primera vez que toqué la arcilla, cursimente, me enamoré de ella. Mientras aprendía a tornear fantaseaba con volverme ceramista, tener mi taller y vivir de esto”, nos explica Bere, quien lleva 7 años trabajando como fotógrafa.

Pero ¿por qué Suecia? “Mi novio me mandó el link de la escuela en la que estudio actualmente, comencé a ver las fotos de las instalaciones y el plan de estudios, me emocioné y decidí aplicar. Uno de los requisitos era hablar sueco y yo hablaba muy poco, así que con un ‘chicle y pega’ mandé mi aplicación. Sorprendentemente me aceptaron y todo paso tan rápido que un día desperté en Suecia con todo y mis dos gatos siendo otra vez estudiante”.

¿Lo que más extraña de México? “¡Las tortillas! y claro, mis amigos y familia, no hay nada como bromear, llorar, y quejarte en tu idioma”.

Así es un día en 6 fotos con Bere Hernández en Leksand, Suecia:

6:00 am

De lunes a viernes empiezo mi día a las 6:00 am. Mi primera actividad es hacer 20 minutos de yoga para despertar y mantener mi mente en calma, luego, después de bañarme, preparo mi desayuno. A veces desayuno un batido de moras azules, espinaca, manzana, pepino, jengibre, chía, y proteína de chícharo. Otras, avena con moras licuadas con leche de avena, almendras, chía, pepitas de calabaza y un té matcha. Durante el desayuno siempre hojeo un libro o un revista para inspirarme.

8:30 am

Empieza mi día en el taller de cerámica. La primera mitad del día la dedico a la construcción de piezas, ya sea en el torno o manualmente. En las mañanas es cuando tengo más energía, así que aprovecho para experimentar y para aprender nuevas técnicas.

Bere Hernández

12:30 pm

A esta hora ya terminé de comer, aquí comemos a las 11:30 am, ¡súper temprano!. Ahora que estamos en invierno los días son muy cortos, en el peor momento del invierno amanece a las 9:00 am y anochece a las 3:00 pm. Son días muy difíciles, así que es necesario dar un paseo corto para aprovechar la luz y disfrutar del paisaje, el cual es espectacular. El taller está rodeado de bosque y un lago precioso.

Bere Hernández

2:30 pm

Es la hora de tomar un descanso y beber té o café, los suecos le llaman fika (no les digan pero están obsesionados con esto), nada puede interrumpir este momento. Aquí aprovecho para tomar té, hojear un libro, hacer bocetos, probar mis teteras o conversar con mis compañeros.

Bere Hernández
3:00 pm

Por lo regular las tardes las dedico a darle acabados a mis piezas. A veces lijo, retorneo, esmalto o si estoy inspirada me dedico a bocetar.

Bere Hernández
5:00 pm

Regreso a casa a preparar la cena y a terminar trabajos pendientes en la computadora. A veces tomo fotos en el estudio, edito o escribo. Cuando no tengo ningún trabajo me relajo y me pongo a ver series o videos sobre cerámica y si no hace mucho frío voy al gimnasio a correr.
Bere Hernández

Sigue a Bere Hernández en su cuenta de Instagram >> @bere_jh

Aprendí que para amar mi cuerpo, primero tengo que aprender a tolerarlo

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“Quiérete a ti mismo” tiene que ser una de las frases que más he escuchado. La han utilizado y prostituido tanto que se ha vuelto para mí un imperativo sin valor, tan parecido a “lávate las manos antes de comer y después de ir al baño” o “come frutas y verduras”. Y quizás en lo único que se parecen estas frases entre ellas es que son cosas que sabemos que deberíamos de hacer, pero no siempre llevamos a cabo.

Si alguien ha leído un texto mío antes, ya sabe que hace tres años, aproximadamente, convertí en parte de mi vida el movimiento body positive. La verdad es que creo que fue de manera inconsciente, y con el objetivo de encontrar, a través de él, un camino hacía el amor propio.

He escrito en varias ocasiones sobre mi proceso y me parece que, sin querer, hay un mensaje que he comunicado de manera incorrecta. He sentido que mucha gente se acerca a mí esperando encontrarse con una reina del «amor propio», por lo que, a veces, dejar claro que todavía tengo muchísimos problemas por resolver con mi cuerpo, se siente como si me estuviera quitando una máscara enfrente de ellos, como si no viviera a la altura de lo que predico.

Yo, durante una sesión con la fotógrafa Albany J. Álvarez

Hace dos semanas tuve una pequeña crisis en mi terapia, en la que me descubrí a mi misma llorando y diciendo en voz alta que odiaba a mi cuerpo. Me sentí inmensamente triste por descubrir que muchos de mis fantasmas –aunque en una versión más pequeña– seguían ahí. En esa misma consulta, mi psicólogo me mandó como tarea que yo misma tolerara mi cuerpo. Puede sonar muy estúpido lo que voy a decir a continuación, pero la idea me pareció completamente innovadora. No me pidió amor, me pidió tolerancia, y se sintió, por primera vez, como un objetivo alcanzable.

Los días pasaron y las ideas se fueron asentando en mi cabeza. Descubrí que lo que parecía una caída era un lugar al que tenía que llegar. Tenía que darme cuenta de que el proceso no estaba terminado y que, hoy por hoy, me queda todavía un largo camino por recorrer para poder llegar a un amor propio pleno. También descubrí un nuevo miedo: la posibilidad que existe de nunca lograrlo. De siempre quedarme en la lucha, de quizás nunca querer mi cuerpo, pero ahora al menos me proponía ser honesta y tolerarlo.

Por otro lado, encontré una nueva fuerza, esa que sólo sale de nuestras “peores “partes, la fuerza que te da aceptar lo rota que estás por dentro, la importancia de saber que no puedes sanar heridas cuando ni siquiera puedes verlas.

Foto. Albany J. Álvarez

Entendí de pronto que el ser positiva con tu cuerpo no se trata de volverte un monumento a la autoestima, ni de sólo hablar de la belleza que hay en ti –y que a veces, en algunos casos como en el mío, ni siquiera significaba amor propio–. Aprendí que ser body positive significa lucha, significa esperanza, significa no rendirse. Y significa que, aún y cuando no te ames hoy, puedes ver en la obscuridad un destello de lo que es ese amor, y seguir esforzándote para para llegar a él.

A veces cuando pensamos en el amor lo percibimos como algo estridente, imponente, victorioso. El amor que triunfa, que transforma. Y hoy descubro que no siempre es así, que el amor que siento por mí es dudoso, titubeante, temeroso, muy lejos de ser pleno. Tanto, que hay días que no estoy segura de que realmente este ahí , pero en el fondo sé que no hay mejor representación a mi amor propio que seguir luchando por conseguirlo, aún los días en los que odio cada fibra de mi ser.

Hoy intento ser congruente, intento aceptar que para poder lograr un verdadero cambio tengo que saber qué cosas hay dentro de mí que no están completamente sanas, y que en realidad ese es el verdadero amor. No sólo mirar lo que te encanta, sino mirar lo que no y aprender a verlo inicialmente, al menos, con compasión, y quizás, solo quizás, eventualmente poder verlo con amor.

Mi cuerpo es algo que hasta el día de hoy me sigue dando mucho miedo, pero ahora sé que ese miedo es el que muchas veces me ha motivado a intentar romper las barreras de mi mente, porque no quiero temerle y porque sé que en ocasiones los sentimientos más obscuros son los que crean más luz. Hoy recuerdo la lección que una vez alguien me dio: “A veces, cuando las heridas no están cerrando bien, es necesario volver a sangrarlas”.

Cerré mi cuenta de Instagram y es la mejor decisión que pude haber tomado

Hace un mes cerré mi cuenta de Instagram, un diario que retrataba una relación de 8 años con mi ex, y con una cifra de followers que, si le contaba a mi mamá, me hacía sentir como Selena Gómez, pero que seguramente un experto en redes sociales me pondría en la casilla del montón.

Soy Directora de Arte y me gusta ver bonito, tengo un especial gusto por la foto, pero nunca he sido fan de las redes sociales donde la gente aprueba lo que posteas.

Hace algunos años no tenía  Facebook y mi Twitter solamente estaba “ahí”, así que decidí crear una cuenta en Instagram. Al inicio no me preocupaba la cantidad de personas que me seguían ni cuántos likes acumulaba una imagen.

http://gph.is/2d2kRx6

Empecé a subir fotos sin ninguna pretensión, ya sabes, de esas fotos que si un día tienes ganas de stalkear y llegas al fondo del time line de cualquier persona (todos empezamos igual, feeds con diferentes filtros, texturas, marcos y una fiesta de colores) yo le llamaría un desmadre visual, por no decir real. Y es que, ¿en qué momento Instagram se convirtió en un catálogo de “la vida perfecta”?

La ilusión de la vida perfecta

Para mí empezó hace dos años cuando sentí la necesidad de demostrarle virtualmente a mi ex y a las personas que se daban una vuelta por mi cuenta que todo iba de maravilla conmigo, que había superado la ruptura, viajaba por el mundo, lucía mejor que nunca  y vivía como una mujer soltera, empoderada y feliz.

La realidad era completamente distinta, sentía todo lo contrario. Extrañaba a mi ex, me sentía perdida y el corazón se me hacía trizas cada vez que stalkeaba la cuenta de su nueva novia, donde ahora él protagonizaba otra película romántica y yo había sido arrollada por un tren.

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Todos –yo también, en algún momento– seguimos cuentas de personas con fotos que ilustran “vidas perfectas”. Historias de amor que parecieran ser dirigidas por Wes Anderson y personas que viven viajando por el mundo mientras tú estás sentado en la silla de la oficina.

Pero la realidad es que se requiere de innumerables intentos, tiempo y dedicación para conseguir retratar un segundo perfecto dentro de una vida de caos.

Esa no era yo y nunca lo he sido, para mí la vida real es mucho más divertida, llena de desorden, de mil filtros, colores, tamaños y texturas distintas, de segundos perfectos que no necesitan ser retocados y se quedan mejor guardados en el corazón.

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Cerrar mi cuenta de Instagram

Hace un mes decidí dejar a un lado el lenguaje visual al que mis ojos se empezaban a acostumbrar y muchas veces a idealizar.

Cerré mi cuenta de Instagram y dejé de crear vacíos donde no los había, dejé de creer en historias de amor perfectas y en que podía conocer el mundo entero sin un peso en la bolsa.

Soy un ser humano y me permito cagarla. No despierto flawless como Beyoncé ni tengo el closet de Eva Chen. Dejé de buscar fachadas y paredes para la foto perfecta, empecé a comer al momento en el que me servían el plato y abrí una cuenta de ahorro para mi próximo viaje a Japón.

Opté por ser más auténtica, más real, siempre coherente con lo que siento, pienso y hago. Ahora soy mucho más selectiva con lo que le muestro a mis ojos, pues sé que lo que ellos miran a mi corazón nunca se le olvida.

La otra cara latina tiene raíces negras, y es poderosamente hermosa

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Cuando piensas en “mujer latina”, ¿quién te viene a la mente? Probablemente muchos mencionarán a Sofía Vergara, otros cuantos a Salma Hayek, y habrá incluso quien se aventure con Shakira, todas mujeres poderosas que han sabido ganarse un lugar en las filas de Hollywood. Sin embargo, ¿realmente qué tan representativas son de Latinoamérica?

Si hubiera que definir cómo se ve una latina no podría existir una sola definición, porque existimos en todos los colores, tallas e ideologías. Somos una mezcla compleja de culturas y razas, aunque los estereotipos quieran unificarnos y hacerle creer al mundo lo contrario.

Una comunidad que a menudo es rezagada es la de los afrolatinos, personas con herencia africana y latinoamericana. Tan sólo en México se estima que hay alrededor de 1.4 millones de afromexicanos, y fue apenas en 2015 que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) los reconoció de forma oficial en su censo.

La otra cara latina

Tristemente, esta situación se replica en muchos otros países del continente americano, en donde aún existe discriminación hacia las minorías. Con eso en mente, Priscilla y Sasha, dos chicas con raíces afrolatinas afincadas en Estados Unidos, crearon «La otra cara latina», un Tumblr que nos permite adentrarnos a los sentimientos y pensamientos de las jóvenes de esa comunidad.

“No es un secreto que la gente puede encontrarse con racismo en cualquier parte del mundo, pero sentimos que el racismo en la comunidad hispana/latina –entre los latinos de tez clara y latinos indígenas/afro– de cierta forma se permite y se ignora”, explican Priscilla y Sasha en el manifiesto de su página. “Creemos que el prejuicio y la opresión dentro de la comunidad hispana/latina contra los latinos de color es la forma más grande de hipocresía, porque al final del día, sin importar qué, en América todos somos minoría para aquellos que tienen un estatus social más alto que el nuestro”.

afrolatina
Elise | Foto. La otra cara latina

El poder de compartir historias

A través de retratos y preguntas como “¿Qué hace que seas una orgullosa afrolatina?” y “¿Qué tipo de imágenes crees que los medios proyectan sobre los latinos” conocemos a mujeres orgullosas de su herencia, incluso cuando a raíz de ella han sufrido bullying.

“Me molestaban mucho cuando era más joven. Me llamaban china negra y la gente se burlaba de mi cabello. Yo tenía una connotación negativa de la palabra ‘negra’. La gente me llamaba ‘negra’ y solía decirles ‘No, no lo soy’. Recientemente he comenzado a identificarme como afrolatina”, relata en una de las entrevistas Elise, quien tiene raíces afrodominicanas.

Liner, una chica con un hermoso afro, también tuvo problemas para llegar a buenos términos con su identidad negra. “Al crecer, para mí era difícil reclamar mi negrura porque toda mi familia estaba luchando fuertemente por borrar nuestra herencia negra. Interioricé ese racismo y no fue hasta que aprendí sobre las políticas del cabello negro que comencé realmente a aceptar mi negrura y deshacerme del racismo interno”, menciona. De igual forma, la originaria de República Dominicana habla sobre la representación, o más bien la falta de ella, en la televisión y el cine: “En los medios, los latinos no tienen diferentes escalas en el color de la piel o siquiera de personajes. Especialmente las latinas cuyo único rol parece ser el de la muchacha de servicio o la mujer hipersexualizada, ambas con dificultades para hablar inglés. Las afrolatinas no son representadas en absoluto, incluso en los medios latinos”, explica.

Sobre ese mismo tema, Jada, quien es editora digital de la revista «Latina», menciona que “Hay una imagen general de lo que los medios retratan como el ‘latino estándar’, pero eso definitivamente está cambiando. Con las redes sociales, la gente común da forma a lo que los medios de comunicación proyectan más que nunca. Cuanto más contamos nuestras historias, más veremos experiencias latinas auténticas en los medios de comunicación”.

La otra cara latina
Mingie | Foto. La otra cara latina

Una puede pasar incontables minutos repasando las frases, anécdotas y lecciones de estas chicas que en «La otra cara latina» encuentran una plataforma para mostrarse al mundo como los medios tradicionales han olvidado hacerlo.

Las afrolatinas celebran y reclaman su herencia negra, una que sus ancestros probablemente se vieron forzados a esconder por el racismo, pero en la que ellas encuentran su poder interior. Como menciona Mingue, una artista visual con raíces puertorriqueñas y cubanas: “Estoy orgullosa de ser afrolatina, porque saber que tengo tanta cultura y diversidad dentro de mis raíces realmente me empodera”. Y hay que decirlo, ese empoderamiento es contagioso.